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domingo, 7 de enero de 2018

Ecos de Gernika





Excavación del fortín de Orduña (monte San Pedro, mayo de 2017)

Si bien la Arqueología es reconocida por su atención a las fuentes materiales como eje de construcción del conocimiento histórico, en esta disciplina también recurrimos a las fuentes escritas. El trabajo en archivos es una parte esencial de toda labor de investigación. Hemos recorrido los archivos militares de Madrid, Guadalajara, Ávila, Ferrol… Y todavía queda muchísimo por descubrir.
Hay ocasiones en las que las fuentes escritas forman parte del propio registro arqueológico. En este blog hemos hablado a menudo de los grafitis encontrados en diferentes estructuras de la Guerra Civil. En nuestro trabajo en el País Vasco, el caso que mejor hemos estudiado es el de los grabados republicanos de Ketura (Zigoitia, Araba/Álava). Nos enfundamos nuestros trajes de epigrafistas y nos empleamos a fondo en el estudio de los grafitis utilizando metodologías punteras: fotogrametría digital en 3D, uso combinado de iluminación artificial, etc. Aunque hay veces en las que el yacimiento arqueológico nos sorprende con otro tipo de fuentes escritas.



Mogote de papel impreso hallado en el monte San Pedro.

Uno de los hallazgos más sorprendentes en el monte San Pedro en la campaña de este año 2017 ha sido un conjunto de trozos de papel impreso, descubierto al pie del último escalón de entrada a un fortín republicano situado en el término municipal de Orduña (Bizkaia). El registro arqueológico exhumado sobre el suelo de esta estructura evidencia claros signos de combate: decenas de casquillos, muchos proyectiles enteros, junto a fragmentos de madera procedentes de una caja destrozada… Encima del derrumbe encontramos lo que parecía ser el “arma del delito”: la cola de una granada de mortero Valero de 81mm. Este contexto de explosiones y destrucción parece remitirnos a la ofensiva franquista sobre San Pedro, el 26 de mayo de 1937. La “Batalla de San Pedro”

 

 Fragmentos de papel separados e individualizados en el laboratorio de restauración 
de FRÁXIL (Santiago de Compostela) (Fot. de Yolanda Porto).

Como decimos, al pie del escalón de entrada aparecieron varios fragmentos de papel. ¡Después de 80 años, a 700 metros de altitud y en el País Vasco! Todo un milagro en términos de conservación.
La restauradora Yolanda Porto ha hecho una gran labor con este “tesoro” tan frágil. Además de limpiar los trozos de papel, separarlos e intentar poner un poco de orden, ha conseguido identificar algunas palabras y una minúscula parte que ha sido crucial en la identificación del escrito. Y es que, detrás de una “K”, ha podido leer “TA”, con la conocida como “tipografía vasca”, de tal forma que nos remite al lema “Jaungoikua ta Lagi-Zarra” (“Dios y Fueros”) de la cabecera del diario Euzkadi, publicado entre 1913 y 1937.



Identificación de la cabecera del diario Euzkadi.


Cabecera del diario Euzkadi.

Este periódico era un órgano de prensa oficial del Partido Nacionalista Vasco. Cuando las tropas de Franco entraron en Bilbao, en junio de 1937, clausuraron la edición y aprovecharon la imprenta para la publicación Hierro, órgano de comunicación del Movimiento Nacional en Bizkaia durante décadas.
Por otra parte, nuestra restauradora ha conseguido identificar algunas palabras sueltas: “Gobierno”, “decreto”, “ETXEGARAI”, “acción de gracias”, “catástrofe”, “villa de Gernika”… Estas últimas son un inconfundible eco del bombardeo de Gernika, uno de los hechos más trágicos y universalmente conocidos de la historia reciente vasca. El bombardeo tuvo lugar el 26 de abril de 1937 y la pérdida republicana del monte San Pedro, como ya hemos dicho, el 26 de mayo de 1937. Por lo tanto, de cara a identificar el ejemplar exacto hallado en el fortín, hemos tenido que buscar día a día en las hemerotecas, dentro de ese mes.

 Gernika, tras ser bombardeada el 26 de abril de 1937.

Algunos nombres propios, escasamente legibles en los trozos de papel, “Legarreta” e “Ibarra”, han sido claves en la investigación. Y finalmente, tras buscar en los fondos de hemeroteca, los nombres concuerdan, así como el resto de palabras rescatadas. El ejemplar que encontramos en el monte San Pedro se corresponde con el diario Euzkadi del 5 de mayo de 1937. Uno de los últimos días en los que estuvo el batallón nacionalista Araba destacado en San Pedro. Poco después, el 11 de mayo, este contingente, junto a sus dos compañeros de la V Brigada del Ejército Vasco, los batallones Leandro Carro y Bakunin, fue enviado al frente de Mungia, en las inmediaciones del Cinturón de Hierro de Bilbao.

 Batallón Araba, en el monte San Pedro, entre enero y mayo de 1937.

El ejemplar del 5 de mayo de 1937 abre su edición con encendidos discursos de protesta sobre el bombardeo de Gernika. Bonifacio Etxegarai, miembro de Eusko Ikaskuntza (Sociedad de Estudios Vascos), reclama al mundo una reacción enérgica frente a la destrucción de la población civil y de su patrimonio histórico. También interviene José de Labauria, alcalde de Gernika, quien menciona la terrible realidad de las familias refugiadas. Estas intervenciones y unas cuantas más, no sólo se publican en el diario, sino que se lanzan también a través de las ondas de Radio Bilbao. El PNV clama por Gernika como el repositorio histórico de “la democracia más antigua de Europa”, por las “libertades vascas” y por la “piedad cristiana” de la audiencia internacional. Sin embargo, como sabemos, no hubo reacción alguna por parte de la comunidad internacional y la “No Intervención” siguió su curso.
En este ejemplar se habla también de las labores de evacuación de niñas y niños en el puerto de Bilbao. Todos los estibadores sindicados en la UGT y en el nacionalista STV (Solidaridad de Trabajadores Vascos) son llamados a colaborar en la labor de carga de buques para su salida hacia Inglaterra, Francia y Bélgica. En otro artículo de este día se habla también del fascismo español y de su intolerancia hacia la lengua y la cultura “vascas y catalanas”.
El drama humanitario de las personas refugiadas por la guerra y la intolerancia fascista hacia la pluralidad cultural de España son temas que parecen no haber caducado hoy, 80 años después.

Portada y contraportada del diario Euzkadi del 5 de mayo de 1937 
(en amarillo: palabras sueltas identificadas en la restauración).

Este hallazgo arqueológico nos acerca a la realidad de las trincheras del monte San Pedro con un altísimo grado de definición y cercanía. Casi podemos ponernos en la piel de los combatientes del Ejército Vasco en esta posición, informándose acerca de los horrores del bombardeo más tristemente célebre de nuestra historia. El horror de una ofensiva, la encabezada por Mola, que asolaba Bizkaia, pueblo a pueblo. Mientras tanto, para las fuerzas destacadas en San Pedro a primeros de mayo de 1937, todavía reinaba la calma

 Listado de niños y niñas heridos (Euzkadi, 5 de mayo de 1937).

Para acabar, hay que decir que los nombres propios de “Legarreta” e “Ibarra” que nos han ayudado a identificar el día exacto de publicación de este ejemplar hallado en San Pedro, se corresponden con una lista de niñas y niños heridos en un bombardeo en el barrio vizcaíno de Larrauri. En pocos días, el batallón Araba conocerá esa realidad de destrucción con sus propios ojos, precisamente cerca de ese barrio, en el frente de Mungia. Todo ello, en vísperas de la ofensiva franquista sobre San Pedro, cuya ruina conocemos ahora, arqueológicamente, 80 años después.

Post by Josu Santamarina Otaola, Yolanda Porto Tenreiro y Xurxo M. Ayán Vila.

domingo, 30 de octubre de 2016

Cavernícolas y refugios picassianos

Abril de 1937. Posiciones defendidas por el batallón Araba (AGMAV, M.24,8).

La detallista y anarquista reportera de guerra Cecilia G. de Gilarte nos aporta una viva imagen del aspecto que mostraban las trincheras del frente vasco en el invierno de 1937. La estabilidad de primera línea acabó por generar todo un espacio doméstico característico, una Gudarilandia de refugios excavados en la roca. Así descríbe las posiciones del Batallón Isaac Puente de la CNT en las faldas del monte Gorbeia (en Lezamiz y Urrutia 2015: 171):

Diez y ocho días llevan los compañeros del Isaac Puente en estas posiciones y cada uno de acuerdo con su carácter se ha construido su habitación con el máximo de comodidades posibles. Algunos han agrupado sus viviendas formando una pequeña comuna. Otros se alejan de los grupos y a medida que avanzamos hacia las posiciones, nos encontramos con algunos compañeros que salen de sus “casas”, hundidas en la tierra. Nos miran con curiosidad hasta reconocernos y nos saludan alegremente. Me parecen pacíficos moradores de la caverna prehistórica y a darles este aspecto contribuye grandemente la barba de dos semanas y, en algunos casos, las pieles de oveja con que combaten el frío.

En su visita al frente cántabro en el puerto de Los Tornos, Cecilia continúa con su querencia etnográfica y hace hincapié en la calidad de los refugios improvisados por el también cenetista Batallón Libertad: (en Lezamiz y Urrutia 2015: 199-200):

Nos asombra la posición, por la fortaleza de su alambrado y la maestría de sus refugios, pequeñas casas de ladrillos que la convierten casi en un alegre pueblecito, del que se divisa una extensión grandísima.

Suelo de ocupación del nido y del tramo de trinchera excavado 
por nosotros a día de hoy en La Avanzadilla.

En el caso del monte de San Pedro no se ven ladrillos en superficie. Sí identificamos en planta cortes que se tienen que corresponder con refugios, como los que se ubican entre la trinchera de la Avanzadilla que estamos excavando y el precipicio que cae hacia tierras de Lezama. En su magistral crónica sobre el Batallón Bakunin en estas tierras que pisamos, Cecilia nos habla de tiendas de campaña que se lleva el viento, y de cabañas construidas incluso con sacos terreros:

Más adelante, comienzan a oírse los tiros y entre las verrugas gigantes del monte, destacan su blancura las tiendas de campaña […] Vamos en busca de Olmos, el comandante del Bakunin, alma y orgullo del batallón, al decir de sus muchachos. Nos sorprende encontrar desierta la hondonada donde él tenía emplazada su tienda de campaña. Más arriba lo encontramos trabajando afanoso en la construcción de su nueva vivienda, hecha de sacos terreros.
-¿Vas a construir un rascacielos?- le decimos.
-No sé si saldrá. Es un nuevo estilo que quizá haga más furor que los cuadros de Picasso.
-¿Qué hiciste de la otra?- le pregunto.
-Se la llevó un buen día el viento. Desde entonces vagabundeo de una a otra tienda, acogiéndome a la hospitalidad de mis compañeros.

Estamos ante un campamento habitado durante escasos meses que deja una impronta efímera en la tierra, pero permanente en la roca. Los gudaris y milicianos son cazadores-recolectores seminómadas (cavernícolas que cambian de ubicación con los relevos) que se mueven por el collado y las lomas del monte San Pedro, que habitan, armados, eso sí, de materiales modernos como piquetas, paravientos, lonas y en el mejor de los casos tiendas de campaña.

Suelo de ocupación del nido con los materiales en superficie.

El viento gélido y la lluvia acaban con estos fondos de cabaña. Como en un poblado neolítico, las viviendas van cambiando de ubicación en el asentamiento. Unas veces porque el viento huracanado se las lleva. Otras porque la tempestad de la guerra acaba con ellas:

AMURRIO. Ligeros fuegos de artillería por ambas partes. A consecuencia de un disparo de mortero que ha caído sobre uno de nuestros refugios [del monte San Pedro] tenemos que lamentar la muerte de un teniente y dos milicianos, y heridos dos tenientes y cinco milicianos (en Euzkadi Roja, 24 de enero de 1937).

Por mucha literatura y propaganda con que se quiera decorar, fortificar y habitar estas posiciones en invierno fue tremendo. Excavando la trinchera de la Avanzadilla a finales de octubre de 2016 podemos sentir la humedad en los suelos, la arcilla rojiza convertida en cieno con la lluvia. La niebla, el frío, las heladas… Aquéllos que aquí combatieron vivían eso, pero con hambre, con piojos, con diarios duelos artilleros, con balas perdidas, con metralla, con amigos y compañeros que saltaban por los aires.




Lezamiz, J. y Urrutia, A. 2015. Escritos de Cecilia G. de Guilarte. Segunda República y Guerra Civil. Uno Editorial.

lunes, 17 de octubre de 2016

San Pedro 1936-1937: historia militar


Sala Histórica del Flandes (Base militar de Araka, 
Vitoria-Gasteiz, junio de 2015).

La estrecha colaboración del tradicionalismo local con el general Mola sentó las bases del triunfo del golpe militar en Vitoria-Gasteiz. Las gestiones del líder local Rabanera garantizaron el apoyo de las milicias de requetés que se estaban organizando con anterioridad. El papel jugado por el teniente coronel Camilo Alonso Vega desde el cuartel de Flandes fue crucial para el éxito de los golpistas en la ciudad. Sin embargo, la situación en el conjunto de la provincia era bien diferente. Se inicia entonces la primera fase de la guerra civil, caracterizada por el envío de columnas armadas por parte de los dos bandos enfrentados, con el objetivo de controlar las cotas más estratégicas y hacerse con el territorio enemigo. El mantenimiento del orden republicano en Gipuzkoa y Bizkaia puso en una situación comprometida a la ciudad de Vitoria-Gasteiz. Dos columnas gubernamentales, enviadas desde Bilbo y Donostia, se disponían a acabar con el levantamiento en el centro-sur de Araba. En este contexto, el pueblo de Villarreal se convirtió ya en un punto neurálgico del conflicto. En estos días finales del mes de julio se va a definir el frente de Araba. Las columnas ocupaban posiciones para garantizar el acceso a recursos importantes (embalses de agua, vía férrea) y realizaban labores de reconocimiento, con pequeños enfrentamientos con las fuerzas enemigas.

Altar de los años 30 en la finca abandonada del tradicionalista Oriol, en Izarra, 
objetivo de la artillería republicana apostada en la cumbre del Txibiarte.

Para la zona que nos ocupa, el enclave de Urduña era el más disputado por los contendientes. El 29 de julio una columna al mando de Alonso Vega llevó a cabo un primer ataque a la localidad, que fue retomado el 4 de agosto. La posición avanzada de Uzkiano jugó un papel primordial en esta fase del conflicto. En el bando franquista, el comandante Vea Murguía era el máximo responsable del denominado sector de Murguía, en el que se emplazaba el destacamento de Uzkiano, una sección de la 7ª Compañía del Requeté con 76 hombres. Por parte del ejército de Euzkadi, llegaría a la columna Amurrio-Urduña el batallón Bakunin de la CNT. En octubre-noviembre de 1936 la conformación en tiempo récord del Ejército de Euzkadi va a suponer un punto de inflexión en este primer período de la guerra, ya que daría lugar a la única ofensiva llevada a cabo por el gobierno autónomo y que desembocaría en la llamada batalla de Villarreal de Álava.

Blocao (que excavaremos) en los roturos de San Pedro, 
primera línea de frente en el duro invierno de 1937.

A día 30 de noviembre de 1936, ocupaba Uzkiano una sección de la 7ª Compañía del Requeté de Álava (83 hombres) y media sección de ametralladoras del 4º Batallón del San Marcial con 8. Estas fuerzas se distribuían entre el monte de San Pedro y en otras tres situadas en elevaciones en torno a Uzkiano, en la zona de Txibiarte y Sobre Hayas. Por parte republicana, en Amurrio, el capitán Noguerol era el responsable del batallón nº 21 de la CNT (Bakunin), el Batallón nº 29 del PCE (Leandro Carro), del batallón nº 13 del PNV (Itxasalde) y del nº 19 también del PNV (Amayur).

Anarquistas del batallón Bakunin en el monte de San Pedro fotografiados 
por periodistas de CNT del Norte (febrero de 1937). (En Tabernilla y Lezamiz 2007: 174).


El estancamiento de la ofensiva en Villarreal llevó al mando republicano a ordenar el avance sobre las posiciones franquistas en el monte de San Pedro y las situadas en la línea Unzá-Uzkiano-Murguia. Apoyados por fuego de mortero y ametralladora, los batallones Leandro Carro y Amayur, en vanguardia, tomaron la posición del monte de San Pedro, que no fue evacuada por los requetés, hasta que se replegaron a un pinar cercano en donde establecieron una nueva línea  defensiva. Tras un cambio de manos, el monte fue tomado de nuevo por los republicanos con intenso fuego artillero el día 6 de diciembre. El contraataque franquista del día 8 no pudo desalojar a los milicianos del UGT nº 3 que ocupaban el monte con ametralladoras y reforzados por otros dos batallones. El batallón socialista tuvo una veintena de muertos y 161 bajas entre heridos y enfermos. Desde entonces, San Pedro se mantendría en manos leales hasta finales de mayo de 1937. El 11 de diciembre tuvo lugar un infructuoso ataque republicano desde San Pedro con la intención de tomar el pinar de Uzkiano, en manos de la 7º compañía del Sicilia, con un grupo de ametralladoras del San Marcial al mando del Capitán Ollo.


domingo, 4 de septiembre de 2016

Escuchar la guerra en portuñol


El peligroso comando de portugueses que, según la inteligencia franquista, 
estarían preparando atentados contra Salazar y Franco en 1937.

La dimensión sonora de una guerra es de las primeras en desaparecer, una vez terminado el conflicto. Se apagan los fusiles y se deja de escuchar el silbido de las balas cortando el aire, los gritos de los oficiales y el gemido final del herido. Para los que no la vivieron, la guerra civil española será siempre muda por más que se cuente, se recree o se simule. Nuestros ojos y nuestras manos no se olvidan tan fácilmente de los combates. La ruinas del conflicto son perennes, y también lo son los restos de metralla, lo casquillos y los pedazos de personas. Es por eso que esas dimensiones sensoriales –la visión y el tacto- son centrales en el trabajo de los arqueólogos.

Los arqueólogos que se dedican al estudio de los paisajes sonoros del pasado intentan, por un lado, analizar cómo el sonido se produce y se  transmite en determinados espacios y, por otro lado,  deducir cómo serían esos sonidos en el pasado en idénticas circunstancias. A veces buscan reconstituir la producción de esos sonidos con medios que no han cambiado mucho a través del tiempo. Para quien tenga curiosidad en saber cómo sonaba un fusil Mosin, puede hacerse con uno de los que todavía circulan por ahí y pegar unos tiros. Nadie tiene dudas de que sonará de manera semejante a los de la década de 1930.

La reconstrucción de un paisaje sonoro antiguo va mucho más allá de la curiosidad por sus sonidos. Para muchos investigadores, la dimensión sonora es esencial para entender un determinado contexto histórico o, por lo menos, para tener una noción de sus muchos tonos cenicientos. El historiador Mark M. Smith partió de ese presupuesto en la escritura de Listening to Nineteenth-Century America. Para él, lo que se escuchaba y cómo se escuchaba definía las vivencias del mundo rural sureño y de las ciudades industriales del Norte en las vísperas de la guerra civil americana (1861-1865). No se trataba sólo de escuchar el ruido de las fábricas o los cantos de los esclavos en las plantaciones de algodón; acostumbrarse a esos sonidos era parte de la integración sensorial en un orden social distinto.

La mayor parte de la información rescatada por Smith se encuentra escrita. Irónicamente es a través de los ojos y de las manos –manoseando y leyendo papeles guardados en archivos- cómo podemos intentar reconstruir un poco de la sonoridad de la guerra. Esos objetos eran producidos y circulaban en trincheras y otros espacios bélicos, pero raramente se conservan debajo de la tierra después de terminada la guerra. Gracias a los archivos y a los libros, nuestro equipo va encontrando detalles de cómo sonaba la guerra.

En un post anterior escribimos cómo el habla del portuñol ayudó a definir la comunidad de exiliados portugueses en Madrid al inicio de la guerra. El portuñol era una mezcla de protugués y castellano, fruto de la rápida integración de los portugueses en la vida urbana.
Pero esa flexibilidad lingüística debió corresponderse con una cierta ambivalencia social, y fue el acicate de muchas sospechas. En una guerra civil, el ser extranjero no te define necesariamente como enemigo, saber escuchar es un talento vital. Pero eso, evidentemente, llevó a un gran nivel de desconfianza y paranoia tanto entre civiles como entre militares.

Por la novela memorialística de Álvaro Cunhal A Casa de Eulália, que retrata la vida de un grupo de comunistas portugueses en Madrid antes de la llegada de las Brigadas Internacionales, sabemos que los portugueses podían ser confundidos con fascistas italianos. O podían ser tomados simplemente por espías, como un pobre chico que estuvo a punto de ser fusilado en Somosierra. Las desconfianzas eran parecidas a las que se encontraban en el bando franquista. Alfredo Contreiras, el realizador que marchó al frente en noviembre de 1936 para tomar imágenes para su película A Caminho de Madrid, escapó por poco de la muerte. Estaba encerrado en un armario para cambiar el filme de la cámara y fue sorprendido por un grupo de soldados marroquíes que lo tomaron por espía leal.

Estas sospechas sobre los portugueses estaban lejos de ser circunstanciales. A principios de 1938, por ejemplo, los servicios de información militar franquista pidieron a la policía de Vigo una lista con todo los portugyeses residentes en aquella ciudad. Entre ellos se encontraban dos sindicalistas (AGMAV, C. 1970, Cp. 18). En el verano anterior, poco después de la caída de Bilbao, se evadieron dos prisioneros de guerra hacia el lado republicano. Eran dos anarquistas miñotos que habían conseguido escapar durante la noche y pudieron así transmitir informaciones sobre las líneas enemigas (AGMAV, C. 1084, Cp. 10).

El caso más significativo fue el de la sospecha sobre un comando de portugueses que se pasaron a las líneas de retaguardia del frente Norte en el verano de 1937. Eran cuatro individuos con preparación militar que supuestamente estarían preparando atentados contra Franco y Salazar. El jefe de la 1ª Brigada de Navarra recibió órdenes para “que con la necesaria discreción ordene se indague en todas las Unidades de su mando dependientes de 1ª ó 2ª Línea quienes son los individuos de acento portugués.” (AGMAV, C. 1356, Cp. 22).


No sabemos lo que ocurrió con los hombres del supuesto comando, si es que tal organización existió alguna vez. En todo caso, la materialdiad de estos papeles nos abre una ventana para la ambivalencia sonora de la guerra y de sus riesgos. Hablar una cosa parecida, pero que no lo era; ser uno de los nuestros pero no serlo exactamente: las ambiguidades de la voz podrían costarte la vida.

Post by Rui Gomes.

lunes, 11 de julio de 2016

Mete-me "miedo", este silêncio

Álvaro Cunhal detenido poco después de su regreso a Portugal.

Julio de 1936. En Madrid el aire se corta a cuchillo.
En la novela A Casa de Eulália, António es un mecánico que se va a dormir la víspera del asalto al Cuartel de la Montaña; comparte lecho con su compañero Manuel, en una casa habitada por comunistas madrileños. Aquella noche, a Antonio le llamó mucho la atención el extraño silencio imperante. António y Manuel reproducen algunos algunos de los tipos de portugueses que vivían inmigrados o exiliados en Madrid por aquel entonces. Por la mañana en la que el pueblo de la ciudad decidió asaltar el cuartel en donde los golpistas se habían sublevado, Manuel y António se despertaron con el ruido de las primeras bombas. A partir de esas horas, la capital española se convirtió en un campo de batalla y ellos, en combatientes.

Noviembre de 1936, Alfredo Contreiras a toda velocidad. Esperaba filmar la caída de la ciudad, pero sus intenciones se frustraron. Su documental ha sido remontado más de una vez, y tuvo varios títulos. Aquí se puede encontrar una versión corta del mismo.

Había portugueses engrosando las filas de ambos bandos, en el cerco de Madrid. Gente como António y Manuel habían estado en las calles, entre los asaltantes a Carabanchel y los que habían excavado las primeras trincheras de Somosierra, al norte de la ciudad. Eran casi todos comunistas o viejos republicanos que habían sido forzados a huir de una de las más duras fases de la represión en Portugal. Muchos de ellos estaban envueltos en la coordinación de un frente de resistencia que reuniese varios sectores de la oposición a Salazar. El golpe de Julio de 1936 les destrozó los planes.
Álvaro Cunhal, antiguo secretario-general del Partido Comunista, publicó A Casa de Eulália con pseudónimo en los anos 90. Para el historiador José Pacheco Pereira, su libro es un relato ficcional de su experiencia madrileña durante la Guerra Civil, donde vivió conflictos entre gente unida por su lucha contra el fascismo, si bien apostando por medios diferentes para alcanzar tal objetivo. aunque de maneras diferentes. La novela muestra un paisaje sonoro marcado por un dinámico portuñol, toda una metáfora de la rapidez de asimilación de los exiliados en las milicias y el ejército republicano. Los Gonçalves se convertían en González, los Domingos pasaron a Domínguez y los Gomes a Gómez. Pero eso el portuñol era también el espejo de las ambigüedades personales y de la multiplicidad de motivaciones que llevaron a esos portugueses a Madrid.

Legionario vestido con un jersey donde se lee “Portugal”. 
No consta que hubiese partido de fútbol ese día.

La casa de Eulália, en donde estaban los compañeros António y Manuel, estaba muy cerca del Cuartel de la Montaña, y ahí acudieron los personajes en la mañana del asalto. Ahí supieron de los primeros combates en Casa de Campo, al otro lado del río Manzanares, a donde llegó otro tipo de portugueses en ese mismo verano de 1936.
Leopoldo Nunes, periodista de O Século, acompañó a las columnas franquistas que subían desde el sur a la par de la frontera portuguesa. En las calles de Toledo recién-conquistado, los soldados gritaban “Madrid! Madrid!”; como si las artimañas bíblicas surtiesen efecto en una guerra moderna y, de repente, los gritos pudiesen hacer añicos las murallas. Nunes nos cuenta que regresó a Lisboa con el “Madrid! Madrid!” en la cabeza. Seguramente lo hicieron famoso los militares portugueses que seguían en las filas de Franco. Esos hombres, apodados “Viriatos”, fueron técnicamente voluntarios integrados en el ejército franquista. Eran individuos muy motivados ideológicamente y firmes promotores del apoyo militar y económico de Salazar a Franco. El rastro que dejaron aparece en el documental A Caminho de Madrid, de Alfredo Contreiras. En Noviembre de 1936, Contreiras partió a toda velocidad hacía Madrid en un Renault con el objetivo de registrar la caída de la capital, que se pensaba inminente. Durante su viaje filmó al Cerro de los Ángeles, donde pendía una bandera de los voluntarios portugueses, los enfrentamientos en la Casa de Campo y el bombardeo del edificio Telefónica por parte de la artillería del capitán Botelho Moniz.

Bombardeo de Madrid.

Los portugueses continuaron en España los combates que se vivieron en la primera fase de la dictadura, ahora materializados en uno de los más brutales conflictos internacionales del siglo. La Ciudad Universitaria y la Casa de Campo, en donde excavamos este mes, han sido dos de los primeros escenarios de esa guerra civil portuguesa.
Así como a António en A Casa de Eulália, el silencio que sigue pesando sobre ese conflicto en la memoria colectiva portuguesa, también me mete miedo.

Bombardeo de Madrid.


Referencias:

Nunes, Leopoldo 1937
Madrid Trágica. Dos Primeiros Tiros à Derrocada Final. Lisboa.

Pena Rodríguez, Alberto 1997
Las Imágenes Olvidadas de la Guerra de España. El Cine Portugués y la Propaganda Franquista (1936-1939). Historia y Comunicación Social 2: 51-77.

Pereira, José Pacheco 1999
Álvaro Cunhal: Uma Biografia Política. Lisboa, Temas & Debates.

Tiago, Miguel 1997

A Casa de Eulália. Lisboa, Avante!.


Post by Rui Gomes

viernes, 27 de noviembre de 2015

Operación Pathfinder (y III)


¿Cómo se desarrolló finalmente la operación Pathfinder Express I? Aquello fue todo un acontecimiento para las jerarquías del Ejército vencedor de la guerra civil española. En la tribuna de invitados los aliados estadounidenses compartían asiento con veteranos luchadores del ejército hitleriano como el capitán general y vicepresidente del Gobierno, Muñoz Grandes, el afamado jefe de la División Azul que lucia orgulloso su Cruz de Hierro, con dos cojones. Tampoco faltaron fieles lacayos de Franco, con experiencia en Marruecos y en la guerrra civil como Camilo Menéndez Tolosa (ministro de Defensa en aquel entonces), Maroto González o el aviador-historiador Salas Larrazabal, también curtido sobre los cielos de Moscú.
El Ejército de Franco lo flipaba en 1967. Por fin se arrimaba a la Premier Class de la milicia mundial. Para hacer un balance de las  maniobras vamos a tomar como guía una delirante carta firmada por los oficiales españoles  del Estado Mayor de Cassidy en la operación Pathfinder y que se publicó en la revista ilustrada de las Armas y Servicios del Ministerio del Ejército (Ejército, junio 1967, nº 329: 3-6). La misiva se contagia de los aparentes aires modernizadores que pululaban por la España different de las suecas y de Manuel Fraga, incluso rezuma un buenrollismo que rompe de lleno con el deje solemne, retórico e imperial tan característico del Ejército de la Victoria:

Mi General, en nuestra opinión, el Ejercicio Pathfinder ha sido un éxito que será muy difícil superar en el futuro. Y tenía que ser así, entre otras cosas por el alto valor militar y humano que poseen todas las fuerzas americanas que formaron parte de la Joint Task, que obligaron a las fuerzas españolas a 'echar el resto', como aquí se dice, para no quedar mal. [...] La llegada exacta cada veinte minutos de los C-130 del General McLaughin a la base de Morón fue verdaderamente impresionante. [...] La fase de espera preparando la ejecución queda definida por la frase sacramental repetida en todos los 'briefings' por su J-4 que tan bien suena al Mando: En el aspecto logístico: 'no problems'.

Ya sabíamos que Franco no había estudiado en West Point. Aún así vemos como se echa por la borda el lastre nazifascista y se abraza la causa estadounidense, dando cera y asimilando inluso terminología del inglispitinglis. A pesar de estos esfuerzos casposos, la verdadera naturaleza del régimen asoma la cabeza a la mínima, como lo demuestra este arranque nacionalcatólico con una velada referencia a la Virgen del Pilar, símbolo de la verdadera España:

[...] Se pudo hacer el lanzamiento, en uno de los días más favorables que han existido en el extremado clima zaragozano. Bueno, en este punto dos sabemos que jugó usted con ventaja, pues hubo ciertas visitas por su parte a una Excelsa Abogada que no le podía abandonar. El espéctáculo en el aire de la totalidad de las fuerzas ya lanzadas, con dos Generales saltando en cabeza, no se olvidará nunca por parte de todos los que lo vieron en aquella maravillosa madrugada del 22. 

Pathfinder generó su propia cultura material: 
zippo sellando la amistad hispano-estadounidense.

El espectáculo hubiera sido ver al General Franco saltando en paracaídas... pero no. El dictador dejó a sus subalternos que se divirtiesen con los soldaditos de plomo y los aparatos de la superpotencia amiga. En la última parte de la carta, el tono de la misiva se acerca muy mucho al guión de La Vaquilla, con arranques carpetovetónicos y etnofolklóricos propios de Ocho apellidos vascos. Aquí van dos joyas castizas:

Los rostros de todos, un poco cansados pero alegres, hablaban bien claramente del éxito de la operación, en la que no hubo el menor incidente, antes bien, parece que el concepto de la paella  y de las judías con chorizo deben ser tenidos en cuenta por el Mando americano para la confección de las raciones C [...] La Prensa creemos que lo vio todo bien, y ya conoce usted la impotancia que han dado al asunto, usted sabe lo listos que son, y desde el primer momento captaron que el Ejercicio iba a ser muy interesante. Ya vió como preguntaban por todo y en cambio nosotros vimos cómo usted respondía; hemos pensado que si tendrá usted algún antepasado gallego.

Olé que olé. Lo que llamaban Prensa eran artículos que no desdecían una coma las recomendaciones enviadas desde arriba. El éxito del ejercicio fue total a pesar de pequeños contratiempos, daños colaterales, que se mencionaban de la siguiente manera: 

El 'más difícil todavía',  a cargo de los heroicos artistas, aunque también soldados, de la caída libre con el cruce de bastones, hombres americanos y españoles, empañó nuestra alegría y en aquellos segundos la oración de todos los que allí estábamos salió de nuestros corazones, preparando la llegada ante el Señor del único caído de la operación Pathfinder, tributo doloroso pero corriente en nuestro quehacer guerrero, pero que sirvió para explicar al mundo la categoría y el riesgo de estas operaciones.


Un paracaidista estadounidense se mató y otro quedó gravemente herido, con fracturas que ni se sabe. La baja española fue un cura que, procedente del reino de  los cielos, se estampó contra una escombrera. El capitán capellán de la Roger de Flor se partió las piernas. Es lo que se llama tributo doloroso.
A esta operación Pathfinder (los ejercicios de aerotransportes más importantes de Europa desde que terminó la segunda guerra mundial) le siguió en septiembre otra en los Pirineos, con el citado simulacro de guerra de guerrillas. El periódico ABC (23 de mayo de 1967, p. 71) mostró claramente las esperanzas franquistas: Se concede gran importancia a las maniobras porque aunque España no es miembro del [sic] O.T.A.N. -se dice-, las mismas acercan a España al sistema de defensa occidental.
La geopolítica define también los paisajes. Aunque España tardaría en entrar en la OTAN diecinueve años, estas tierras de Zaragoza, el frente de Aragón, se convirtieron verdaderamente en campo de maniobras del sistema de defensa occidental. Los tiempos cambian, pero la idea permanece.


En octubre de 2015 tropas de treinta países escenificaron aqui el mayor ejercicio de la OTAN desde la Guerra Fría (El Heraldo de Aragón). Unos 30.000 militares protagonizaron la operación Trident Juncture 2015. En los supuestos tácticos ya no había rojos ni azules, pero sí guerrillas y terroristas malencarados y globales. En la presentación del ejercicio en julio de 2015 el ministro de Defensa, Morenés, dijo lo siguiente: El terrorismo no funciona igual en cada zona, pero sí es importante mostrar al mundo y los que quieren atentar contra nuestro modo de vida que estamos dispuestos a defender nuestras sociedades y valores... le faltó añadir defender sus intereses como comerciante de armas (bombas de racimo y esas cosas).
El presidente del Reino de España, Mariano Rajoy (éste sí que tiene antecedentes gallegos) está encantado de verse de nuevo como el centinela de Occidente, garante de la cristiandad occidental, eso sí, mientras estas maniobras sigan siendo ficticias y no le supongan tener que ir a guerras con castigos electorales. Debajo de su losa en el Valle de los Caídos, Franco (otro con antecedentes gallegos) se debe estar descojonando, satisfecho con su obra. Los aeródromos aragoneses que albergaron a la Legión Cóndor en la Cruzada o guerra justa siguen cumpliendo su cometido. Ya lo advertían los autores de la misiva a Cassidy al final de la carta:

Sólo le pedimos una cosa: Que cuente lo que ha visto y oído en este viejo país que tiene muchos defectos, pero también algunas cualidades, y entre ellas la lealtad y el agradecimiento, y que cuando la causa es justa sabe responder a la voz de 'GO'.

Esto lo podría firmar en 2015 Fernández Díaz, Margallo o el presidente del Reino de España, herederos políticos de aquellos que defendieron una guerra justa.
Let's Go Mariano.
Ready Steady Go.




miércoles, 25 de noviembre de 2015

Operación Pathfinder (II)

 Cena de altos mandos de la VIII División de Infantería 
del Ejército de EEUU en Europa (junio de 1964). Cassidy es el segundo por la izqda.

En un post precedente os presentamos al general Patrick F. Cassidy, dispuesto a viajar desde la RFA para dirigir unas maniobras militares conjuntas con el Ejército de Franco en tierras aragonesas en mayo de 1967. Recordemos al personaje. Cassidy era un veterano de las fuerzas aerotransportadas. Tomó parte en la IIª Guerra Mundial al mando de un batallón de la mítica 101 División Aerotransportada que tanto hizo en la lucha antifascista en Europa. Este hombre se distinguió en las  operaciones de Normandía y Holanda, ganando la Cruz de Servicios Distinguidos, la segunda condecoración que por servicios de guerra se concede en los USA. Pero desde entonces, pasaron muchas cosas. La Guerra de Corea y la Guerra Fría convirtieron al amigo español de Hitler y Mussolini en un aliado silencioso, en baluarte anticomunista del Mundo Libre (sic). El establecimiento de las bases norteamericanas en España fue la moneda de cambio para el reconocimiento internacional del régimen y para olvidar el pasado (condena en la ONU, marginación con respecto al Plan Marshall, etc...). El abrazo con Eisenhower en 1959 aseguraba que Franco moriría en la cama, apoyado por un Ejército fiel que recibía ahora ayuda bélica estadounidense. Así pues, en el Desfile de la Victoria la protagonista indiscutible no fue la hija de Franco sino la batería del Grupo de Lanzacohetes Hawk. Sí amigos, se trataba del mismo ejército nacional que  treinta años antes ganaba la guerra gracias a la ayuda fascista italiana y nazi. El mismo Ejército que se enfrentó a los norteamericanos de la Brigada Lincoln en el frente de Aragón.



Por eso la España tardofranquista era different. Como señala Ángel Viñas, algunas cosas cambiaron en la milicia española, si bien otras permanecieron, como la obsesión por el enemigo interno. Así pues, la operación Pathfinder Express I tenía como objetivo real valorar las posibilidades de acciones de contrainsurgencia en España. El tema fue escandoloso y para maquillarlo ahí estuvo el mago Manuel Fraga Iribarne, el mismo que aportaba una imagen de pseudomodernidad con la promoción turística y una Ley de Prensa que intentaba acercar al régimen a los países occidentales. El mismo que mentía como un bellaco. Gracias a la prensa libre alemana (Frankfurter Allgemeine Zeitung)  y estadounidense (Washington Post) se supo cuál era el supuesto táctico que guiaba esas maniobras: la simulación del aplastamiento de una revolución contra el régimen de Franco, ni más ni menos. Un país aliado con el nombre de Samland (hábil e ingenioso trasunto de EE.UU.) acudía en ayuda de España a fin de deshacer una revuelta interna. Don Manuel Fraga Iribarne calificó de falsos y maliciosos esos informes periodísticos, a pesar de basarse en documentos firmados por los investigadores del Subcomité de Relaciones Exteriores del propio Senado estadoounidense. Claro, la democracia y sus comisiones de investigación despistaban un poco a los jerifaltes franquistas. Y ahí salió Fraga, a lo campeón, dándole la vuelta a la tortilla: Para planear y llevar a cabo el ejercicio «Pathfinder Express» se creó una situación táctica y estratégica en la cual la nación imaginaria de Iberia es invadida por la República Agresora (RA); el Gobierno de Iberia pidió apoyo militar de Iberia occidental, en caso de ataque. Iberia occidental acordó disponer de una limitada fuerza militar para la defensa de Iberia en caso de agresión; a pesar de estas consideraciones la República Agresora invadió Iberia el 31 de marzo de 1967. Como se puede ver fácilmente todo el supuesto táctico estaba montado sobre la base de una invasión exterior y no de una insurrección interna. El Gobierno y el pueblo de España no consentirían nunca la utilización de una fuerza foránea en un asunto interno de nuestro país.



Lo de República agresora se queda pequeño si atendemos al supuesto táctico del ejercicio combinado El Sarrio (realizado con posterioridad a Pathfinder Express I y II), en el que se hablaba de rojos y azules, y a diferencia de la canción de Torrebruno, no todos podían ser los campeones: tras una prolongada situación de tensión entre los países azul y rojo, este último había lanzado un ataque por sorpresa, como consecuencia del cual ha conseguido avanzar hasta el sistema central de la Península, donde ha sido momentáneamente detenido. Las medidas represivas impuestas por el país rojo sobre el territorio ocupado y la hostilidad de los habitantes hacia las fuerzas, rojas han dado lugar a movimientos de resistencia dispersos y no combinados, efectuando acciones de sabotaje, dificultados por la falta de equipo y la ausencia de coordinación.
Al margen de estas polémicas, los USA querían por aquel entonces que España fuese aceptada en la OTAN, ya que consideraban a Franco un fiel aliado. En este proceso, la operación Pathfinder fue un hito en las relaciones hispano-estadounidenses. Un puente aéreo ente Alemania y España permitió traer a la base de Morón de la Frontera las fuerzas aerotransportadas dirigidas por Cassidy. Dos campamentos se establecieron en la base. En el campamento español entrenaban los paracas de la I Bandera Roger de Flor. Algo debían de tener los almogávares para que el Ejército franquista los tuviese tan en cuenta. Treinta años antes el Tercio de Almogávares era exterminado en Belchite, en donde combatió la Brigada Licoln. Ahora, en 1967, paracas españoles serían lanzados al cielo de Zaragoza, honrando al líder almogáver Roger de Flor. 
Continuará...