Mostrando entradas con la etiqueta documentos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta documentos. Mostrar todas las entradas

martes, 24 de septiembre de 2019

Vera

Diario de Istria en el que se recoge la entrevista a Vera, realizada en la conmemoración del sábado pasado: Fue muy difícil, pero teníamos la moral alta por la camaradería.

La familia de Vera era judía. Era, porque nadie sobrevivió al Holocausto ni a la 2ª Guerra Mundial. Solo ella. Desde Zagreb, con sus gafas de siete dioptrías, huyó a la zona liberada para luchar con los partisanos. Ella fue una de las mujeres que atendió a enfermos y heridos en el hospital nº 7, hasta que no pudo más. Cada día fallecían, entre sus brazos, compañeros, guerrilleros y refugiados. Incluso niños. La epidemia de tifus de 1943 se cebó con la resistencia.

Vera, 98 años, delante del osario de los partisanos fallecidos en el hospital nº 7.

En la postguerra mujeres como Vera, enfermeras, médicas, comisarias políticas, fueron un pilar fundamental a la hora de mantener viva la llama de la memoria, de preservar el recuerdo de los caídos. En esta fotografía de 1956 la podemos ver delante del osario y del monumento (hoy desaparecido) que recoge la labor asistencial de estas partisanas.

1956. Vera es la primera mujer de la izquierda.

Vera tiene una memoria prodigiosa. En la ofrenda floral en homenaje a la población civil asesinada por los fascistas, no pudo contener las lágrimas, mientras Pipo, partisano de 97 años, iba relatando las atrocidades cometidas y el surgimiento del movimiento guerrillero en la zona de Dreznica. El testimonio de Pipo y Vera, protagonistas heroicos de esta historia, es fundamental para que las nuevas generaciones sepan lo que aquí ocurrió. Dentro de poco solo nos quedará la Arqueología como fuente de conocimiento de los paisajes de la resistencia.

Sanja, codirectora del proyecto arqueológico, Vera y Pipo en la ofrenda floral en el monumento de la antigua escuela de Dreznica. (Foto de Ivona Grgurinovic).

Vera formó parte de todo un auténtico ejército del bosque, en donde ya sabemos habitan en muchas culturas los seres maravillosos, encantados, mágicos. A pesar de su delicado estado de salud, Vera quiso volver a su bosque, con el paso decidido de quien no olvida. Al solar del hospital en donde salvó vidas y asistió en los momentos finales a otros compañeros. Allí un coro de la vecina región de Istria interpretó canciones partisanas que Vera tarareaba con orgullo. También se cantaron himnos de la guerra de España, como el 5º Regimiento o Los campesinos.

Y Vera volvió a su hospital.

Desde su llegada al hospital Vera escribía un diario en el que detallaba la evolución de los enfermos, las altas, las bajas, las incidencias... En un ataque alemán tuvieron que huir y atravesar un río. Ella se despojó de su abrigo y se lo pasó a otro compañero que quedaba atrás abriendo fuego al enemigo. Ese partisano cayó en combate y con él, el diario. Vera, con una gran miopía, perdió sus gafas, y pasó el resto de la campaña en esas condiciones. Como dice ella, la solidaridad y la camaradería la ayudaron a salir adelante. Tras tres años en el bosque, al acabar la guerra, volvió al oculista y éste certificó que le habían bajado las dioptrías a la mitad. Milagros cromáticos del bosque.

Pipo lee su discurso, escrito a mano por él, bajo la atenta mirada de Vera.

Pueden tirar abajo con dinamita monumentos de hormigón armado. Pueden destruir memoriales, robar placas y recristianizar cementerios partisanos. Pero nada podrán con el tesón y el testimonio de mujeres como Vera. Se entregó a los demás para combatir el terror. Con personas como Vera, uno aún mantiene un mínimo de esperanza en la Humanidad. El amor en los tiempos del cólera.

Proyecto Heritage from below. Traces and memories. Dreznica 1941-1945.







miércoles, 26 de septiembre de 2018

Teatro de operaciones

El refugio número 6.

Esta ciudad invisible no deja de crecer. El eje del vallejo en el que se asienta el campamento republicano es un arroyo, totalmente seco en verano. Un pontón de madera, huérfano, sin agua, permite cruzar a los senderistas a la margen izquierda del cauce. Aquí también hay restos de refugios. Laura, Carlos, Rodrigo y Pablo son los encargados de exhumar una más de estas chabolas olvidadas, el refugio nº 6. Tras la retirada de los matorrales y una primera limpieza reaparece lo que parece la boca de un túnel. En este caso estamos delante de un cobijo individual, excavado a pico en el yeso, con una pequeña repisa en la entrada.


Nuestros compañeros inician su particular viaje en el tiempo con un hallazgo macabro. Una gran bolsa del Corte Inglés esconde un enterramiento. Envueltos en una manta, aparecen los restos momificados de dos perros. La arquitectura de la guerra civil ha servido y sirve para los usos más variopintos: fortines de hormigón habilitados como vivienda por personas sin techo o por temporeros, refugios antiaéreos reconvertidos en criaderos de champiñones, nidos de ametralladoras que sirven de basurero incontrolado. A alguien en la década de 1990, esta zona del Campillo, periférica, rodeada en su día de basura, le pareció bien para enterrar a sus mascotas. No sabemos si esa persona lo hizo con todo el cariño del mundo (enterrando sus animales, a lo mejor, en el paraje en el que los sacaba a pasear) o si los depositó allí como quien tira una bolsa de basura.


Con este tipo de hallazgos podemos datar el proceso de colmatación de la cueva republicana. A una cota inferior, aparecen, en bastante buen estado de conservación, dos fragmentos de periódico. Con la tipografía característica de décadas atrás, podemos leer parte de la cartelera, de las obras de teatro que se representaban en Madrid en algún momento de la década de 1970. En el Teatro Alcázar, la compañía Guzmán representaba Habitación para cinco, después de varios años de Cine y Televisión, con más de 80 películas entre españolas, extranjeras y coproducciones y de 250 programas de Televisión entre América y España.


Jesús Guzmán nació en una familia de actores e hizo sus primeros pinitos en el teatro siendo un  niño, en los años de la IIª República. En la postguerra, tras girar por América con varias compañías, recala en España e inicia una prolífica carrera que llega hasta hoy. Fue una cara conocida de las españoladas y vivió toda su evolución, desde las comedias de los 60, el spaguetti western, el destape, las series de los 90, etc... Se convirtió en una figura popular, precisamente en la primera mitad de la década de 1970, cuando interpretaba el papel del cartero Braulio en la teleserie Crónicas de un pueblo (1971-1974). Es ahí cuando aprovecha el tirón y relanza su compañía de teatro. El estreno al que hace referencia el fragmento de periódico tuvo lugar en junio de 1974. Ya véis, Habitación para cinco (de Antonio Peñalara) nos permite datar un estrato de esta habitación para uno, y de paso conocer algo más de este personaje icónico de la escena española. Desde luego Jesús Guzmán se sentiría cómodo en este paisaje de los cantiles erosionados de El Campillo. Estuvo a las órdenes de Sergio Leone en La muerte tenía un precio (1965) y en El Bueno, El Feo y el Malo (1966). Dos clásicos. Ahí es nada. El colofón: su participación, codo con codo con Bud Spencer, en la comedia-western Dos Granujas en el Oeste (1981).


Compartía cartelera ese 1974, tal como aparece en el fragmento de periódico, otra obra, representada en el teatro Fígaro: Balada de los tres inocentes. Esta comedia, escrita por Pedro Mario Herrero, se ambienta en 1971 en un pueblo rural castellano: un Jueves Santo, la fogosa hermana de un cura mata de placer a un joven guardia civil. El párroco espera la visita del obispo, mientras el cadáver del amante de la hermana yace en la cama... La censura fue implacable: la localización se trasladó a Italia y el guardia civil se convirtió en... un carabinieri. El autor de esta obra, Pedro Mario Herrero, fue corresponsal de guerra en Biafra, la Guerra de los Seis Días y en Vietnam. De su paso por este último conflicto nos queda su libro Crónicas desde el Vietnam (1968) en donde describe pormenorizadamente las terribles condiciones de vida de los soldados y guerrilleros del Vietcong, en sus campamentos en medio de la selva y en su mundo subterráneo.
Lamentablemente, en nuestra ciudad invisible, no contamos con testimonios de ese estilo, por lo que debemos seguir excavando. A ver qué película nos encontramos hoy.




viernes, 21 de septiembre de 2018

Súbeme la radio, el parte es mi canción

Antenas de RNE en Arganda del Rey

Las marquesinas de las calles de Madrid están repletas de carteles promocionales de una serie de éxito: Las chicas del cable. Uno de los responsables de arte de la serie, Miguel, es un asiduo al ciclo de conferencias y de visitas guiadas que hacemos en Rivas-Vaciamadrid. Incluso ha participado de voluntario en las excavaciones. Según nos comenta, le hace tremenda ilusión conocer de primera mano el pasado fosilizado en el lugar en el que vive. Esta producción televisiva nos cuenta los avatares de un grupo de mujeres que llegan a la capital en los años 20 para trabajar en el incipiente sector de las comunicaciones, en la única compañía telefónica del país. Los nuevos medios de comunicación emergen como una herramienta más para el desarrollo y modernización de la España que salía de la Restauración. La radio, en concreto, se convierte en un medio de difusión codiciado por los políticos que gobiernan el país.  Unión Radio y su revista Ondas, monopolizaban la radiodifusión en aquella época.


Enseguida los sublevados echaron mano de la radio no solo como medio propagandístico, sino como una herramienta más para imponer a la población el nuevo status quo. Las alocuciones de Queipo de Llano desde Radio Sevilla, incitando a la violación de mujeres republicanas, son algunas de las páginas más negras de la historia reciente de nuestro país. Es curioso cómo este tipo de personajes sanguinarios se vinculan a los primeros momentos de formación de lo que será Radio Nacional de España. Así pues, Millán-Astray fue el primer responsable de esta entidad, que empezó a emitir desde el Palacio de Anaya de Salamanca el 10 de enero de 1937. De allí pasó a Burgos, en donde intelectuales fascistas formaban una suerte de think tank para poner a andar el Nuevo Estado, vinculados a la Oficina de Prensa y Propaganda. Uno de ellos era un paisano mío de la terra de Lemos, el falangista Luis Moure Mariño, en cuyas memorias podemos encontrar abundante información sobre esos comienzos bélicos de RNE. Las primeras emisiones fueron posibles  gracias a un aparato Telefunken, donado por la Alemania nazi. Aún hoy en día mucha gente llama el parte al telediario o a las noticias horarias de la radio. El parte (concepto militar, claro) se iniciaba a toque de cornetín y más adelante con la Generala, adaptación de una llamada  militar a reunión del siglo XV. Esta querencia por las marchas militares explica que cuando se da un golpe de estado reaccionario, desde el Ejército, siempre se interrumpen las emisiones para dar paso a música marcial. Todo un anticipo de lo que viene.


Desde lo alto del macizo del Piul tenemos una soberbia panorámica de la zona de Arganda del Rey. Entre la llanada destacan, como cipreses metálicos, las antenas de lo que fue, durante décadas, el centro emisor de Radio Nacional de España, la zona cero de la radiodifusión en el franquismo y gran parte de la democracia. En la recta de la carretera de Chinchón, en la cuneta, se pueden ver sillas, supuestamente sin dueño, y al lado, depósitos de basura, con bebidas, condones, pañuelos y demás cultura material, restos de un área de actividad reciente vinculada a la prostitución. A ambos lados de la carretera, cercadas y con vigilancia 24 horas, se encuentran los edificios abandonados de RNE. Los primeros se construyeron en 1944 y el último (edificio principal y almacén de materiales) en 1954. El estilo arquitectónico se inscribe claramente en el monumentalismo fascista, aquel que seguía la consigna de Franco:

Es necesario que las piedras que se levanten tengan la grandeza de los monumentos antiguos, que desafíen al tiempo y al olvido, y que constituyan lugar de meditación y de reposo en que las generaciones futuras rindan tributo de admiración a los que les legaron una España mejor.

Franco supervisa el proyecto del Valle de los Caídos.

Sobreimponer esta arquitectura sobre el paisaje de la batalla del Jarama fue un medio más para sancionar la Victoria y condenar al olvido a los vencidos. El autor de estos edificios para la onda corta fue Diego Méndez (1906-1987), arquitecto de la Casa Civil de Franco y Consejero de Arquitectura de Patrimonio Nacional. Él fue quien modeló el paisaje del nacionalcatolicismo, metiéndole mano al palacio del Pardo, los palacios reales de Aranjuez, Riofrío, La Zarzuela, los Alcázares de Sevilla... Pero sin duda, pasó a la historia por haber proyectado el Valle de los Caídos.
En una entrevista a ABC el 21de julio de 1957 hablaba de la pesadilla que supuso para él diseñar una cruz de hormigón y cemento de más de 200.000 mil toneladas, con 150 metros de altura desde la base y 46 metros de longitud en sus brazos:

Un día, de modo inesperado, mientras aguardaba que mis cinco chiquillos se vistieran para ir a misa, absorto, casi iluminado, casi instrumento pasivo, el lápiz en la mano con el que hacía arabescos en un papel, sin darme cuenta dibujé exactamente la Cruz tal y como está ahora en su material clavada en la elevación poderosa.

Méndez reconoció que había ochenta condenados (sic) entre los 2.000  operarios del valle de los Caídos, que han jugado, día a día, con la muerte...  Y triunfado de ella.
Sin palabras.

Fotografía de Javier Marquerie.


Referencia hemerográfica
.
Israel Viana. 2013. La "pesadilla" de construir la cruz del valle de los Caídos, ABC, 23-9-2013.

jueves, 20 de septiembre de 2018

Arquitectura Ojo


En la visita guiada del pasado sábado conocimos a la arquitecta Susana Velasco, profesora en la Universidad Politécnica. Nos contó su trabajo registrando la arquitectura orgánica diseñada por cazadores franceses en árboles para observar, vigilar y disparar a palomas y otras aves. Una arquitectura en la que existe una simbiosis perfecta entre árbol y persona, con soluciones funcionales adaptadas a los gestos, posiciones y necesidades del cazador. Cuando nos lo contaba, no podíamos dejar de pensar en los brigadistas internacionales y los olivos del Jarama. A Susana le interesan estas arquitecturas de mediación entre el cuerpo y el paisaje, por eso ha dirigido su mirada no solo a las trincheras, sino a los y las que reexcavamos esas trincheras, amoldando nuestro cuerpo a las paredes talladas en el yeso:

¿Qué nos lleva de vuelta a estos paisajes?
Volvemos a estos campos de batalla. A un pasado que duele, y que todavía nos importa tanto. A las ruinas de un escenario gigantesco al aire libre, desmantelado después como una gran tramoya. Como un historiador, reconociendo los trazados sobre el territorio. Como un arqueólogo, buscando los fragmentos rotos y dispersos. Como un arquitecto, buscando las marcas del habitar y el construir. Reconectar con las fuerzas, gestos y redes que forman parapetos, refugios y zanjas, buscando la relación intensiva que, durante la guerra, fundió a cuerpos, arquitectura y territorio.

Construcción y uso de trincheras. Dibujos de Susana Velasco.

La posición republicana del Campillo es un buen ejemplo de este tipo de arquitectura. Como los cazadores franceses en los árboles, los soldados se integraban en un espacio diseñado para ver y no ser vistos, para camuflarse ante el peligro de los ataques aéreos enemigos. Con el frente estabilizado, durante dos años, se produjo algo así como una Guerra Fría entre los contendientes. Todos los recursos (y éstos iban aminorando con el paso del tiempo), se empleaban en la refortificación del paisaje, en el refuerzo y mantenimiento de todos estos dispositivos orientados, en gran medida, a la percepción y observación del enemigo. Las condiciones de visibilidad y visibilización de los lugares fueron una de las cuestiones clave estudiadas por la Arqueología del Paisaje. El arqueólogo Felipe Criado gusta de decir, en un alarde estructuralista, que todo lo visible es simbólico. Sí, pero aquí, todo lo visible también se puede abatir.

Tronera excavada en la roca, al E del Campillo.

Es una pasada comprobar cómo está estudiado el mínimo detalle dentro de esta escenografía. La aspillera del nido de ametralladora está orientada exactamente hacia el puente de Arganda, punto clave de la batalla del Jarama. Hacia el Este, dentro de la roca, se talló otro nido subterráneo, con una tronera que permite batir una amplia zona de la vega del Jarama. El observatorio, en la cumbre de un cantil meteorizado por la erosión, es una auténtica virguería.

Excavando el empinado acceso al observatorio.

En arqueología educamos la mirada para ver el paisaje. En la guerra pasa exactamente lo mismo. En los partes de operaciones, se recogen al detalle los movimientos del enemigo, pero también el esfuerzo de los mandos por formar buenos observadores.

Obligaciones del centinela.
Ejercicios con el visor.
Simulacro consistente en dar las señales de alarma ante la presencia de Aviación enemiga.
Educación y selección de observadores.
Forma de instalar un observatorio y forma de colocarse para observar.
Percepción de objetivos y designación de los mismos. Importancia de la observación.
Forma de utilizar los distintos camuflajes y refugios para poder observar. Talud, cesta, etc.

Inicio de excavación. Primero se construyó el observatorio, y tiempo después, en 1938, se talló la posición defensiva.

La cuestión es que había soldados que ya tenían educada la mirada, desde niños. Cazadores, pastores, zahoríes, contrabandistas e incluso ganaderos trashumantes. En la batalla de Brunete, el éxito del avance de Líster (hasta que éste, inexplicablemente, ordenó parar) se debió en parte a la avanzadilla de exploradores, todos ellos pastores, muchos de ellos gallegos. Gente apegada al campo, mucho más eficaz que cualquier vuelo de observación. Como el francotirador ruso Vasili Grigoriévich Zaitsev, héroe de la batalla de Stalingrado, que aprendió a disparar con su abuelo en los Urales.

Vista desde la aspillera del nido de ametralladora, con el puente de Arganda al fondo.

Referencias bibliográficas.
Criado Boado, F. 1993. Visibilidad y visibilización del registro arqueológico. Trabajos de Prehistoria, 50: 39-56.
Velasco, S. 2017. A partir de fragmentos dispersos. Arquitecturas de mediación entre el cuerpo y el paisaje. Madrid: Ediciones asimétricas.

Referencia documental.
Archivo General Militar de Ávila. 1086, cap. 12.






miércoles, 19 de septiembre de 2018

Educación y Descanso

Posición de El Campillo. La estructura cuadrada de la izquierda era estancia de descanso de la tropa.

En los años finales del franquismo, mi abuelo materno, tamborilero, formó parte de un grupo folklórico llamado Os Agarimos. El cuarteto se integraba dentro del marco de las actividades que el Hogar de Educación y Descanso organizaba en el barrio ferroviario de la estación de Monforte de Lemos. El régimen franquista puso a andar el Nuevo Estado inspirándose claramente en las instituciones fascistas italianas. Mussolini había creado algo parecido (Opera Nazionale Dopolavoro) para monitorizar y dirigir el tiempo de ocio de las clases populares, para domesticar a las masas obreras y convencerlas de la necesidad de tener hombres sanos, productivos, deportistas y soldados. Ellos eran la base del Imperio. Mi abuelo, que era un cachondo, siempre decía: Educación, poca, y descanso... ninguno. Eso de por el Imperio hacia Dios no iba con él. Era bajito y casi libra de la guerra, pero subieron unos centímetros la medida de corte, y lo movilizaron. Combatió en el frente del Segre. No soportaba ni a fascistas ni a carlistas. Al escarabajo rojo que fastidiaba las cosechas de patata le llamó siempre requeté. Mi abuelo era un campesino, artesano polifacético, que solo salió de su parroquia para ir a la guerra. Después, algún viaje a ver a la hija a Lugo, Barcelona, Pontevedra. Siempre le quedó la espina de ir a actuar a Caracas, en donde vivía la hija mayor.

Restos metálicos de posibles somieres en la estancia de descanso.

Como mi abuelo, miles de campesinos españoles, la mayoría analfabetos, los menos con las primeras letras, conocieron mundo en la guerra. Los que sobrevivieron pudieron reengancharse al Ejército, o reorientar el rumbo de sus vidas en las ciudades que conocieron. Yo he entrevistado a muchos de estos campesinos veteranos de guerra y todos renunciaron a otra vida, porque tenían que volver, a cuidar de la casa, de los padres viejos y enfermos, porque los hermanos habían emigrado y quedaban ellos como cabos da casa. Pienso en estos campesinos cuando leo la documentación del frente en Rivas-Vaciamadrid. Los desertores del Batallón Gallego, ubicado en el Espolón, cuentan sus vidas a los servicios de información republicanos; todos son campesinos, herreros, canteros... muchos de ellos de zonas montañosas de Ourense. A su vez, los desertores republicanos que se pasan al lado franquista también son labriegos de la Meseta Sur, de Levante, de Andalucía.

Detalle del suelo de ocupación, con un frasco de laxante y una caja de munición soviética.

Estos hombres de  la España rural, tradicional, entran de lleno en la guerra industrial. Reciben instrucción, incluso algunos aprenden a leer, manejan tecnología y armamento de última generación. En una posición de segunda línea, en un frente estabilizado como el del subsector del Piul, la documentación militar de la 18 División republicana refiere al detalle todas las actividades de formación e instrucción que formaban parte de un día marcado por paqueos aislados, algún duelo de artillería y poco más. A lo largo de 1938 nos encontramos actividades como:

Instrucción teórica sobre el tema "Maneras de orientarse y lanzamiento de granadas de mano".
Instrucción de escuadra y pelotón en orden abierto. Despliegues, avances y repliegues.
Práctica de Topografía.
Modo de hacer fuego para que este sea eficaz.
Instrucciones sobre balística.
Cómo se efectúa el asalto a una trinchera y cómo se organiza.
Cómo se pasa una barrera de artillería.


Restos de una máscara anti-gas en uno de los nuevos refugios que estamos excavando.

Incluso se organizaban marchas de 30 minutos con la máscara anti-gas puesta. Me puedo imaginar a uno de estos campesinos procedentes de zonas en las que el Carnaval rural era importante, con la careta puesta, como un peliqueiro de Laza. Poco o nada se ha estudiado sobre esta experiencia compartida, esta hibridación que se dio en la guerra entre cultura popular campesina y tecnología bélica.
Por supuesto, en los documentos aparecen más de actividades que iremos desgranando. Para nosotros es muy importante que los soldados del campamento que estamos excavando no se tomasen muy en serio aquello de Limpieza de campamento. Otra de las actividades, quizás la más necesaria, es la de descanso. En la posición del Campillo hemos excavado otra estancia, conectada con el nido de ametralladora que ya conocéis. Tenemos que imaginar a esos soldados-trogloditas, mal alimentados, comidos de la sarna y los piojos, intentando dormir en humildes camastros, tras un nuevo día de tensión, ejercicio físico e instrucción. O escribiendo una breve carta a sus seres queridos, o redactando borradores de informes diarios para los mandos. En este mundo subterráneo de yeso y margas, parafraseando a mi abuelo, Educación, alguna, y descanso, poco. El historiador Lourenzo Fernández Prieto definió a los campesinos gallegos como Labregos con ciencia. Muchos de ellos volvieron de la guerra con un bagaje que les acompañaría toda la vida.

Vista panorámica de los dos refugios que estamos excavando ahora, en el vallejo.

Referencia documental.

Archivo General Militar de Ávila, C. 1086, Cap. 12. Partes de operaciones de la 18 División, febrero a septiembre de 1938.


  


martes, 18 de septiembre de 2018

Debajo del olivo que el sol calienta


La semana pasada recibimos en la excavación la cariñosa visita de los miembros de la asociación Jarama 80. Nos regalaron un pin con su logo, unas hojas de olivo, un emblema que luce orgulloso en su gorra Javier Marquerie, mientras prospecta el entorno de El Campillo. Los olivares del valle del Jarama fueron los grandes aliados de la defensa republicana en los momentos cruciales de la batalla. Impedían la visibilidad de unas tropas franquistas que buscaban su ventaja en campo abierto. Los brigadistas se encaramaban a los árboles y acribillaban por la espalda a los infantes desorientados. Martínez Bande cita testimonios de protagonistas en los que se señala el papel jugado por los olivos (paradójicamente, símbolo de la paz) en las jornadas del 18 y 19 de febrero. Caballero, un capellán legionario, escribió: 

Cuando íbamos ya de noche a ocupar los puestos avanzados, entre los olivos, se pierde el rumbo y tenemos que esperar. Estuvimos a punto de caer en manos de los rojos. No había distinción alguna entre los olivos, sino los fogonazos de los tiros, y los cadáveres que yacían al paso. Muchos ingleses, franceses y de otras nacionalidades, de las  Brigadas Internacionales, que empiezan a actuar de firme. Tienen un material estupendo.

Estamos cercados por las Brigadas Internacionales, en proporción aplastante y con el mayor derroche de armas automáticas modernísimas, que manejan como locos, haciendo caer como copos las hojas del olivar. 


Los encinares jugarán el mismo papel en la batalla de Brunete. Árboles más mortíferos que un T-26. En breve, nuestro compañero Luis Antonio Ruiz Casero publicará un libro delicioso, centrado en reconstruir los combates en el palacio de Ibarra durante la batalla de Guadalajara. Nuestro colega se pone en la piel de los soldados y esboza un ensayo claro de lo que la arqueología postprocesual británica denominó Arqueología de la Percepción. Las páginas en las que nos habla de las oscilaciones en la moral de los defensores del palacio son fantásticas. La percepción y los sentidos son un campo de estudio que empieza a atraer la atención de los investigadores en arqueología del conflicto (Saunders y Cornish 2017). Participando de este enfoque, el autor describe las sensaciones y el estado de psicosis colectiva de los militares italianos en el encinar de Ibarra, sin buena visibilidad, cercados por el enemigo. Acostumbrados a la guerra celere y a la lucha en campo abierto, el ejército de Mussolini encuentra aquí su tumba. Esta misma psicosis se dio en el territorio ocupado por los italianos en Abisinia, un impero africano que se reducía, en realidad, a ciudades fortificadas, en medio de un territorio hostil (González Ruibal et al. 2010). La experiencia de los olivares del Jarama o de los encinares de Ibarra se repetiría poco después, en la campaña de Bizkaia, cuando los italianos volvieron a luchar entre masas forestales, en este caso, pinares extensos en la montaña vasca. El olor a resina de pino, las astillas voladoras que herían de gravedad a los soldados y la lucha en los bosques son una referencia constante en las memorias de los combatientes de ambos ejércitos en la primavera de 1937 en Bizkaia.

Batallón Celta, del Ejército de Euzkadi, en un pinar de Larrabetzu, Bizkaia, mayo de 1937.

Luis Antonio defiende (y aquí acaba el spoiler) la idea de que Ibarra, el high-water-mark del avance italiano en la batalla de Guadalajara, se convierte en el punto de inflexión de la ofensiva y el inicio de la derrota fascista ese 14 de marzo de 1937, debido, en gran medida, a ese pánico en el bosque. Se esboza así una línea de trabajo que está por abrir en la historiografía de la guerra civil: escribir una historia del miedo.
Los mandos franquistas señalaron el valor y la resistencia a ultranza de los brigadistas que contuvieron el ataque en el Jarama. Sus tumbas, sembradas entre los olivares, son la prueba de que ellos no tuvieron miedo a la hora de plantar cara al fascismo.


Levántate, olivo cano,
dijeron al pie del viento.
Y el olivo alzó una mano
poderosa de cimiento.

Entre los muchos cargos que desempeñó el fascista Dionisio Martín estaba el de Jefe del Sindicato Nacional del Olivo. Algo de interés debía tener en ello, como propietario agrario, latifundista con olivares en Jaén. La Victoria había acabado con las veleidades de los sin tierra, los jornaleros explotados que soñaron con otro futuro a través de las colectivizaciones y la revolución social. En la transición, este señor no quería enterarse de los nuevos tiempos. En 1981 el diario El País se hacía eco de los conflictos laborales con los trabajadores de su latifundio andaluz, la finca Torrubia (11 jornaleros heridos durante un enfrentamiento con la Guardia Civil, 13 de noviembre de 1981).

Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
decidme en el alma:¿quién,
quién levantó los olivos?

No los levantó la nada,
ni el dinero, ni el señor,
sino la tierra callada,
el trabajo y el sudor.


jueves, 13 de septiembre de 2018

El espolón de Vaciamadrid


Visita guiada a la casa de Peña Blanca. Al fondo, el macizo de Coberteras.

En la visita guiada del sábado subimos a una de las torres que coronan las esquinas del actual edificio en ruinas de la Casa de Peña Blanca. Desde ahí el visitante se hace una idea clara del paisaje, con el antiguo pueblo de Vaciamadrid en la llanada, al pie del Soto de las Juntas. Uno de los vanos de la torre enmarca plenamente el macizo rocoso del Vértice Coberteras, un hito dentro de lo que en la documentación militar se conoció durante la guerra como el Espolón de Vaciamadrid. A día de hoy, parte de ese espacio está en manos privadas y otra es propiedad del Ejército, que realiza maniobras allí. Es una pena no poder llevar a cabo trabajo de campo en una de las zona 0 de los inicios de la batalla del Jarama. El gran objetivo franquista era cruzar el Jarama y cortar la carretera de Valencia. Dominar el espolón de Vaciamadrid suponía alcanzar una posición ofensiva desde la que se podía hostigar con todo tipo de armamento un vial crucial para los suministros a la capital.
Envalentonados por la reciente toma de Málaga, las tropas de élite del ejército sublevado, plenas de moral, ven aquí la posibilidad de cerrar el cerco sobre Madrid y acabar rápidamente con la guerra. Sin embargo, las cosas iban a complicarse desde el inicio. La ofensiva tuvo que retrasarse por las pésimas condiciones climáticas. Además de perder el factor sorpresa, la lluvia y el barro entorpecerían sobremanera el avance. La I Brigada del coronel Rada fue la encargada de avanzar para conquistar el objetivo. Eran tropas de choque, bregadas y experimentadas, los aguerridos moros, entre otros. El día 7, tras una intensa preparación artillera, inician su avance, enfrentándose a la XIX Brigada republicana. Bajo una lluvia torrencial, al día siguiente conquistan el vértice, sufriendo un brutal contraataque republicano el día 9.
Plano con los movimientos de los dos ejércitos en los primeros días de la batalla (en Martínez Bande 1968).

El Capitán Jefe accidental del segundo tabor de regulares de Melilla, describió pormenorizadamente el avance a pecho descubierto, entre el lodo, bajo el fuego de las armas autómaticas (AGMAV, C. 1904, 3). En su avance, los regulares se encuentran con el campamento que  [los republicanos] dejaron abandonado, lonas individuales, bastante armamento, y municiones que quedó por el suelo ante la imposibilidad de poder recogerlo por no poder distraer fuerzas del Tabor, ya que cada individuo llevaba su fusil, 200 cartuchos, dos bombas de mano, rancho en frío, careta anti-gas, etc., y además tener que recoger los heridos que tuvimos, además de la lluvia y viento frío y de esta manera mojándose el personal y empapándose la ropa. Al fin y al cabo, un avance de infantería no deja de ser una prospección arqueológica de un terreno ignoto, controlado por el enemigo.
Para aquellos que pretenden desideologizar el conflicto, las fuentes no dejan lugar a dudas sobre el compromiso con la Cruzada de los mandos de estas tropas de élite, que compiten entre ellas por adquirir capital simbólico en la lucha contra los rojos. Citando de nuevo al capitán anterior:
Visto el desarrollo de la operación y siendo felicitado el Tabor lo traslade con orgullo y satisfacción de ver que el 2º Tabor ha sido el primero que ha dominado á tiro de fusil la carretera de Valencia siendo un gran honor para el mismo ya que también tuvo el laurel de ser los primeros que dominamos la carretera general de La Coruña, en Las Rozas, pero esta fue dominada por nuestra presencia. “TODO POR LA PATRIA”. “VIVA ESPAÑA”.
El Espolón de las Coberteras a 10 de Febrero 1937.
Artillería franquista batiendo posiciones republicanas al pie de los cantiles del Piul (en García Ramírez 2007).

Desde entonces, el Espolón de Vaciamadrid quedó en manos franquistas. Recuperarlo fue una obsesión del gobierno republicano hasta el final de la guerra. Desde aquí se ametrallaba la carretera de Valencia y la artillería bombardeaba las posiciones republicanas, entre ellas las de los Cantiles del Piul.
En el contraataque del día 9 una granada rompedora de la artillería republicana cayó sobre una chabola, causando notables bajas, entre muertos y heridos. Entre éstos últimos estaba un capitán, que animó y sostuvo a la tropa, a unos soldados que con elevado espíritu victorearon a España y al Generalísimo. El comportamiento de este capitán quedó así reflejado por el jefe de agrupación de artillería de la Iª Brigada (AGMAV, C. 1904, 13):
A Vd de parte el Comandante que suscribe de que los informes recibidos tanto de los heridos como de los ilesos al explotar una granada enemiga en La Marañosa sobre la actuación del Capitán Don Juan Pedro Cortés Mateo que mandaba la 7ª Batería del 3º Ligero son tales que demuestran en el citado Capitán tan grande espíritu militar y tal amor a España que me honro en ponerlo en el superior conocimiento de V para lo que estime oportuno. Al Jefe que suscribe le dijo el Capitán Cortés momento después de serle amputada la pierna que era un día feliz para él por haber dado una pierna por España y solo sentía haber dado tan poco. Pinto 10 de febrero de 1937. El Comandante. Manuel Camba. Rubricado.
Navalcarnero 11 de febrero 1937.
El Comandante Jefe de la Agrupación.
La ofensiva franquista empezaba con buen pie, mientras los republicanos se iban por piernas cuesta abajo. Aquí acabó la guerra para el capitán Cortés. No sabemos (por ahora) qué fue de él. Pero sin duda, se convirtió en un laureado Mutilado de Guerra, a lo Millán Astray. El Régimen quizás le puso una gasolinera, un estanco o lo enchufó de vedel en un ministerio o un colegio. Si tuvo familia, sus vástagos tendrían acceso a becas, a colegios mayores de militares, su mujer podría comparar en economatos y, en caso de enviudar, recibir una paga así como los honores de haber sido la esposa de un héroe de guerra. Todo a cambio de dar una pierna por España. Por el contrario, los mutilados del otro lado (brigadistas y españoles), y sus familias, no tuvieron nada de eso durante cuarenta años. Sí. En esta guerra hubo vencedores y vencidos. En sitios como el Espolón de Vaciamadrid se enfrentaban también modelos opuestos de sociedad, diferentes visiones políticas e ideológicas del mundo. Lamentablemente, la España del capitán Cortés sigue presente, gangrenando nuestra sociedad, mientras se amputan libertades y derechos.

miércoles, 12 de septiembre de 2018

Microhistoria a cuentagotas

 
Líneas de trincheras del macizo de Piul en la actualidad (por Pedro Rodríguez).

Mi abuelo paterno combatió en el franquista Ejército de Sur, en el frente de Córdoba, y no le fue mal. Acabó la guerra como cabo. Procedía de una humilde familia campesina gallega. Eran nueve hermanos, muchas bocas que alimentar. En los veranos se integraba en las cuadrillas de paisanos que se iban a la siega a pueblos de Castilla y de Madrid. En el verano del 36 lo metieron en un vagón de tren y lo enviaron al frente, como ganado. Él me contaba que nunca había estado, hasta entonces, mejor que en la guerra. Vestía un uniforme, tenía buenas botas y se hartaba de comer carne de la Argentina. Probablemente las penurias de su infancia y adolescencia le llevaron a mitificar e idealizar los años de la guerra, quién sabe. También me contaba cuando en una contraofensiva republicana fue hecho prisionero. Tras unos días reconvertido en soldado rojo, volvió a pasarse a sus filas, una noche calurosa de verano.

Cemento y traviesas metálicas en el nido del Campillo.

Hasta aquí el testimonio de mi abuelo, muy en la línea de la película La Vaquilla. Ahora tengo la ocasión de contrastar esa realidad de primera línea y cercanías, en otro frente, concretamente en el espolón de Vaciamadrid y en el macizo de Piul. La documentación que hemos recabado en el Archivo General Militar de Ávila nos permite adentrarnos en lo que fue la vida cotidiana en el frente del Jarama. Una de las fuentes interesantes nos la brinda el servicio de información franquista. Así pues, contamos con las declaraciones de aquellos que se pasaron de las filas republicanas a las posiciones sublevadas de Coberteras y La Marañosa entre 1937 y 1938. Un goteo constante. Cada ficha recoge el interrogatorio realizado al desertor y contempla varios campos para indagar sobre todos los aspectos posibles referidos a la línea defensiva leal. Por norma general, los que se pasan llevan armamento compuesto por fusil ruso, granadas de mano de Castillo, Hoffmann y piña. Así mismo citan la presencia, siempre, de ametralladoras Maxim en los nidos. Francisco Arco Ramos, de Santa Cruz del Comercio (Granada), evadido el 27 de enero de 1938, describe así las fortificaciones del Macizo de Piul:

Las posiciones ocupadas por su Bon. son de las corrientes estando los nidos de ametralladoras construidos con sacos y traviesas, siendo idéntica la construcción de la segunda y tercera línea, estando construyendo en esta última trabajos de fortificación, con nidos de ametralladoras de cemento.
Detalle de la traviesa derecha. La base de la plataforma es de ladrillo; sobre ella se dispone la placa de cemento.

A lo largo de 1938 se constata un boom constructivo en la defensa republicana. Esta actividad generó una arquitectura como la de El Campillo que estamos excavando, como veremos más adelante en ulteriores posts.

Carla retira una lata encontrada a la derecha de la tronera del nido.

Otro aspecto interesante de este tipo de testimonios es el referido a la alimentación en las trincheras. Los desertores republicanos señalan que tienen una paga diaria, en papel moneda, de 10 pesetas, que reciben casi siempre con retraso. Las tres comidas del día son más que justas. De desayuno, café de malta o una onza y media de chocolate; de comida, arroz o garbanzos y de cena, a las seis de la tarde, latas de carne rusa, un kilo para cada 10-12 hombres. 300 gramos diarios de pan. Algunos días le dan de postre una naranja. Evidentemente tenemos que leer entre líneas (nunca mejor dicho) y con cautela estos testimonios. Hombres que se evaden, que se encuentran bajo sospecha, que intentan agradar y minusvalorar el ejército que acaban de abandonar. Sin embargo, muchos de estos testimonios comparten afirmaciones semejantes. Si vamos a las declaraciones de evadidos a campo republicano, veremos también que las condiciones en el frente sublevado eran duras.

Arriba: escudilla para servir el rancho. Abajo: vaso de cinc, con el asa rota, en el que se servía café.

A la mala alimentación hay que unir las enfermedades y los problemas de la asistencia sanitaria. En estos testimonios se repite siempre que en las filas leales no tienen bolsas de curación individual, escasean los específicos y el material sanitario. En nuestro nido de ametralladora hemos encontrado una pieza poco corriente, un cuentagotas de vidrio, tuneado. Al consultar los partes de operaciones de la 18 División, de febrero a septiembre de 1938, detectamos otro goteo constante de bajas por enfermedad, por sarna, gripe y, sobre todo, paludismo.  En esta guerra tan premoderna y moderna a la vez, un mosquito tenía más poder destructivo que un cañón del 15 y medio. Lejos quedaban los tiempos aúlicos de la Casa de Peña Blanca, aquellos años en los que Felipe II se empeñaba en adecentar e higienizar las riberas del Jarama de la mano de su arquitecto Juan de Herrera. La lengüeta formada por los ríos Jarama y Manzanares era el paraíso de la malaria en los años 30, como si estos soldados estuviesen combatiendo en la frontera entre Etiopía y Sudán. Al fin y al cabo, ésta no dejaba de ser una guerra colonial.

Cuentagotas recogido sobre la plataforma de cemento del nido.


Fuentes documentales.
Archivo General Militar de Ávila. C. 1173, 5, 9. Declaraciones de evadidos.
Archivo General Militar de Ávila. C. 1086, 12. Partes de operaciones de la 18ª División. Febrero a septiembre de 1938.

lunes, 30 de julio de 2018

Serán ceniza



La Casa de la Peña Blanca, donde estamos excavando en Rivas Vaciamadrid, se enclava en un entorno saturado de historia. Aquí se encontraba un palacio de verano de Felipe II, del que pueden formar parte las ruinas que estudiamos. También hay restos romanos y de la Edad del Hierro. En la Guerra Civil quedó en la divisoria entre republicanos y sublevados.

Pero cuando llegamos hoy al edificio la moral no está muy alta. Es una auténtica ruina y una ruina bastante fea además, desfigurada una y mil veces a lo largo de los últimos cincuenta años. Está llena de basura, polvo y escombros.

Los arqueólogos somos, en cierta manera, como los biólogos. Pasamos tiempo en sitios donde aparentemente no hay nada y al rato empezamos a ver cosas -o quizá habría que decir que las cosas comienzan a manifestarse, al igual que los animales salen de sus escondrijos. Y así entre los escombros aparecen historias o fragmentos de historias de las que nunca sabremos el final. Ni el comienzo.

Vemos un botijo en miniatura, extrañamente limpio y nuevo entre tanta basura.

Vemos restos del trasquilado de una oveja. 
 
Vemos un pared acribillada a tiros. Aparecen concentrados hacia el centro, como dibujando la sombra de una diana invisible. En uno de los agujeros encontramos una bala de 9 mm impactada. Seguramente prácticas de tiro de la policía. Précticas tiro sobre un campo de batalla. 


Vemos un libro de Jesús Izcaray, Madame García. Tras los cristales, publicado por la editorial Akal en 1977. Akal se había fundado solo cinco años antes, con un fuerte compromiso izquierdista. Izcaray era del Partido Comunista, se exilió en 1939 y escribió una tetralogía de la Guerra Civil.  Madame García habla precisamente sobre el exilio; también sobre las guerrillas en Levante. Arqueología de la Guerra Civil incluso cuando no hay restos bélicos. O quizá este libro sea un resto bélico, también, a su manera.



Y vemos un libro de Montserrat Roig, Tiempo de cerezas, publicado como el de Izcaray en 1977 (la versión castellana, el año anterior en catalán). Solo se puede leer alguna página: suficiente para dar con el libro en Google Books. Otra novela sobre el exilio. Otro resto bélico.



Encontramos el primer volumen de la Enciclopedia Británica (que empieza con el arquitecto Alvar Aalto). Una enciclopedia en papel que ahora parece más arcaica que un hacha de sílex. 

Encontramos una publicación sobre la representación de las cinéticas enzimáticas. Y me pregunto qué diablos es eso.




Vemos un cojín de colores que perteneció a un sillón de los años 70, porque la combinación de colores solo es imaginable en los años 70. Al lado, unos cartones. Al lado, una fogata. Lo que queda del hogar de un sin techo. Un sin techo que quizá pasara el tiempo leyendo la Enciclopedia Británica o sobre las cinéticas enzimáticas o sobre el exilio.

Y todo esto es basura, claro, pero como diría Quevedo, tiene sentido. Y da no sé qué dejarla ir sin un recuerdo.

domingo, 8 de julio de 2018

El último tren

Monolito en memoria de los García Moral en el atrio de la iglesia de Castroncelos.
Los hermanos García Moral residían en la parroquia de Montefurado (Quiroga, Lugo), famosa por el túnel que los romanos, ávidos de oro, practicaron en la roca para desviar el curso del río Sil. Los y las que nos seguís ya conocéis este sitio, por su vínculo con la familia Amaro de Repil. José María estaba casado con Victoria y tenía tres hijos: Francisco, Concepción y Josefa. A su vez, el otro hermano, Ricardo, estaba desposado con Ramona y era padre de dos chavales, Josefa y Manuel. El curso de su existencia, como el del río Sil, se torció dramáticamente con la llegada de los pistoleros fascistas en el verano de 1936. El historiador berciano Alejandro Rodríguez ha podido recabar en el Archivo del Tribunal Militar Territorial IV de Ferrol información oficial sobre el final trágico de estos dos hermanos de sangre. La documentación muestra claramente la total impunidad de los asesinos que hacían el trabajo sucio para estas nuevas autoridades golpistas.
 
Familiares de los García Moral en Castroncelos (Fot: ARMH)..
El 6 de septiembre de 1936 fueron sacados de sus casas por los fascistas de Montefurado, como así declaró la viuda de José en la instrucción cursada por el Juzgado de Quiroga. La partida estaba dirigida por un Cabo de Regulares llamado Clemente Vidal, y la formaban tres falangistas del lugar de Anguieiros, llamados Constantino Vicente, José Yáñez e Isidoro Rodríguez. Tras un interrogatorio en el Cuartel de Falange los dos hermanos son introducidos en el tren mixto que desde la estación de Montefurado se dirigía a Monforte de Lemos. Desde luego, algo extraño estaba ocurriendo. Desde el 18 de julio los paseos obedecían a otro tipo de dinámicas. Los falangistas de un ayuntamiento, por norma, actuaban en otros territorios vecinos y empleaban camionetas o coches requisados. Eso sin duda lo sabían los dos hermanos. Podemos intuir la angustia de estos hombres. El recorrido en tren a la vera del Sil es espectacular. La vía serpentea, se suceden los viaductos y las pequeñas estaciones, Quiroga y San Clodio. José y Ricardo no saben a dónde van. Al cruzar el río Lor el convoy se adentra en el largo túnel que atraviesa la sierra de Augalevada. Aún hoy el tren va a poca velocidad en este tramo dificultoso, el último paso para acceder al valle de Lemos. Los falangistas obligan a los presos a bajarse en la estación de A Pobra do Brollón. Después los acribillan a tiros. José recibe tres impactos de bala. Ricardo, cuatro. La denuncia en el juzgado municipal de A Pobra do Brollón no deja lugar a dudas:
 
Que al lado de dichos cadáveres, aparecieron casquillos correspondientes a balas de fusil máuser y que al parecer fueron muertos por fuerzas de la Falange Española al intentar detenerlos, pero sin que sepa el dicente quienes fueron.
 
La antigua iglesia de Castroncelos (vuelo americano de 1956)
Los dos cadáveres aparecen en la carretera a Quiroga, frente a la casa de un tal Bernardino. En el paraje de A Cha de Castroncelos tiene lugar la inspección ocular por parte del juez y del médico. No deja de ser curioso que eso, al menos, ocurriese en los inicios del franquismo y sea algo imposible en la España de hoy. Ningún juez o jueza se persona en una fosa común de víctimas del franquismo. De ahí, los cadáveres son llevados en un carro de bueyes (el gran icono de la represión en Galicia) al atrio de la iglesia de Santiago de Castroncelos. Allí son enterrados los dos juntos,  como se describe en el Procedimiento Militar, al lado noroeste de la iglesia en una fosa abierta, arrimada al muro de tal Iglesia por el referido (y a cuatro metros de  distancia de la esquina) lado noroeste, cuya sepultura tendría de fondo metro y medio y dos de largo, juntos sin ataúd y con las cabezas hacia el repetido noroeste.
 

Dos detalles de la iglesia actual de Castroncelos, o cómo destrozar el patrimonio.
En junio de 2016 la familia de estas dos víctimas solicitó ayuda a la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) con vistas a exhumar los restos de sus seres queridos. Esa primera intervención, cosas del destino, llevó a localizar otras dos víctimas, asesinadas en 1938. Según testimonios orales, los dos hermanos se encuentran debajo del altar de la iglesia. ¿Cómo es eso posible? Pues porque décadas después un cura párroco decidió tumbar la iglesia antigua y construir una nueva, en un estilo entre kitsch y gore, y por encima, mal orientada, de norte a sur y no de este a oeste. Esta obra demencial cambió la fisonomía del lugar, restando validez a las indicaciones suministradas en el documento anterior. Ochenta y dos años después, la familia de los García Moral sigue buscando a sus seres  queridos. Mañana la ARMH y parte de la sucursal gallega de nuestro equipo vamos a intentarlo de nuevo, ampliando la zona sondeada en 2016.
 
Área del atrio en la que trabajaremos a partir de mañana.
El Juzgado Militar de Monforte decretó en su día el sobreseimiento provisional de las actuaciones considerando que no habiéndose determinado la persona o personas que intervinieron en la ejecución de un delito. Ochenta y dos años después, aquí nadie sabe nada, aquí no se ha cometido un crimen, según parece. Sin cuerpo, no hay delito.