
Un interesante depósito de basura in situ, en el Campo de Concentración de Castuera. Está compuesto por dos escudillas de aluminio, un plato metálico y varias latas. En las cercanías localizamos también una ampolla medicinal.

Las letrinas-basurero siguen siendo fructíferas en cuanto a hallazgos relacionados con el rancho. Hoy hemos encontrado un plato de metal esmaltado junto a un fragmento de cuchara (arriba) y muchas más latas. Son fundamentalmente de atún y sardinas. En la foto de abajo las podéis ver ordenadas:
Nos sigue sorprendiendo día tras día la chapuza concentracionaria. La parte que excavamos ahora de la letrina no es, siquiera, una zanja. Se trata más bien de una serie de pozas irregulares talladas en la roca, donde se acumulan los desechos.
Los males nunca vienen solos. Al lado de la zanja de la letrina, en la superficie, acabamos de encontrar dos tumbas tardorromanas. Seguramente quedaron parcialmente a la vista durante el aterrazamiento del campo. Encima eran romanos pobres, porque aparecen sin ajuar. Si es que así no se puede trabajar...
Está claro que no hay quien excave un yacimiento de la Guerra Civil tranquilamente. Otra vez nos vemos obligados a perder el tiempo recogiendo basura protohistórica. La culpa realmente no es de los túrdulos y túrdulas que vivían por aquí hace 2500 años. La culpa es de los soldados de Franco que cavaron sus trincheras donde no debían durante la campaña de verano de 1938. A ambos lados de la zanja encontramos abundante cerámica de la Edad del Hierro que, naturalmente, tenemos que documentar. Por qué no nos dejaran en paz con nuestras latas oxidadas y trozos de vidrio...
La trinchera franquista de verano de 1938 (la franja con hierba verde). Es posible que se colmatara ya en 1939 para construir el campo.
Después de las latas, quizá la segunda categoría de materiales más abundante es el de las medicinas. En la imagen se pueden ver vidrios de diversas botellas de medicina, agua oxigenada (los dos fragmentos grandes de la derecha) y una ampolla, quizá de morfina.
Hoy hemos encontrado en la zanja de la letrina dos escudillas de las que se utilizaban para comer el rancho. Son similares a las usadas por los soldados durante la guerra, lo cual es lógico: los campos de concentración eran establecimientos militares que prolongaban las condiciones de guerra en tiempo de paz. En muchos campos era habitual que se diera a los prisioneros una sopa aguada o unas lentejas, que apenas les servían para mantenerse en pie. En Castuera se repartían dos comidas al día, aunque la primera (un sucedáneo de café y un chusco de pan) difícilmente merece tal nombre.

Arriba, basura recogida del sondeo ZL02. Abajo, latas in situ en el sondeo ZL02.