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domingo, 19 de marzo de 2017

La sombra de la guerra es alargada (2)

Los inicios de la aviación militar en España fueron complicados: 
tumba de teniente fallecido en accidente de aviación en 1925.

Vitoria-Gasteiz se vincula estrechamente al desarrollo de la aviación española y a la guerra de Marruecos. Para conocer esa década de 1910 y 1920 aconsejamos vivamente la lectura de las memorias del vitoriano Ignacio Hidalgo de Cisneros, Cambio de rumbo, toda una joya bibliográfica trufada de análisis sagaces y un sentido del humor poco usual por estos lares. El recinto funerario de la familia recoge gran parte del siglo XX. La tumba de su hermano Fermín nos recuerda que éste falleció heroicamente en 1919 en un combate en unos peñascos rifeños. 

Tumba de Fermín Hidalgo de Cisneros.

El propio Ignacio combatió ametrallando desde el aire a las tropas de Abd-el-Krim. Pero no sólo eso. Él mismo reconoce en sus memorias que fue el primer aviador que utilizó medios químicos en una guerra colonial. Esta historia de la iperita sigue siendo un tabú que escuece a muchos historiadores militares patrioteros. La evolución ideológica de este hombre es muy curiosa; de ferviente republicano (como buen aviador) pasó a militar en el partido comunista, fue el jefe de la aviación del Ejército Popular y acabó en Bucarest emitiendo soflamas desde Radio Pirenaica. Con la vuelta de la democracia, sus restos fueron repatriados a su ubicación actual. La inscripción funeraria reza: HÉROE DEL PUEBLO ESPAÑOL.

Estela funeraria de Ignacio Hidalgo de Cisneros.

Los oficiales africanistas que hicieron carrera en la conquista del territorio rifeño fueron los directos responsables del golpe de Estado de julio de 1936. A algunos de ellos la asonada no les salió bien, sobre todo a aquellos que quedaron sitiados en sus cuarteles en contextos urbanos. En Barcelona, Agustí Centelles fotografió la toma de las calles por el pueblo en armas que derrotó a los militares que intentaban ocupar los centros neurálgicos de la ciudad. Uno de aquellos golpistas fracasados fue el general de artillería Justo de Legorburu Domínguez Matamoros, que ya había ascendido a coronel en 1931 por su méritos en el Rif. Tras resistir en el cuartel barcelonés de Sant Andreu, fue hecho prisionero. Corrió la misma suerte que Goded. Tras un juicio de guerra sumarísimo en el buque prisión Uruguay, fue fusilado por traidor a la patria el 1 de septiembre de 1936. En 1924 había publicado en Bilbao la obra Un problema nacional. La industria y la guerra.

Tumba de Justo de Legorburu: dio su vida por Dios y por España.

Mientras en otras zonas del Estado a estos golpistas les salía el tiro por la culata, en otras, como casi toda Álava, tardaron un santiamén en hacerse cargo de la situación. De hecho, la primera corporación municipal en constituírse en la España nacional fue precisamente la de Vitoria-Gasteiz. Se procedió de inmediato al desmantelamiento del Estado republicano, siendo detenidas las principales autoridades de la ciudad y de la provincia. Uno de estos hombres fue el empresario e industrial Tedororo González de Zárate, militante de Izquierda Republicana y alcalde de la ciudad. Fue detenido por requetés el 17 de septiembre de 1936 en su fábrica de hielos y gaseosas La Favorita.

Teodoro González de Zárate.

Tras meses de cautiverio fue asesinado en la masacre del puerto de Azazeta el 31 de marzo de 1937. La orden partió del propio general Mola que quería así asegurar a retaguardia el día que comenzaba la ofensiva sobre Bizkaia. Todo un aviso a navegantes y un preludio de lo que vendría después. La matanza de Azazeta causó estupor entre la propia gente de orden vitoriana. Las viudas de estos prohombres incluso se desplazaron a Burgos para trasladar su queja al Generalísimo. Por supuesto, no fueron recibidas.

Panteón familiar.




sábado, 29 de octubre de 2016

Cartografías silenciadas



Tumba de I. Hidalgo de Cisneros en el cementerio de Santa Isabel de Vitoria-Gasteiz.

La ciencia siempre ha sido una herramienta al servicio del poder. Como ocurrió con todas las potencias coloniales en África, España también envió diferentes Misiones con el objetivo claro de conocer el territorio a explotar. A este respecto. la realización de detallados planos por Brigadas Cartográficas era una herramienta colonial básica, en la que se señalaban los puntos estratégicos, las vías de comunicación tradicionales, los recursos mineros e incluso los yacimientos arqueológicos. Por otro lado, estas exploraciones se acompañaban de prolijas descripciones etnográficas de las poblaciones locales. Previendo la colonización posterior, a principios del siglo XX el gobierno francés financió la Mision Scientifique du Maroc, con vistas a un mejor conocimiento del amplio territorio en el que se iba a implantar el Protectorado galo sobre Marruecos.
En abril de 1919 se creó la Junta Superior de Monumentos Históricos y Artísticos de Marruecos, desde la que se llevó a cabo una primera iniciativa de carácter patrimonial dentro del Protectorado español de Marruecos: la exploración arqueológica del valle de Tetuán, a cargo del explorador César Luis de Montalbán y Mazas, un hombre que había realizado viajes por Asia y América desde los últimos años del siglo XIX. Esta expedición tuvo lugar en 1921 y 1922 y conllevó la excavación de la antigua ciudad de Tamuda en Suiar. A este respecto, la escalada militar del momento constituyó un excelente acicate para el saber al servicio del proyecto colonial. La misma incorporación de la aviación al Ejército fue un aspecto clave para la toma de fotografías aéreas y la elaboración de las primeras cartografías de zonas a las que apenas habían accedido las tropas españolas. El vitoriano Ignacio Hidalgo de Cisneros (jefe de la aviación republicana durante la guerra civil) detalla en sus memorias las misiones cartográficas por él efectuadas tanto en el Rif como en los enclaves costeros españoles en el Sahara occidental, de la mano ni más ni menos que de Saint-Exupéry.

Exaltación de la Italia fascista en la prensa local vitoriana durante la guerra civil (en Marín et al. 2015).

Militares, topógrafos, cartógrafos, ingenieros, artistas, geólogos y pseudoarqueólogos contribuyeron a un mejor conocimiento de la realidad geográfica del territorio del Protectorado. Como en el caso de la selva centroafricana (estudiado bien en su tesis por nuestro compañero Manuel Sánchez-Elipe), el Rif montañoso fue objetivado como una entidad cuyos mecanismos de funcionamiento había que desvelar con el propósito de controlarlo, dominarlo y, finalmente, extraerle su rendimiento material, ya fuese la formación de colecciones arqueológicas en museos o la explotación minera de la plata, el plomo y el hierro. 
La topografía, la cartografía, fueron unas herramientas fundamentales en el control colonial del Norte de Marruecos… y también lo serían en la guerra civil española. Los militares africanistas sublevados contaban con mapas detallados de la colonia, pero no del país al que intentaban salvar. Toda la información cartográfica almacenada en Madrid quedó en manos del Gobierno de la República. El hándicap era grande. Bien conocida es la anécdota de los envalentonados italianos que se lanzaron por Guadalajara de la mano de… la guía Michelin. Este fracaso puso de manifiesto la necesidad de elaborar mapas topográficos de detalle, y a ello se pusieron con ahínco los italianos en su guerra fascista (sensu Javier Rodrigo) en España.

En el monte de San Pedro encontramos evidencias materiales de esta amistad (en Marín et al. 2015)

Gracias al saber topográfico de José y Álvaro (Laboratorio de Documentación Geométrica del Patrimonio, UPV/EHU) nos enteramos en el monte de San Pedro que el centro topográfico italiano  se estableció precisamente en Vitoria-Gasteiz, en la antigua escuela de Dibujo (después conservatorio) del Campillo, en el casco medieval. En la campaña de Bizkaia se hizo apremiante la mejora de la cartografía usada por los sublevados. A finales de mayo de 1937, justo cuando se ocupa el monte de San Pedro, llega a Vitoria la Sezione Topocartografica, enviada desde el Istituto Geografico Militare de Florencia. La cercanía de las industrias guipuzcoanas de papel y la existencia en la capital alavesa de la casa Fournier de artes gráficas fueron fundamentales en esta decisión. Al mando, el mayor Pietro Dosola, quien ya había sido jefe de los cartógrafos italianos en Libia. En Vitoria aplicaron la misma metodología que ya habían practicado en Somalia y Abisinia. En la antigua escuela de Dibujo del Campillo se procesaron los planos que serían fundamentales en la campaña de Santander y Asturias, así como en la ruptura del frente de Aragón.
El material cartográfico italiano fue aprovechado después por el Estado Mayor alemán entre 1940-1945 para formar la Deutsche Heereskarte. Spanien 1.50.000. Finalmente acabarían siendo reutilizadas por el Army Map Service de los USA para compilar la primera edición de su colección Spain 1:50.000. Series M781-M788.
La Guerra Fría se servía en cartografía fascista.

Antigua escuela de Dibujo en el cantón de San Francisco Javier en Vitoria-Gasteiz, 
sede de los cartógrafos italianos entre 1937-1939.


Referencia
L. Urteaga, F. Nadal y J. I. Muro. 2002. "La cartografía del Corpo de Truppe Volontarie, 1937-1939". Hispania, 210: 283-298.

Las fotografías de los recortes de prensa forman parte de la magnífica exposición Vanguardias Peligrosas. La Alemania nazi y la Italia fascista en Vitoria (1936-1939), de la autoría de Guillermo Marín, Virginia López Maturana y Xabier Sagasta y organizada por la Fundación Sancho el Sabio en la Sala Araba de Vitoria-Gasteiz (18-XI-2015 a 9-XII-2015).

P. S. Cartografías silenciadas es el título de una exposición fotográfica sobre espacios de la represión franquista, de la artista Ana Teresa Ortega.

miércoles, 8 de abril de 2009

España no acaba donde empieza el mar...


Carátula original del documental "Arrhash (veneno)", de Tarik El Idrissi y Javier Rada

Resulta que no sólo el ejército italiano de Mussolini tiene el dudoso honor de haber bombardeado a los rebeldes y a la población civil con gas mostaza, como pudimos comprobar en Etiopía. Fue el ejército colonial español, en época de Alfonso XIII y del dictador Miguel Primo de Rivera, el primero del mundo en realizar bombardeos con aviación sobre población civil y el segundo en matar civiles con armas químicas (el primero fue Inglaterra en Iraq en 1919). Utilizaron gas mostaza en el Rif rebelde entre 1923 y 1927.

Esto es algo que lxs historiadorxs Maria Rosa de Madariaga y Carlos Lázaro Ávila (2003), por un lado, y Sebastian Balfour (2002), por otro, sacaron a la luz en sendas publicaciones científicas y que el rifeño Tarik El Idrissi y el español Javier Rada están dando a conocer en múltiples y diversos foros a través de su documental "Arrhash (veneno)". Algunos de nosotros pudimos verlo este sábado 4 de abril en la "Casa del Barrio de Carabanchel", en un videoforum sobre la fábrica de armas de La Marañosa (San Martín de la Vega, Madrid) organizado por la Plataforma contra el complejo químico-nuclear de La Marañosa y el Grupo Antimilitarista de Carabanchel. Fue en este lugar, hoy en pleno Parque Regional del Sureste, donde se fabricó la ingente cantidad de gas mostaza (iperita) que se utilizara contra la población rifeña.

La Fábrica Nacional de "La Marañosa" la mandó construir Alfonso XIII en 1923 tras el desastre de Annual (1921), donde 10000 soldados españoles murieron a manos de los rebeldes rifeños, dirigidos por Abd el-Krim. Alemania, que había suministrado hasta ese momento armas químicas al ejército español, fue quien ayudo a su construcción. Tanto la fabricación como el uso de armas químicas habían sido ilegalizados por el Tratado de Versalles en 1919, al concluir la Primera Guerra Mundial. Aún así España y Alemania firmaron un tratado secreto. Todos estos sucesos, asi como sus fatales consecuencias fueron silenciados sistemáticamente, salvo alguna excepción como fue la novela de Ramón J. Sender Imán, donde el autor contó su experiencia como soldado en la campaña africana entre 1922 y 1924.

La estrategia seguida a partir del desastre de Annual por el ejército español para la conquista del territorio que Francia le otorgara en el norte de África en 1912 fue novedosa y extremadamente cruel: se empleó indiscriminada y sistemáticamente iperita contra civiles, en zocos en horas de máxima afluencia, sobre campos de cultivos, rebaños de ganado y depósitos de agua. Hoy en día El Rif es la zona de Marruecos con más altos índices de cancer. Pero no existen datos oficiales sobre este hecho ya que el Estado marroquí ha impedido la realización de encuestas en este sentido. Además, prácticamente ya no quedan supervivientes de aquellos hechos. Un miembro de una asociación de víctimas declaraba con ironía en un momento del documental "Arrhash" que probablemente ni España ni Marruecos estuvieran interesados en dar luz sobre esta cuestión actualmente ya que tienen entre manos problemas más importantes, como el Sáhara y la pesca: "¡los rifeños son menos importantes que las sardinas!". Y es que Marruecos también colonizó en su momento El Rif.

Grupo de Regulares con una bandera arrebatada a los rebeldes rifeños. La victoria española contribuyó a que el uso de armas químicas no se hiciese público. Autor: Jalle

La tradición oral sobre el veneno, como llaman en el Rif al gas mostaza, es muy fuerte, pero apenas quedan supervivientes. Lo que sí permanece, una vez más, es la memoria material; no-lugares, paisajes estériles, manantiales aún intoxicados, etc., lo que probablemente haya convertido ciertos emplazamientos en lugares de la memoria abyecta.

Una vez más la arqueología del pasado contemporáneo tiene un campo de estudio muy fructífero ante sí. Y otra vez la arqueología se puede revelar como una herramienta para la crítica y la acción. Cuando los discursos oficiales niegan la evidencia y maltratan a la gente, este tipo de arqueología se convierte en denuncia, lo que la hace perfectamente válida por científica, honesta y comprometida.

De Madariaga, M R y Lázaro Ávila, C (2003): Guerra Química en el Rif (1921-1927). Revista de Historia 16, nº324, Abril.

Balfour, S (2002): Abrazo mortal: de la guerra colonial a la Guerra Civil en España y Marruecos (1909-1939). Barcelona, Ed. Península.