miércoles, 22 de agosto de 2012

El lápiz del carpintero



En la fosa 6.1 no aparecen, por el momento, objetos personales, excepto restos de calzado y botones correspondientes a la indumentaria de los fallecidos. El registro arqueológico nos aporta datos fundamentales para comprender la metahistoria de este episodio de violencia. Al lado de la mano de uno de los cuerpos recuperamos restos de grafito que en su día formaban el entramado interno de un lápiz. Este pequeño detalle puede abrir nuevas vías interpretativas en nuestra investigación, como veremos más adelante. El contraste con las dos fosas documentadas el año pasado es claro. En aquéllas los esqueletos aparecían asociados a un gran cantidad de objetos, desde monedas a crucifijos... Mientras excavamos esta fosa, la búsqueda con medios mecánicos continua en otras áreas del cementerio de Castuera.

Dignidad


 

Los enterramientos ordinarios documentados obedecen a un mismo patrón. Un modesto ataúd de madera de 1.80 cm de largo por 0.50 cm de ancho contiene el esqueleto del fallecido. En muchos casos todavía se conservan in situ la madera carbonizada, las asas metálicas y numerosos clavos. En el sondeo mecánico nº 6, documentamos una fosa común, entre nichos, bajo un metro de empedrado, capa de cemento  y sedimento arcilloso con cantos de cuarcita . La tumba, modesta pero digna, se ubica en el extremo SE de la fosa. A su lado, comienzan a aparecer las primeras evidencias del horror. Esqueletos apilados sin ningún tipo de cuidado, unos sobre otros, rellenan el tramo de fosa. Por el momento, gracias al buen hacer de nuestra antropóloga Andrea Alonso, al mando de un comando de cazadores de memoria, hemos documentado claramente seis individuos. Pero hay más.

Caídos



Las tapias del cementerio de Castuera se integran dentro de toda una cartografía del terror. Allí se fusilaba, allí se exponían públicamente los cadáveres, allí perecieron muchos republicanos pero también algunas de las víctimas de las sacas de derechistas realizadas en el verano de 1936. Gran parte de estos caídos por Dios y por España fueron exhumados tras la victoria franquista, fueron enterrados con dignidad en la postguerra hasta el punto de levantarse en la trasera del cementerio una capilla para albergar sus restos. Un baldío rodeaba el monumento antes de la expansión del cementerio nuevo. En esta llanada, ceñida por una tapia, fueron enterrados en fosas comunes las víctimas de la violencia falangista. La intervención arqueológica de 2011 permitió documentar una serie de zanjas con una orientación NW-SE en las que aparecían enterramientos ordinarios en ataúd a los que seguían enterramientos de personas asesinadas. El excelente trabajo realizado por el equipo de Laura Muñoz el año pasado nos ha guiado en esta primera semana de sondeos mecánicos. En este sentido hemos documentado diez enterramientos ordinarios, modestos, propios de lo que se conoce como el Campo de los Desamparados, algunos aislados, otros ocupando una fosa común en disposición lineal. La metodología arqueólogica nos permite registrar e identificar toda una serie de características morfotipológicas y estratigráficas, la clave para discernir la verdadera naturaleza de estas fosas funerarias.

sábado, 18 de agosto de 2012

Esperanza



Los falangistas asesinaron vilmente una tarde de agosto a la madre de Aurora cuando ésta tenía dos años. Su cuerpo fue expuesto al pie de la tapia del cementerio de Castuera durante días para escarnio público y aviso a navegantes.Todos los días, temprano, Aurora visita el cementerio. Está empeñada en preservar la memoria de su madre. Lucha contra el olvido y deposita de cuando en vez unas flores en recuerdo de quien le dio la vida. Aurora vino a la charla de anteayer y nos contó sus recuerdos de infancia, cuando en casa acogían a una señora y sus hijos que venían de lejos para ayudar a su marido preso en el campo de concentración de Castuera. Aurora quiere encontrar a su madre antes de morir y si no es posible, al menos, recuperar a otros de los nuestros. Con serenidad mira fijamente a la pala excavadora con un atisbo de esperanza. Antes de marcharse el viento recoge de sus labios una frase lapidaria, definitiva, demoledora: ¿Cuánto tiempo tenemos que esperar más para encontralos?
La Arqueología en la que creemos consiste precisamente en esto, en recuperar el tiempo perdido.

Tenéis una crónica de la conferencia de anteayer en este enlace del Diario Hoy:
http://www.hoycastuera.es/actualidad/2012-08-17/amecadec-csic-inician-ciclo-conferencias-2241.html

Bonos del Tesoro





Todos los gremios cuentan con su elenco de leyendas rururbanas (la Arqueología tampoco es una excepción). En este sentido, los palistas tienen un buen abanico de anécdotas sobre supuestos tesoros empotrados en paredes de casas viejas que, en algunos acasos, anticiparon la jubilación del colega de turno. Nuestro palista, Felipe, el Clint Eastwood de Puebla de Alcocer, es el hombre con la muñeca más ágil al sur del Guadiana. Entre los técnicos se habla ya de la cota Felipe, esto es, el nivel perfecto al que hay que llegar para empezar a documentar fosas de la guerra civil en el cementerio de Castuera. Felipe es una enciclopedia andante y nos describe esos espacios rurales de los que se habla por estas tierras, como la cueva de la sierra de Lara que tiene oculta toda la riqueza de España. Felipe no lanza faroles. Cuando comenzamos los sondeos mecánicos en el cementerio de Castuera nos comentó que en una demolición había encontrado hace años una pitillera metálica con un tesorillo de papel moneda republicano. Ayer nos trajo una muestra de esos billetes. Entre ellos, billetes de curso legal expedidos en Castuera en 1937 por el Consejo Provincial de Badajoz. Los avatares de la guerra llevaron a una descentralización en la emisión de moneda del Gobierno legítimo. En nuestras excavaciones en el Frente Norte, entre Asturias y León, pudimos conocer los belarminos, la moneda emitida por el Consejo de Asturias y León, una entida prácticamente independiente hasta la caída del frente en septiembre de 1937. Llevaban ese nombre por el antropónimo del presidente del Consejo, Belarmino Tomás.
La feroz represión fascista en esta zona de Extremadura, tras la caída de la bolsa de la Serena y tras el fin de la guerra se debíó en parte al papel simbólico que jugó Castuera como capital de la Extremadura libre. En abril de 1939 la imagen idílica del pastor extremeño con el castillo al fondo pasó a la historia. A partir de entonces la única moneda de curso legal sería la humillación y la muerte.

miércoles, 15 de agosto de 2012

Conferencia en Castuera


Mañana jueves 16 de agosto, en la sede de la Universidad Popular de Castuera, a las 21.00 horas tendrá lugar la primera charla de un ciclo organizado por AMECADEC en colaboración con nuestro equipo de trabajo. Esta conferencia nos permitirá presentar el proyecto de este año, centrado en la excavación arqueológica del campo de concentración y en la exhumación de fosas de represaliados en el cementerio de Castuera.

Fotografía: alambre de espino localizado en prospección en el campo de concentración de Castuera.

martes, 14 de agosto de 2012

Cruz de navajas



La campaña de excavaciones arqueológicas de 2010 aportó datos interesantes sobre las condiciones de vida en el campo que complementan las noticias aportadas por las fuentes orales y documentales. A su llegada, los presos eran desposeídos de todos sus enseres personales. Ni que decir tiene que resultaba difícil superar ese filtro y conseguir introducir en el campo armas u objetos punzantes. En la prospección del suelo de ocupación de los barracones hemos encontrado dos objetos sin duda excepcionales. El primero de ellos es una navaja que aún conserva parte del enmague de hueso trabajado a la vieja usanza. Alguien dijo alguna vez que desde el momento en que los españoles dejaron de usar la navaja, España se fue al carajo. Puede ser. Con todo, en las zonas rurales de este país los hombres de mayor edad conservan la tradición de llevar con ellos una navajita que sirve tanto para un roto como para un descosido, para comer en la feria, para un tentempié en la vendimia, etc… En un campo de concentración esta navaja debía de ser un lujo… clandestino.
En los barracones de Castuera no había plumas estilográficas, ni papel, ni tinta. Objetos como esta navaja o el casquillo lleno de pólvora habilitado como punzón pudieron ser los instrumentos empleados para grabar nombres y remites en las placas de cinc. La escritura como forma de lucha contra la deshumanización es una constante en los espacios represivos. La necesidad de comunicarse confiere a la cultura material una nueva dimensión. Pero también esos instrumentos sirvieron para luchar contra las horas muertas (valga el macabro juego de palabras), para pulir fichas de juego, para crear…

En el Museo Nacional de Bulgaria en Sofía, en la sala dedicada a los convulsos años 40, se expone un violín en una vitrina. Durante el régimen monárquico aliado de los nazis se construyeron campos de concentración por todo el país para alojar a los opositores políticos. En uno de ellos, un prisionero construyó en sus años de reclusión un violín con sus manos, reutilizando miles y miles de cerillas (en la Europa del Este siempre se ha fumado mucho). Ese violín tañido de orgullo, perseverancia y resistencia, recibió a las tropas de liberación en 1944. Una vez más, el ser humano es capaz de lo mejor y de lo peor. Por eso campos de concentración como el de Castuera serán para siempre un recuerdo eterno de la miseria humana… pero también de su grandeza.