En la visita guiada del pasado sábado conocimos a la arquitecta Susana Velasco, profesora en la Universidad Politécnica. Nos contó su trabajo registrando la arquitectura orgánica diseñada por cazadores franceses en árboles para observar, vigilar y disparar a palomas y otras aves. Una arquitectura en la que existe una simbiosis perfecta entre árbol y persona, con soluciones funcionales adaptadas a los gestos, posiciones y necesidades del cazador. Cuando nos lo contaba, no podíamos dejar de pensar en los brigadistas internacionales y los olivos del Jarama. A Susana le interesan estas arquitecturas de mediación entre el cuerpo y el paisaje, por eso ha dirigido su mirada no solo a las trincheras, sino a los y las que reexcavamos esas trincheras, amoldando nuestro cuerpo a las paredes talladas en el yeso:
¿Qué nos lleva de vuelta a estos paisajes?
Volvemos a estos campos de batalla. A un pasado que duele, y que todavía nos importa tanto. A las ruinas de un escenario gigantesco al aire libre, desmantelado después como una gran tramoya. Como un historiador, reconociendo los trazados sobre el territorio. Como un arqueólogo, buscando los fragmentos rotos y dispersos. Como un arquitecto, buscando las marcas del habitar y el construir. Reconectar con las fuerzas, gestos y redes que forman parapetos, refugios y zanjas, buscando la relación intensiva que, durante la guerra, fundió a cuerpos, arquitectura y territorio.
Construcción y uso de trincheras. Dibujos de Susana Velasco.
La posición republicana del Campillo es un buen ejemplo de este tipo de arquitectura. Como los cazadores franceses en los árboles, los soldados se integraban en un espacio diseñado para ver y no ser vistos, para camuflarse ante el peligro de los ataques aéreos enemigos. Con el frente estabilizado, durante dos años, se produjo algo así como una Guerra Fría entre los contendientes. Todos los recursos (y éstos iban aminorando con el paso del tiempo), se empleaban en la refortificación del paisaje, en el refuerzo y mantenimiento de todos estos dispositivos orientados, en gran medida, a la percepción y observación del enemigo. Las condiciones de visibilidad y visibilización de los lugares fueron una de las cuestiones clave estudiadas por la Arqueología del Paisaje. El arqueólogo Felipe Criado gusta de decir, en un alarde estructuralista, que todo lo visible es simbólico. Sí, pero aquí, todo lo visible también se puede abatir.
Tronera excavada en la roca, al E del Campillo.
Es una pasada comprobar cómo está estudiado el mínimo detalle dentro de esta escenografía. La aspillera del nido de ametralladora está orientada exactamente hacia el puente de Arganda, punto clave de la batalla del Jarama. Hacia el Este, dentro de la roca, se talló otro nido subterráneo, con una tronera que permite batir una amplia zona de la vega del Jarama. El observatorio, en la cumbre de un cantil meteorizado por la erosión, es una auténtica virguería.
Excavando el empinado acceso al observatorio.
En arqueología educamos la mirada para ver el paisaje. En la guerra pasa exactamente lo mismo. En los partes de operaciones, se recogen al detalle los movimientos del enemigo, pero también el esfuerzo de los mandos por formar buenos observadores.
Obligaciones del centinela.
Ejercicios con el visor.
Simulacro consistente en dar las señales de alarma ante la presencia de Aviación enemiga.
Educación y selección de observadores.
Forma de instalar un observatorio y forma de colocarse para observar.
Percepción de objetivos y designación de los mismos. Importancia de la observación.
Forma de utilizar los distintos camuflajes y refugios para poder observar. Talud, cesta, etc.
Inicio de excavación. Primero se construyó el observatorio, y tiempo después, en 1938, se talló la posición defensiva.
La cuestión es que había soldados que ya tenían educada la mirada, desde niños. Cazadores, pastores, zahoríes, contrabandistas e incluso ganaderos trashumantes. En la batalla de Brunete, el éxito del avance de Líster (hasta que éste, inexplicablemente, ordenó parar) se debió en parte a la avanzadilla de exploradores, todos ellos pastores, muchos de ellos gallegos. Gente apegada al campo, mucho más eficaz que cualquier vuelo de observación. Como el francotirador ruso Vasili Grigoriévich Zaitsev, héroe de la batalla de Stalingrado, que aprendió a disparar con su abuelo en los Urales.
Vista desde la aspillera del nido de ametralladora, con el puente de Arganda al fondo.
Referencias bibliográficas.
Criado Boado, F. 1993. Visibilidad y visibilización del registro arqueológico. Trabajos de Prehistoria, 50: 39-56.
Velasco, S. 2017. A partir de fragmentos dispersos. Arquitecturas de mediación entre el cuerpo y el paisaje. Madrid: Ediciones asimétricas.
Referencia documental.
Archivo General Militar de Ávila. 1086, cap. 12.















