Diario de Istria en el que se recoge la entrevista a Vera, realizada en la conmemoración del sábado pasado: Fue muy difícil, pero teníamos la moral alta por la camaradería.
La familia de Vera era judía. Era, porque nadie sobrevivió al Holocausto ni a la 2ª Guerra Mundial. Solo ella. Desde Zagreb, con sus gafas de siete dioptrías, huyó a la zona liberada para luchar con los partisanos. Ella fue una de las mujeres que atendió a enfermos y heridos en el hospital nº 7, hasta que no pudo más. Cada día fallecían, entre sus brazos, compañeros, guerrilleros y refugiados. Incluso niños. La epidemia de tifus de 1943 se cebó con la resistencia.
Vera, 98 años, delante del osario de los partisanos fallecidos en el hospital nº 7.
En la postguerra mujeres como Vera, enfermeras, médicas, comisarias políticas, fueron un pilar fundamental a la hora de mantener viva la llama de la memoria, de preservar el recuerdo de los caídos. En esta fotografía de 1956 la podemos ver delante del osario y del monumento (hoy desaparecido) que recoge la labor asistencial de estas partisanas.
1956. Vera es la primera mujer de la izquierda.
Vera tiene una memoria prodigiosa. En la ofrenda floral en homenaje a la población civil asesinada por los fascistas, no pudo contener las lágrimas, mientras Pipo, partisano de 97 años, iba relatando las atrocidades cometidas y el surgimiento del movimiento guerrillero en la zona de Dreznica. El testimonio de Pipo y Vera, protagonistas heroicos de esta historia, es fundamental para que las nuevas generaciones sepan lo que aquí ocurrió. Dentro de poco solo nos quedará la Arqueología como fuente de conocimiento de los paisajes de la resistencia.
Sanja, codirectora del proyecto arqueológico, Vera y Pipo en la ofrenda floral en el monumento de la antigua escuela de Dreznica. (Foto de Ivona Grgurinovic).
Vera formó parte de todo un auténtico ejército del bosque, en donde ya sabemos habitan en muchas culturas los seres maravillosos, encantados, mágicos. A pesar de su delicado estado de salud, Vera quiso volver a su bosque, con el paso decidido de quien no olvida. Al solar del hospital en donde salvó vidas y asistió en los momentos finales a otros compañeros. Allí un coro de la vecina región de Istria interpretó canciones partisanas que Vera tarareaba con orgullo. También se cantaron himnos de la guerra de España, como el 5º Regimiento o Los campesinos.
Y Vera volvió a su hospital.
Desde su llegada al hospital Vera escribía un diario en el que detallaba la evolución de los enfermos, las altas, las bajas, las incidencias... En un ataque alemán tuvieron que huir y atravesar un río. Ella se despojó de su abrigo y se lo pasó a otro compañero que quedaba atrás abriendo fuego al enemigo. Ese partisano cayó en combate y con él, el diario. Vera, con una gran miopía, perdió sus gafas, y pasó el resto de la campaña en esas condiciones. Como dice ella, la solidaridad y la camaradería la ayudaron a salir adelante. Tras tres años en el bosque, al acabar la guerra, volvió al oculista y éste certificó que le habían bajado las dioptrías a la mitad. Milagros cromáticos del bosque.
Pipo lee su discurso, escrito a mano por él, bajo la atenta mirada de Vera.
Pueden tirar abajo con dinamita monumentos de hormigón armado. Pueden destruir memoriales, robar placas y recristianizar cementerios partisanos. Pero nada podrán con el tesón y el testimonio de mujeres como Vera. Se entregó a los demás para combatir el terror. Con personas como Vera, uno aún mantiene un mínimo de esperanza en la Humanidad. El amor en los tiempos del cólera.
Emil trabajando en la restauración y acondicionamiento del osario.
Emil Jurcan es un arquitecto de los que hay pocos en mi país. Él viene de Istria y desarrolla un interesantísimo proyecto de investigación sobre el uso político e ideológico de las ruinas romanas en la Croacia actual, desde el Imperio Austrohúngaro hasta la actualidad. Ideología, política, patrimonio y arqueología son realidades que van cogidas de la mano, como ya sabéis los que seguís este blog desde hace tiempo. Emil está reparando con cariño el muro de la entrada al osario que acoge los restos de 300 partisanos que murieron luchando contra el fascismo.
Placa conmemorativa en el interior del osario.
Este cementerio forma parte de un complejo memorialístico generado en la postguerra y que fue culminado en 1981 con los monumentos erigidos en el solar original del hospital número 7. La desaparición de Yugoslavia y el triunfo del nacionalismo ultraconservador croata en 1990-1991 generaron una nueva realidad política en la que el pasado partisano y todo lo que oliera a comunista era borrado del mapa. Este proceso de damnatio memoriae ha sido sistemático y se ha agudizado en los últimos tiempos. La historiadora del arte Sanja Horvatincic lleva años estudiando la biografía y la vida social de estos monumentos que obedecen al proyecto de construcción de una sociedad socialista y no a meros criterios estéticos. Estos días hemos visitado con ella numerosos de estos repositorios materiales de la memoria. Es sorprendente la cantidad de lugares, casas, parajes que acogieron y acogen estos memoriales. Auténticos parques públicos, temáticos, construidos en aldeas alejadas, en medio de esta zona rural que dista apenas quince kilómetros en línea recta de la costa, otro mundo.
Monumento a héroes partisanos, con la forma del típico gorro croata. Sanja nos muestra el expolio al que ha sido sometido en los dos últimos años.
El desdén de la administración, los ataques fascistas, el robo de las placas y bustos de bronce han acabado con gran parte de este legado. Una materialidad generada en su día por escultores y arquitectos de prestigio. Auténticas obras de arte, como esas esculturas icónicas de partisanos en actitud desafiante, fusil en mano.
Este expolio se ha cebado con los monumentos de Dreznica. El bajorrelieve en bronce que honraba la memoria de los médicos y enfermeras del hospital partisano ha desaparecido. Las placas explicativas del hospital fueron expoliadas y se habrán fundido en algún otro lugar. En este contexto, la comunidad serbia pretende revertir este proceso de abandono y recuperar estos lugares de memoria.
Placas retiradas del complejo memorial del hospital nº 7.
En este contexto, emociona ver a Emil limpiar con cariño las grietas del muro de la entrada al cementerio, hacer masa para restituir los bloques caídos. Gracias a él, esta arquitectura lucirá como en sus mejores tiempos en el homenaje que mañana se brindará a los héroes y heroínas que yacen aquí, en el bosque que les acogió durante cuatro años de resistencia.
Memorial en la antigua escuela de Dreznica, con los nombres de las 700 víctimas civiles de la vesania fascista.
Durante la prospección en este paisaje rural, durante las entrevistas a la gente mayor nos damos cuenta del alcance del terror fascista, que acabó con la vida de cientos y cientos de mujeres, niños, bebés, ancianos y hombres. La Convención de Ginebra no fue tenida en cuenta por las fuerzas de ocupación y los fascistas croatas, obsesionados con acabar con las redes de ayuda y los hospitales que sostenían la moral y la lucha partisana. Todos estos lugares de memoria, vandalizados, expoliados y olvidados nos remiten a un Estado croata que ve en ese pasado un país extraño. Por el contrario, la comunidad serbia de Dreznica reivindica el legado de la solidaridad entre pueblos. De hecho la guerra de 1991-1995 no afectó a esta zona de Croacia. Toda una lección para el presente y para el futuro.
El cartel de los actos de mañana recoge un diseño del monumento a los servicios médicos partisanos, escultura en bronce que fue robada hace años. La comunidad local pretende reponerlo en breve.
Algún día de estos esperamos amanecer con la noticia de que han
sacado a Francisco Franco del Valle de los Caídos. La operación
es sencilla, de costes modestos y sin complicaciones técnicas, pero
está generando un gran revuelto. Hasta tal punto es así, que para
evitar el encuentro frente a frente, cuerpo a cuerpo, entre los medios, los
curiosos, las víctimas del dictador celebrando el traslado y
franquistas protestando en contra, la exhumación se intentará
hacer con la máxima discreción. Nos enteraremos cuando ya haya
pasado y Franco esté enterrado de nuevo en algún otro destino,
esperemos que más acorde con una aspiración democrática;
donde la familia pueda recordar al dictador en privado, pero sin que ocupe
un lugar público honorífico.
Aún sin esta ceremonia pública de exhumación y
reinhumación, la importancia de la acción material reside en algo
inmaterial: su valor simbólico. Y como tal, para hacer su lectura, es
útil armarnos de claves que pertenecen al ámbito de la
performatividad y la representación. La decisión de trasladar los
restos pasaría desapercibida si no tuviésemos en cuenta a
quién pertenecen, la carga del memorial fascista dónde están
ubicados o la actual jerarquía que se establece formalmente con el
resto de los inhumados, por ejemplo. Poco pueden decir ya los muertos sobre
su enterramiento y desenterramiento. Sin embargo, para los vivos este
traslado es una forma de restablecer y actualizar el lugar simbólico
que queremos que estos ocupen. En definitiva, el traslado físico es
también un traslado conceptual.
Primer acto: Kilómetro 0
Restos de la excavación en Abánades, Guadalajara
En octubre del 2017, emprendimos un viaje en colaboración con el
arqueólogo Alfredo González-Ruibal. El viaje comenzaba en la sede
del Instituto de Ciencias del Patrimonio (Incipit-CSIC) en Santiago de
Compostela y acababa en Abánades, Guadalajara. Llevábamos con
nosotros los restos de 13 soldados que habían estado guardados en los
almacenes del Incipit durante casi cinco años. El equipo del
arqueólogo los había encontrado casualmente cuando excavaba en
terrenos de Abánades. Habían muerto en batalla, la mayor parte
luchando con el ejército sublevado, aunque también había un
caído republicano y otros con adscripción desconocida.
Una vez acabada la investigación arqueológica, los restos
habían quedado atascados en el almacén del Incipit-CSIC.
Siguiendo el protocolo arqueológico, se deberían depositar en el
Museo de Arqueología de la provincia donde se encontraron, sin embargo
esta solución provocaba un conflicto ético al equiparar restos
humanos con objetos arqueológicos. Por otra parte, ante la
imposibilidad de identificarlos, tampoco podían entregarse a
familiares que pudiesen hacerse cargo. Así que, antes de llevarlos a
alguna parte, había que afrontar una cuestión: ¿Quién
tenía la autoridad legítima para decidir sobre su destino?
¿El equipo de arqueólogos que los encontró? ¿Los
colectivos o asociaciones ideológicamente afines? ¿El Estado?
¿El Ejército? ¿La Iglesia?... En definitiva: ¿De
quién eran estos muertos?
Es en este momento cuando González-Ruibal nos invitó a
involucrarnos para buscar una solución y visibilizar el caso de los 13
soldados: ¿Podíamos desde el arte encontrar la forma de que los
restos entraran en un debate público más amplio sobre el legado
de la historia reciente y traumática de la Guerra Civil y la
dictadura?
Cajas en Incipit - CSIC, Santiago de Compostela
El asunto hubiera sido menos complicado si los restos perteneciesen a
republicanos; al menos la identificación con ellos como antecesores y
defensores de un sistema democrático hubiese sido más fácil.
Pero el conjunto se conformaba con soldados de ambos bandos. Teníamos
que repensar las herramientas artísticas a las que estábamos
recurriendo para no caer en el lenguaje de la conmemoración, y al
mismo tiempo, evitar suavizar o camuflar las aristas más afiladas del
caso. Alfredo González-Ruibal envió una carta al Ejército
preguntando sobre los protocolos y la responsabilidad de la
institución al encontrarnos ante soldados caídos en combate. La
respuesta del que entonces era director del Gabinete Técnico del
Ministerio de Defensa fue escueta y evasiva. Como solución indicaba
que, al tratarse de restos no identificados, se debían inhumar en el
cementerio de la población donde se hallaron. Añadía que, si
fuese necesario, se podría disponer del osario del panteón
militar del cementerio de Guadalajara. No había ninguna mención
sobre cómo había que hacerlo o quién se ocuparía de
sufragar los gastos
Entrada al cementerio de Guadalajara
Visitamos primero el cementerio de Guadalajara. Presidiendo el recinto nos
topamos con una gran cruz sobre una lápida, brillante y cuidada con
flores frescas, dedicada a los "Caídos por Dios y por España". En
contraste, en una zona apartada, estaban los vestigios de la fosa con las
casi 1000 víctimas de la represión franquista en la ciudad, donde
unos meses más tarde comenzarían las exhumaciones para
identificar a Timoteo Mendieta. En definitiva, el camposanto repetía
espacialmente la narrativa del Valle de los Caídos. No parecía el
lugar adecuado para los restos de los 13 soldados
Detalle de la fosa de las víctimas del franquismo en el cementerio de Guadalajara
Así que decidimos llevarlos hasta Abánades y dar una
dimensión pública al viaje. Con este objetivo, en el camino,
hicimos una parada en Madrid. Allí, en colaboración con el
Ayuntamiento de Madrid, a través de la Oficina de Derechos Humanos y
Memoria, organizamos un seminario para debatir sobre posibles destinos para
los restos y los problemas prácticos con los que se encuentra un
arqueólogo como consecuencia de un pasado con un marco legal sin
resolver. Invitamos a un grupo de gente que desde su bagaje profesional y
político reflexionó sobre los diferentes posibles escenarios.
Participaron Juan Pablo Calero (historiador), Pedro Corral (periodista,
escritor y concejal del PP del Ayuntamiento), Francisco Ferrándiz
(antropólogo), Alfredo González-Ruibal (arqueólogo), Jimi
Jiménez (investigador y arqueólogo), Queralt Solé
(historiadora), Guillermo Zapata (concejal de Ahora Madrid en el
Ayuntamiento) y Jesús Carrillo (historiador del arte) como moderador.
"La ruta más larga", Centro Conde Duque, Madrid, 14 de octubre del 2017
Alfredo González-Ruibal introduce las cuestiones principales en torno
al caso de los 13 soldados. "No pueden ir a la vitrina de un museo, pero
tampoco tienen que ser enterrados como enterraríamos a nuestros seres
queridos ahora en el presente", establece. Por otro lado, una vez
encontrado un lugar para darles sepultura, resalta el problema con el
epitafio y la denominación de los contendientes, sobre todo para los
que lucharon en las filas del ejército franquista,
"¿Ejército sublevado? ¿Ejército nacional?
¿Qué ponemos?", se pregunta.
Encontrar restos de soldados franquistas todavía sin exhumar no es lo
habitual. La inmensa mayoría de fosas comunes que quedan están
llenas de víctimas republicanas, y son las familias, de forma no
oficial, las que se han encargado de ellas en los casos en los que ha sido
posible. Aún así, se calcula que todavía quedan sin
localizar cerca de 114.000 víctimas de la Guerra Civil y la dictadura.
Como indica Juan Pablo Calero, la Memoria Histórica ha existido
siempre, pero ha sido una historia familiar: "Las familias recuerdan a sus
muertos. Lo han hecho en el franquismo, en la Transición y
después. Por ejemplo, cuando empieza la Transición, se abren
muchas fosas y se sacan muchos cadáveres. Pero lo hacen las familias.
La gente sabe dónde están sus muertos. Iba, abría y sacaba.
Curiosamente esas exhumaciones solo salían en el Interview.
(…) ¿Qué es lo que ocurre? Que llega un momento en que la
magnitud del problema hace que deje de ser un asunto puramente familiar".
En el momento en que hacemos de la memoria una cuestión de Estado es
cuando se complica.
Queralt Solé y Jimi Jiménez hablan sobre las soluciones
encontradas en el País Vasco y Cataluña. Se comenta que tal vez
sea más fácil afrontar este tema en contextos donde hay un
"nosotros" más claro.
A nivel estatal, Guillermo Zapata recuerda las dificultades para construir
una política de memoria en un contexto político en el que no hay,
ni habrá, consenso en cuanto a un relato sobre el pasado de la Guerra
Civil y la dictadura. Advierte sobre la sobre-institucionalización de
las políticas de memoria, y propone distinguir entre la lectura de
Estado de un determinado problema y las políticas públicas. La
función del Estado sería crear "recursos y protocolos, normas y
regulaciones, que permiten intervenir en un determinado problema", sin
tratar de construir un relato histórico común.
Pedro Corral, en cambio, opina que sí se debería buscar el
consenso. "Pongámonos de acuerdo en ponernos de acuerdo", dice. Cree
que para esto "debemos seguir un proceso desmitificador" y romper con las
etiquetas que se establecen con la victoria del franquismo para identificar
a unos y a otros en una Guerra Civil. "El franquismo hizo una cosa muy
inteligente. Cogió a todos los que había asesinado el terror
frentepopulista y se los metió en su saco. Eso es falso. Había
liberales, había republicanos, había gente que, de llegar a
sobrevivir a esa tragedia, seguramente no habría estado conforme con
el franquismo. En eso la izquierda también ha caído en el
engaño y deja esa etiqueta, porque bueno, 'esos eran franquistas
fusilados'". Considera que esto es una forma de distinguir entre
víctimas de primera y de segunda, y que a partir de esta
distinción es cuando se origina conflicto. "Las leyes en
Andalucía y Aragón están reduciendo a condición de
víctima a los de un solo bando: los que lucharon por la libertad y la
democracia (…). Estamos creando nuestro propio martirologio, como
hizo la dictadura. Negando los excesos del otro bando".
Francisco Ferrándiz también se inclina por una solución
global y "crear nuevos lenguajes para entender el pasado", pero considera
que no podemos aislar la Guerra Civil de los 40 años de dictadura
posterior, "la sombra de la guerra es alargadísima", dice Queralt
Solé. El franquismo se encargó de honrar la memoria de sus
muertos durante la guerra civil a través de los cuales construyó los rituales que conocemos como mecanismos de
significación. Jesús Carrillo añade que "el problema con el
Estado Español es que inició su fundación sobre un mausoleo,
el Escorial, que luego el franquismo recupera en el Valle de los
Caídos. Pero hay una muy débil tradición de monumentos
liberales". Por eso, Ferrándiz advierte sobre los riesgos de adaptar
los protocolos y funerales oficiales que ya conocemos. Cuestiona
también si los protocolos de los caídos en la II Guerra Mundial
serían extrapolables al caso español: "cero jerarquía entre
rangos, ajardinado al milímetro... Hay una neutralización de los
aspectos más políticos".
Se debate sobre la sobre-interpretación de la subjetividad de los
soldados y sobre posibles denominadores comunes para abordar la
representatividad desde la actualidad. Pedro Corral considera que el
denominador común es que son españoles: "Salvo que se demuestre
lo contrario son españoles caídos en un momento de nuestra
historia. Forman parte de nuestras huellas, cicatrices y hay que ir
volviendo con ellas". No todos los participantes están de acuerdo con
esta denominación y se cuestionan si sería aplicable a otros
casos como el de los gudaris o los anarquistas. Alfredo González
Ruibal propone el conflicto como posible seña de identidad:
"Quizás el reconocer que llevamos 500 años desde las guerras
civiles castellanas matándonos unos a otros no deja de ser un elemento
identificador y podría formar parte también de la forma en que
recordemos a nuestros muertos". Guillermo Zapata añade:
"¿Cuál es la condición básica común? A mí me
sale que están muertos. Si estuvieran vivos estarían peleando en
una contienda".
Desde el público, alguien propone una solución poética,
mencionando la enigmática frase encontrada en el bolsillo del poeta
Antonio Machado al morir: "Estos cielos azules y este sol de la infancia".
Se pregunta si esta cita no sería adecuada como epitafio.
Damos por terminado el seminario y seguimos nuestro viaje. Estamos ya
más cerca de nuestro destino: Abánades, Guadalajara, donde el
Ayuntamiento se ha comprometido a ocuparse del enterramiento de los 13
soldados en el cementerio municipal.
Tercer acto: Kilómetro 735
Museo de la Guerra Civil, Abánades, Guadalajara
Abánades es un pequeño y pintoresco pueblo agrícola donde
viven, según sea invierno o verano, 30 o 300 personas. Uno de los
pocos episodios memorables con los que cuenta históricamente es que,
durante la Guerra Civil, fue el escenario de una violenta batalla. El
suceso no cambió el devenir de la guerra, sin embargo, se habla de que
dejó unas 7.000 bajas de ambos lados, entre ellas las de los 13
soldados que tenemos en nuestras manos. Aún hoy, los restos
bélicos forman parte del paisaje local. Cada año se celebra una
festiva recreación de la batalla y se ha creado un pequeño centro
para la memoria con objetos que han ido juntando los vecinos, el Museo de
la Guerra Civil de Abánades.
Es en este espacio donde depositamos los restos. Nos reciben el alcalde del
pueblo, sus dos concejales y los responsables del espacio, y entre todos,
trasladamos las cajas hasta el local. Mientras tanto, se comentan los
costes de la inhumación y sobre cómo se podrían afrontar.
Tienen su propia agenda sobre lo que se podría hacer, y las
consideraciones prácticas son un factor determinante. Madrid queda muy
lejos.
Dejamos cuidadosamente las cajas con los restos sobre una mesa. Los
encargados del Museo las custodiarán a partir de ahora hasta que
llegue el día en que pueda hacerse la inhumación. Hoy los
soldados siguen atrapados en su larga ruta. Tal y como dijo Guillermo
Zapata en el seminario, "En el momento en que estos restos encuentren su
descanso, su papel en términos políticos desaparece".
Iratxe Jaio y Klaas van Gorkum trabajan juntos como artistas visuales desde
2001. Mirando más allá del horizonte de su propia disciplina,
colaboran habitualmente con gente de otros ámbitos. Su práctica
está motivada por un interés por repensar el papel del artista en
la sociedad, abordando nociones comunes sobre autoría, identidad
cultural y relaciones de producción. Más información en
www.parallelports.org
La ruta más larga se enmarcó en el contexto del proyecto europeo
NEARCH - Nuevos escenarios para una arqueología en comunidad, en
colaboración con Incipit - CSIC (Santiago de Compostela) y la academia
Van Eyck (Maastricht, Holanda). El seminario se organizó con el
Ayuntamiento de Madrid, a través de la Oficina de Derechos Humanos y
Memoria.
Fotografía aérea del iglesario de Saa. Todavía estaba en pie la casa rectoral, y ya se ven nichos construidos en el atrio.
El otro día, durante la comida pantagruélica en una casa de Castroncelos, con motivo de la celebración de la fiesta parroquial, mantuvimos un debate interesante con un escritor y ex político gallego. Este hombre nos decía que los científicos no tenemos en cuenta la tradición oral, lo cual es un error porque de los desaparecidos en las cunetas no existe ningún tipo de documentación. Obviamente le dimos parte de razón por la primera cuestión, mientras que por la segunda le tuvimos que explicar que sí existen papeles en muchos casos, gracias a la justicia al revés practicada por los sublevados. El caso de O'Inverno es paradigmático en este sentido.
Gracias a Alejandro, excelente historiador, contamos con páginas y páginas que relatan pormenorizadamente lo que pasó en Saa aquel 6 de agosto de 1936, día caluroso, en el que las familias campesinas apuraban los trabajos de siega y maja de cereal. El juez instructor Mariano P.. Hickmann, capitán de Caballería en la plaza de Lugo, fue el encargado de hacer un seguimiento oficial del asesinato de Jesús Casas. Para ello solicitó el testimonio de dos vecinos, Eugenio Parada y Celestino Dacal, las dos personas que descubrieron el cadáver de O'Inverno en el camino de Pousa al alto de Santa Lucía.
Cuñado de O Inverno, también asesinado por los falangistas.
O'Inverno estaba tirado de bruces en el camino, con la cabeza ladeada hacia el oeste. Vestía un pantalón de lanilla gris, camisa oscura y zapatos de color, y una chaqueta vieja de pana tirada al lado. Eugenio Parada testificó que a las cuatro, seis individuos con distintivo de Falange Española y que decían venir de Sarria, le solicitaron les enseñase el camino a la aldea de Covadelas. Con él y con Secundino Dacal llegaron a la entrada de este lugar, en donde encontraron al difunto, que iba con un carro de centeno con el vecino de la misma, llamado José de Maceda. Ahí comenzó el via crucis de O'Inverno, tal como relata la tradición oral. Tras la autopsia el cuerpo quedó depositado en el cementerio de Saa. Al día siguiente llegó la viuda con dos hijas pequeñas. El cuñado compró una caja de madera para el entierro de O'Inverno. Al poco los falangistas lo sacaron de su casa y también lo pasearon. Evidentemente la investigación oficial no llegó a ningún sitio. Los requerimientos hechos a la Falange de Sarria cayeron en saco roto. En los partes diarios no había mención alguna a esa operación, si bien estaban autorizados por la comandancia de la Guardia Civil para detener a ese marxista extremista y violento tan pronto se presentase ocasión. El 15 de enero de 1937 se decretaba el sobreseimiento provisional de la causa.
O'Inverno estaba afiliado a la CNT. Volvió de Cuba con ideas progresistas y estaba especialmente dotado para la oratoria. Con la victoria del Frente Popular destacó por los mítines que daba por tierras de O Incio y por oponerse a la privatización del monte comunal de su parroquia. Según la justicia fascista por el terror obligaba a la mayoría de los vecinos de la parroquia a compartir sus ideas destructoras. Este enfrentamiento con el status quo le pasó factura. Los asesinos de la Escuadra Negra de Eirexalba formada por convecinos, le tenían unas ganas tremendas. La tortura y el maltrato, certificados por el médico que hizo la autopsia, así dan fe de ello. En la parroquia de Saa también hubo falangistas que salieron de la nada ese verano de 1936. Todavía se recuerda a las mujeres de una familia, con camisa azul y pistola al cinto. Finalmente, O'Inverno fue enterrado en el atrio de la iglesia parroquial de Saa. La tercera localización que nos quedaba. A seis metros del muro oeste y pegado al muro sur, por el interior. El problema es que se han construido nichos en ese mismo punto, nichos que han destruido los restos ubicados en el subsuelo. En otros sitios ha permanecido el recuerdo de las víctimas, y la tradición prohibía enterrar o reformar esos espacios. En este caso no fue así. Hasta el punto que O 'Inverno descansa (o descansaba) debajo del nicho de familias que contaron con falangistas en su seno. Y aquí se cierra el círculo dramático de un hombre que murió por sus ideas. A día de hoy, su nieta, recibe amenazas en Eirexalba por querer saber qué fue de su abuelo. Suponemos que cierta gente tendrá males de conciencia. Nosotros no buscamos a los asesinos, sino a sus víctimas. Entre otras cosas porque los historiadores conocemos los nombres y apellidos de los perpetradores, uno por uno. Porque los falangistas de Sarria y Eirexalba eran tan animales que hasta el propio régimen tuvo que tomar cartas en el asunto.
Entrada tapiada al cementerio viejo de Saa. Gran parte de su interior está ocupada por un vertedero.
El secretario del ayuntamiento de A Pobra do Brollón, Rafa Castillo (sempiterna bufanda republicana al cuello) organiza una reunión informativa en el local social de la parroquia de Saa, dos días antes de empezar los trabajos. La ARMH se ha hecho cargo de todos los trámites burocráticos, que no son pocos: permisos de Sanidad, de Patrimonio y del Obispado de Lugo. En la conversación aparece un lugar inédito, no contemplado en los informes previos: o cemiterio vello. O'Xaqueto nos sirve de guía y nos acerca al antiguo camposanto. Él no recuerda haber visto enterrar a nadie allí, siendo niño.
A la derecha, marcado con un punto rojo, el cementerio viejo de Saa.
El sitio es impresionante. Alguien ha pintado una cruz blanca en un árbol, recordando el carácter sagrado del recinto. El espacio, delimitado por un muro de mampostería de esquisto, está ocupado por un vertedero ilegal. Somieres, potas, colchones, zapatos y escombro colmatan el interior, sobre todo la parte más cercana al camino, desde la que se bascula basura con facilidad. Los que braman por el pueblo, diciendo que los arqueólogos no dejamos a los muertos descansar en paz, son los mismos que llenan de mierda el cementerio en donde reposan sus antepasados.
Sonia lleva a cabo todo un trabajo de fotointerpretación, recopilando las imágenes de que disponemos desde el primer vuelo americano de 1945 hasta hoy. Los nichos verticales fechados más antiguos del atrio de la iglesia de Saa son, precisamente, de ese mismo año de 1945. En aquel entonces, el cementerio viejo se conservaba intacto, como se puede apreciar en las fotografías. La cuestión clave era saber si pudo haber acogido enterramientos de represaliados en el verano de 1936. Gracias a Alejandro, nuestro historiador, contamos con toda la documentación del paripé judicial llevado a cabo por los sublevados. Tenemos los datos referidos al levantamiento del cadáver, a la autopsia y a su lugar de enterramiento.
Isabel, nieta de O Inverno, nos acompañó durante toda la jornada.
El 6 de agosto de 1936, el secretario del juzgado de A Pobra do Brollón escribe esto al juez de Quiroga:
Tengo el sentimiento de participar a VD que en el camino vecinal que
vía de la carretera que conduce de esta villa a Incio con dirección al pueblo
de Pouza (sic) de la Parroquia de Saá, términos de la misma apareció el cadáver del
vecino de Eirejalba, Jesús Casas (a) Inverno, muerto a consecuencia de disparos
de arma de fuego y que según referencias fue detenido por unos falangistas esta
mañana en el barriode Cobadelas de tal
parroquia de Saá, habiendo ordenado este Juzgado el levantamiento del cadáver y
un traslado al Cementerio de dicha parroquia, esperando que esa superioridad
ordene lo que sea conducente.
Nuria, Márcia y Candela documentan el enterramiento.
Por lo tanto, se reconoce oficialmente que los autores del asesinato son fascistas de Falange. La autopsia, a su vez, es reveladora: la muerte fue instantánea y ocasionada por hemorragia torácica como consecuencia de disparo de arma de fuego. Además se reconocen lesiones provocadas por maltrato, y roce contra el suelo del cuerpo del difunto. La diligencia posterior establece el lugar de enterramiento:
Acto continuo y en el Cementerio de la parroquia de Saá se dio sepultura al cadáver autopsiado en una fosa abierta en el mismo pegada a la pared del lado Sur y a seis metros de distancia de la del lado Oeste. Doy fé.
Estas referencias tan exactas no suelen fallar, y son algo así como la clave para encontrar el tesoro que utilizamos los arqueólogos en estos casos. Sin embargo, como en el caso de Castroncelos, aquí todo es más complejo. ¿Qué cementerio es el citado en el texto? ¿El cementerio viejo o el atrio de la iglesia parroquial? Desde luego las medidas, tan exactas, se adaptan mejor a la forma rectangular del camposanto antiguo. Por el contrario, el atrio de la iglesia se dispone en forma circular, sobre un pequeño espolón rocoso. Hemos movilizado a todo nuestro equipo y trabajamos contrarreloj. El dinero disponible es el que es y nuestra obligación es sondear las tres posibles ubicaciones del cadáver de O' Inverno.
Aitor, enviado por el Concello de A Pobra do Brollón, desbroza con eficacia el interior del cementerio. No podemos olvidar que estamos en un área arqueológica y esta investigación no solo nos retrotrae a 1936 sino que puede también desvelar historias pasadas más lejanas. Al calcular el punto exacto, siguiendo las indicaciones del documento anterior, nos llama la atención el hecho de que se ubica al pie de una gran piedra, la única que se ve en superficie en todo el cementerio. Comenzamos a excavar y documentamos un paramento murario realmente monumental correspondiente a una estructura precedente, quizás una capilla o iglesia anterior. En el espacio entre este muro y el perimetral del cementerio, en ese pasillo, es en donde deberíamos localizar una fosa. Comienzan a aparecer huesos que, según nuestros compañeros de la ARMH, Marco y Nuria, parecen corresponderse con varios individuos diferentes, incluidos niños. Tras la retirada de este nivel, pudimos definir en planta el corte de una fosa simple en la que se disponía el esqueleto de un individuo. Isabel, la nieta de O'Inverno, presencia los trabajos, con una mezcla de esperanza y escepticismo. Al menos tenemos algo, antes no teníamos nada.
Al día siguiente contamos con la arqueóloga brasileña Marcia Hattori (INCIPIT, CSIC) y con la antropóloga forense Candela Martínez Barrio, que actualmente trabaja también en Brasil. El trabajo conjunto de diferentes especialistas permite descartar que estemos delante de O'Inverno. La tipología de la fosa, la presencia de un gran canto de cuarcita a modo de orejeta a la altura de la cabeza, la disposición de los brazos en cruz, la aparición de clavos antiguos de herrero tradicional y la presencia de pequeñas losas con orificios nos remite a los enterramientos medievales que conocemos para esta zona. Además, las ausencias también nos aportan datos. No hay un solo botón o elemento metálico, que siempre aparecen en fosas de represaliados. La estratigrafía no deja lugar a dudas, sobre esta tumba simple antigua se siguió enterrando en época posterior, de ahí el batiburrillo de huesos dispuestos por encima. Por otro lado, la bioturbación provocada por las raíces de los robles también ha modificado la disposición original de los restos.
Candela y Marcia realizan el inventario de restos óseos e identifican el número mínimo de individuos localizados en el sondeo practicado en el cementerio viejo de Saa.
Mientras excavamos, nuestras colaboradoras Olga Novo y Noelia Besteiro, entrevistan en su casa a O' Cachete (gracias a su hija, Rosa), nonagenario. Su testimonio es preciso y precioso. Al preguntarle por el cementerio viejo, afirmó que ya no estaba en uso en los años 30; en aquella época se usaba como pasto y encerradero para las ovejas.
Tras esta segunda intentona, fallida, nos quedaba un último cartucho: el atrio de la iglesia parroquial de Saa.
El terror fascista dejó una huella indeleble en la memoria de la parroquia de Saa. Como en toda investigación sobre la represión, aquí libramos una lucha entre la tradición oral y los documentos disponibles. Tras reunirnos con los vecinos en el local social, tras recoger varios testimonios, tras realizar entrevistas, podemos trasladaros aquí el relato trasmitido de generación en generación sobre la muerte de O'Inverno.
Espacio en donde la tradición oral sitúa la fosa de O'Inverno.
"Vinieron unos hombres deconocidos, decían que de la parte de Sarria, falangistas. Llegaron a Covadelas y el Inverno estaba desayunando con los dueños de la casa: ¡Vámonos, que éste ya ha comido y bebido bastante! Y lo llevaron a Saa, moliéndolo a palos por el camino. Uno decía mira qué patas más gordas tiene este conejo, y le arreaban con los mosquetones en las canillas. Llevaba unos pantalones cortos, hacía mucho calor. Iba todo ensangrentado, cayéndose a cada paso, con las manos atadas. Los falangistas no lo llevaron por la carretera sino que torcieron por el pueblo (Pousa) a la vista de todos. En aquella piedra una vecina les pidió que no le pegasen, que le quería dar un vaso de agua: No señora, este ya bebió bastante ya beberá allí arriba. Cogieron el camino al alto de Santa Lucía, y al llegar a O Poste, a la altura del pinar de O'Xexo le dieron a elegir cómo morir, si de culo o de frente, y él eligió de culo, mirando hacia el norte, hacia donde estaba su aldea de Eirexalba. Lo aperrillaron allí mismo. El cadáver quedó de bruces sobre el camino. Se avisó al pedáneo y dos hombres fueron a la iglesia a coger las andas de la Virgen, y así lo trajeron. Al día siguiente llegó su viuda con dos niñas pequeñas, dos de las hijas de O'Inverno".
A la izquierda, Carlos, Drácula, cantero de A Estación. A la derecha, Carlos, minero de Toreno, voluntario de la ARMH. Ambos son nietos de represaliados.
El relato del martirio de este hombre se fue modelando en el imaginario colectivo tomando como referencia el suplicio de Cristo. En esta zona contamos con otros ejemplos, como el médico rural Manuel Díaz, O'Pequeniño d'O Incio, que fue atado de manos a la cola de una caballo blanco y arrastrado durante kilómetros hasta su asesinato a manos de los mismos pistoleros que actuaron en Saa, es decir, la Escuadra Negra de Eirexalba. Desde la francesada y las carlistadas no se había conocido una ruptura tal del orden moral entre el campesinado. El terror implantado por los falangistas utilizó como herramienta básica la visibilización de la represión: exposición de cadáveres en las cunetas y los atrios de los cementerios, maltrato de las víctimas a la vista de los vecinos, etc... Todavía en 1944, en un periódico local de Sarria, ante la implantación de la guerrilla antifranquista, se recordaba a la población civil: ¡Aviso a navegantes. Cuidado con la Escuadra Negra!
Foto de final del sondeo arqueológico.
El relato popular, tan descriptivo a la hora de abordar el suplicio de nuestro hombre, no llega a concretar su lugar de enterramiento. La tradición sitúa la fosa de O'Inverno justo a la entrada del atrio, a la izquierda de la escalinata, en un recoveco cuadrangular pegado al muro. Durante décadas se utilizó este espacio para lanzar los cohetes el día de la fiesta, precisamente en el mes de agosto. Incluso algunos entrevistados nos cuentan que aparecían ramos de flores en ese preciso lugar.
El sondeo practicado aquí dio resultados negativos. La iglesia y el atrio se ubican en un pequeño espolón rocoso, por lo que el muro se encuentra en la ruptura de pendiente. Al poco de excavar ya aparece la roca madre, a pena morta.
Nos quedaban otras dos posibles localizaciones.
Drácula restituyendo el enlosado, tras acabar los trabajos arqueológicos.
Referencias:
Ermida Meilán, X. R. (2017). "Para nós o matar é una honra. As Escuadras Negras de Falanxe". En X. R. Ermida Meilán, E. Fernández Fernández, X. C. Garrido Couceiro e D. Pereira González (coords.): Os nomes do terror. Galiza 1936: os verdugos que nunca existiron: 63-80. Santiago: Sermos Galiza.
Desde las estribaciones de la serra do Caurel hasta el valle del río Saa se extiende la parroquia del mismo nombre, en el ayuntamiento de A Pobra do Brollón (Lugo). Como en el Próximo Oriente, este pequeño mundo se organiza entorno a dos ecosistemas diferentes: la gente del llano, establecida en Pousa, Fondorallo y San Adrián y la gente de la montaña, esparcida entre aldeas diseminadas y aisladas en penillanuras y espolones de esquisto cuarcítico. En época altomedieval, eremitas y mozárabes conformaron el poblamiento originario de la villa conocida en el tumbo del monasterio de Samos como Sancta Maria de Cerasia. El santuario de San Vitoiro, entre dos riachuelos, servía de eje vertebrador de todo este paisaje simbólico, hasta día de hoy. Los núcleos de Teixeira, Covadelas o Forgas quedaban aislados en invierno y estaban diseñados para la más pura autosubsistencia. En la memoria colectiva quedaron grabadas las comitivas fúnebres, a pie, entre la nieve, a través de kilómetros de congostras, para enterrar a los difuntos en el valle, en la iglesia parroquial situada en Pousa.
Hoy estuvimos en una de estas aldeas, Covadelas. La emigración aquí eligió como destino, desde finales del siglo XIX, Argentina. A partir de los años 60 la gente también se fue a Euskadi, Catalunya o Madrid. Con la llegada de la EGB en 1970, los niños y niñas de la montaña se quedaban toda la semana alojados en el grupo escolar. Fueron los últimos. Hace 20 años un grupo de personas intentó implantar aquí un modelo de comunidad rural. De aquellos pioneros solo resisten aquí Jorge y Lourdes, padres de tres hijos. Ambos compraron la casa do Maceda, en la entrada de la aldea. Esta vivienda es un auténtico monumento, concebido para sobrevivir. Cuenta con fragua propia para elaborar herramientas, con era de majar el cereal, con bodega, con secadero para las castañas, con horno, e incluso con una pequeña cárcel (la zelda que aparece citada en los documentos). Las ventanas, abufardadas para facilitar el uso defensivo de los trabucos, es un relicto de la época de los carlistas y los facciosos. Lourdes y Jorge encontraron pequeños tesoros escondidos entre las paredes de la vieja casa. Entre ellos, una ofrenda ritual en un hueco, un meigallo. Envueltas en una tela de lino, enrollada con crines de caballo, aparecieron dos piedras negras y una piedra de cuarzo blanco.
Lourdes y Jorge nos enseñan los secretos de la casa do Maceda, en donde se refugió O Inverno, en Covadelas.
Cuando los militares se sublevan el 18 de julio de 1936 los republicanos de O Incio y de A Pobra do Brollón se organizan para cortar carreteras, requisar armas y parar el avance de las tropas sublevadas. Entre los defensores de la Casa do Concello de O Incio se encuentra un labrador de Eirexalba, Jesús Casas, conocido con el apodo de O Inverno, el mote de su casa. Cuando la situación se hace desesperada, O Inverno huye y se escapa a la montaña, refugiándose en la casa de unos parientes en la aldea de Covadelas, la casa do Maceda.
Secadero de castañas en la casa do Maceda en Covadelas.
Portada principal de la casa do Maceda, en Covadelas.
Alguien lo delata, y el 6 de agosto de 1936 una partida de falangistas (la Escuadra Negra de su pueblo, Eirexalba) llega a Saa a las cinco de la tarde. Obligan a dos vecinos (Ricardo Parada y Secundino Dacal) a señalarles el camino, intransitable, a Covadelas. Las horas de O Inverno están contadas. El meigallo no pudo hacer nada contra unos hombres convertidos en demonios. Mañana intentaremos encontrar a O Inverno. Seguiremos informando.
Monolito en memoria de los García Moral en el atrio de la iglesia de Castroncelos.
Los hermanos García Moral residían en la parroquia de Montefurado (Quiroga, Lugo), famosa por el túnel que los romanos, ávidos de oro, practicaron en la roca para desviar el curso del río Sil. Los y las que nos seguís ya conocéis este sitio, por su vínculo con la familia Amaro de Repil. José María estaba casado con Victoria y tenía tres hijos: Francisco, Concepción y Josefa. A su vez, el otro hermano, Ricardo, estaba desposado con Ramona y era padre de dos chavales, Josefa y Manuel. El curso de su existencia, como el del río Sil, se torció dramáticamente con la llegada de los pistoleros fascistas en el verano de 1936. El historiador berciano Alejandro Rodríguez ha podido recabar en el Archivo del Tribunal Militar Territorial IV de Ferrol información oficial sobre el final trágico de estos dos hermanos de sangre. La documentación muestra claramente la total impunidad de los asesinos que hacían el trabajo sucio para estas nuevas autoridades golpistas.
Familiares de los García Moral en Castroncelos (Fot: ARMH)..
El 6 de septiembre de 1936 fueron sacados de sus casas por los fascistas de Montefurado, como así declaró la viuda de José en la instrucción cursada por el Juzgado de Quiroga. La partida estaba dirigida por un Cabo de Regulares llamado Clemente Vidal, y la formaban tres falangistas del lugar de Anguieiros, llamados Constantino Vicente, José Yáñez e Isidoro Rodríguez. Tras un interrogatorio en el Cuartel de Falange los dos hermanos son introducidos en el tren mixto que desde la estación de Montefurado se dirigía a Monforte de Lemos. Desde luego, algo extraño estaba ocurriendo. Desde el 18 de julio los paseos obedecían a otro tipo de dinámicas. Los falangistas de un ayuntamiento, por norma, actuaban en otros territorios vecinos y empleaban camionetas o coches requisados. Eso sin duda lo sabían los dos hermanos. Podemos intuir la angustia de estos hombres. El recorrido en tren a la vera del Sil es espectacular. La vía serpentea, se suceden los viaductos y las pequeñas estaciones, Quiroga y San Clodio. José y Ricardo no saben a dónde van. Al cruzar el río Lor el convoy se adentra en el largo túnel que atraviesa la sierra de Augalevada. Aún hoy el tren va a poca velocidad en este tramo dificultoso, el último paso para acceder al valle de Lemos. Los falangistas obligan a los presos a bajarse en la estación de A Pobra do Brollón. Después los acribillan a tiros. José recibe tres impactos de bala. Ricardo, cuatro. La denuncia en el juzgado municipal de A Pobra do Brollón no deja lugar a dudas:
Que al lado de dichos cadáveres, aparecieron casquillos correspondientes a balas de fusil máuser y que al parecer fueron muertos por fuerzas de la Falange Española al intentar detenerlos, pero sin que sepa el dicente quienes fueron.
La antigua iglesia de Castroncelos (vuelo americano de 1956)
Los dos cadáveres aparecen en la carretera a Quiroga, frente a la casa de un tal Bernardino. En el paraje de A Cha de Castroncelos tiene lugar la inspección ocular por parte del juez y del médico. No deja de ser curioso que eso, al menos, ocurriese en los inicios del franquismo y sea algo imposible en la España de hoy. Ningún juez o jueza se persona en una fosa común de víctimas del franquismo. De ahí, los cadáveres son llevados en un carro de bueyes (el gran icono de la represión en Galicia) al atrio de la iglesia de Santiago de Castroncelos. Allí son enterrados los dos juntos, como se describe en el Procedimiento Militar, al lado noroeste de la iglesia en una fosa abierta, arrimada al muro de tal Iglesia por el referido (y a cuatro metros de distancia de la esquina) lado noroeste, cuya sepultura tendría de fondo metro y medio y dos de largo, juntos sin ataúd y con las cabezas hacia el repetido noroeste.
Dos detalles de la iglesia actual de Castroncelos, o cómo destrozar el patrimonio.
En junio de 2016 la familia de estas dos víctimas solicitó ayuda a la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) con vistas a exhumar los restos de sus seres queridos. Esa primera intervención, cosas del destino, llevó a localizar otras dos víctimas, asesinadas en 1938. Según testimonios orales, los dos hermanos se encuentran debajo del altar de la iglesia. ¿Cómo es eso posible? Pues porque décadas después un cura párroco decidió tumbar la iglesia antigua y construir una nueva, en un estilo entre kitsch y gore, y por encima, mal orientada, de norte a sur y no de este a oeste. Esta obra demencial cambió la fisonomía del lugar, restando validez a las indicaciones suministradas en el documento anterior. Ochenta y dos años después, la familia de los García Moral sigue buscando a sus seres queridos. Mañana la ARMH y parte de la sucursal gallega de nuestro equipo vamos a intentarlo de nuevo, ampliando la zona sondeada en 2016.
Área del atrio en la que trabajaremos a partir de mañana.
El Juzgado Militar de Monforte decretó en su día el sobreseimiento provisional de las actuaciones considerando que no habiéndose determinado la persona o personas que intervinieron en la ejecución de un delito. Ochenta y dos años después, aquí nadie sabe nada, aquí no se ha cometido un crimen, según parece. Sin cuerpo, no hay delito.