viernes, 27 de marzo de 2015

Arqueología de los desastres

Desde hace unas tres décadas, los arqueólogos nos preocupamos cada vez más por resultar socialmente útiles. Pasó ya aquel tiempo en que uno podía encerrarse tranquilamente toda la vida a catalogar vasos griegos de figuras rojas o marfiles fenicios (bueno, en realidad se sigue haciendo, pero menos). Ahora entendemos que nuestro trabajo tiene que repercutir de forma más clara en la sociedad que financia nuestras investigaciones. 

La producción de conocimiento, en sí misma, es ya una forma de contribuir, quizá la más importante, pero ahora somos más conscientes de que ese conocimiento debe circular y ser accesible, no quedarse en las bibliotecas especializadas y en artículos escritos en un lenguaje incomprensible. Este blog es un pequeño intento de hacer la arqueología más útil - o menos encerrada en sí misma.

Sin embargo, muchos arqueólogos quieren poner su ciencia al servicio de la sociedad de una forma más contundente. Puede ser estudiando temas acuciantes, como el cambio climático. O documentando crímenes de lesa humanidad, desde Argentina a Timor Oriental. Se puede afirmar que la arqueología más útil que se ha hecho en España es la recuperación de las víctimas de la violencia política durante la Guerra Civil y la dictadura. Esta arqueología no solo ha servido para que los ciudadanos conozcan mejor la naturaleza real del régimen franquista, sino que ha permitido a miles de familiares afrontar un trauma reprimido durante décadas. 

Es en los temas más recientes donde se puede percibir mejor el potencial de la arqueología como ciencia aplicada. Pero ¿cómo de recientes? ¿Puede ser algo que haya sucedido ayer?

Richard Gould cree que sí. Es el inventor de la disaster archaeology, arqueología de los desastres. Gould se dio cuenta de que las formas de registro arqueológicas pueden ser muy útiles en determinados contextos que no son propiamente "históricos" (o prehistóricos). Dichos contextos, sin embargo, se caracterizan por producir una gran cantidad de restos materiales (y humanos) altamente fragmentados, alterados y de difícil interpretación. Los desastres actuales se caracterizan precisamente por eso: pensemos en un atentado terrorista.

De hecho, lo que hizo pensar a Gould sobre las posibilidades de una arqueología del desastre fue el ataque de Al Qaeda contra el World Trade Center el 11 de septiembre de 2001. Desde entonces, ha puesto en práctica su formación arqueológica en distintos contextos de desastre, siempre en colaboración con la policía y científicos forenses. Uno de sus trabajos con mayor impacto fue el estudio de una discoteca arrasada por un incendio en Rhode Island, que acabó con la vida de 100 personas.


Me resulta difícil no observar las terribles imágenes del reciente accidente aéreo en los Alpes con una mirada arqueológica: veo fragmentos dispersos de todo tipo y me pregunto ¿Cuánto más se podría llegar a conocer de la tragedia si se registrara el escenario con la meticulosidad a la que estamos acostumbrados los arqueólogos? 


Quizá en este caso, visto el giro que ha tomado la investigación del desastre, este tipo de documentación no resulte tan necesaria, al menos para esclarecer las causas, pero quizá sí lo sea para encontrar otro tipo de pruebas que puedan ser importantes para las familias de las víctimas. En otros casos, se trate de un accidente aéreo, un crimen o un accidente industrial, una buena documentación arqueológica podría ayudar a dilucidar el origen del desastre. Los arqueólogos registramos cada objeto y los analizamos cuidadosamente buscando patrones, áreas de dispersión, densidades, zonas de actividad. Aquí hemos insistido más de una vez en que la metodología arqueológica es similar independientemente del período -da igual que sea el paleolítico o para la Guerra Civil Española

Nuestro objetivo es conocer con la mayor precisión posible lo que ha ocurrido en un determinado lugar. Este conocimiento puede ser crítico en el caso de escenarios de desastre: no solo para saber lo que ha sucedido, sino para evitar que vuelva a suceder.

Registro total de artefactos por categoría en la paridera del Saso (Belchite).

6 comentarios:

Francisco Monpesar dijo...

No AGR, no…
No creo que sea un buen ejemplo ni tampoco ilustrativo comparar un accidente con una paridera. Hace poquísimo tiempo de lo sucedido y más aún por las causas de la desgracia.
Esto hoy no toca.

Posiblemente dentro de un tiempo muy cercano la figura del arqueólogo/ga forme parte del equipo de profesionales que trabajan para esclarecer sucesos y desgracias. Como los antropólogos, forenses e historiares que se incorporaron, con su formación y conocimiento, al mundo de la arqueología. Ho como nació la arqueología industrial para preservar, valorar y realzar espacios y contenidos que la voracidad constructora quería hacer desaparecer.

Comprendo que, como profesionales, estéis en periodo de cambio y de adaptación y que esto os provoque incerteza. Como dentro de poco les pasará al mundo de las bibliotecas y a los profesionales que trabajan en ellas. La digitalización de libros y archivos provocará muchos cambios en ellos.

Pero en mi humilde opinión, hoy, este artículo no toca.

Y si me permitís, os daré también un humilde consejo. Si alguna vez tenéis la intención de ir a alguna zona de desastres… Ir con un detector de metales…, os puede servir para documentar la desgracia.

FMP

Francisco Monpesar dijo...

No AGR, no…
No creo que sea un buen ejemplo ni tampoco ilustrativo comparar un accidente con una paridera. Hace poquísimo tiempo de lo sucedido y más aún por las causas de la desgracia.
Esto hoy no toca.

Posiblemente dentro de un tiempo muy cercano la figura del arqueólogo/ga forme parte del equipo de profesionales que trabajan para esclarecer sucesos y desgracias. Como los antropólogos, forenses e historiares que se incorporaron, con su formación y conocimiento, al mundo de la arqueología. Ho como nació la arqueología industrial para preservar, valorar y realzar espacios y contenidos que la voracidad constructora quería hacer desaparecer.

Comprendo que, como profesionales, estéis en periodo de cambio y de adaptación y que esto os provoque incerteza. Como dentro de poco les pasará al mundo de las bibliotecas y a los profesionales que trabajan en ellas. La digitalización de libros y archivos provocará muchos cambios en ellos.

Pero en mi humilde opinión, hoy, este artículo no toca.

Y si me permitís, os daré también un humilde consejo. Si alguna vez tenéis la intención de ir a alguna zona de desastres… Ir con un detector de metales…, os puede servir para documentar la desgracia.

FMP

Miguel García García dijo...

A mi sí me parece lógica la utilización de metodología arqueológica para la documentación y estudio de ciertos desastres (como este reciente) que demanden tal labor. Y sí me parece el momento apropiado: es cuando uno ve las imágenes cuando llega a tal refexión, a ver si la desgracia nos va ahora a impedir que alguien reflexione sobre como ayudarían sus conocimientos para aportar más información a los investigadores y a las familias. No se trata de buscar otro nicho de mercado para la labor del arqueólogo, sino de aportar una ayuda como lo hacen otras especialidades: psicólogos, forenses, etc.

Francisco Monpesar dijo...

Miguel G2 y resto bloggeros ,
Discrepar en bueno y “discutir” dando diferentes puntos de vista mejor todavía. Es la forma más democrática de llegar a un consenso. Y el reflexionar a partir de un hecho es perfectamente comprensible y saludable. A partir de estas reflexiones evolucionamos en positivo como personas y profesionales. La metodología arqueológica para conocer o “resolver” desastres como el ocurrido puede, y así lo creo, ayudar muchísimo.

Pero insisto, la comparación (las comparaciones son odiosas) con el excelente trabajo de “la paridera” no es el más apropiado, teniendo presente que hay otros proyectos de investigación colgados en el blog i/o Facebook que podrían ilustrar la Arqueología de los desastres. Y no es cuestión de censurarnos ni, por este hecho tan irracional, impedir la reflexión.

Muchas gracias
Moltes gràcies
FMP

Gonzalez-Ruibal dijo...

Quizá no haya sabido expresarme con claridad. Trataré de explicarme mediante una analogía: lo que proponemos los arqueólogos es que el método de nuestra disciplina se puede poner al servicio de la investigación forense de la misma manera que pone la suya un entomólogo. Así como el entomólogo no se va a dedicar a estudiar la etología de los coleópteros en un cadáver, sino que se centrará en determinar el intervalo de muerte que se infiere de la presencia de los escarabajos, un arqueólogo no se pondrá a escribir un relato histórico con la información recogida en un escenario de catástrofe, sino que utilizará sus técnicas de registro de alta resolución para recuperar y analizar el mayor número de pruebas en colaboración con otros expertos. Las técnicas de análisis son las mismas en una paridera, una cueva o una villa romana, igual que el procedimiento de clasificación taxonómica en entomología no cambia en un contexto forense o en mitad del campo. Los arqueólogos ya colaboran con especialistas forenses en la exhumación de fosas comunes: no hay a mi parecer ningún motivo que impida que nuestro conocimiento experto se pueda aplicar a otros contextos.

Francisco Monpesar dijo...

AGR,
No creo que haga falta dar más explicaciones. Si la metodología empleada en la arqueología es de una altísima calidad.
No cuestiono la profesionalidad y lo mucho que podéis aportar (sois excesivamente meticulosos en vuestro trabajo, como se ha de ser en esta disciplina). Lo que cuestiono y pongo de relieve que la comparación no creo, y como he dicho, en mi humilde opinión no es la más correcta.

Rectificar es de sabios al igual que reconocer los errores también. Por esto mismo tampoco estoy yo en lo cierto y que posiblemente también me esté equivocando en dar mi opinión. Pero soy humano.

FMP
Muchas gracias
Moltes gràcies