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martes, 12 de mayo de 2020

La queimada nació en una trinchera (y II)

Refugio en el asilo de Santa Cristina en la Ciudad Universitaria de Madrid. Campaña de 2017 (Foto Minguito).

En los últimos 150 años, el orujo fue en la Galicia interior la principal medicina y la herramienta higiénica más eficaz. Formaba parte de la parva, del desayuno previo a las labores del campo. Las cuadrillas de nuestros abuelos se llevaban a la siega a Castilla litros de este combustible casero: Cando van, van como rosas/cando vén, vén coma negros, cantaba Rosalía de Castro. En las zonas vinícolas, sobre todo aquellas en las que no predominaba la calidad, se producía mucho aguardiente, llegando a ser el producto principal. Eso pasaba, por ejemplo, en la zona miñota de la actual Ribeira Sacra, en esta terra de Lemos. Un ejemplo maravilloso es Bodegas Moure, en A Cova, que en los años 50 y siguientes se centró en esta actividad para pasarse después al mencía y al godello. Cómo olvidar esas pinturas murales en la bodega, de tema clásico, con un centauro tocando la gaita gallega... Incluso existía una profesión ambulante, el alambiqueiro, que iba por las aldeas y hacía aguardiente en las casas. Una profesión de riesgo. Los calores trajeron hijos y el fuego a veces generó incendios catastróficos. Hoy en día, cuentan que alambiques de estraperlo de Portugal hacen su función en las aldeas gallegas, de casa en casa, pasándose por el forro la normativa de la Xunta, pero eso son solo rumores.

Campaña antialcohólica del Ejército Popular.

En 1963 alcohol adulterado, sobre todo augardente y licor café, causó la muerte de 51 personas y dejó ciegas a otras 9. Se conoció como el Caso del Metílico y tuvo un gran impacto en la vecina zona vinatera de O Ribeiro en Ourense. Durante años el mal nombre acompañó a los licores de esta comarca. Este garrafonazo se explica en parte por la gran demanda de licores y aguardientes que existía en esa época y que obedecía a pautas culturales y hábitos de consumo consolidados que se extendían también entre los emigrantes retornados. Historiadores como Xavier Castro han estudiado este fenómeno con detalle. De hecho, todo apunta a que la queimada como objeto cultural surge en esta década, generando toda la escenografía ad hoc, incluido el canónico juego cerámico de pota, cucharón y pocillos. Hoy en día, es uno de los productos más vendidos por la empresa Sargadelos, que se harta de enviar pedidos a... Japón. La sombra de Mariano Marcos de Abalo es alargada. Ya Álvaro Cunqueiro comentó en su día que este invento de la queimada tenía que ser posterior a la guerra civil. Hacer aguardiente llevaba su tiempo y su dinero, como para andar quemándolo por ahí.

Moral anarquista.

Benigno (pronúnciese Binino) había fallecido dos años antes. Aquella casa d'O Izquierdo de la aldea de Cimadevila, en Cereixa (A Pobra do Brollón, Lugo), se quedó huérfana y deshabitada desde entonces. La vivienda, en el mundo rural, es todo un repositorio de la memoria, una máquina perfecta de generar identidad. Dos años después estábamos allí su nieto, Xoel y yo, arqueólogo. Y bajamos a la bodega. Allí permanecía, a oscuras, la cubeta en la que reposaba parte del legado del abuelo, el último aguardiente que hizo en vida. Recordamos las historias de Benigno, la represión en Vilachá, la masacre de Badajoz, la lucha invernal por la ciudad de Teruel, la vida comunitaria de la parroquia. Todo un mundo ido, reflejado en el cobre ahumado del viejo alambique. Al patrón le gustaba que el vino rascase un poco y a veces le añadía un refuerzo de orujo que, desde luego, no dejaba indiferente a nadie. Benigno fue uno de esos gallegos llamados a quintas y que nutrieron el frente de guerra de orujo casero. Como mi abuelo paterno, Antonio, cabo del ejército del Sur. A la vuelta de cada permiso, todos los compañeros de armas eran amigos suyos. Hasta los republicanos preguntaban voz en grito desde el otro lado: ¿Ha vuelto el gallego? Mi yayo era el puto amo en los intercambios nocturnos. También mi abuelo materno, Jesús, sabía que tenía un as en la manga. Medio desertor y herido en un pie, se ganó el aprecio de una monja cuidadora en el hospital militar de Zaragoza, a cambio de su debido suministro de agua bendita.

Benigno y Ramona en la Casa d'O Izquierdo. Años 90 (Foto Xoel).

Me agotan los debates acerca de la fiabilidad sobre las fuentes orales por parte de arqueólogos e historiadores. O las desprecian directamente o solo atienden a ellas cuando corroboran sus hipótesis. No hay nada más aburrido y predecible que escuchar a un tipo de éstos diciéndote a quien tienes que creer. Yo solo sé que una noche fría de diciembre, en la cocina de la casa do Izquierdo, Benigno, socialista de toda vida, nos contó su paso por la batalla de Teruel en el ejército franquista, y lloraba como un niño. Hay que ser muy ben actor para sollozar y mentir al mismo tiempo, y no era el caso. Él fue camillero en aquella carnicería y allí estuvo en la defensa y en la reconquista de la ciudad aragonesa, con otros vecinos aguardentóforos como él. Y fue entonces cuando nos contó que al borde de la congelación solían quemar el aguardiente de casa, mezclándolo con cosas que compraban a los moros. Esa es la razón por la que nunca le gustó esta moda de la queimada en las fiestas, porque le traía de nuevo el traumático recuerdo de la guerra. Esto nos lo contó en el año 1997.

Puesto de moro vendiendo vinos, aguardiente y tabaco. Frente de Aragón, sector Teruel, 14 de febrero de 1938 (Digital Hispánica, BNE).

Pedro García Trapiello es un escritor cazurro (palabra polisémica) con columna de opinión (Cornada de Lobo) en el Diario de León. El 2 de marzo de 2020 publicó una historia curiosa bajo el título de Cazurro queimón (advierto que el final es deleznable). La escuchó de boca de su padre. Teruel, 18 de febrero de 1938, víspera de ofensiva. Veinte grados bajo cero. Una compañía franquista formada por leoneses, asturianos y gallegos espera por el asaltaparapetos, esto es, su botella de brandy o sucedáneo para enardecer los ánimos y ahuyentar el miedo a morir. La importancia de este combustible en el frente era tal, que en el lado franquista se organizaron cuestaciones populares como El Día del Licor del Soldado o Tabaco del Herido. El 27 de enero de 1938, por ejemplo, se llevó a cabo una en el Teatro Liceo de Salamanca: Las botellas y cajas que se adquieran serán entregadas en el frente de Teruel por los organizadores del Acto.


Pero los licores no llegaron a la compañía de soldados leoneses, gallegos y bercianos. Despesperado, el cabo furriel decide echar mano del alcohol del hospital de campaña. Para hacerlo bebible lo queman y aderezan con azúcar a dolor, restos de mondas y granos de café. 

Como diría Manquiña en Airbag, el concepto es el concepto, y éste surgió en la guerra civil.

El falangista Carlos Alonso del Real solo tenía razón en una cosa en su interpretación sobre el origen de la queimada. Efectivamente se dio gracias a una mezcla, que él conocía muy bien, de elementos célticos (del noroeste de la Península Ibérica), germánicos (Legión Cóndor) y musulmanes (las tropas coloniales).

P.S. Como mis abuelos, tengo la fiel costumbre de llevar a los frentes que excavamos un surtido amplio de caña blanca, aguardiente de hierbas y licor café, de Trasmonte y A Ponte. Nada de orujo cantinero. Como decían los abuelos: É da casa, neno, non che fai dano.


Referencia.
María Luz de Prado Herrera (2012). La contribución popular a la financiación de la guerra civil: Salamanca, 1936-1939. Salamanca: Ediciones de la Universidad de Salamanca.






sábado, 9 de mayo de 2020

La queimada nació en una trinchera (I)

Carlos Alonso del Real y Ramos (1914-1993).

El camisa vieja Carlos Alonso del Real fue uno de esos intelectuales que lo dio todo en la Falange durante la guerra y la inmediata postguerra. Compuso algunas de las canciones e himnos fascistas más conocidos, fue formador en la escuela de mandos José Antonio del Escorial y formó parte de la División Azul. A la vuelta de Rusia se convirtió en un fiel servidor de Martínez-Santaolalla, el falangista que controlaba el entramado institucional arqueológico de la Nueva España. Carlos Alonso ocupó diversos cargos administrativos a la sombra del Comisario General hasta que los tentáculos de los tecnócratas del Opus Dei llegaron también al ámbito de las Humanidades. Martínez-Santaolalla, como tantos otros azules, fue defenestrado y nuestro personaje acabó alejado de Madrid, ganando la cátedra de Prehistoria en una universidad periférica, de provincias, como era Santiago de Compostela en 1955. Como otros intelectuales falangistas acabó por apoyar la resistencia estudiantil convirtiéndose en un auténtico disidente, respetado por el alumnado que acudía a sus aulas. Colaboró con el galleguismo cultural y político en el tardofranquismo, de ahí que publicase en revistas y medios afines, como la revista Grial. Aquí publicó en 1972 un artículo en gallego titulado: As orixes da queimada. Capítulo programático dun libro en preparación. El volumen al que se refiere no llegó a publicarse nunca, si bien por azares del destino, hemos encontrado la versión manuscrita de ese libro. Estamos preparando una edición crítica del mismo y es por ello que hemos indagado en la figura de Carlos Alonso, un tipo inteligente que supo modelar una determinada imagen de sí mismo. Por lo que estamos viendo, era un fabulador y, sobre todo, un cínico. De quemar libros de Gordon Childe en Madrid en 1939 pasó a ser su máximo admirador décadas después. Su recuerdo en Compostela no tiene nada que ver con la memoria que se guarda de él en Madrid, por ejemplo. Ciertamente, nunca renegó del fascismo, y aún en los años 70 reconocía por escrito la genialidad de Mussolini, por ejemplo. Su programa de investigación se centró en parte en el análisis de los orígenes de cuestiones muy queridas para esa ideología como la guerra, el deporte o el mando. En esta línea cabe encuadrar este curioso artículo sobre el origen de la queimada en el que nos habla de sustratos e influencias culturales. Resumiendo mucho la queimada sería un melting pot, un crisol en el que, igual que se mezclan café y cáscaras de naranja, se vislumbran influencias célticas, germánicas y musulmanas. Su origen sería medieval, ya que el alambique se introduce en Galicia hacia el siglo XII, según él. Esta investigación sobre la queimada respondía a su interés por la brujería como fenómeno histórico, en la línea de Julio Caro Baroja.


En todas las viviendas campesinas gallegas con familiares en la emigración, se colgaban en las paredes del comedor (utilizado solo el día del banquete de la fiesta parroquial) souvenirs folclóricos de todo pelaje, procedentes de las grandes ciudades españolas, europeas y americanas. En el comedor de la casa de mi abuelo en A Ponte (Cereixa, A Pobra do Brollón, Lugo) recuerdo siempre dos elementos bastante más autóctonos, y eso que teníamos gente viviendo en Caracas y Barcelona: una gaita y el conjuro de la queimada. Este último tenía forma de pergamino y un cierto marchamo heráldico, que poco tenía que ver con ese mundo imaginario medieval del que hablaba Carlos Alonso del Real. Estoy hablando de inicios/mediados de la década de 1980. Se lo había regalado mi padre Julio a mi tío Suso.

El conjuro de la casa de A Ponte (Foto Suso 40).

La política turística promocionada por Manuel Fraga Iribarne en la década de 1960 consolidó una imagen folklorizante de Galicia que legitimó toda una serie de prácticas performativas como las ferias del vino, las Reales Órdenes de la Alquitara y el Albariño, acuñó eslóganes que son historias de éxito (Y para comer Lugo) e incluso propició la invención de paisajes a través de la caza deportiva como la Serra dos Ancares.  Esta estrategia se extendió a la emigración gallega y contribuyó a desactivar políticamente los Centros Gallegos que, sobre todo en América, mantenían encendida la llama del exilio republicano. El desarrollismo acabó con todo eso. Los gallegos de fuera y de dentro nutrieron todo este entramado arquetípico, promocionado por el NO-DO y el Ministerio de Información y Turismo. Los gobiernos democráticos autonómicos de Albor y Fraga en los 1980 y 1990 bebieron directamente de ese modelo. Y como siempre, hubo intelectuales de nivel que sirvieron entusiásticamente a la causa (Cunqueiro, Castroviejo), pero también hubo gente avispada, buscavidas que aportaron su granito de arena a todo el proceso. En este contexto surge la figura titánica, fulcral, de Mariano Marcos de Abalo. Os aconsejo leer la entrevista que le hizo la periodista Sandra Penelas en 2007 para el periódico El Faro de Vigo. Una joya. El titular es el siguiente: El Conxuro nació en los guateques de los sesenta.

Mariano en el Museo Liste en 2018 (Atlántico Diario).

Mariano es poeta, dibujante, coleccionista de pipas y esquelas con mote, trabaja el marfil y le llueven las ofertas para dar pregones por las fiestas de Galicia, que no son pocas. Ideó el conjuro en 1967 en una pensión al lado del puerto de Vigo y en el año 1974, cuando ya actuaba en la discoteca Fausto, añadió las dos últimas estrofas, en las que se apela al recuerdo de los emigrantes que están fuera. Después, durante nueve años, hizo queimadas en el  barco nocturno de la Ría, sobre todo para japoneses. Se convirtió en un clásico de la Fiesta del Turista y del Parador de Baiona, en donde su número era la gran atracción de la noche. Por supuesto, en 1988 le nombraron caballero de la Orden Serenísima de la Alquitara de Portomarín y fue al programa Luar de la TVG, el decano de los programas de entretenimiento de toda Europa, pero allí, según él, las queimadas no las disfrutas igual porque no ves a la gente y Gayoso [el presentador] me trató con un poco de desprecio. Solo quiere destacar él.

El queimador Mariano en 2016 (Foto de Xoán C. Gil, La Voz de Galicia)

Su éxito setentero llevó a una imprenta viguesa a editar el conjuro. Un acuerdo entre autor y empresa  le permitió cobrar 1 peseta por conjuro vendido. Sin embargo, la demanda era tal que fue imposible controlar las copias, los sucedáneos y las versiones. Una de las más famosas, impresa en una tela marrón era la que colgaba de la pared del comedor de casa de mi abuelo. Tan típica como las figuritas de meigas que se venden en el monte de Santa Trega o los collares de conchas de La Lanzada y La Toja. Finalmente en 2001, Mariano registró el conjuro en la SGAE. Este artista siempre anda con un maletín preparado por si le llaman. Durante años ha perfeccionado su puesta en escena:

Me pongo un hábito negro, colgantes y un gorro de punta y sobre la mesa coloco una calavera, que me regaló en 1956 un amigo que estudiaba Medicina en Santiago, y un cuerno de cabra, ambos con velas encima. Primero cuento la historia de la queimada, o mellor remedio para producir felicidade, las diferentes acepciones de la palabra carallo y varios chistes. Enciendo el aguardiente sobre una concha de vieira y después el del pote. A continuación echo el azúcar mientras remuevo la mezcla y pronuncio el conjuro. Cuando el color de la llama es medio azulado lo apago con un paño que tiene un anxo de vento dibujado.

Mariano ha creado escuela. Existe todo un mercado veraniego en el que fulanos disfrazados de brujos o de Juego de Tronos, no se sabe muy bien, meten unas clavadas enormes por recitar el conjuro y perpetrar una queimada en aniversarios, banquetes, bodas y reencuentros estivales con emigrantes. Yo soy uno de ellos. Como veterano de campos de trabajo arqueológicos internacionales me he comido unas cuantas. Gusta mucho (sobre todo los asiáticos y los de Europa del Este) la parte esa de los pedos de los infernales culos y poner voz chunga al recitar. También vendo vino y camisetas para financiar el proyecto de turno. Como decía Lisa Simpson, todo científico que se precie tiene que tener alma de feriante, sobre todo en Galicia.


Referencias
Alonso del Real, C. 1972. "As orixes da queimada. Capítulo programático dun libro en preparación". Grial. Revista Galega de Cultura, 35: 74-82. 

jueves, 26 de marzo de 2020

Franco, Caudillo y Pastor


El denominado arte popular ha sido objeto de estudio en España por parte de una Etnografía formalista, tipologizante y poco preocupada por el trasfondo social y/o político de la cultura material. Durante décadas, muchos eruditos locales preferían perfumarse con los frascos de las esencias y se empeñaban en señalar el origen castreño de los motivos tallados en yugos y cabeceros de las camas campesinas, por poner un ejemplo. Los paisanos vistos como fósiles vivos, entes folklorizados, como muy bien ha analizado Sergio del Molino en su archifamosa La España Vacía. Un país que nunca fue. Por el contrario, todos los antropólogos que han prestado atención al campesinado como colectivo humano, desde Chayanov hasta Wolf, señalan su celo de independencia y su oposición a las formaciones estatales. Es éste un tema, las relaciones con el Poder, que abre un nuevo campo en los estudios etnográficos. El arte popular refleja esta dialéctica de, a veces obediencia, y otras, de resistencia. Las escenas eróticas que los canteros tallaban en los canecillos románicos son la reversión total del orden social, un Carnaval o una fiesta de los locos esculpida en piedra.


Mi abuelo, O'Corenta, como buen  campesino polifacético dentro de una economía de subsistencia, también era carpintero. En la iglesia parroquial de Cereixa todavía se conserva el reclinatorio que le hizo a una vecina, Carmen Ayán, esposa de su compadre O'Turín. Mi abuelo se inspiró en los retablos del siglo XVIII y XIX que decoran las paredes del templo e incorporó motivos decorativos del arte de la Alta Cultura. En esos mismos años de la inmediata postguerra, otros carpinteros como él hicieron otros reclinatorios, otra sillas, pero con el símbolo de la FE y de las JONS, como así también hicieron canteros populares en un sinfín de lavaderos y fuentes del interior de Galicia. En muchos casos, el yugo y las flechas poco o nada se parecían a los símbolos aquellos de los Reyes Católicos. Como me confesó un cantero de Cuntis un día: "Cuando un escultor intenta hacer un león, le sale un león; cuando lo intenta un cantero, le sale un perro".


Hay un sitio en España en donde podemos admirar esta relación entre poder y arte popular, y no es otro que el Museo Etnográfico de Castilla y León, en Zamora, una de las joyas visitables de la ciudad. Allí se expone una selección de la inmensa colección de arte pastoril donada por el etnógrafo local Luis Cortés Vázquez (1924-1990). Insigne romanista, catedrático de francés en la Universidad de Salamanca (tradujo y editó La Chanson de Roland), era un enamorado del mundo rural. Estudió el idioma gallego hablado en las portelas entre Zamora y Galicia, recopiló cuentos populares salmantinos y romances zamoranos y se convirtió en el mayor experto en cerámica popular del antiguo Reino de León. Este intelectual, una mezcla entre Félix Rodríguez de la Fuente (era ornitólogo también), Delibes y Labordeta, conocía cada rincón de ese viejo país y se fue haciendo con una colección de arte popular, en aquellos años en que las cerámicas de Sargadelos del XIX se cambiaban por lotes de Arcopal.


En la colección destaca una silla decimonónica en la que el artista de turno talló un preso por un lado y un Guardia Civil por el otro, anverso y reverso de la implantación del Estado liberal en el pagus ibérico. Sin embargo, las piezas más singulares son aquéllas realizadas por pastores, muchos de ellos trashumantes, que reproducen retratos del Caudillo, loas a Franco y Primo de Rivera o incluso escenas militares. Tenemos que tener en cuenta que muchos campesinos de Galicia, León y Castilla únicamente salieron de sus aldeas al ser movilizados por los sublevados en la guerra civil. Al acabar el conflicto volvieron a sus pueblos, y esa fue su experiencia de vida fuera de allí. El discurso de la Victoria y la propaganda caló hondo en muchos de ellos. Hay ejemplos soberbios por todo el país, como aquel lavadero gallego en el que el cantero emocionado escribió: Se hizo reinando Franco. En otros casos, quizás cabe hablar más de pura supervivencia. Estos pastores se movían por el territorio en unos años en los que te podías llevar sustos tanto de la guerrilla como de la Benemérita. Estos objetos podían servir de auténtico salvoconducto para certificar la afección al Movimiento.


Como en el caso de mi abuelo, la escenificación del nuevo poder, en este caso nacionalcatólico, en villas y ciudades era replicado por estos hombres del campo en su vida cotidiana. Incluso la propaganda tuvo su impacto real. En 1944 se inició en Barcelona la construcción del templo del Buen Pastor, destinado a cristianizar de nuevo un espacio anarquista por excelencia. El ínclito Pal i Deniel, ideólogo de la Cruzada, regaló la escultura del Buen Pastor, a quien se equiparaba con el Caudillo. Esta imagen de Franco, Caudillo y Pastor, fue proyectada socialmente hasta la saciedad durante el Congreso Eucarístico de Barcelona, en 1952.
Queda por hacer toda una Etnoarqueología de este arte pastoril.



martes, 27 de septiembre de 2016

Disaster Archaeology

Castro de La Ercina

Hace pocos días tuvimos la suerte de acercarnos al pueblo leonés de La Ercina en donde nuestros compañeros Eduardo González y Víctor Bejega dirigen un proyecto de Arqueología comunitaria centrado en la recuperación de un castro de la Edad del Hierro (probablemente destruido durante las guerras cántabras). Estos arqueólogos, que emprendieron en su día las excavaciones en la posición republicana del Cueto de Castiltejón (Puebla de Lillo), nos enseñaron también las ruinas arqueológicas del pasado minero de la zona. Un pasado traumático condensado en una fecha: el 10 de junio de 1954. Ese día una explosión de grisú en la mina de Casetas de Oceja acabó con la vida de 14 mineros. Fue el mayor accidente minero hasta la fecha en toda la provincia de León. Por supuesto, la dictadura pasó por el acto la tragedia, señalada en algún periódico de manera surrealista, como un hecho más en la sección de sucesos, compartiendo espacio con el accidente sufrido por los miembros de un circo ambulante.


Los y las seguidoras de este blog ya conocéis nuestros proyectos sobre Arqueología de la colonización agraria e industrial del franquismo en diversas zonas del Estado. En este sentido, en La Ercina nos encontramos con un ejemplo magnífico del proceso de domesticación de la minería y la case obrera tras el triunfo del golpe de Estado de 1936. Sin embargo, hay algo más. El trauma de aquel accidente se mantiene en la actualidad y se refleja en una suerte de damnatio memoriae de la materialidad que recuerda aquellos tiempos. La entrada a la mina en la que murieron aquellos hombres fue dinamitada hace pocos años. La vía del tren minero fue desmantelada. La caseta del apeadero resiste huérfana y sola al paso del tiempo, en medio de la nada. El economato no aguantará un invierno más; pronto se consumará su ruina total... Se podría llevar a cabo toda una Arqueología del Desastre en este lugar.

La antigua caseta del apeadero en el tren minero: Casetas de Oceja.

Ruinas del interior del economato de Casetas de Oceja.

Exterior del edificio del economato.


Sin embargo, también se ha dado un curioso proceso de patrimonialización. En el antiguo local de la Hermandad de Santa Bárbara, centro permitido por el sindicato vertical franquista, se ha ido creando todo un museo local, una cuenca de memoria con aluviones de materiales de lo más variopinto, donados por los vecinos. En el bar se expone una lápida conmemorativa de un accidente previo, con los símbolos fascistas y con un texto que recuerda que esos hombres murieron en el trabajo cumpliendo con su deber. Todo un epitafio que nos remite al Estado militarizado franquista, en donde los camaradas productores obedecen y cumplen, ajenos a cualquier tentativa de huelga o derecho laboral. Como contrapunto, nos encontramos aquí con otra lápida, exenta de simbología franquista, un recuerdo emotivo de los compañeros.



La gente de La Ercina estaba harta de aparecer únicamente en la prensa por malas noticias, cada vez que se conmemoraba la efeméride de la tragedia de 1954. Por eso, se aferran ahora al castro como referente identitario. El impacto mediático de las excavaciones, de la recreación de la batalla entre cántabros y romanos es ahora motivo de orgullo para la comunidad local, según nos cuentan Edu y Víctor. Toda una Arqueología postraumática.

Detalle del Museo de la Hermandad de Santa Bárbara.

martes, 21 de octubre de 2014

Yo, Claudio

Bodega donde cavó su tumba el miliciano Claudio Macías (fot: I de la Mata).
Hace años, en un congreso europeo, escuché a un arqueólogo islandés hablar de la Arqueología de la Soledad. Este investigador se dedicaba a excavar cabañas en sitios recónditos de su isla, habitados temporalmente a fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX por hombres (nunca por mujeres) convertidos en colonos. Individuos aislados, sin nadie presente en cientos de kilómetros a la redonda. Me recordaban estos colonos escandinavos a los pastores vascos de Wyoming, que pasaban temporadas enteras solos, con sus caravanas, únicamente acompañados del ganado que guardaban.

Esta Arqueología de la Soledad tiene un potencial enorme para analizar casos de supervivencia en contextos bélicos y represivos. Todos conocemos aquellos casos de soldados japoneses que jamás se rindieron, perdidos en la jungla de una isla del Pacífico, sin enterarse durante décadas de la derrota del Imperio del Sol Naciente. En España la represión franquista creó un nuevo tipo de individuo que luchaba por su supervivencia: el topo. El recientemente fallecido periodista de guerra Manu Legineche, maestro de maestros, investigó el fenómeno en la década de 1970 y publicó un libro junto con Jesús Torbado, titulado Los topos (1977) en el que recogía 24 entrevistas a republicanos emparedados, sepultados, ocultos... También en El Río del Olvido, Julio Llamazares relata la conversación con un señor que estuvo oculto como una rata debido a la denuncia de un vecino. La humedad que sufrieron sus huesos en su cautiverio se cebaba entonces con su salud. En los mismos parajes que Llamazares recuerda en Luna de lobos tuvimos ocasión de conocer las cuevas-refugio empleadas por el guerrillero Gorete. Años viviendo solo en las estribaciones de los Picos de Europa.

La brutal represión desatada en la retaguardia de la España Nacional desde el minuto uno fue motivo suficiente para que personas con o sin pasado político optaran por el ocultamiento. El fenómeno está bien estudiado en el NW peninsular. Tras la caída del Frente Norte las órdenes son claras: los republicanos derrotados deben acabar en los campos de concentración, y aquellos que intenten escapar deben ser eliminados. Así lo demuestra, por ejemplo, la solicitud en junio de 1937 del comandante de las fuerzas franquistas en el sector de Ourense, en la que demandaba el regreso de 180 guardias civiles del frente de Madrid para eliminar a los grupos de fuxidos: …Asignados a esa zona a varios núcleos con mando único dedicado a un exterminio, empezando por cortar complicidades (en los) pueblos (cit. en Heine 1982: 22-3). Tropas franquistas dedicadas a un exterminio. Sí. Eso es lo que dice. Y lo aplicaron a rajatabla. Milicianos combatientes de Asturias que intentaron volver a sus pueblos o huir a Portugal fueron exterminados sin contemplación (O Acevo), denunciados por vecinos, juzgados y fusilados.

Voluntarios de la ARMH exhumando los restos de Claudio Macías (fot: I. de la Mata).

Este panorama lo conocía muy bien Claudio Macías, miliciano que ya había estado en la cárcel tras laa revolución de 1934. Tras la caída de Asturias (octubre de 1937) volvió a Villalibre de la Jurisdicción y se ocultó en un arcón de la bodega de su casa. Un día llegaron los falangistas y al no encontrarlo se llevaron a su hermano de 16 años, a quien ejecutaron al instante, como represalia. Su madre fue rapada y humillada. Enfermo de neumonía, con 31 años, Claudio cavó su propia tumba en la bodega y allí quiso quedarse para no perjudicar más a su familia. Su hermana lo enterró en la tumba que se había construido. Estos días la ARMH ha procedido a la exhumación de esta víctima del franquismo. Según informa El Diario de León, el arqueólogo forense de la ARMH, René Pacheco, director de la intervención, reveló un detalle estremecedor: Él mismo se excavó el agujero para meterse dentro. Las marcas del pico que usó están en la pared.

Estamos acostumbrados a las excavaciones en área, a las fosas comunes, a las comunidades de muertos, a los crímenes a escala industrial. Pero este caso de Claudio Macías nos estremece mucho más, nos recuerda a esa pesadilla tan recurrida del cine negro: una persona es enterrada viva y mientras muere poco a poco se deja las uñas y los dedos arañando la tapa del ataúd que sella su destino. Este ejemplo de Arqueología de la Soledad es quizás la más tétrica y efectiva metáfora de lo que significó la dictadura franquista para muchos de nuestros conciudadanos, convertidos en alimañas al margen de la sociedad.

martes, 29 de enero de 2013

Arqueología y Memoria en el sector del Puerto de San Isidro (Puebla de Lillo, León)

En estos días ha salido una publicación sobre la Guerra Civil en el sector del Puerto de San Isidro (Puebla de Lillo, León), uno de los más importantes del Frente de los Puertos en el Frente Norte.
Esta publicación, a la que esperamos se unan próximamente varias que se encuentran a punto de salir, recoge una visión del área investigada en 2011, durante nuestra campaña arqueológica en Castiltejón. En este caso, la combinación de las evidencias arqueológicas, las fuentes orales y documentales, y las noticias de la prensa de la época, nos permiten elaborar un discurso más claro del desarrollo del conflicto en la zona, arrojando más luz sobre algunos aspectos comprometidos o poco claros de la Guerra.
Conocer el desarrollo de los distintos episodios bélicos y de su trascendencia, mostrar algunos aspectos relacionados con la vida en campaña y las escaramuzas de ambos ejércitos, y sobre todo, ver cómo las personas elaboraban su propia visión de los hechos, bien sea a través de la prensa o de la memoria personal.

Os dejamos aquí el enlace:




lunes, 26 de noviembre de 2012

75 Aniversario del asesinato de Silvino Morán





Hace 75 años, un 26 de Noviembre de 1937, el comandante del Batallón 241, Silvino Morán, permanecía escondido desde la caída definitiva del Frente Norte, intentando regresar a zona republicana para continuar luchando. Esa tarde, Silvino Morán, su mujer Asunción Rodríguez Pulgar, su cuñada Elvira, Ángel "el de Misiegos" y su hijo Dionisio y un miliciano llamado Delfino, se refugiaron en una cabaña de el Rasón, cerca de la zona de Aller (Asturias). A las 6 de la mañana, rodeados sin saberlo por militares y falangistas, comienza el tiroteo mientras Delfino estaba de guardia, que abandona su puesto sin avisar a sus compañeros.
Comienzan las ráfagas y las bombas de mano, Silvino se levanta y coge rápidamente su fusil ametrallador, defendiendo la cabaña junto a sus compañeros. Pero una trágica bala impacta en su cabeza matándolo en el acto. Asunción y Elvira arrojan como pueden las granadas fuera de la cabaña. Ángel y Dionisio son acribillados, Asunción, que estaba embarazada, y Elvira, caen heridas.
Los asesinos entran en la cabaña y cogen el cadáver de Silvino Morán, su trofeo. Discuten si rematar o no a las mujeres, que finalmente sobreviven. Deciden dejar los cadáveres de Ángel y Dinisio en la cabaña, donde permanecerán varios días hasta que ordenan a varios vecinos que los entierren en la zona unos dias después. 


Traen una carreta para bajar su "trofeo" hacia Moreda de Aller, donde los exponen en el Casino, como una pieza de caza. A su paso, las mujeres heridas y el cadáver del comandante son insultados, vejados y escupidos, hasta tal punto que uno de los oficiales franquistas recrimina esa actitud a los vecinos. Varios días después de permanecer expuesto en el Casino, el cuerpo de Silvino Morán fue enterrado en el cementerio de Moreda de Aller, mientras las dos mujeres fueron encarceladas.
Ya han pasado 75 años, de memoria y desmemoria, de recuerdo y olvido. Para los que excavamos en Castiltejón, no es una fecha cualquiera. La trinchera, el viento y el agua, nos hacían sentir de forma especial lo que allí aconteción 75 años antes, cuando un grupo de hombres defendía ese paso de montaña, luchando contra el enemigo fascista y contra el enemigo climatológico, el hambre, la escasez de munición,... En aquél frente luchó Silvino Morán, comandante del Batallón 241, defensor del Puerto de San Isidro. El destino del batallón, como otros muchos, fue trágico, no solo por las bajas en combate, sino por la represión posterior, como puede observarse en el reciente libro de Manuel Fernández Trillo "La Represión Fascista en el Valle de Aller".
Gracias a la Arqueología, podemos conocer un poco mejor el frente en el que luchó Silvino Morán y su Batallón, y que supuso en gran medida su final. Desde aquí nuestro homenaje a uno de esos luchadores por la libertad.



miércoles, 3 de octubre de 2012

Y el frente se rompió....

Vista de Castiltejón desde las Minas de Talco.
 
El Ejército Republicano del Norte se preparaba para resistir un invierno más en las frías montañas asturleonesas. Los movimientos de tropas franquistas parecían indicar cierta actividad, que los mandos republicanos identificaron con refuerzos del frente de cara al invierno. Durante el mes de Agosto, se habían levantado nuevas fortificaciones como Alboleya, que reforzaban aún más el inexpugnable puesto del Frente de San Isidro (León). Los soldados continuaban su rutina, cavando trinchera, limpiando las posiciones, manteniendo la vigilancia. Pascual y Salvador permanecían en sus puestos, en la galería excavada en Castiltejón. Desde allí podían observar las posiciones franquistas del Pico del Águila, sintiéndose seguros en su tremenda fortificación.


Planimetría de Castiltejón.
Planimetría del Búnker-galería de Castiltejón.

Sin embargo, pronto las cosas comenzaron a cambiar. Los mandos republicanos informaron de movimientos franquistas en las proximidades del Puerto de Pajares, así como de la llegada de nuevas tropas de refuerzo a Puebla de Lillo. Llegaron también refuerzos para intentar asegurar todas las posiciones defendidas por el Batallón 241, comandado por Silvino Morán. Las horas pasaban con incertidumbre, y se conocian los primeros avances fascistas por el Valle de Valporquero, preparando lo que sin duda era una nueva ofensiva hacia las posiciones republcanas. Pascual se lamentaba....eran tan pocos.... qué falta hacían los refuerzos destinados al Frente Oriental asturiano...
 
Mapa de operaciones militares en la zona de San Isidro. Octubre 1937.
 
 
La aviación comenzó a hacer su aparición, bombardeando posiciones republicanas sin tregua. Únicamente, la llegada del mal tiempo alivió el ataque aéreo, con la niebla y la lluvia intensas que, sin embargo, dificultaban los traslados de tropas por el monte.
Silvino Morán trataba de aguantar las líneas, pero resulta difícil mantener posiciones con 500 hombres frente a 2000 o más. Llegan algunos refuerzos, mal equipados, sin mucha preparación, reclutas jóvenes y sin experiencia... Se organiza la defensa, destinando tropas a defender el punto más débil, localizado en las crestas de la Sierra de Valporquero, especialmente en los picos Mahón, Agujas y Peña Lázara. Los valientes soldados republicanos aguantan, aguantan a la artillería, las ametralladoras, los precisos fusiles K-98 nazis.... Apenas tienen munición, sus Mannlicher no son suficientemente efectivos, las piezas del 105 no consiguen frenar el avance fascista. Pero aguantan. Tres días de encarnizada lucha, roca por roca, metro a metro. Las bajas son enormes y cunde el desánimo....
Silvino Morán trata de organizar una bolsa de resistencia en Peña Lázara, sabiendo que si rompen ese frente, coparán sus líneas. Pero los problemas no llegan solos.... Muñoz Grandes, el futuro jefe de la División Azul, avanza desde Tarna, donde ha establecido tropas para inmovilizar al Batallón de Coritu. No llegarán refuerzos, sólo queda resistir. Muñoz Grandes, con sus Brigadas Navarras, desciende por el Pinar de Lillo y llega a Cofiñal. Las posiciones de La Granda, el Viular y Valerianes tratan de resistir, de evitar la fatídica pinza. Pero la superioridad franquista es aplastante... Las tropas moras consiguen romper el frente por Peña Lázara, enviando una columna hacia el Lago Ausente, obligando a los soldados a abandonar el Fortín Alboleya para escapar del cerco. El temor se extiende, Isoba es abandonada, y las tropas franquistas de Ceano realizan un giro para enlazar con Muñoz Grandes en Cofiñal. Caen las Minas de Talco, Castiltejón, La Granda, el Viular, Valerianes,.... Las posciones son abandonadas a toda prisa.... y así las encontramos 75 años después.
Silvino Morán y el Batallón 241 se repliegan, intentando organizar una bolsa de resistencia en los montes de San Isidro, hacia la vertiente asturiana... Pero todo estaba perdido. En estos primeros días de Octubre, caen San Isidro, Tarna, Pajares, Somiedo,... El 21 de Octubre, la caída de Gijón da por concluido el Frente Norte.
 
Franco visitando el Puerto de Tarna. Octubre 1937.

Republicanos huyendo en el Frente Norte.

Esta caída es crucial para el desarrollo futuro de la Guerra. Franco lo sabe, por eso realiza una rápida visita a Tarna y San Isidro. Los republicanos buscan una salida. Desaparecido el frente, no tienen contacto con los territorios republicanos, se encuentran a merced de los fascistas. Algunos pudieron escapar por barco, otros intentan huir hacia zonas republicanas, algunos se van a los montes para organizar la resistencia o simplemente para escapar de una muerte segura, otros vuelven a sus casas... Muchos, serán ejecutados... La República, consciente del duro golpe, organiza actos para intentar recaudar dinero y medios de ayuda a los republicanos huídos, a sus familias.... Pero ya era demasiado tarde.
 




Ejemplos de cartelería solicitando ayuda para el Frente Norte de Asturias.
 
75 años después de aquellos dificiles días de 1937, seguimos investigando la vida en la trinchera, sus últimos días, para evitar que su lucha y esfuerzo caigan en el olvido, para alimentar y reconstruir su memoria, para conservar y estudiar los restos de aquellos días en que Pascual y Salvador tuvieron que presenciar la muerte de sus amigos, sus ideales, su vida...
En memoria de todos los combatientes que dieron su vida en el Frente de los Puertos para luchar por la Libertad y la Democracia.
 


lunes, 1 de octubre de 2012

Frente de los Puertos: La Granda

Parapeto en La Granda

El Frente del Puerto de San Isidro, junto al resto de puertos que configuran el conocido Frente de los Puertos, se comprendía de un enorme complejo defensivo, jalonado de posiciones defensivas. Uno de esos complejos es el situado en el Pico la Granda (Puebla de Lillo, León), al que se accede tras una larga caminata desde las proximidades de lo que en su día fue el Puesto de Mando Avanzado
Entrada a la galería que da acceso a los búnkers gemelos.
 
En la cima, encontramos un enorme conjunto de construcciones republicanas, que incluyen parapetos de piedra, casamatas, refugios, puestos de observación y dos búnkers gemelos de hormigón con entibación de madera en las galerías que los unen, todo ello unido por un amplio tramo de trincheras que desemboca en una posición de retaguardia donde se ubica un depósito de agua.

Detalle de la galería interior de los búnkers.

Interior de uno de los búnkers gemelos de La Granda.
 

 Si bien todo el complejo resulta impresionante, los búnkers gemelos resultan muy atractivos. Combinando las técnicas de fortificación de la época y la tradición minera, cuenta con una galería cuya entrada está fortificada, y que se realiza mediante entibado y excavación parcial de la roca, reforzando el techo exterior con cascotería para disimular su posición y ofrecer más resistencia. La galería principal se divide en dos ramales, que nos permiten acceder a las dos posiciones en las que se emplazaría una ametralladora y varios fusiles. Recorrer esa galeria impresiona y sobrecoge, visualizar las posiciones enemigas y observar las inscripciones de 1937. Poco imaginaban aquellos soldados republicanos que apenas unos meses después, serían copados.
 
Vista exterior de uno de los búnkers gemelos de La Granda.

Depósito de agua en la retaguardia.
 
La posición se completa con un tramo de retaguardia, atestiguado por lo que parece un depósito de agua, al que se accede siguiendo un largo tramo de trinchera excavada parcialmente en la roca y aprovechando el canchal como parapeto. Este tramo de trinchera, a su vez, se encuentra protegido por diversas posiciones fortificadas en el propio canchal, a modo de casamatas, que controlan las posibles zonas de acceso al conjunto.


Vista del tramo de trinchera más alejado de las fortificaciones principales.

Vista del tramo de trinchera en la proximidad a una posición que controla Puebla de Lillo y Cofiñal.
 
Sin duda, aún resta mucho trabajo por hacer en el Frente de San Isidro, pero..... estamos trabajando en ellooooo....