miércoles, 1 de abril de 2009

El mes de las masacres

La Ciudad Universitaria al acabar la guerra. Fotografía de Albert Louis Deschamps.

El 1 de abril de 1939 acabó oficialmente la Guerra Civil Española con el famoso parte de guerra de Franco ("En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército Rojo..."). Pero con el final de la guerra no acabó la violencia: continuaron los asesinatos y las ejecuciones, los encarcelamientos masivos, la represión política y las operaciones militares (contra el maquis).

Aunque la guerra finalizó el 1 de abril, las tropas franquistas habían entrado en Madrid varios días antes, el 28 de marzo. Los soldados republicanos que aún defendían la Ciudad Universitaria dejaron las armas después de resistir dos años y medio de asedio. Muchos acabarían en campos de concentración o ante el pelotón de fusilamiento. El fascismo no perdona, aunque sea un fascismo católico.

El mes de abril de 1939, mientras en España se sucedían los fusilamientos y los presos morían de enfermedades, hambre y torturas en las prisiones, los aliados italianos de Franco se afanaban en aniquilar a sus propios enemigos. Fue en estas mismas fechas cuando el valeroso ejército fascista asesinó a más de 800 personas (hombres y mujeres, ancianos y niños), en la cueva de Zeret, en Etiopía. Otro millar de campesinos y guerrilleros cayeron bajo el gas, las bombas o el fuego de las ametralladoras en diversas operaciones punitivas en la misma zona. Zeret, como tantos sitios en España, ha sido un no-lugar, un espacio condenado al olvido hasta su descubrimiento por el historiador Matteo Dominioni y el arqueólogo Yonatan Sahle en 2006.

Durante nuestra reciente investigación en Etiopía tuvimos ocasión de visitar la cueva, todavía repleta de restos humanos, ropas, graneros, cestas y cerámicas rotas. Son vestigios arqueológicos que nos hablan de la supervivencia diaria de unos campesinos que prefirieron ocultarse bajo tierra y llevar una vida fugitiva antes que aceptar el yugo colonial. Nos hablan también de la barbarie del invasor, dispuesto a cometer las peores atrocidades con tal de imponer sus sueños imperiales.

Un pañuelo de mujer en la cueva de Zeret

Sobre la tierra ha quedado el testigo material de la masacre: cráneos infantiles, piel humana, telas quemadas. Se trata de la mejor evidencia para callar a quienes ponen en duda las hazañas del totalitarismo fascista.

Porque si el fascismo no perdona, la arqueología no olvida.

domingo, 8 de marzo de 2009

Arqueología de la guerra... ¡sin excavación!

¡Sorpresa! Ametralladoras Schwarzlose en el fin del mundo.

A veces para estudiar contextos arqueológicos de conflictos contemporáneos no hace falta excavar.

Recientemente, una parte del equipo de este proyecto ha llevado a cabo prospecciones arqueológicas en la región de Gambela, en el oeste de Etiopía. El país fue invadido por Italia en 1935. La inestable ocupación fascista llegó a su fin cuando las tropas de Mussolini fueron derrotadas por los Aliados y los guerrilleros etíopes en noviembre de 1941. Pese a la brevedad de este episodio, se conservan aún en el país numerosos vestigios italianos en forma de edificios, cuarteles, campos de batalla, carreteras, puentes, cementerios y granjas. Todo un campo de estudio para los arqueólogos del siglo XX.

La ciudad de Gambela, en concreto, fue un importante puesto avanzado italiano junto a la frontera de Sudán. De la ocupación fascista se conservan en la actualidad varios edificios administrativos y militares que estudiamos como parte de nuestras prospecciones arqueológicas. A veces en el entorno de las estructuras aparecen algunos objetos de la época: latas, botellas, algunos casquillos...

Pero esta vez encontramos algo más que casquillos: cuál no sería nuestra sorpresa cuando, al abrir la contraventana de uno de los edificios abandonados, nos encontramos todo un arsenal de la Segunda Guerra Mundial cubierto de polvo y telarañas.

Entre las armas identificadas se cuentan docenas de subfusiles Ppsh y ametralladoras DPM soviéticas, fusiles Mannlicher, Mauser Gew. 98 y Mosin Nagant, un subfusil Thompson M1-A1, una ametralladora MG-42 alemana e incluso dos Schwarzlose de la Primera Guerra Mundial. Había además munición de todos los calibres y muchos proyectiles de mortero y RPG.

A parte de lo espectacular del hallazgo en sí, este caso nos ayuda a reflexionar sobre el modo de razonamiento arqueológico. Lo primero que tratamos de hacer los arqueólogos es datar los contextos y tratar de comprender cómo se han formado. Sólo así podemos realizar interpretaciones fiables.

En el caso del arsenal de Gambela nos hallamos con un magnífico ejemplo de depósito cerrado - sólo que en vez de espadas de bronce o cerámicas romanas lo que tenemos son armas automáticas. Si seriamos los materiales nos sale una típica campana de Gauss: tenemos unas pocas armas anteriores a la Segunda Guerra Mundial (Mannlicher y Vetterli), muchas armas de la Segunda Guerra Mundial, especialmente posteriores a 1941, y muy pocas armas fabricadas después del conflicto (dos subfusiles MAT, un fusil G3 y un FN FAL), en ningún caso posterior a los años 60. Éstas últimas nos dan la fecha post quem de la formación del depósito: las armas no se han podido guardar en el almacén antes de los años 50. De hecho, la fecha más probable de formación del conjunto sea inicios de los años 80 ¿Por qué? Es necesario entender cómo se ha formado el depósito.

Las armas fabricadas antes de la Segunda Guerra Mundial son de los tipos regularmente utilizado por el ejército fascista en las colonias (fusiles Mannlicher, Vetterli y Mauser, ametralladoras Schwarzlose), especialmente por las tropas africanas, que recibían las peores armas - y las tropas coloniales defendían los peores sitios, como Gambela. Sin duda, los fusiles y ametralladoras debieron quedarse en la zona tras la derrota de los italianos en 1941. Otras armas pudieron llegar a lo largo de la Segunda Guerra Mundial con los aliados (Bren, Thompson).

Cinco fusiles Mannlicher M95 de 8 mm y un Vetterli Vitali de 10.4 mm

Las armas soviéticas, en cambio, debieron de entrar en el país a partir de finales de los años 70, tras la revolución comunista en Etiopía. Los rusos aprovecharon las revoluciones africanas para desembarazarse de una gran cantidad de armamento anticuado. Es decir, lo mismo que pasó con la Guerra Civil Española 40 años antes y que nosotros hemos podido documentar arqueológicamente con nuestra excavación en la Ciudad Universitaria. Sin embargo, según Etiopía se fue hundiendo en su propia guerra civil (azuzada por la URSS y EEUU), llegaron al país nuevas y más modernas armas, como los famosos Kalashnikov. Esto dejó obsoleto buena parte del armamento previo. En algunos casos, como en Gambela, los materiales bélicos debieron de quedar arrumbados en edificios sin uso, mientras la gente se mataba con fusiles más efectivos.

Respecto al G3 y al FN FAL, estos rifles han sido los protagonistas de las guerras civiles sudanesas que azotaron el país entre 1955 y 2005. Los guerrilleros del sur de Sudán se han movido tradicionalmente de un lado a otro de la frontera y las armas se han trasladado con ellos - especialmente con los nuer, una etnia de pastores trashumantes que no entiende de límites nacionales. Con la extensión de los conflictos armados y el apoyo militar de las grandes potencias, las armas automáticas han pasado a constituir un elemento de gran relevancia en muchas sociedades tradicionales del Cuerno de África.

Bombas: Aquí es cuando decidimos que era mejor marcharse

En conclusión, con este ejemplo podemos ver como a través de la cultura material abandonada - es decir, del registro arqueológico - podemos seguir los eventos históricos de una determinada región (¡y del mundo entero!) y comprenderlos mejor. Al menos, nos permiten contar la historia de una forma original y diferente.

miércoles, 14 de enero de 2009

Visita a la trinchera

Visita oficial a la trinchera. En la fotografía aparecen entre otros Carlos Berzosa (Rector de la Universidad Complutense), Mercedes Molina (Decana de la Facultad de Geografía e Historia), Luis Enrique Otero Carvajal (Videcano de la Facultad de Geografía e Historia), José Manuel García Vázquez (Director del Gabinete del Rector), Víctor M. Fernández (Director de la revista Complutum) y algunos autores de los artículos incluidos en el monográfico sobre arqueología de la Guerra Civil: Luis Ríos y Almudena García (Universidad Autónoma de Madrid) y Eduardo Penedo (ARTRA). Fotografía de Francisco Ferrándiz (CSIC).

Ayer se celebró la presentación del monográfico de la revista Complutum dedicado a la arqueología de la Guerra Civil Española. Después del acto, varios de los asistentes visitaron la trinchera donde practicamos los sondeos durante el mes de noviembre. Estaba cubierta de nieve y la niebla apenas dejaba ver los escenarios de la guerra que nos acompañaron durante la excavación: el Cerro del Águila, la Cuesta de las Perdices, el Cerro Garabitas... Esperamos de todos modos que quienes nos acompañaron hayan encontrado interesante la visita y les agradecemos que la hayan realizado. Al menos, nuestros visitantes habrán podido hacerse una idea de las terribles condiciones de vida en el frente de la Universitaria durante los meses invernales.

jueves, 8 de enero de 2009

Blitzkrieg sobre Cisjordania?

La población que sobrevive a un bombardeo en una ciudad tiene que hacerlo en
casas sin ventanas y cortes continuos de agua y luz...si es que estas no quedan reducidas a escombros.
La foto es de Madrid.

Mañana, Jueves 15 de Enero de 2009 en el salón de actos de la Facultad de Filosofía A se ha organizado una charla sobre la situación actual en Palestina.
Aquello que se prefiguró en las trincheras que excavamos continúa su andadura a día de hoy: la moderna tecnología de guerra.
Es bien sabido y frecuentemente citado que la Legión Cóndor ensayó bombardeos masivos sobre la población civil en Guernica. Puesto que en Guernica predominaban la viviendas construidas en madera los nazis se aseguraron de utilizar muchas bombas incendiarias. En Madrid la proporción era diferente, más adaptada a la arquitectura urbana del cemento y el adoquín. Este tipo de elecciones técnicas estarán enfrentado a día de hoy los militares en quienes se ha delegado el futuro inmediato de quienes allí, en Cisjordania, viven...o vivían.
Un proyectil que no estalla en una calle del centro de Madrid posibilita esta foto
y este cruce de miradas atónitas.
En el cartel de detrás se puede leer "la tripulación del cielo"

También en Madrid, en su entorno, ensayó el ejército alemán otras técnicas que no se harían tan conocidas hasta que las sufrieron otros enemigos en la Segunda Guerra Mundial. Una de ellas, y esta es la hipótesis de trabajo propuesta, era el Blitzkrieg. Literalmente significaba "guerra relámpago" por su brevedad y contundencia. Se basaba en el empleo masivo de alta tecnología militar sin necesidad de grandes contingentes de tropas. Uno de los escenarios de ensayo de su efectividad fue la zona de Pozuelo-Húmera-Aravaca, estrechamente conectada con la acción militar en la zona de la trinchera excavada. Allí, según relata el periodista inglés Robert G. Colodny, una de nuestras fuentes de reconstrucción para entender el sentido de la trinchera, el ejército alemán atacó de la siguiente forma:
-En primer lugar realizó bombardeos masivos a larga distancia.
-A continuación intervinieron los vehículos blindados.
-Finalmente lo hacen los contingentes de infantería.
Es a esta disposición de los medios bélicos, a este orden, al que Colodny denomina Blitzkrieg.
Invito a los lectores a repasar la descripción mediática del orden que han seguido los acontecimientos (y los técnicos) militares en la rápida ofensiva de los últimos días. Si no me equivoco durante la primera semana predominaron los bombardeos desde tierra y mar. A continuación fueron tomando posiciones los tanques y, tras ellos, los 6000 soldados movilizados para la ocasión. Las descripciones periodísticas vienen escaseando en los últimos días, en parte por acción de las autoridades israelíes.
Muchas veces la casualidad obnubila el intelecto y por supuesto se pueden, se deben, enumerar las diferencias. Si no en el orden de los movimientos, probablemente en los tiempos y los ritmos de las diferentes unidades.
No obstante es una característica de las sociedades contemporáneas que las ironías de la historia se producen en ellas (como la cultura material) a un ritmo vertiginoso. ¿Como un relámpago?

Presentación de Complutum 19(2): Arqueología de la Guerra Civil Española


Finalmente, el dossier de Arqueología de la Guerra Civil ha salido de la imprenta. El volumen se presentará publicamente el día 13 de enero, martes, a las 12:30 en el Salón de Actos de la Facultad de Geografía e Historia. En el acto intervendrán:

  • Carlos Berzosa Alonso-Martínez (Rector de la Universidad Complutense)
  • Mercedes Molina Ibáñez (Decana de la Facultad de Geografía e Historia)
  • Víctor M. Fernández Martínez (Director de Complutum)
  • Luis Ríos Frutos (Comisión Docente de Antropología. Universidad Autónoma de Madrid)
  • Alfredo González Ruibal (Editor del monográfico)

¡Estáis todos invitados!

domingo, 4 de enero de 2009

El salto tecnológico


Ya nos lo decía un señor chino en la tienda de todo a un euro la última vez que pedimos cintas de cassette para grabar las entrevistas.
-¡Pero eso ya no lo usa nadie!
Así que nuestro propósito de año nuevo ha sido dar el salto tecnológico a la era digital 2.0, que una cosa es estudiar la paleotecnología y otra vivir en ella.
Para nuestro gran salto hacia adelante nos hemos ayudado de la paciencia y el buen hacer de Yousseff y Olmo, del taller de Medios Audiovisuales y Contrainformación de la Escuela Popular de Prosperidad. http://prosperesiste.nodo50.org/
Para pasar un archivo de audio de cassette a formato digital existen una serie de programas bastante sencillos (hasta un arqueólogo puede usarlos). Basta con conectar un cable con dos salidas de minijack como las que enchufan los cascos de cualquier aparato, ajustar el volumen de entrada al ordenador y grabar un archivo de MP3.
También existen una serie de programas que convierten unos formatos de vídeo en otros, variando la resolución, el tamaño del archivo, etc. Todo esto es muy básico pero nada como que te lo expliquen dos miembros de este taller, acostumbrados a aprender y enseñar en colectivo, para animarte.
A nosotros nos interesa un formato que no ocupe mucho espacio. Las entrevistas que vamos haciendo en relación con la Ciudad Universitaria se irán almacenando en un archivo de fácil manejo, sencillo y claro, incluso para arqueólogos...
Pues, igual que los yacimientos se re-excavan y los registros se revisan, nunca se sabe quién puede querer oír en el futuro a un testigo hablar de la guerra civil. La pregunta para cualquier historiador es ¿quién no? Sabemos, como los compis del taller que así lo explican en su web, que cuando uno realiza una entrevista está elaborando un documento y se debe hacer con la mayor atención posible.
Nosotros seguro que volvemos por ahí con dudas, problemas y cuestiones que resolver, como puede hacerlo cualquiera que esté interesado en los medios audiovisuales y el documental. Se reunen M y V de 20:00 a 21:00.

jueves, 1 de enero de 2009

Contando balas

Balas de 7.62 mm aparecidas en la excavación de la trinchera (izquierda), bala Lebel de 8 mm (centro) y balas Vetterli de 10.4 mm

El análisis del material en el laboratorio nos permite observar con más detenimiento los objetos que recuperamos durante la excavación. Podemos descubrir así que la mayor parte de los proyectiles de 7.62 mm no se llegaron a disparar, lo que indica que fueron separados del casquillo por parte de los soldados republicanos, quizá para extraer la pólvora o por aburrimiento o para fabricar un mechero como el que encontramos en el puesto de tirador 3, realizado con un casquillo de Mosin Nagant. El estudio de materiales también implica cuantificación, una de las tareas básicas de los arqueólogos, sólo que normalemente lo que se cuentan son trozos de cerámica o artefactos líticos ¡no casquillos y balas!

Modelos de proyectiles aparecidos en la excavación de la trinchera. El 59% pertenecen a balas de 7 mm

La cuantificación, por ejemplo, ha permitido ratificar la impresión que teníamos de que el número de casquillos es muy inferior al de balas. La ratio es de 1 casquillo por cada 5 balas aproximadamente. Cuando existan más análisis cuantitativos de yacimientos arqueológicos de la Guerra Civil podremos comenzar a proponer teorías sobre los distintos patrones de consumo de munición.

Balas y casquillos aparecidos en la excavación, prospección superficial y prospección con detector

También estamos encontrando elementos poco habituales que nos pasaron desapercibidos durante la fase de excavación: por ejemplo, un casquillo de 10,4 mm de 1916, fabricado en Lecco (localidad de Lombardía) y con marcaje de G(iulio) Fiocchi. Fiocchi es una empresa de municiones fundada en 1876 y que continúa existiendo en la actualidad (¡matar gente nunca se pasa de moda!). Este casquillo viene a sumarse a la abundante y variada cartuchería antigua de la trinchera que excavamos.

Casquillos recuperados en la excavación: 1-4: 7.62 mm Mosin Nagant; 5: 10.4 mm; 6: 8 mm Lebel; 7: 7 mm; 8: 11 mm Remington

Dado que según los datos que tenemos hasta el momento no parece que la trinchera existiera en los primeros meses de la guerra (es posible que se excavara incluso en 1938), la aparición de munición arcaica podría explicarse por ser ésta una zona estática que no requeriría del mejor armamento para su defensa, el cual se emplearía en los frentes más activos. Los problemas de suministro que se incrementan con el desarrollo de la guerra también podrían estar detrás de la aparición de armamento tan desfasado.