domingo, 21 de mayo de 2017

The 2017 field season in Madrid

 The ruins of the university hospital in 1937. Archivo Rojo.

This year we are returning to Madrid for another round of archaeological work. We will be excavating at the Moncloa campus, near the university hospital, where some of the fiercest combats took place during the battle for the capital (8-23 November 1936). This was the part of the frontline where the Nationalists came closer to the heart of the city. It was also the scenario of one of the first truly urban battles of the twentieth century, with soldiers fighting building by building, room by room, armed with grenades, bayonets and pistols. Scenes that would be common during the Second World War (in Stalingrad or Berlin), in later wars (Hue in Vietnam), and still today (in Gaza, Aleppo or Raqqa). The university hospital became a symbol of stubborness and defiance for the attacking troops. It is perhaps for this reason that the Republican forces were asked to surrender precisely there in 1939. 

The hospital was reconstructed after the war and serves as a medical center still today. It is thus impossible to excavate it. But a garden lies at its feet that once had many pavillions and structures that were used as parapets and shelters during the war. They belonged to the Asilo de Santa Cristina, a nursing home for orphans and the elderly built in 1895. They were heavily damaged by the combats and demolished after 1939. 

 Photo of one of the Santa Cristina buildings in front of the hospital during the war. 
(c) Fernando Calvo González de la Reguera and El Hotel de Sudance.

The place is now planted with pine trees, but here and there it is possible to see construction debris (tiles, bricks, concrete), some sherds of whiteware, glass, even the odd bit of shrapnel. History is waiting for us under the surface. We will excavate several test pits to see whether anything remains of one of the buildings, which was used as a mess hall during the war (image above). It was next to this building where the Republican command surrendered the 28th of March 1939.

In this same area we can see one of the most dramatic remnants of the conflict on campus: a large crater created by the explosion of a mine. The hole was so huge that it was used as a field hospital during the war and as a shelter by homeless people afterwards. We will also dig here.


Map of the university hospital and the Asilo de Santa Cristina during the 
war, with trenches and mines.

The campus has still plenty of suprises to offer to those interested in the history of the Spanish Civil War and the history of twentieth century conflict in general. We will be exploring its secrets during the month of July. Follow us and share the excitement of discovery!

martes, 16 de mayo de 2017

Monte de San Pedro: el retorno

Excavación del suelo de ocupación del sector 2.

El despegue industrial de Vitoria-Gasteiz en la década de 1950 atrajo a numerosa mano de obra inmigrante, procedente de otras zonas del Estado. En aquellos tiempos se acuñó el término coreanos, en Euskadi (pero también en Asturias y otros sitios) para referirse a estos nuevos habitantes. En la capital alavesa se empleó también el término de cacereños, algo parecido a lo que ocurre en Argentina, en donde todos los españoles son considerados gallegos. Lo de cacereño da una idea del peso de esta provincia extremeña en el ciclo migratorio de aquella época. De los centros étnicos de Vitoria-Gasteiz quizás el Centro extremeño (cacereño en verdad) sea uno de los que goza de mejor salud, con su sede en el barrio obrero de Zaramaga.
José Señorán es un arqueólogo de Montehermoso (Cáceres) que está poniendo su grano de arena en el estudio y recuperación patrimonial del monte de San Pedro. Aquí lo vemos desbrozando las trincheras y fortines de los roturos de San Pedro. La estampa no deja de ser épica. También nos recuerda aquella canción del grupo orensano Los Suaves:  Las vueltas que da la vida, el destino se burla de ti, ¿dónde vas,, bala perdida, dónde vas triste de ti?

José con la desbrozadora en los roturos de San Pedro.

Urko ha subido a nuestros excavaciones del monte de San Pedro para hablarnos de su abuelo. Oriundo de Lezama, el abuelo se enroló en el batallón Araba y luchó aquí. El aitite hablaba poco de la guerra, pero cuando lo hacía era para recordar lo duro que fue el invierno en las trincheras que estamos excavando. Más bien reexcavando, porque fue aquel soldado uno de los que hicieron estas estructuras y se cobijaron en estos minirefugios subterráneos, excavados en la roca, que estamos exhumando. El abuelo de Urko se entregó en Santoña y allí, en el penal de El Dueso, inició un periplo penitenciario que lo llevó a un campo de redención de penas en Canarias. Finalmente, la intercesión de un alférez del Ejército nacional le permitió conseguir la libertad.


El abuelo de Urko descansaba en primera línea en estos cubículos 
excavados en el lapiaz, en la pared de la trinchera.

Hemos iniciado esta segunda campaña en el monte de San Pedro excavando el suelo de ocupación del tramo de trinchera ubicado en el sector de Aloria. Jano y Xabi van documentando los materiales arqueológicos: casquillos de fusil checo, cable enrollado de cobre, la anilla de una granada polaca... El sedimento limoso y el sustrato calizo han permitido conservar incluso materiales textiles, como un fragmento de la tela de un saco terrero. Jano es un arqueólogo de Boiro, en la ría de Arousa. Es descendiente de aquellos marineros gallegos cenetistas que huyeron a Pasaia por mar y se enrolaron en el Ejército de Euzkadi, integrando los batallones Celta y Bakunin. El Batallón Bakunin es uno de los que combatió precisamente aquí, en los montes Txibiarte, Sobrehayas y San Pedro. Xabi es historiador, arqueólogo y recreador, de la margen izquierda de la ría de Bilbao, descendiente también de emigrantes cacereños. Él está ya preparando unas entradas para este blog en las que se explican con todo detalle las vicisitudes de este Batallón Bakunin por estos lares.



Uxue sube al monte con su perra y su makila desde el caserío Urrutia, en Lezama. En esa casa tienen auténtica devoción por la historia y la genealogía. A raíz de nuestro proyecto, los Urrutia se han puesto a revisar una vez más la documentación, y han encontrado la carta oficial del Gobierno de Euzkadi en la que se ordenaba la evacuación del caserío en marzo de 1937. Esa evacuación fue trágica, porque el bisabuelo de Uxue pereció en ella. Los bueyes se pusieron nerviosos al llegar a un lugar desconocido para ellos, se revolvieron y empotraron al dueño contra la pared. Este recuerdo nos habla del impacto del conflicto en la población civil de retaguardia, la misma que sostenía el esfuerzo de guerra en el frente (voluntaria y/o obligadamente).



Nos sigue impresionando el vínculo entre paisaje y comunidades en esta zona de Araba. Hemos excavado en muchos frentes pero nunca nos habíamos encontrado algo así. Hay sitios en los que nadie visita nuestras excavaciones. Simplemente no interesan. Hay otros en los que la política local impone el silencio y el desdén. A estos parajes suben los habitantes de los pueblos de alrededor y nos cuentan sus historias familiares, aportan información y todos reconocen la importancia de recuperar este lugar de memoria en donde combatieron unos y otros. 



lunes, 15 de mayo de 2017

Y sin embargo... resistieron: fuego en los fortines de Ketura

Vista de Ollerías y Elosu, desde una tronera del fortín 02.

La arqueología de la guerra civil puede aportar información hasta ahora inédita sobre acontecimientos y microeventos olvidados o apartados de las memorias oficiales. En este blog, en más de una ocasión, se ha hablado de cómo resulta peligroso seguir al pie de la letra aquello que aparece en los partes de operaciones, en la prensa de la época o en los escritos propagandísticos o biográficos. Los documentos también mienten. Además, también debemos recordar que en un contexto en el que todo aquello que se debe relatar es abrumador, hay sucesos que no son considerados dignos de ser comentados o ser recogidos en la sacrosanta palabra escrita. Los combates en los fortines de Ketura (Zigoitia, Álava) parece que pertenecen a este último caso. 

Excavación del interior del fortín 02 de Ketura.

Cuando comenzamos nuestras excavaciones en esta posición, el 2 de mayo, nuestras expectativas no eran demasiado altas en cuanto a la posibilidad de hacer grandes hallazgos. En cualquier estudio del pasado, la clave no reside tanto en el hecho de que algo haya sucedido como en que esto haya sido cuidadosamente guardado o, por lo menos, no haya sido destruido. En Ketura, sabíamos que esto no era así.

En la década de 1950, el régimen de Franco, afectado de pantanitis, construyó sendos embalses en el norte de Álava. El principal escenario de la Batalla de Villarreal (noviembre-diciembre de 1936) quedó sumergido bajo las aguas del pantano de Santa Engracia (hoy, embalse de Urrunaga). Las aguas cubrieron caminos, parcelas, alguna ermita y, también, el centro de extracción de arcillas de la comunidad alfarera de Ollerías, tal y como se recoge en el Museo de la localidad. Modos de vida que habían sobrevivido desde la Edad Media desaparecieron literalmente bajo el embalse. Al contrario de lo que pueda hacernos creer la Homeopatía y su boom comercial new age: el agua no tiene memoria.

Vuelo americano de 1946 sobre Ketura, con las trincheras aún visibles.

En ese momento, todo el entorno de Legutio, Ollerías y Elosu fue profundamente alterado. En Ketura se efectuaron parcelaciones que conllevaron trabajos de nivelación y adecuación del terreno con máquina. Una de las excavadoras, al parecer, intentó arrancar uno de los fortines, tal y como mencionan vecinos de la zona y como atestiguan las marcas de fauces metálicas en la cubierta de cemento. Las trincheras que conectaban ambos fortines también se cubrieron y los dos fortines de Ketura sobrevivieron a modo de testigos mudos de toda esta “gestión ambiental” del territorio, propia de una dictadura que caminaba de la autarquía al desarrollismo. Por la parte que nos toca, como equipo arqueológico, éramos conscientes de que una gran parte del registro material parecía haberse perdido para siempre.

Vuelo americano de 1956. Trabajos de parcelación con maquinaria y desaparación del registro.

Todo ello ha conllevado que la cantidad y calidad informativa de los restos arqueológicos en Ketura ha sido “poco emocionante”. Hemos encontrado restos óseos procedentes del ganado que lleva pastando aquí los últimos 60 años, bastantes clavos pertenecientes a la propia estructura y algunas otras piezas de material constructivo.

En cuanto a signos de combate, al contrario que en el monte San Pedro en el que los cráteres de impactos de artillería y aviación han generado un “paisaje de acné bélico”, en Ketura sólo podemos ver suaves formas en un terreno alterado que parecen no guardar memoria alguna de ninguna lucha. El 31 de marzo de 1937, Mola encabezó la gran ofensiva franquista sobre Bizkaia, llevando a cabo la ruptura del frente muy cerca de aquí, en los montes de Albertia y Jarindo. Pensábamos que en ese contexto de ataque inmediato, el Batallón ugetista Madrid, habría optado por una rápida evacuación hacia Ubidea, su posición principal más cercana. Y sin embargo… resistieron.

Casquillos de fusil checoslovaco y de pistola en el suelo del fortín 02.

Apenas se trata de cinco casquillos de fusil Máuser checoslovaco 7.92, un fragmento de guía de peine y un casquillo de bala de pistola. Pero, ahí, bajo la tronera del fortín 02 en la que lo encontramos, parece como si este conjunto de restos quisiera hablarnos de una lucha “pequeña” y olvidada que, en plena ofensiva sobre Bizkaia, nadie valoraría como digna de ser mencionada en las fuentes documentales. El grueso del ataque centró su atención unos pocos kilómetros al este, en frenético avance sobre la localidad vizcaína de Otxandio. Aquí, en Ketura, parece que estos socialistas revolucionarios optaron por defender la carretera a Ubidea, bien desde los fortines, bien desde los parapetos que flanqueaban la vía.

Parapeto de carretera republicano, entre Ollerías y Ubidea.

El progreso franquista por poco hace desaparecer todo testimonio de este acto de resistencia. El agua no tiene memoria, pero parece que las personas y los objetos, si se alían, sí que la tienen.

Post by Josu Santamarina Otaola.


jueves, 11 de mayo de 2017

¿Una guerra entre hermanos?

Un tópico habitual sobre la Guerra Civil Española es el de que fue una guerra entre hermanos. Se dice tanto en un sentido literal como metafórico. Es literal cuando se refiere a familias divididas, en las que unos hermanos se unieron a un bando y otros a otro. Es metafórico cuando se refiere a una guerra que enfrentó a compatriotas (hermanos de una familia o comunidad imaginaria, como diría Benedict Anderson: la nación española). 

Ambos significados son confusos y con frecuencia cargados ideológicamente. Pensemos en los hermanos como compatriotas ¿Es más grave que un vecino de Chiclana, pongamos por caso, mate a uno de Vejer de la Frontera, que el hecho de que un ciudadano español le pegue un tiro a un francés, por ejemplo? Desde un punto de vista estrictamente legal y moral, matar es matar. Personalmente siento más simpatía por el concepto universal de hermandad que surgió de la Revolución Francesa (aunque se aplicara muy poco), que por la postura que considera que somos más hermanos o más prójimo de aquel con quien compartimos pasaporte que de alguien que vive al otro lado de una frontera convencional dibujada en un mapa.

Respecto a la segunda acepción, la guerra entre hermanos como un conflicto intrafamiliar, en este caso lo que sucede es que se ha exagerado mucho algo que, efectivamente, se ha dado. Quizá no tanto hermanos biológicos luchando entre ellos como familias divididas. Todos conocemos casos.
Sin embargo, es un fenómeno minoritario en comparación con la confrontación, mucho más frecuente, de unas familias contra otras. La lucha entre familias tiene una explicación sociológica; la lucha entre hermanos biológicos también.

Las simpatías políticas de las familias biológicas del siglo XX en España tenían mucho que ver con su posición de clase. Sería extraordinariamente raro que en una familia de jornaleros andaluces alguien votara a la CEDA y de la misma manera, pocos terratenientes extremeños debía haber afiliados a la CNT. Incluso cuando se dan casos de grupos que traicionan su conciencia de clase, en términos marxistas, como campesinos pobres de derechas, normalmente la afiliación política tiende a darse en bloque, como es propio de sociedades tradicionales en las que lo colectivo prima.

Las diferencias crecen entre las clases medias urbanas, donde la educación y el trabajo incrementan la diversidad sociopolítica. Es aquí donde es más fácil encontrar "guerra entre hermanos". Pese a todo, sigue siendo minoritaria, entre otras cosas porque las clases medias urbanas lo eran. En 1900 en España el 30% de la población vivía en ciudades (frente a un 75% en 1996). 

Los documentos materiales, una vez más, ayudan a desmontar mitos. En este caso, no hay más que observar los múltiples monumentos a los caídos por Dios y por España que todavía se conservan por toda la geografía nacional para comprobar que la Guerra Civil, más que un conflicto intrafamiliar, fue una guerra de exterminio de unas familias contra otras. El brutal testimonio de la estela que ilustra esta entrada, ubicada en Sonseca (Toledo), es tan escalofriante como elocuente. Más allá de la retórica franquista y la ortografía pintoresca, de lo que nos habla este monumento es de una masacre que se cebó en familias completas: Umberto de Ancos, Juan de Ancos, Prudencio de Ancos, Valentín Méndez y su hijo. Cinco personas víctimas de la violencia revolucionaria pertenecientes a dos familias.

Similares testimonios se encuentran en territorio ocupado por los sublevados. Hermanos, hijos, hijas, padres, madres asesinados en la ola de violencia de retaguardia que caracterizó sobre todo los primeros meses de la guerra. Y los mataron no otros hermanos, hijos, padres, etc. sino vecinos o desconocidos. Gente que solo puede denominarse "hermana" en el sentido general de prójimo.

La Guerra Civil con frecuencia alcanzó proporciones eliminacionistas: la idea era erradicar al enemigo ideológico o causarle un daño tan grande como para neutralizarlo para siempre. De ahí esas familias que perecen casi al completo en las hecatombes de la represión. La retórica de la lucha entre hermanos oculta esta realidad. Y oculta algo más: el hecho de que la guerra fue, entre otras cosas, una lucha de clases, incluso si dichas clases no pueden definirse con claridad y de forma homogénea

La idea de la lucha entre hermanos tiene mucho que ver, como hemos señalado en otras ocasiones, con la tendencia a despolitizar la guerra a partir de los años 60. Julián Casanova ha señalado que entonces "la machacona insistencia en la responsabilidad y culpabilidad de las fuerzas republicanas por causar la guerra hizo que muchos historiadores identificaran el necesario alejamiento de esas explicaciones parciales y la objetividad con el reparto general y lo mas equitativo posible de las culpas". Esta postura cambió a partir de los años 80 en la historiografía, pero ha permanecido fuertemente arraigada en la sociedad.

¿Fue la Guerra Civil Española una lucha entre hermanos, pues? Sí que lo fue. Pero no porque lucharan hermanos biológicos contra hermanos biológicos o españoles contra españoles, sino porque cada vez que un grupo de seres humanos toma las armas contra otro grupo de seres humanos se produce una guerra civil. Un fratricidio.

lunes, 8 de mayo de 2017

Frente a "un tiempo de fascistas": resistir como Madrid (2)

Símbolo del Batallón Madrid en el interior del fortín nº 2 de Ketura.

Tras establecerse la unidad en la zona de Ubidea, el batallón inició el año 1937 destacado en las posiciones que actualmente estamos excavando. Su objetivo era guarecer la carretera que une la localidad de Ubidea con Legutio. Durante los meses que allí permaneció el batallón la única acción destacada tuvo lugar el 27 de febrero de 1937. Durante una incursión nocturna los milicianos descubrieron un depósito enemigo en Elosu, apoderándose de 12.000 cartuchos para ametralladora Colt; 10.800 para Lewis; 29.500 para fusil ametrallador; 11.000 para fusil Mauser y 1.600 granadas. Con ayuda de un carro de bueyes, pero sin bueyes, fue sacándose material hasta la carretera, donde dos camionetas lo transportaron. Al día siguiente se repitió la incursión, terminando ambas operaciones sin bajas y oposición del enemigo (La Lucha de Clases, 08/03/1937).


No obstante, el batallón también vivió otro momento especial en el frente. Bajo llamativos titulares, un corresponsal de La Lucha de Clases se acerca a visitar las posiciones del Madrid. El corresponsal señalaba cómo 

el camino hacia el frente alavés es ya un paisaje completamente siberiano. La nieve alcanza en determinados puntos medio metro de altura. (…) Según nos acercamos a las posiciones, crece nuestra admiración hacia los muchachos que desafían las inclemencias del tiempo sin decaer el ánimo y resistiendo con admirable espíritu combativo las penalidades del invierno.” 

El paisaje de chabolismo descrito por Cecilia G. de Guilarte en San Pedro, Sobrehayas y Txibiarte se vuelve a repetir: 

A pocos metros de los pabellones desmontables utilizados como dormitorios hay una chavola en la que una docena de milicianos se agrupan junto a un buen provisto fuego” (La Lucha de Clases, 08/03/1937).

Símbolo del Batallón Madrid en la cubierta 
del fortín 1 antes de su limpieza (abajo a la izquierda).

Nuestros hombres conocían la importancia de la fortificación. Cuando llegaron hasta el Akondia debieron de combinar las operaciones bélicas con las tareas de fortificación, ya que en las posiciones no había ninguna trinchera y tampoco sacos terreros como parapeto. Tras la orden del 26 de abril de 1937 del Gobierno Vasco, la unidad pasó a encuadrarse en la 8ª Brigada junto a los batallones Fermín Galán (UR), Octubre (JSU) y Asturias (UGT), encuadrada en la 4ª División del Comandante Daniel Irezabal. Para cuando el general rebelde Mola atacó Bizkaia, el batallón Madrid ya había construido los nidos de ametralladoras y allí recibió al enemigo el día 5 de abril de 1937, sufriendo varias bajas. Después de la retirada, la unidad pasó al sector de Barambio, cubriendo posiciones en Vidacurce, Astobiza, Udaun-Sarasola, Altube, Mendizorroz, Escartegui, Andratoleta, Pepe-Chiqui y Fuente Roja.  A mediados de mayo la brigada quedó integrada en la 5ª División vasca, pasando la unidad al frente de Mungia, concretamente en el Gondramendi. 

Fortín 2 en fase de excavación.

En junio actuó en las proximidades de Gatika, donde se le mandó reforzar el frente de Lezama, padeciendo numerosas bajas en el contexto de la batalla del Cinturón de Hierro. A finales de ese mes solamente contaba con 150 hombres. Los supervivientes se unieron a las restos del batallón Fermín Galán, formando el 1º Batallón de la 8ª Brigada de la 4ª División, luego numerada como 161ª Brigada y 51ª División. Los restos del batallón Madrid eran capturados en Santander tras el Pacto de Santoña (Vargas, 2008; Urgoitia (ed.), 2001).

Fortín 1 tras la limpieza.

Un servidor, desde las posiciones frente al ordenador, observa que ya 

son varios kilómetros de sector magníficamente atendidos y en los que se advierte una plausible disciplina, base de toda victoria; disciplina que no excluye el cordial trato y camaradería, la charla entre compañeros, el sano ambiente fraternal, pues todos (…) son hermanos en esta lucha a vida o muerte contra el fascismo. (…) Emprendemos el regreso hacia la capital, dejando allí a estos buenos camaradas, (…) ahora en el frente de Alava, hacen honor al nombre de “Madrid” y como la capital de España defienden con la vida el palmo de terreno que pisan llevando a la práctica el simbólico ¡No pasarán!”  (La Lucha de clases, 08/03/1937).

Bibliografía:

URGOITIA, J. A. (ed.) (2001): Crónica de la Guerra Civil, de 1936-1937, en la Euzkadi peninsular. Ohiartzun: Sendoa.
VARGAS ALONSO, F. M. (2008): Los batallones socialistas de Euzkadi en la Guerra Civil. Bilbao: PSE-PSOE. La Agrupación de Milicianos Socialistas. Grupo Vizcaya.

Archivos y Hemerotecas:

Archivo Histórico de Euskadi
Hemeroteca Diputación de Bizkaia

Post by Xabier Herrero Acosta.

viernes, 5 de mayo de 2017

Frente a "un tiempo de fascistas": resistir como Madrid (1)

Detalle del reportaje sobre el batallón Madrid en La Lucha de Clases.

El 5º batallón de la UGT era el batallón 32º del Ejército de Euzkadi. Esta unidad se conformó a finales de septiembre de 1936 con ugetistas de San Salvador del Valle y los pueblos colindantes (Vargas, 2008; La Lucha de Clases, 20/11/1936). Desde el 6 de octubre de 1936 estuvo destacado en el frente eibarrés, concretamente en el monte Akondia. Tras entablar un combate con los rebeldes al día siguiente de su llegada, la 3ª compañía afianzó posiciones en la zona. En noviembre continuó destacado en el frente eibarrés. No fue hasta el 21 de diciembre de 1936 cuando pasó a ocupar posiciones en el frente alavés con el objeto de relevar a las agotadas tropas del Fulgencio Mateos, unidad que se habían batido en la hoy conocida batalla de Villareal. El 5º de la UGT que hasta ahora había sido comandado por Ramón Rubial pronto encontró un sustituto: Gregorio Álvarez Resines (Vargas, 2008: 65). 


Aunque en las inscripciones que en la actualidad estamos estudiando se le concede un papel protagonista a la hoz y el martillo, símbolo de la unión del trabajador industrial y campesino, no menos importante es el nombre del batallón: Madrid. Según las inscripciones conservadas en los nidos de ametralladoras y la documentación consultada parece que prefirieron darse a conocer como el batallón Madrid, pues debía de hacerse

justicia al heroico pueblo madrileño, por lo que me atrevo a proponer que se dé el nombre de MADRID a uno de nuestros batallones, haciendo con ello justicia a la capital de España y capital al mismo tiempo del glorioso Partido Obrero Socialista Español, al que nos sentimos hoy más orgullosos que nunca de pertenecer” 
(La Lucha de Clases, 29/01/1937).

Primer ensayo de fotogrametría digital de la cubierta del fortín 1 de Ketura.


Esta iniciativa fue bien acogida entre los socialistas pues ésta 

era la primera prueba que se haga en favor de ese Madrid martirizado por la guerra, contra el cual se han volcado todas las crueldades para darle quizá un resplandor único que sirva de ejemplo (..) Al menos hagamos tangible nuestra admiración por Madrid y demos su nombre a un batallón nuestro. Un batallón obrero, formado con esa misma carne heroica y proletaria que en Madrid sufre ahora por todo el proletariado español. Porque si a Madrid le preguntaran ahora por qué se deja matar, su respuesta no conocería vacilación: por el proletariado español y nada más que por el proletariado español, ya que con ello labora al mismo tiempo por el proletariado de todo el mundo. Es por los trabajadores por lo que Madrid tiene ruinas, sangre y cenizas. Trabajadores deben ser los que formen el “Batallón Madrid”, que así el homenaje tendrá el sentido de la fraternidad y el valor de la solidaridad” 
(El Liberal, 30/01/1937). 


La retirada de la cubierta vegetal del techo del fortín 2 nos ha permitido 
documentar nuevas inscripciones en las que se menciona el Batallón Madrid, 
esta vez con letras bien grandes.

Se observa claramente en este ejemplo cómo los órganos periodísticos de la época hicieron hincapié en la cuestión del derramamiento de sangre, además de jugar con el componente de la clase social, para consolidar los lazos identitarios entre los miembros de un grupo. Tras establecerse la unidad en la zona de Ubidea, el batallón inició el año 1937 destacado en las posiciones que actualmente estamos excavando. Su objetivo era guarnecer la carretera que une la localidad de Ubidea con Legutio. Durante los meses que allí permaneció el batallón la única acción destacada tuvo lugar el 27 de febrero de 1937. Durante una incursión nocturna los milicianos descubrieron un depósito enemigo en Elosu, apoderándose de 12.000 cartuchos para ametralladora Colt; 10.800 para Lewis; 29.500 para fusil ametrallador; 11.000 para fusil Mauser y 1.600 granadas. Con ayuda de un carro de bueyes, pero sin bueyes, fue sacándose material hasta la carretera, donde dos camionetas transportaron éste. Al día siguiente se repitió la incursión, terminando ambas operaciones sin bajas y oposición del enemigo (La Lucha de Clases, 08/03/1937).

Referencias:
Vargas Alonso, F. M. (2008): Los batallones socialistas de Euzkadi en la Guerra Civil. Bilbao: PSE-PSOE. La Agrupación de Milicianos Socialistas. Grupo Vizcaya.

Archivos y hemerotecas:
Archivo Histórico de Euskadi.
Hemeroteca Diputación de Bizkaia.

Post by Xabier Herrero Acosta.

martes, 2 de mayo de 2017

La hoz y el martillo

El fortín de los graffitis antes de su limpieza.

Hoy nos hemos acercado a los fortines de Ketura, con hoces y martillos, hoces para abordar la limpieza biótica de las estructuras y con martillos para estaquillar las bases topográficas. 
Nada más empezar la intervención arqueológica en los fortines de Ketura estamos viviendo en tiempo real lo que podemos denominar el efecto Gernika. Los medios de comunicación locales y autonómicos se han interesado hoy por nuestro proyecto. Nada es casual. Es cierto que la UPV/EHU cuenta con un excelente servicio de prensa. Pero esta avalancha mediática obedece a una determinada coyuntura conmemorativa (valga la redundancia).
Ayer en la TVE2 pudimos ver un documental sobre Gernika en el que se hacía hincapié en los avatares sufridos por el famoso cuadro de Picasso. El pintor malagueño cumplió con el encargo del gobierno republicano y su magistral obra decoró el pabellón de la España leal en la Exposición de París de 1937, en plena guerra civil. En la capital francesa, durante esa exhibición, los grandes protagonistas fueron los pabellones de la Alemania nazi y de la URSS, dos auténticas escenografias arquitectónicas que simbolizaban, frente a frente, una lucha de carácter ideológico. La esvástica competía con la hoz y el martillo.

Los jabalíes, excelentes arqueólogos, se nos adelantaron.

La hoz y el martillo conformaban un símbolo inequívoco para los jóvenes españoles en 1936. Como ya comentamos en un post anterior, el testimonio de Mateo Balbuena deja bien claro en qué consistía el socialismo y el comunismo en aquellos días. Una delgada línea roja separaba ambos credos políticos. De hecho, las Juventudes Socialistas Unificadas se crearon aquel año para unir a los cachorros del PCE y del PSOE. Los que hicieron los fortines de Ketura lo tenían claro. Fidel Fernández y otros compañeros, soldados del batallón Madrid (UGT nº 5 del Ejército de Euzkadi), el 10 de marzo de 1937 dibujaron en el cemento todavía fresco la hoz y el martillo. Estos socialistas de 1937 deben ser considerados como extraterrestres por aquellos dirigentes que luchan por controlar lo que queda del PSOE hoy en día. En este sentido, en Ketura hemos sentido una vez más, el poder que poseen los documentos materiales enterrados bajo tierra. Estos restos funcionan a veces como recurso nemotécnico de pensamientos, conflictos  e ideologías que muchas veces en el presente se obvian, se manipulan o se ocultan.


El fin de semana pasado, al visitar el Museo Arqueológico de Cacabelos (El Bierzo) nos encontramos con los preparativos de un mítin de Pedro Sánchez, en la sala dedicada a los astures. Entre molinos giratorios y una familia castreña, allí se desplegaba la parafernalia de los centuriones (sic) bercianos, los jóvenes socialistas de pro que iban con unas camisetas que recogían el siguiente mensaje: soy rojo. En la Gestora del PSOE sitúan el marxismo, precisamente, en un museo arqueológico. El PSE, lo mismo. Lo interesante es que los dirigentes del partido socialista de Euskadi han denunciado (es su opinión) el uso político que ha hecho el PNV de los actos conmemorativos del bombardeo de Gernika. Estas polémicas políticas del presente en Gudarilandia nos muestran lo vivo que está todavía el legado de la guerra civil española por estos lares.

Acto político de Pedro Sánchez en el Museo Arqueológico 
de Cacabelos, duramente criticado por el PP local.

Pensábamos esto cuando estábamos limpiando la cubierta del fortín de Ketura en el que se conservan los famosos graffitis. Al retirar la vegetación, encontramos otra inscripción que recoge la firma de O. Álvarez, capitán de la 4ª compañía del Batallón Madrid. Hemos excavado unos cuantos fortines en diferentes frente de la guerra civil, más espectaculares y con mayor potencial arqueológico, pero pocos nos permiten seguir el rastro como éste, de personas con nombres y apellidos. En el documental de ayer de la 2 se hablaba de un baile de cifras; para los franquistas solo fallecieron en Gernika unas 100 personas, mientras que para el gobierno de Aguirre unas 1800. Como señalaba Ángel Viñas, probablemente nunca se demostrará científicamente el número real de víctimas. Esto es horrible, Personas desaparecidas convertidas en números. Por eso es tan importante poder acceder desde la arqueología a estas memorias perdidas. ¿El capitán Álvarez vale menos que Largo Caballero, Indalecio Prieto o Negrín? El capitán Álvarez no tendrá una fundación ni sera considerado un prócer, pero su nombre ha perdurado (esperemos que para siempre) en las praderas de Ketura.

La memoria del capitán Álvarez resucita en Ketura.