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jueves, 20 de septiembre de 2018

Arquitectura Ojo


En la visita guiada del pasado sábado conocimos a la arquitecta Susana Velasco, profesora en la Universidad Politécnica. Nos contó su trabajo registrando la arquitectura orgánica diseñada por cazadores franceses en árboles para observar, vigilar y disparar a palomas y otras aves. Una arquitectura en la que existe una simbiosis perfecta entre árbol y persona, con soluciones funcionales adaptadas a los gestos, posiciones y necesidades del cazador. Cuando nos lo contaba, no podíamos dejar de pensar en los brigadistas internacionales y los olivos del Jarama. A Susana le interesan estas arquitecturas de mediación entre el cuerpo y el paisaje, por eso ha dirigido su mirada no solo a las trincheras, sino a los y las que reexcavamos esas trincheras, amoldando nuestro cuerpo a las paredes talladas en el yeso:

¿Qué nos lleva de vuelta a estos paisajes?
Volvemos a estos campos de batalla. A un pasado que duele, y que todavía nos importa tanto. A las ruinas de un escenario gigantesco al aire libre, desmantelado después como una gran tramoya. Como un historiador, reconociendo los trazados sobre el territorio. Como un arqueólogo, buscando los fragmentos rotos y dispersos. Como un arquitecto, buscando las marcas del habitar y el construir. Reconectar con las fuerzas, gestos y redes que forman parapetos, refugios y zanjas, buscando la relación intensiva que, durante la guerra, fundió a cuerpos, arquitectura y territorio.

Construcción y uso de trincheras. Dibujos de Susana Velasco.

La posición republicana del Campillo es un buen ejemplo de este tipo de arquitectura. Como los cazadores franceses en los árboles, los soldados se integraban en un espacio diseñado para ver y no ser vistos, para camuflarse ante el peligro de los ataques aéreos enemigos. Con el frente estabilizado, durante dos años, se produjo algo así como una Guerra Fría entre los contendientes. Todos los recursos (y éstos iban aminorando con el paso del tiempo), se empleaban en la refortificación del paisaje, en el refuerzo y mantenimiento de todos estos dispositivos orientados, en gran medida, a la percepción y observación del enemigo. Las condiciones de visibilidad y visibilización de los lugares fueron una de las cuestiones clave estudiadas por la Arqueología del Paisaje. El arqueólogo Felipe Criado gusta de decir, en un alarde estructuralista, que todo lo visible es simbólico. Sí, pero aquí, todo lo visible también se puede abatir.

Tronera excavada en la roca, al E del Campillo.

Es una pasada comprobar cómo está estudiado el mínimo detalle dentro de esta escenografía. La aspillera del nido de ametralladora está orientada exactamente hacia el puente de Arganda, punto clave de la batalla del Jarama. Hacia el Este, dentro de la roca, se talló otro nido subterráneo, con una tronera que permite batir una amplia zona de la vega del Jarama. El observatorio, en la cumbre de un cantil meteorizado por la erosión, es una auténtica virguería.

Excavando el empinado acceso al observatorio.

En arqueología educamos la mirada para ver el paisaje. En la guerra pasa exactamente lo mismo. En los partes de operaciones, se recogen al detalle los movimientos del enemigo, pero también el esfuerzo de los mandos por formar buenos observadores.

Obligaciones del centinela.
Ejercicios con el visor.
Simulacro consistente en dar las señales de alarma ante la presencia de Aviación enemiga.
Educación y selección de observadores.
Forma de instalar un observatorio y forma de colocarse para observar.
Percepción de objetivos y designación de los mismos. Importancia de la observación.
Forma de utilizar los distintos camuflajes y refugios para poder observar. Talud, cesta, etc.

Inicio de excavación. Primero se construyó el observatorio, y tiempo después, en 1938, se talló la posición defensiva.

La cuestión es que había soldados que ya tenían educada la mirada, desde niños. Cazadores, pastores, zahoríes, contrabandistas e incluso ganaderos trashumantes. En la batalla de Brunete, el éxito del avance de Líster (hasta que éste, inexplicablemente, ordenó parar) se debió en parte a la avanzadilla de exploradores, todos ellos pastores, muchos de ellos gallegos. Gente apegada al campo, mucho más eficaz que cualquier vuelo de observación. Como el francotirador ruso Vasili Grigoriévich Zaitsev, héroe de la batalla de Stalingrado, que aprendió a disparar con su abuelo en los Urales.

Vista desde la aspillera del nido de ametralladora, con el puente de Arganda al fondo.

Referencias bibliográficas.
Criado Boado, F. 1993. Visibilidad y visibilización del registro arqueológico. Trabajos de Prehistoria, 50: 39-56.
Velasco, S. 2017. A partir de fragmentos dispersos. Arquitecturas de mediación entre el cuerpo y el paisaje. Madrid: Ediciones asimétricas.

Referencia documental.
Archivo General Militar de Ávila. 1086, cap. 12.






sábado, 15 de septiembre de 2018

El matemático fascista

 

La zona de El Piul y El Campillo en 1956.
 
Los proyectos totalitarios dejan su impronta indeleble en el paisaje. El fascismo se concibe como todo un proyecto de ingeniería social, que necesita de técnicos cualificados para llevarlo a cabo. Dos paisajes de mi pequeño mundo han sido modelados por este tipo de gente. El primero de ellos, conocido hoy en día como Ribeira Sacra, no se puede entender sin el economista y banquero Pedro Barrié de la Maza y Pastor (1888-1971). Amigo íntimo de Franco, financió su Cruzada y a cambio recibió el monopolio de la explotación hidroeléctrica en los cauces del Miño y del Sil. Usó mano de obra esclava republicana, destruyó el patrimonio cultural milenario de esa tierra, expulsó a la población local, modificó el paisaje a una escala nunca vista, con embalses como Belesar (el orgullo de España, en palabras del dictador, 1964) y recibió el título de Conde de FENOSA. Por supuesto, se hizo multimillonario. El otro paisaje destrozado por fascistas es el entorno de mi ciudad, Pontevedra, en donde se construyó la factoría de ENCE (Empresa Nacional de Celulosas). Gracias a la moratoria concedida por el último gobierno de Mariano Rajoy (pontevedrés para más INRI), la fábrica seguirá soltando su hedor irrespirable, continuará machacando la ría y perjudicando la salud de la población pontevedresa. Uno de los consejeros, jefazos de ENCE en esa época, fue Dionisio Martín Sanz (1909-2002), viejo conocido aquí, en Rivas Vaciamadrid. Estudiante en la universidad de Valladolid en los años 30 se incorporó a las JONS de Onésimo Redondo. Estos fascistas bisoños, reconvertidos en matones de Facultad, no se dedicaban precisamente a tomar apuntes.
 
La misma zona en la actualidad.
 
Este ingeniero agrónomo fue uno de los responsables de la infame y criminal política de autarquía impuesta al pueblo español por el nuevo Régimen. Muchos colegas de profesión, republicanos, se exiliaron y contribuyeron, ellos sí, al desarrollo agrario de Chile, Uruguay, Argentina o México. Aquí se quedaron tipos como Dionisio. Empresario y terrateniente, con latifundios en Andalucía, se lucró con la dictadura. En la visita de hoy, al explicar los silos medievales que hemos documentado dentro del recinto de la Casa de Peña Blanca, nos acordamos de él. Fue el fundador del Servicio Nacional de Trigo, la entidad que mudó el paisaje de la Meseta Norte y de otras zonas del Estado. Desde entonces, los gigantescos y monumentales silos rivalizan con los campanarios de los deshabitados pueblos de la España cerealera, la España vacía. Camisa vieja, criticó los planes de desarrollo de los tecnócratas del OPUS, si bien no tuvo inconveniente en beneficiarse de ellos. En 1962, por cuatro duros, se hace con una megapropiedad entre la orilla del Jarama y el macizo del Piul. Ahí pretendió llevar a la práctica su teoría de la Economía Política Espacial. Porque este teórico era tan genial que desarrolló incluso una explicación matemática del nacional-sindicalismo (sic). Hay que reconocerle su habilidad para los títulos rimbombantes: La Planificación Española en la Olimpiada de las Ideologías es magistral. En 1963 desmanteló esta zona fértil, con el empleo de maquinaria extranjera. El allanamiento conllevó el acopio del material en las vaguadas ubicadas entre los cortados del Piul. Nuevos vertederos fueron transformando la topografía de la zona. Así mismo, como si fuese ganado, trasladó a jornaleros de su latifundio de Jaén a esta zona, en donde construyó viviendas, hoy desaparecidas. Lo que nos enseñan los silos de la casa de Peña Blanca es la instauración de un exitoso modelo campesino de explotación racional, intensivo y sostenible, de la vega del Manzanares y del Jarama, durante siglos. Este especialista en productividad, enviado de la Modernidad (en 1936 publicó un artículo sobre el cuidado cultural de las plantaciones de remolacha)  acabó con todo esto. Los deshechos contaminaron el nivel freático. Pero ni corto ni perezoso, vio en el metano generado otro posible nicho de mercado. La extracción de áridos acabó de modelar este nuevo paisaje.
 
 
Dionisio fue un fascista de tomo y lomo toda su vida. Fue uno de los procuradores en Cortes que votaron en contra de la Ley de Reforma Política. Era tan facha que dimitió de la directiva de FET y de las JONS cuando el Jefe Nacional, Diego Márquez, se negó a llevar la corona a Franco el 20-N junto a la de José Antonio. Aún en los años 80 reunía en su despacho a un residual partido neofranquista denominado Unidad Nacional.
No podemos entender el paisaje del macizo del Piul y su entorno sin este personaje, tan preocupado por los problemas del campo español. Entre los vertederos, en cuevas y abrigos rocosos, sobrevivieron familias excampesinas y jornaleras que se quedaron sin nada en la década de 1960, gracias al buen hacer de estos salvadores de la patria. Le faltó tiempo para venderles seguros de vivienda. Dionisio, nuestro Dioni, fue presidente de MAPFRE. Todo fuera  por España y su revolución nacional-sindicalista.
 
Por gentileza de la Fundación Francisco Franco.
 
Referencias.
Camprubí, L. 2017. Los ingenieros de Franco. Barcelona: Crítica.
 
De Pablo Tamayo, Francisco J. 2002. Historia de Rivas-Vaciamadrid. Ediciones Publirama. Págs. 190-192.
 
Eyré, A. 2013. Belesar. O orgullo de España. A Coruña: Hércules de Edicións.

lunes, 14 de mayo de 2018

CSI Repil (I)


A lo largo de todos estos años hemos excavado escenarios de la guerra civil por distintas zonas del Estado, a bordo de vehículos que lucen el logo del CSIC. En la tradición oral de esos sitios nos conocen ya como el CSI. Al fin y al cabo nosotros también somos detectives que reconstruimos microeventos y escenarios de combates y de crímenes que tuvieron lugar hace 80 años. Nuestra segunda campaña arqueológica en la casa de los Amaro en Repil ha contribuido, y de qué manera, a consolidar esta imagen de los arqueólogos como criminalistas del CSI televisivo.


A veces en la arqueología de campo los planes salen bien. En Galicia llevaba lloviendo desde enero. El sol apareció el primer día de excavación y desapareció al acabar la última jornada. Además de esta climatología aliada, nuestro trabajo contó con un acicate más. Por primera vez teníamos ante nosotros la orografía original del terreno en el que tuvieron lugar los combates del 20 de abril de 1949. El incendio de octubre del año pasado llevó a la deforestación de todo el entorno. Empresas madereras se apresuraron a talar los pinos quemados, días previos a nuestra llegada. Así pues, las condiciones en abril de 2018 eran muy diferentes a aquellas de junio de 2016, cuando desembarcamos en unas ruinas rodeadas de vegetación y colmatadas por escombros. En aquel entonces excavamos hogueras de cazadores de los años 70, las cuadras, y el suelo de ocupación de la década de 1950 del salón-comedor, cuando Teresa López Ayán volvió de la cárcel de Las Ventas para rehacer su vida en su casa. El último día localizamos un casquillo en el exterior del acceso al patio. La gente dejaba de creer en los agentes CSI: No váis a encontrar nada, nos decían. Nos daba igual. El mero hecho de centrar la atención pública en este sitio, de recuperarlo como lugar de memoria, era más importante que cualquier hallazgo.


Pero a la segunda fue la vencida. Diseñamos una secuencia operativa que planteaba las siguientes actuaciones:
0. Fotointerpretación de las fotografías aéreas disponibles desde la década de 1950.
1. Excavación en área de la entrada al patio desde la huerta.
2. Sondeos arqueológicos en los basureros de la vivienda y en el canal de desagüe del muro NW.
3. Prospección de cobertura total con el detector de metales en la zona de la huerta y prospección intensiva de todo el entorno.
4. Prospección geofísica con gradiómetro del espacio ubicado entre las dos viviendas de Repil.
El objetivo fundamental era contrastar la información aportada por la tradición oral y por el testimonio de dos testigos oculares del combate, dos chavales que en 1949 vivieron de cerca lo que allí pasó. Uno de ellos falleció hace año y medio y el otro todavía está vivo. Los dos se negaron a que se les mencionase en público. Todo un ejemplo de cómo el miedo y el silencio impuestos por la represión franquista sigue perviviendo en el rural de este país en pleno siglo XXI. A su vez, también queríamos cotejar la realidad aportada por la materialidad con la versión oficial de la Guardia Civil y el propio relato que corrió entre los compañeros guerrilleros de los que aquí murieron.

El lugar habitado de Repil, en el vuelo americano de mediados de los años 50. 

Los resultados han sido más que sorprendentes, si tenemos en cuenta una cosa. Desde el 20 de abril de 1949 todo este espacio ha sufrido alteraciones de calado. La casa fue reocupada por la familia hasta 1964. Se hicieron obras en la línea férrea y en la carretera, acondicionamiento de cunetas y rellenos. Llegó la repoblación forestal y sucesivos incendios desde la década de 1970 se cebaron con todo este despoblado. La extinción del último incendio de octubre conllevó el empleo de maquinaria y la apertura de pistas. La reciente deforestación también ha alterado todo el entorno. Por no hablar de los procesos erosivos producidos por el fuego y los arrastres provocados por las lluvias de los últimos meses. A pesar de todo ello, pudimos reconstruir el escenario del crimen, con éxito.

El despoblado de Repil en la década de 1980.

jueves, 1 de marzo de 2018

Fe de erratas: la verdadera historia del cartógrafo del monte San Pedro




Rectificando datos con la familia Sagarduy-Gancedo.


Sólo hay una cosa peor que equivocarse: no admitirlo y no tratar de enmendar el error. Así que hoy toca publicar un texto en clave de fe de erratas.
El 25 de noviembre de 2016, en este blog, se publicó una entrada titulada “(Re)dibujando líneas ‘en el’ campo”. En aquel texto se recogían algunos datos biográficos sobre el teniente cartógrafo Jesús Gancedo, uno de los responsables del diseño y la ejecución del sistema defensivo del monte San Pedro (Amurrio, Araba), así como de otras posiciones en el frente occidental vasco. Conocimos la historia de este hombre gracias a su yerno, Jesús María Sagarduy, montañero aficionado y atento visitante a nuestras actividades arqueológicas en la zona. Algunos de los datos que aportó Sagarduy no se reflejaron bien en aquel artículo, así que, un tiempo más tarde, este vecino nos señaló amablemente las deficiencias de nuestro trabajo. De esta forma, se inició un pequeño proceso de revisión de la información y ahora ya podemos dibujar mejor la historia de Gancedo, el teniente de la V Brigada del Ejército Vasco que dibujó las defensas republicanas del monte San Pedro.
A continuación, re-relatamos una parte de su historia.


Vista aérea de las posiciones de guerra en el entorno del monte San Pedro.




Jesús Gancedo Huidobro era delineante. Su principal arma era la pantómetra. Un compás con el que calcular la proporcionalidad entre segmentos y así poder tomar mediciones precisas en superficies topográficas. En Amurrio se decía que Gancedo era una buena persona, alguien en quien confiar. Su trabajo exigía esa autoridad moral: a menudo era el encargado de medir terrenos y localizar mojones, ocasionalmente en lugares que eran objeto de largos litigios entre vecinos. Ya sabemos que en el ámbito rural, la parcelación y los conflictos de propiedad son asuntos de enorme importancia. La supervivencia real de muchas personas puede depender de ello. En ese sentido, Gancedo era un medidor, pero también un mediador que salomónicamente intentaba evitar que se produjesen juicios innecesarios y que los conflictos se enquistasen en el tiempo.
Jesús Gancedo era conocido en Amurrio por otra habilidad en la que destacaba: miembro del Círculo Artesano (antecedente del equipo de fútbol actual), hay fotos en bares del pueblo que atestiguan su carrera deportiva. Su hermano, Inocencio, incluso llegó a ser jugador del Jerez. El hermanastro de Jesús, Pepe, era igualmente conocido en la zona por su labor fabricando txistus.


Círculo Artesano de Amurrio en 1927 (fuente: Amurrio Club).


Al estallar la guerra, Jesús Gancedo ejerció como teniente cartógrafo en la V Brigada: la fuerza compuesta por los batallones Bakunin (CNT), Leandro Carro (PCE) y Araba (PNV) que defendió los montes San Pedro y Txibiarte entre 1936 y 1937. Gracias a su yerno, Jesús Mari, sabemos que este teniente diseñó sistemas defensivos realmente complejos en esta zona del frente occidental vasco, ante el temor de que la ofensiva franquista sobre Bilbao se desatase por aquí. Al fin y al cabo, era la vía más corta y rápida para una operación relámpago.
Sin embargo, como sabemos, el ataque dirigido por Mola se desarrolló por otro lado, al este, en la zona de Villarreal (hoy Legutio), alargando así el conflicto y el sufrimiento de miles de civiles y combatientes. Los técnicos alemanes a menudo criticaban la lentitud con la que Mola avanzaba por Bizkaia aquella primavera de 1937. Sólo la voluntad psicópata de purga y destrucción podía explicar el lento avance de unas fuerzas inmensamente superiores a las del Ejército Vasco. Tanto se alargaron las operaciones que el propio Mola no pudo tomar Bilbao. Como es sabido, murió en un accidente aéreo dos semanas antes de la conquista de la villa vizcaína, cuando sobrevolaba Alcocero, Burgos (todavía hoy, Alcocero de Mola)



Fotografía aérea de la Legión Cóndor en el “Sector Orduña-Amurrio-Murguía”, 1937
 (fuente: Archivo Militar General de Ávila).


Ya casi al final de la guerra en el frente vasco, ante la inminente rendición de Santoña, Gancedo fue nombrado capitán del Ejército de Euzkadi. Por supuesto, cuando fue apresado por las fuerzas sublevadas omitió cualquier referencia a este ascenso para así tener más posibilidades de sobrevivir. Una vez hecho preso, coincidió en el Penal de El Dueso con el célebre socialista Ramón Rubial, con quien mantuvo una relación amistosa durante años. De hecho, durante el periodo de la Transición, Gancedo charlaba con Rubial, quien era muy duro con el camino que estaba tomando el PSOE bajo las órdenes de Felipe González.
En Santoña, Gancedo fue condenado a doce años de cárcel por “auxilio a la rebelión”, pero finalmente cumplió sólo tres. Una vez en libertad estaba obligado a ir a firmar al cuartel de la Guardia Civil una vez al mes. Esta rutina mensual marcó la vida de Gancedo hasta bien entrada la década de 1950. Un día, uno de los agentes pensó que ya no era posible que este hombre tuviese que seguir yendo cada mes a firmar. Buscando en los archivos encontró la documentación que acreditaba el fin de la pena, ¡cuando Gancedo llevaba nueve años yendo de más!
Posteriormente, la Administración pública volvería a hacerle la puñeta a Gancedo. En 1984 entró en vigor la Ley 37/1984 de reconocimiento de derechos y servicios prestados a quienes durante la guerra civil formaron parte de las Fuerzas Armadas, Fuerzas de Orden Público y Cuerpo de Carabineros de la República. Esta ley reconocía a quienes habían combatido con la República en tanto que excombatientes, con sus pensiones correspondientes, en igualdad de condiciones con quienes disfrutaron de ese estatus durante la Dictadura, es decir, los vencedores. Según nos cuenta la propia hija de Gancedo, éste tuvo algunos problemas para que se reconociese su situación, en la medida en que el Gobierno de González alegaba que le faltaban dos meses de pena (cuando, como hemos visto, estuvo décadas bajo en régimen de privación de libertad). Imaginamos que las críticas que vertía su amigo Rubial sobre Felipe González resonarían de forma contundente en la cabeza de Gancedo en aquel momento.

 Carnet de excombatiente de Jesús Gancedo (gentileza de la familia Gancedo).



Finalmente, tras un largo proceso burocrático, Jesús Gancedo, quien dibujó las defensas republicanas de San Pedro frente a la sublevación, consiguió ser considerado un excombatiente de pleno derecho. Este reconocimiento llegó tras varios años de cárcel, silencio, convivencia con sus captores y trajín de documentos traspapelados que marcaron su vida. No es más que otra historia de la guerra. Sin embargo, es buen ejemplo de un devenir vital marcado por el maniqueo discurso de vencedores y vencidos, represión oficial por parte del Estado y falta de libertades en la larga duración. Que este artículo, a modo de fe de erratas, sirva como muestra de visibilización de las injusticias. Mientras tanto, seguiremos excavando en las trincheras de la historia y de la memoria. 

Agradecimientos
Agradezco a la familia Sagarduy-Gancedo la atención con que señalaron los errores del primer artículo y el tiempo y esfuerzo que emplearon en reconstruir materialmente –con fotografías, documentos y otros objetos– la historia de Jesús Gancedo. Eskerrik asko. 

Post by Josu Santamarina Otaola (GPAC, UV/EHU).