martes, 21 de septiembre de 2010

Arqueología del paisa(na)je

El campo de concentración de Castuera desde la bañera de su jefe.
Atrás, la vía del tren, elemento infaltable en estos lugares

Al momento de abordar el estudio de un campo de concentración ineludiblemente nos remitimos a experiencias similares como los campos nazis o los gulag soviéticos. El caso de Castuera no escaparía a esta relación ya que su localización también depende de factores estratégicos ideados por la lógica militar, como por ejemplo la cercanía de las vías del FF.CC. para el traslado masivo de los prisioneros; el quedar apartado de la vista directa de los poblados vecinos como Castuera o Benquerencia; o el haber sido utilizado este mismo espacio durante la guerra como evacuación primaria de prisioneros que luego serían enviados a retaguardia desde marzo de 1939.

Sin embargo, la historia española no sólo cuenta con experiencias propias que dan cuenta de la utilización del campo de concentración como mecanismo represivo contra la población civil, (cosa que puede verse en Cuba, ya en 1896, o en la guerra de Marruecos, lugar de entrenamiento de los generales golpistas) sino que, además, la propia localización del campo de Castuera nos indica lo cercano que tuvo que ser para los vecinos de la contornada. Los testimonios de los que por allí pasaron también dan cuenta de este ir y venir de familiares y vecinos, así como de la cotidianeidad de la relación con los pueblos vecinos.

En los pueblos todo se sabe: a pesar de estar "fuera de la vista" de los poblados adyacentes,
escasos kms y diversos caminos los unen con el campo.

Por ello, el hecho de que -salvo excepciones- este tipo de lugares no cuente con una apropiación a nivel popular, estaría relacionada con la noción a la que nos hemos referido de los campos de concentración como espacios al margen de la experiencia cotidiana. Esta perspectiva refuerza las dicotomías entre presente y pasado y lo político y lo cotidiano. Ahora bien, ¿de qué nos hablan los testimonios de aquellos que estuvieron muy cerca del campo aunque del lado de afuera? ¿qué nos dice el análisis del paisaje en que se inserta el campo? ¿qué función cumplió el miedo en la fragmentación del sujeto político reproducido desde entonces?

Letrinas infectas


Decía Michael Shanks que los arqueólogos no acabamos de entender bien lo de excavar la tierra. Nos empeñamos en tener los sondeos todos limpios y nivelados, así que pasamos buena parte del tiempo de una intervención alisando la tierra con paletines, cepillando y barriendo. Sin embargo, dice Shanks, la realidad no es así, la realidad material (y más cuando tiene que ver con tierra y piedras) es sucia, caótica, irregular.

Ayer empleamos bastantes horas dejando nuestras catas como una patena. Y al rato vino una tormenta y las dejó convertidas en charcos inmundos. Pero la verdad es que, tal y como están ahora, nos permiten hacernos una idea más precisa de cómo eran realmente las letrinas del campo de concentración que cuando estaban limpias: unas zanjas fangosas mal excavadas y fácilmente encharcables en las que 5.000 personas hicieron sus necesidades bajo el sol y la lluvia día tras día durante un año.

Para acabar de recrear el ambiente histórico, la zanja perimetral despedía un inconfundible hedor a excremento humano.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Matando el tiempo


La vida en el campo de concentración estaba marcada no sólo por el miedo, la enfermedad y el hambre, sino también por el aburrimiento. Al contrario que en un destacamento penal o una colonia penitenciaria -donde los prisioneros empleaban buena parte de su tiempo trabajando-, en el campo de Castuera -que era un centro clasificatorio- las personas no tenían mucho que hacer, más que esperar el turno de ser enviados a otro campo, a una prisión, a su casa o a la muerte.

"... haber si te haces por ahí de algunas novelas y me las mandas... pues leyendo se pasa el rato bien... también me mandas el balón si los niños no juegan con él..." (cit. en López Rodríguez 2009, 227).

Así escribe el preso Francisco Quintín, exactamente un día antes de ser fusilado en Castuera, el día 1 de diciembre de 1939.

En el sondeo ZL02 en la zanja de la letrina hemos encontrado media pieza de dominó artesanal realizada sobre un hueso finamente pulido.

Matar el tiempo antes de que lo maten a uno.

Chapuza concentracionaria

Final de la excavación en el sondeo ZL01, en el extremo de la letrina cercano a los barracones

"Los campos de concentración serán cercados por una zanja profunda de 1,80 de profundidad por 1,50 de anchura con doble fila de alambrada a ambos lados, no quedando mas que las entradas indispensables, para facilitar la custodia" AGMA. ZN 24 División (cit. en López Rodríguez 2009).

"Se procederá también con urgencia a la elección del sitio del estercolero de todos los residuos de la vida en el campo de concentración, que deberá estar por lo menos a una distancia de 250 metros de los locales de alojamiento al que se llevarán diariamente todas las basuras e inmundicias del campo y de sus alrededores". AGMA. ZN 24 División (ibid).

La arqueología contemporánea se empeña una y otra vez en demostrar la distancia entre la realidad y el deseo.

La zanja perimetral del campo y la zanja de la letrina paralela que hemos excavado tienen 40 cm de profundidad, no 180, como mandan las ordenanzas. Y no tienen 150 cm de ancho, sino entre 195 y 215, con lo que la superficie de exposición de los desechos era bastante más amplia de lo recomendable. La escasa pendiente de la zanjas, además, no ayudaría en absoluto a evacuar la suciedad, mientras que su limitada profundidad colaboró sin duda a incrementar la insalubridad del campo.

El estercolero en que pronto se convirtió la letrina no se encuentra a 250 metros, sino a 25 de los barracones más cercanos. El hedor que debía reinar en los cuartos vecinos a la trincheras debía de ser insoportable y, de hecho, así lo recuerdan algunos presos.

sábado, 18 de septiembre de 2010

Excavar un campo de concentración



Excavar un campo de concentración es algo muy diferente a cualquier otro tipo de yacimiento arqueológico. Cualquier objeto que en otro contexto resulta trivial puede tener aquí connotaciones terribles.

Por ejemplo, un abridor de latas.

Los presos en los campos de concentración pasaban un hambre espantosa. De hecho, miles murieron de hambre durante su encierro, sobre todo aquellos que no contaban con familiares cerca que pudieran llevarles comida al campo o que no tuvieran nada que intercambiar con los vecinos de la zona.

La falta de una alimentación adecuada traía consigo, además, anemia, enfermedades y estreñimiento crónico. Según testimonios recogidos por el historiador Javier Rodrigo, algunos presos desesperados trataban de extraerse excrementos utilizando las llaves de abrir latas. Con frecuencia esto provocaba hemorragias.

Algunos presos se desmayaban de dolor sobre las letrinas.

Comenzamos la excavación del campo

Plano del campo de Castuera

La zona en la que hemos decidido intervenir en el campo de concentración es la de las letrinas. Se trata de dos zanjas, una de ellas perimetral, situadas en una ampliación del campo.

En estas zanjas los presos se veían obligados a hacer sus necesidades en grupo, sin ningún tipo de intimidad. Nos cuenta Antonio López, autor de una monografía fundamental sobre el campo, que los presos eran conducidos a las letrinas por barracones. Es decir, uno no iba al baño cuando quería, sino cuando le tocaba.

Arriba, Gonzalo e Indira comienzan el sondeo en la zanja de la letrina. Abajo, Jano y Marín excavan la zanja perimetral. Al fondo, el castillete de la mina La Gamonita.

Las letrinas se usaron como basurero también, de ahí que nos interese sondearlas. En superficie se aprecia gran cantidad de restos (fragmentos de vidrio, latas, algún botón). Al poco de comenzar la excavación comienza a salir material: muchas latas de sardinas y atún en la zanja perimetral. La zanja de la letrina suministra bastantes menos desechos.

Vertido de latas en la zanja que delimita el campo

viernes, 17 de septiembre de 2010

Campo de concentración de Castuera

Trinchera de delimitación del campo de prisioneros

Empezamos un nuevo proyecto, esta vez en la provincia de Badajoz. Durante las próximas dos semanas realizaremos sondeos en el campo de concentración de Castuera, uno de los más duros de cuantos estableció el régimen de Franco durante la guerra y en la inmediata posguerra.

El campo de Castuera apenas estuvo en uso un año, desde abril de 1939, pero en ese breve período de tiempo pasaron por él cerca de 15.000 personas. Sólo en el mes de abril había registrados 5.950 prisioneros.

Una tormenta nos ha recibido a nuestra llegada al campo.