martes, 14 de enero de 2014

Una trinchera acribillada

En noviembre de 2008 excavamos una trinchera republicana en la Ciudad Universitaria de Madrid. Pese a estar al lado de la capital, la fortificación se había conservado considerablemente intacta y nos proporcionó un buen número de hallazgos. Durante la intervención presentamos en este blog un plano preliminar de la dispersión de materiales. Reconocemos haber tardado un poco, pero aquí está la versión definitiva, con todos los elementos bélicos identificados en la excavación y prospección con detector de metales. 

Hay que tener en cuenta que en aquellos tiempos lo hacíamos todo a mano: se triangulaba cada hallazgo con cintas métricas, se situaba en altura con un nivel óptico y se trasladaban los datos a papel milimetrado usando escalímetro y compás. Ahora la estación total y el ordenador se encargan de hacer la mayor parte del trabajo (y permiten que ofrezcamos los datos procesados casi inmediatamente).

El plano es elocuente. Se observa muy bien la zona más batida por el fuego franquista (la delimitada con raya de puntos en la imagen de abajo) y las posiciones desde las que los republicanos hacían fuego (círculos azules). El enemigo apuntaba claramente hacia el abrigo de mayores dimensiones, quizá porque era el que era el que tenía más movimiento de soldados. Si seguimos las franja que delimitan las balas hasta su punto de origen, llegamos a la zona de la Cuesta de las Perdices, en la Carretera de La Coruña. Aquí las posiciones franquistas se encontraban a una distancia de entre 1,5 y 2 km de nuestra trinchera, que se ubicaba casi en frente de la Puerta de Hierro.


Imagen de satélite de la zona comprendida entre nuestra trinchera y la Cuesta de las Perdices, donde hoy todavía se conserva un fortín de la Guerra Civil. En rojo, la línea de tiro que indican las balas impactadas recuperadas durante la intervención.

La gran mayoría de los restos se corresponden con una fase avanzada de la guerra. La propia trinchera se construyó a fines de 1938. Mucho tiempo después de la Batalla de Madrid (noviembre de 1936), en la Ciudad Universitaria se seguía luchando y muriendo.

sábado, 11 de enero de 2014

Cómic y memoria histórica

 Página de El Médico Novato, de Sento

El auge de la memoria histórica se relaciona fundamentalmente con las exhumaciones llevadas a cabo desde el año 2000. También con la creación de asociaciones que tienen por misión documentar la represión de la guerra y el franquismo, con la realización de actividades conmemorativas (inauguración de placas, monumentos, rutas por los paisajes de la violencia) y fenómenos similares.

Una forma de memoria histórica peculiar es la reflejada en cómics que tienen por tema el pasado traumático de España. Ejemplo de ellos son las excelentes novelas gráficas de Vittorio Giardino (¡No Pasarán!, 2002-2007), Altarriba y Kim (El Arte de Volar, 2009), Sento (Un Médico Novato, 2013) y Paco Roca (Los Surcos del Azar, 2013), entre otros. La mayor parte siguen la línea documental inaugurada por Art Spiegelman con Maus (1991), un cómic sobre el Holocausto basado en las memorias de su padre. El cómic como forma de memoria histórica ha tenido un enorme éxito desde entonces. Ejemplos recientes son los estupendos Jerusalén, un Retrato de Familia de Yakin y Bertozzi, en la que se narran los violentos orígenes del estado de Israel, o los espeluznantes Cuadernos Ucranianos de Igort, sobre el genocidio estalinista de los años 30 en los campos de Ucrania.  

Los cómics no son solo una forma efectiva de contar hechos terribles. Debido a su carácter documental transmiten también importante información histórica. Muchos se basan en entrevistas con supervivientes y veteranos y archivos familiares. Ese es el caso de Un Médico Novato de Sento. En el apéndice que aparece al final del libro se recogen varios documentos con los que se ha tejido la historia (cartas, fotografías). Esta trata de las penalidades por las que pasa Leonardo, un joven médico pariente del autor del cómic, cuyo inicio en la profesión coincide con el estallido de la guerra. 

El hermano mayor de Leonardo, Antonio, fue asesinados por falangistas en 1936. En el apéndice documental se muestran dos fotografías en la que se ve la exhumación en la que se recuperó el cuerpo de Antonio: en 1971. 

Es bien conocido que con la muerte de Franco se comenzaron a realizar numerosas exhumaciones de represaliados, que se vieron interrumpidas con el golpe de Estado de 1981 y el retorno del miedo. Sin embargo, la recuperación de restos de familiares asesinados, muchas veces de forma clandestina, fue una realidad también durante la dictadura (aunque no muy común). La fotografía que publica Sento es de gran interés porque documenta estas exhumaciones anteriores a la democracia. 

La fotografía, sin embargo, es interesante por otros motivos: porque permite constatar el retroceso actual en España en materia de derechos humanos. En cierta manera, estamos como en 1971: entonces exhumar a los represaliados por la dictadura era una tarea que recaía sobre los familiares y se consideraba una cuestión puramente privada. Hoy, 43 años después y con la desaparición de las subvenciones públicas, exhumar vuelve a ser una actividad familiar y privada, no un asunto de Estado. 

Esto nos coloca en una posición anómala en el mundo. En la mayor parte de los países democráticos, los crímenes de Estado se consideran, con toda lógica, un asunto de Estado.

En España, abandonados por el Estado, los familiares de víctimas de la violencia política pueden encontrar apoyo en antropólogos, forenses, arqueólogos... y dibujantes de cómic.

viernes, 3 de enero de 2014

We were soldiers


En muchas ocasiones, al acabar entrevistas a veteranos de la guerra civil española, nos vamos con la sensación de que el señor que tenemos delante disparaba al aire. Testigo del horror, el interpelado a veces idealiza su paso por las trincheras (era joven), otras veces prefiere no hablar de la violencia en el frente y las más de las veces reconoce no haber sido consciente de haber matado a un enemigo. Estrategias de la memoria para sobrevivir, efectos del shock postraumático... no lo sabemos muy bien, pero en muchos casos estos enfoques nada tienen que ver con la brutalidad que nos muestran las evidencias arqueológicas que una y otra vez divulgamos en este blog. El tratamiento vejatorio a cadáveres de represaliados, documentado en fosas de Extremadura, por ejemplo, es una muestra de la vesania y la violencia bestial que se desataron en este conflicto.

Pensaba en todo esto cuando me di de bruces con el testimonio de un soldado gallego-estadounidense que participó en la guerra de Vietnam. Se llama Joe Casal (Sada, 1947), hijo de republicanos que se crió en Long Island, New York. La entrevista es recogida por el periodista Santiago Romero en un excelente reportaje (Viaxe ao corazón roto do soño americano) para la recién creada revista Luzes, con Xosé Lois Pereiro y Manuel Rivas al frente. Por supuesto el testimonio recoge anecdotario muy galaico, como la relación mantenida con otro gallego de los USA, un oficial de comunicaciones oriundo de Pontevedra, llamado Fernando: cuando hablaban por radio entre ellos, y Fernando le pedía ayuda aérea o artillería para una unidad en combate, lo hacían en gallego, para que no les entendiese el vietcong.

Pero no traemos a Joe Casal aquí por esta vertiente tragicómica, sino por lo espeluznante y lo sincero de su testimonio (la traducción al castellano es nuestra):

Yo sentí latir el corazón de un vietcong sobre mi mano. Un compañero mío se lo acababa de arrancar del pecho a un guerrillero. Y nos fotografiamos con él, como si se tratase de un souvenir. Ese soldado murió reventado a escasos metros de mi poco después. Yo mismo aparezco en una foto sosteniendo la mitad del cuerpo de un vietcong despedazado con una ametralladora pesada. Nos dijeron que estábamos allí para proteger a los civiles, pero los niños se te acercaban con granadas escondidas y volabas por los aires con ellos. Matábamos mujeres, niños y ancianos antes de que llegasen a nuestro lado. Sin saber si eran inocentes. El odio y el miedo eran tales que llegabas a un punto sin retorno. Se habla del horror a la ligera, sin sospechar a qué extremos puede llegar... Recuerdo un combate, después de una emboscada, acabábamos de matar a un montón de gente y alguien, de broma, cogió un cacho de espalda de uno de los fallecidos, por encima del brazo. Encendimos una hoguera y nos pusimos a asar hamburguesas que nos mandaban en grandes latas. Alguien mezcló con las hamburguesas un cacho picado del vietcong. Y se lo dieron a comer a un novato, hasta que se tropezó con un cacho de carne con pelo y se dio cuenta. Todos se rieron, era una broma que se hacía a menudo. Al recordarlo, me estremezco, ¿cómo puede uno llegar a esto? Yo sólo tenía 20 años cuando me enviaron a esa maldita guerra. Allí dejé enterrada una parte de mi humanidad que nadie me devolverá nunca.

Fotografía: Joe Casal sostiene los despojos de un vietcong. Batalla de La Drang. Este combate es retratado en el filme We were soldiers por Mel Gibson, que invitó a Casal al estreno en 2003. A su vez, Oliver Stone estuvo en Vietnam a las órdenes de Joe Casal, a quien reclamó como asesor para grabar Platoon.

La metralla y el agente naranja que los estadounidenses lanzaban a la jungla dejaron su secuela en Joe, invalidez y cáncer de exófago incluidos. Lleva años sometido a tratamiento psiquiátrico.

sábado, 28 de diciembre de 2013

Alzheimer a la japonesa

Soldados japoneses observan a sus compañeros enterrar vivos a un grupo de ciudadanos chinos en Nanking, 1937.
 
El primer ministro japonés, Shinzo Abe, ha sido duramente criticado por China, Corea del Sur e incluso Estados Unidos por su desafortunada visita al altar de Yasukuni, en el que se honra a los caídos japoneses en conflictos del siglo XIX y XX. Entre los honrados se encuentran 14 criminales de guerra convictos.

A la hora de olvidar crímenes contra la humanidad hay al menos una nación que supera a España: Japón. Es más, este país no solo ha conseguido exitosamente recordar mal o no recordar su pasado, sino que ha logrado que muchos otros acepten su visión de la historia reciente. De hecho, si a alguien le preguntan por el papel de Japón en los conflictos del siglo XX, lo más probable es que mencione los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki.

Es menos probable que se mencione la masacre de Nanking. En esta ciudad china, el glorioso ejército nipón al que ahora honra un primer ministro aquejado de Alzheimer histórico, asesinó en 1937 a más civiles de los que murieron en Hiroshima y Nagasaki juntas. Y no se trató de simples asesinatos. Hubo concursos de decapitación, violaciones en masa (también de niñas y mujeres embarazadas), torturas inenarrables, bebés ensartados en bayonetas... 

http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/a/aa/Horrible_death%2C_Nanking_Massacre.jpg

Varias mujeres de una misma familia violadas y asesinadas por tropas japonesas.
 
Sobre estos hechos contamos con espeluznantes testimonios, como el del horrorizado cónsul de la Alemania nazi, John Rabe. Recientemente, la arqueología ha contribuido también a conocer las masacres gracias a la apertura de fosas comunes. 

 Una de las fosas comunes exhumadas en los últimos años en Nanking

Nanking fue solo la antesala de lo que el Ejército Imperial tenía reservado a China, Corea, Filipinas y otros países asiáticos. El espectáculo de la capital china se repitió, a menor escala, en numerosas ciudades y pueblos. Al inventario de atrocidades de Nanking hay que añadir el canibalismo, la prostitución forzada de cientos de miles de mujeres y la experimentación con seres humanos "inferiores" (coreanos, chinos, rusos). 

Durante mucho tiempo los japoneses han pasado por ser los "menos malos de los malos" en la Segunda Guerra Mundial. Varias obras actuales, sin embargo, ponen de manifiesto que el Imperio del Sol Naciente tuvo poco que envidiar a la Alemania de Hitler en el número de víctimas causado, las atrocidades cometidas y la ideología militarista y racista que justificaba sus crímenes.

Desde los trabajos pioneros del sociólogo Maurice Halbwachs (fallecido, por cierto, en un campo de concentración nazi), sabemos que la memoria no es algo que radique exclusivamente en las mentes de los individuos, sino que es también un fenómeno social. A Halbwachs se debe el concepto de "memoria colectiva" que hoy en día es de uso corriente en las ciencias sociales. Como no podía ser de otra manera, el olvido también es social y colectivo. Cada sociedad olvida a su manera. 

Los españoles y los japoneses hemos decidido no recordar o recordar a medias las atrocidades de nuestra historia reciente. En el caso de España nuestra desmemoria social se basa en una victoria: la que llevó al poder a la dictadura franquista y su monólogo autoritario. En el caso de Japón en una derrota,  que convirtió a los verdugos en víctimas. En ambos casos el resultado es semejante, la humillación de la víctimas, y la pregunta la misma: ¿se puede construir una sociedad democrática sobre la injusticia histórica?

lunes, 23 de diciembre de 2013

A Dios rogando

10 de diciembre de 1937. El párroco de la pequeña localidad gallega de Lavacolla, al lado del aeropuerto de Santiago, dice misa en honor de la Virgen de Loreto, patrona de la aviación. Entre las banderas y banderolas cuelga un estandarte nazi, testimonio de la alianza entre la España de Franco y la Alemania de Hitler. 

Es perturbador el poder de la cultura material (de alguna cultura material al menos). Cómo transforma aquello que toca: en este caso una iglesia, el pueblo de Lavacolla, nuestra memoria colectiva. Roland Barthes hablaba del punctum en las fotografías: aquel detalle de una imagen, un elemento secundario, incluso trivial, que consigue "atravesar al espectador". Como esa esvástica inconfundible y siniestra.

La fotografía que reproducimos nos demuestra que el párroco de Lavacolla desconocía varias cosas. Aparentemente la encíclica Mit Brennende Sorge del 14 de marzo de 1937, en la que Pío XI promulga: "Todo el que tome la raza o el pueblo o el Estado o una forma determinada de Estado... y los divinice con culto idolátrico, pervierte y falsifica el orden creado e impuesto por Dios". Aparentemente también la Biblia, al menos aquel pasaje en el que Jesucristo dice "Devolved al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios"  (Marcos, 12, 13-17). 

El aeródromo de Santiago de Compostela fue ampliado en la inmediata posguerra con mano de obra forzada. Entre 2.000 y 3.000 republicanos trabajaron en la construcción en condiciones penosas. Uno de ellos, Casimiro Jabonero, dejó un valioso testimonio de su experiencia en el campo de prisioneros (el edificio que se usó como prisión es hoy un hotel y nada recuerda su antiguo uso). Es posible que el párroco de Lavacolla tampoco llegara a estar al tanto de estos asuntos terrenales. Al fin y al cabo, su reino no es de este mundo. Salvo alguna cosa.

jueves, 12 de diciembre de 2013

Por fuertes y fronteras

Vista del altiplano abisino desde una posición italiana.

¿Cómo se hace una frontera? Ese es el objetivo de nuestro nuevo proyecto en el noroeste de Etiopía. Nos referimos a "hacer" en el sentido más material del término. Las fronteras se construyen con muros y vallas (en Melilla y Palestina lo saben bien), puestos de vigilancia, edificios de aduanas y fortificaciones, pero también mercados, aldeas, caminos y puentes. La frontera se fabrica tanto con cosas que separan como con cosas que unen. 

La frontera septentrional entre Sudán y Etiopía es un límite interestatal desde hace tres milenios. Esto significa que la frontera aquí ha tenido tiempo de sedimentarse materialmente, hacerse sólida. Los sitios fronterizos, los pasos y los fuertes, se repiten a lo largo de la historia, igual que las batallas y los intercambios comerciales.

Durante tres semanas hemos documentado las trazas históricas de este límite político, ecológico y cultural. Un buen número de hallazgos pertenecen a la breve ocupación italiana de la zona -y justifican la inclusión de esta entrada en un blog de arqueología de la Guerra Civil. La presencia fascista en el noroeste de Etiopía, de hecho, coincide más o menos con la Guerra Civil Española: los italianos ocuparon la capital de la región, Metema, en abril de 1936, y fueron expulsados en enero de 1941. Además, ya hemos visto en otra entrada que algunos fascistas que lucharon en Abisinia lo hicieron después en la Guerra de España. Y algunas de las armas que se emplearon en África, como los fusiles Mannlicher-Carcano, también llegaron a nuestro país: resulta extraño encontrar en una montaña remota de Etiopía los mismos casquillos que en la Alcarria.

El primer lugar donde excavamos fue el Monte de Yohannes. Se llama así porque es donde se cree que fue herido de muerte el emperador Yohannes IV en la Batalla de Metema (1889), luchando contra los invasores sudaneses. Nuestra excavación fue un poco desmitificadora: no encontramos nada relacionado con este episodio clave en la historia de Etiopía. La única excepción es una bala de Vetterli 1870: el problema es que esta arma se usó también en los años 30 y 40 en la zona (y en la Guerra Civil).

 Abrigo italiano en el Monte de Yohannes
Lo que sí descubrimos fue una gran cantidad de restos de los italianos: una pista para vehículos motorizados, dos refugios semisubterráneos y varios parapetos de piedra. En la excavación de uno de los refugios encontramos numerosos casquillos y cargadores de Mannlicher de 8x50 mm, un arma obsoleta en la Segunda Guerra Mundial con la que los italianos armaron, naturalmente, a sus subalternos: las fuerzas coloniales africanas. También aparecieron trozos de metralla, que se pueden relacionar con la Batalla de Metema a inicios de 1941. El hallazgo más notable en este sentido es un fragmento de granada de mortero Brandt de 81 mm, con su espoleta. Los ingleses bombardearon duramente todas las posiciones italianas y causaron muchas bajas (aunque hablar de "posiciones italianas" puede resultar confuso teniendo en cuenta que la mayor parte de las tropas eran libias, eritreas y somalíes). 
  Materiales exhumados en el interior del abrigo: cartuchos de Mannlicher de 8 mm, cargador del mismo fusil, moneda italiana datada en 1940, fragmento de granada de mortero, pinzas de batería, balas de Mannlicher y Vetterli y hebillas de correaje y zurrón.

El fósil director de los yacimientos fascistas en el Cuerno de África son las botellas de bebidas alcohólicas: cerveza, vino y licores aparecen en grandes cantidades. En la ciudad etíope de Gondar, nuestros colegas Víctor Fernández y Jorge de Torres han encontrado incluso ¡botellas de Chianti! Está claro que sobrevivir en posiciones aisladas en medio de la sabana tórrida requiere de algo más que templanza. Lo curioso es que las tropas coloniales provenían mayoritariamente de países musulmanes... Otro elemento documentado son los frascos de perfume: las ocasiones para bañarse en Etiopía eran escasas y las temperaturas en algunos sitios no bajan de 30 grados en todo el año.


 Botellas de vino en el interior del abrigo.

Al norte del Monte de Yohannes descubrimos dos posiciones italianas más junto al río Atbara, uno de los mayores afluentes del Nilo. Una de las posiciones era un fuerte del siglo XIX que las tropas de Mussolini reforzaron con puestos de tirador de piedra y trincheras. Los hallazgos fueron escasos: lo más llamativo es una lata de grasa idéntica a la que nos apareció en las excavaciones de la Ciudad Universitaria en 2008. Seguramente se utilizaba para engrasar las armas. Siguiendo el río, en el principal punto de paso en la zona, dimos con un puesto de control formado por una estructura rectangular y un camino flanqueado de piedras. Aquí encontramos otro cargador de Mannlicher, un casquillo percutido y una llave de lata de sardinas. 


Puesto de tirador controlando el Atbara (arriba) y río Atbara (abajo).

Puesto de control en un vado del Atbara

Como en el caso de España en el Rif, la mayor parte de las posiciones coloniales en el Cuerno de África se ubican en cerros aislados desde los que se domina visualmente un amplio territorio. Este es el caso del Monte Denba, en el límite entre la planicie y el altiplano abisinio. En Denba había un puesto de artillería y vigilancia, cuya función era controlar la principal ruta entre Sudán y Etiopía. Los hallazgos son una curiosa mezcla de molinos y cerámicas tradicionales etíopes y latas y vidrios de los soldados de Italia. En el camino nos encontramos un fondo de botella en que se lee "Birra 1937 Importazione" ¿Cuánto le costaría a la metrópoli fletar millones de botellas de cerveza a sus colonias?
Fragmento de botella de cerveza de Denba.

Según nos alejamos del camino principal, los hallazgos se vuelven más escasos. En un monte cercano al río Rahad encontramos un fuerte construido por los otomanos a mediados del XIX, reutilizado por los mahdistas sudaneses como cementerio para sus mártires de 1889 y finalmente por los italianos, que dejaron su característico rastro de botellas de vino. Nos cuentan que hasta hace poco había varios vehículos abandonados, pero la gente del lugar los fue desmontando. De hecho, encontramos una pieza de motor. La potencia colonial no solo se establece en puntos estratégicos, sino en lugares de poder históricos que dejan claro, a ojos de la población, su posición de conquistadores.


Bastión italiano con troneras construido sobre las ruinas del fuerte otomano de Gubay

El último sitio italiano que documentamos está en una montaña, Salya, a la que solo se puede llegar caminando 30 km. En la cima se ubica el pueblo de Tewodros Ketema, la Ciudad de Teodoro, el emperador bandolero. Noble actividad esta última que continúan los actuales habitantes de la región. En este macizo aislado los niños juegan al fútbol, como en el resto del mundo. Solo que su campo de futbol está sembrado de casquillos y cartuchos de balas trazadoras. Todos están datados entre 1934 y 1936. Contamos hasta 375 y lo dejamos. Algún fragmento de metralla nos hace pensar que un proyectil de artillería alcanzó un polvorín italiano. Debió de ser un espectáculo. Pero un espectáculo difícilmente imaginable hoy, en este altiplano solitario y silencioso. 

 
Munición, baterías y otros materiales localizados en Tewodros Ketema.

Por la noche dormimos en una casa de barro en camas de madera y tiras de cuero de cabra. Compartimos la soledad, y quizá el miedo, de aquellos soldados extranjeros que hace 70 años trataron de conquistar un país inconquistable.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

"Los sonidos y silencios de Bustarviejo" (english subtitles)

Nuestro documentalista más fiel y desinteresado, Pedro Cabello, nos acaba de regalar la última versión del minidocumental que hizo sobre la jornada de puertas abiertas que hicimos en junio de 2010 con los vecinos de Bustarviejo. Aquella jornada se enmarcaba en nuestras excavaciones arqueológicas de este destacamento penal (1944-1952), en donde los presos políticos del franquismo ("los rojillos", como los llamaban los vecinos) fueron esclavizados para construir el ferrocarril Madrid-Burgos, en unas condiciones humanas y de trabajo penosas. Aquí tenéis el enlace para verlo en youtube y aquí para verlo en vimeo.

Foto histórica del destacamento penal de Bustarviejo (Madrid), años 40

Planimetría general con los sectores de excavación arqueológica de la campaña del 2010 en el destacamento penal de Bustarviejo