jueves, 13 de noviembre de 2014

Estratigrafías, Memorias y Contramemorias (III)


La República Socialista de Checoslovaquia se propuso materializar un paraíso en la tierra para el hombre nuevo. Como en los países hermanos, el Estado creó una nueva realidad social, con cinturones industriales alrededor de las principales ciudades y una arquitectura urbana que obedecía a los parámetros del socialismo real. La devastación causada por la IIª Guerra Mundial sirvió para construir una arquitectura moderna que rompía con el eclecticismo, el historicismo y, valga la paradoja, el modernismo.

El Telón de Acero separaba Checoslovaquia del pérfido mundo occidental que aún así se pasaba de vez en cuando por el país. Como cuando por los años 60 la selección española jugó un partido oficial en Praga y la banda de música tocó el Himno de Riego. En todo caso, algo no debía ir muy bien en el sistema para que llegase la Primavera de Praga. En 1968, a pesar de la damnatio memoriae instigada desde el Estado comunista, la oposición comenzó a esgrimir de nuevo el pasado reciente: la liberación estadounidense de abril-mayo de 1945 seguía siendo un referente, como lo demuestra esta portada solicitando la vuelta del Tío Sam en 1968.


La represión desatada por el Ejército soviético de ocupación mantuvo al régimen 21 años más pero afectó de lleno y para siempre a la memoria colectiva. Como en el caso del franquismo (en el que todavía en 1975 se seguía empleando de manera extemporánea la terminología, los gestos y los lemas acuñados en 1939) el régimen soviético seguía aferrado a una memoria oficial más irreal que el socialismo real. La Revolución de Terciopelo no hizo más que actualizar la memoria soterrada. A partir de 1989 se comenzaron a exhumar los restos que quedaban de los monumentos conmemorativos de la liberación de 1945. A su vez, volvieron los picos para destruir las estatuas y placas comunistas. Nuevamente, otra ráfaga de damnatio memoriae. Las que no desaparecieron acabaron en sórdidos almacenes o en museos entre kitsh y gore (como el Museo Rojo que se abrió en la vecina Hungría). Una de las principales avenidas de Plsen se rebautizó con el nombre de Avenida América y en 1990 se inauguró un monumento en homenaje al ejército estadounidense. El mapa grabado en el suelo no deja lugar a dudas: Patton avanzando hacia el corazón de Europa.



Monumento a los liberadores norteamericanos, Avenida América de Plsen.

La rueda de la Historia volvía a girar en 1990. Como en 1918 y en 1945, ahí estaban los Estados Unidos de América para velar por los intereses de los checos. El presidente Wilson promovió la independencia de Checoslovaquia. Patton se empeñó en avanzar hacia Bohemia para adelantarse a los soviéticos. Bush padre fue el más firme aliado de la oposición liderada por Havel, porque sabía que estaba sentando las bases (nunca mejor dicho) para la expansión de la OTAN por la Europa del Este. Durante el gobierno Clinton, no fue desdeñable tampoco el papel jugado por la Secretaria de Estado Madeleine Albright, judía checa, hija de diplomático, exiliada dos veces con su familia: en Londres durante la ocupación nazi y en EEUU tras el golpe de estado comunista de 1948.

lunes, 10 de noviembre de 2014

Estratigrafías, Memorias y Contramemorias (II)


Aquí podéis ver el monumento conmemorativo que se halla a la entrada de la hermosa estación de ferrocarril de Plsen. La actual República Checa reconoce como padres de la patria a los presidentes Masaryk (1918-1937) y Edvard Beneš (1935-1938, 1940-1948) quienes en puridad lo fueron de Checoslovaquia, un Estado que ya no existe. A día de hoy se palpa una cierta tensión entre checos y eslovacos, ya que éstos últimos consideran que los primeros monopolizan el recuerdo de aquel nuevo país surgido de la Iª Guerra Mundial. Sea como fuere, lo que sí es cierto es que en esta ciudad no queda ni rastro de la memoria de la minoría alemana, de aquellos hombres, mujeres y niños que salieron a las calles a vitorear a las tropas de Hitler a raíz de la anexión de los Sudetes. En este territorio casi el 20 % de la población se afilió al NSDAP, el promedio más alto en todo el III Reich.

Bandera nazi que presidía el salón noble del ayuntamiento de Pilsen, capturada como trofeo de guerra por un soldado aliado, quien la cedió al Museo Patton.
El grado de fanatismo de los cargos políticos y de parte de la población nazi pudo verse en los estertores de la IIª Guerra Mundial, con alcaldes y adolescentes plantando cara al ejército norteamericano en abril de 1945. La derrota conllevó la deportación. Nuestros colegas checos llevan años estudiando las ruinas de las aldeas y granjas abandonadas por los alemanes.

Otra minoría que fue protagonista en esos años de violencia sistemática fueron los judíos. De hecho, en Plsen se conserva la sinagoga más grande (junto con la de Budapest) de toda Centroeuropa. Los nazis la preservaron con el objeto de crear un museo in situ sobre la maldad congénita del pueblo hebreo. Vecinos y vecinas judíos de Plsen fueron apresados, enviados a Terezín y de aquí a los mataderos polacos. Frantisek Bass (1930-1944) fue uno de los niños del guetto de Terezín que nos dejó poemas inolvidables, como aquel que dedicó a la Casa Abandonada:

The old house is deserted here,
the old house stands in silence, asleep.
The old house used to be so nice, before,
standing there, it was so nice.
Now it is deserted,
rotting in silence,
what a waste of houses,
a waste of hours.
Lástima de casas. Lástima de tiempos. En edificios que parecen arruinados, alguna placa aislada recuerda a un vecino judío que pereció en el exterminio.
Del mismo modo, nos encontramos con otras que preservan del olvido actos heroicos de los luchadores contra el fascismo. Esa resistencia checa del interior que complementaba la acción de las Legiones Checoslovacas integradas en el Ejército británico. Evidentemente, esta memoria antifascista no supuso un peligro para el régimen comunista instaurado mediante un golpe de Estado en 1948.

Interfaces de la memoria colectiva que permanecen como grietas eternas en el paisaje urbano. Unidades estratigráficas, actividades constructivas que van definiendo un palimpsesto complejo de idas y venidas, de memorias y contramemorias. En 1938, tras el Pacto de Munich, los alemanes de los Sudetes sintieron la llegada del ejército hitleriano como una liberación. A su vez, en abril-mayo de 1945 la población checa de Plsen experimentó su propia liberación: la protagonizada por el Ejército estadounidense de Patton. La relación estrecha con los USA desde la independencia de Checoslovaquia alcanzó aquí su cénit. Las tropas yankis se mantuvieron hasta noviembre de 1945 hasta que Stalin exigió que se cumpliesen los acuerdos previos sobre la ocupación de territorios en Centroeuropa.

Entre 1945 y 1948 diferentes poblaciones de Bohemia erigieron monumentos en honor a los liberadores norteamericanos que habían tenido que enfrentarse a las divisiones alemanes y a la resistencia civil hasta el final. El golpe de Estado comunista y la instauración de un régimen estalinista en 1948 dieron lugar a una nueva construcción de la memoria. Del mismo modo que los checos nacionalistas en 1918, que los alemanes de los Sudetes en 1938 o los patriotas checos en 1945, en 1948 una gran parte de la clase trabajadora vio la llegada del comunismo como su hora, como su liberación. Los obreros de la fábrica Skoda, de las destilerías de cerveza, los trabajadores del ferrocarril... La estación de Pilsen, con su aire imperial decimonónico, albergó a partir de 1948 nuevas escenografías. En el hall principal, dos grandes estatuas dignifican y honran al trabajador del ferrocarril. La arquitectura de prestigio ya no era cosa de Sisís y Fernandos, de aristócratas y burgueses.


Estatua en homenaje al trabajador del ferrocarril, estación de Pilsen.

Aunque los soldados soviéticos no habian pisado Plsen ni se habían enfrentado aquí a los alemanes, la historiografía oficial sancionó la idea del Ejército Rojo como liberador. En Budapest o Bratislava los soldados soviéticos sí habían regado la tierra con su sangre, pero aquí no. Daba igual.


Los monumentos al imperialismo estadounidense fueron sistemáticamente destruidos por orden gubernamental a partir de 1948. Aconsejo gratamente leer La Broma de Milan Kundera para comprender el proceder del estado comunista checoslovaco en los primeros años del régimen. Historiadores a sueldo reescribieron el relato de la liberación: hicieron hincapié en los devastadores bombardeos aéreos yankis, en el papel jugado por los comunistas y obreros de Skoda y dibujaron a los soldados norteamericanos como invasores sanguinarios, como hordas artífices de los peores crímenes. Como las hordas marxistas de las que hablaba el franquismo. Aquí tenéis la portada de dos libelos estalinistas en los que se llega a tunear la bandera estadunidense: las estrellas de los estados de la Unión convertidos en esvásticas. Contramemorias de la Guerra Fría.


  

sábado, 8 de noviembre de 2014

Estratigrafías, Memorias y Contramemorias (I)


Centroeuropa, 1914.

Si en el Reino de España aún estamos así, tras dos siglos de Estado-Nación, imaginaos lo que ha sido el siglo XX para las gentes que están y ya no están en Bohemia occidental. Nuestra estancia en Plzeň  nos ha permitido conocer una historia movida que ha generado materialidades y procesos de construcción de la memoria colectiva realmente sorprendentes. Todo ello relacionado, evidentemente, con el conflicto y la violencia. El primer estadio de esta historia es la Iª Guerra Mundial. En 1914 esta región se hallaba en el meollo del Imperio Austrohúngaro. Los ciudadanos salieron eufóricos a las plazas para congratularse por la declaración del estado de guerra. Una exposición callejera delante de la Biblioteca recoge abundantes fotografías de época. El frente se hallaba lejos. En la imagen de arriba, la línea roja marca el frente del Este en 1914, antes del avance hacia la Rusia zarista. Como está ocurriendo en gran parte de Europa, las autoridades de la ciudad se han entregado en cuerpo y alma a las conmemoraciones de la Gran Guerra. A diferencia de otros conflictos que todavía no han cicatrizado, esta guerra se ve como algo suficientemente lejano. Los ciudadanos se acercan con curiosidad a ver a aquellos bigotudos con sus autos locos. La moda vintage lo ha inundado todo.


Exposición callejera sobre la 1ª Guerra Mundial.

El Museo de Bohemia occidental alberga a su vez otra exposición sobre el conflicto, con abundante documentación. Es interesante el acercamiento microhistórico de la propuesta: las cartas de un soldado desde el frente, el diario capturado a un ruso moribundo, dibujos artísticos realizados en plena trinchera, la odisea de un batallón desplazado desde los confines del Imperio, cerca de Ucrania y Polonia, para acabar luchando en los Alpes contra el enemigo italiano...



Exposición en el Museo de Bohemia Occcidental.

Las vitrinas también acogen muestras de cultura material, pero no en la línea de esos almacenamientos caóticos de objetos aprisionados tras los cristales, tan comunes en muchos centros didácticos. Las cosas cuentan historias, nos hablan de la larga duración. Como este peine de proyectiles utilizados por los soldados que disparaban con fusiles Manlicher Carcano. Esta pieza la hemos documentado en nuestras excavaciones en Guadalajara, en posiciones republicanas. La derrota italiana en 1937 dio lugar a que el bando leal se hiciese con numeroso armamento y munición de la Italia fascista. Pero el mismo objeto también lo hemos registrado en puestos defensivos italianos en la frontera entre Etiopía y Sudán (1941), escenario secundario de la IIª Guerra Mundial. Dark and Global Modernities.


Otros países de Centroeuropa han construido un relato oficial sobre el confilcto y sus consecuencias, basado en el irredentismo y la autoafirmación nacional. Este es el caso, por ejemplo, de Hungría, que vio reducido su territorio y sigue viendo el tratado de Trianon como una humillación. En el caso que nos ocupa las cosas fueron diferentes. La derrota fue una victoria para los sectores nacionalistas. El líder Thomas Masaryk se exilió durante el conflicto, apoyó a los aliados y formó incluso las Legiones checoslovacas. Sus excelentes relaciones con los USA (estaba casado con una ciudadana yanqui y había sido profesor en Chicago) y el apoyo decidido de Wilson explican el nacimiento del Estado checoslovaco con Masaryk a la cabeza. A diferencia de otros estados vecinos (que vivieron procesos revolucionarios y contrarrevolucionarios) Checoslovaquia gozó de estabilidad hasta las arremetidas hitlerianas de la década de 1930. Por lo tanto, la memoria de la Iª Guerra Mundial es ambigua: es la historia de un Imperio que desapareció, de un conflicto que carece de capital simbólico para la nación checa del presente. Otra cosa es lo que pensaba por aquel entonces la gran minoría de cultura alemana asentada en Bohemia y Moravia, constructores de otra memoria totalmente diferente.


Estatua en homenaje a Masaryk en Plzeň.

P.S. Masaryk escribió un libro en la década de 1920 titulado: Las naciones pequeñas ante la crisis europea.

jueves, 6 de noviembre de 2014

La ciencia franquista del CSIC


Franco en la biblioteca del CSIC. Libros y Caudillo, combinación explosiva.

En estas fechas se celebra el 75 aniversario del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. La institución se fundó el 24 de noviembre de 1939, pocos meses después del final de la Guerra Civil.

Hay aniversarios que convendría no celebrar y la fundación del CSIC es claramente uno de ellos. La institución nació como sustituto de la Junta para la Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, fundada en 1909 bajo la inspiración de la Institución Libre de Enseñanza y presidida por el premio Nobel Ramón y Cajal, que estuvo al cargo de la Junta hasta su muerte en 1934. En el documento fundacional de la JAE se celebraban los momentos de apertura al exterior de la ciencia española y la contribución a esta de judíos y musulmanes. Su espíritu laico, modernizador e internacional no podía ser del agrado de la dictadura. En mayo de 1938 se ordenó su disolución y año y medio después nacía el CSIC.

En el día de la inauguración, su primer presidente, Ibáñez Martín, leía un discurso ante Franco donde dejaba clara su idea de la ciencia:

La ciencia es para nosotros una aspiración hacia Dios. Queremos una ciencia católica, esto es, una ciencia que, por sometida a la razón suprema del Universo, por armonizada con la fe, “en la luz verdadera, que ilumina a todo hombre, que viene a este mundo" (Io, 1,9), alcance su más pura nota universal. Liquidamos, por tanto, en esta hora todas las herejías científicas, que secaron y agostaron los cauces de nuestra genialidad nacional y nos sumieron en la atonía y decadencia. Nuestra ciencia es la “Ciencia española de Nuestro Imperio” (...), “la genialidad teológica española” (...). Aquí tenéis, señor, formado en línea, distribuido por las falanges y centurias de sus patronos e institutos, el nuevo ejército de la ciencia española, apercibido ya para la gran batalla de la cultura, ávido de cumplir el programa de la restauración, enrolado en la disciplina del Estado y animado de un espíritu unitario de servicio a la Patria (...) Se agrupan en torno a vuestra efigie figura de Caudillo de España.

El carácter católico de la nueva investigación científica se expresó, entre otras cosas, en la creación de un gran departamento de teología (fundamental en cualquier institución científica moderna: en estas cosas los talibanes nos llevan mucha delantera). Dentro del departamento, se creó una sección de mariología, porque, según el obispo que lo presidía, "en los tiempos de ahora, los estudios teológicos versan casi todos en la determinación de las doctrinas acerca de María Madre de Dios". El CSIC recibió además la donación de un relicario con un trozo del cráneo de San Isidoro de Sevilla. Con estos comienzos, no es de extrañar que todavía hoy, el Opus Dei tenga un peso importante dentro de la institución

Hasta el año 2010 presidió el edificio central del CSIC una inscripción con loas al General Franco. El texto se borró en 2010 para cumplir con la denominada Ley de Memoria Histórica de 2007. Parece ser que con la limpieza de fachada se borró también el recuerdo de su historia negra en la memoria de las autoridades (o quizá para ellas no sea historia negra).


En resumen: Viva Franco

El único aniversario que hay que celebrar en el CSIC es el de la JAE, la institución que inauguró la Edad de Plata de la ciencia española. De esos orígenes sí podemos sentirnos orgullosos. 
Celebrar el nacimiento de una institución dictatorial, nacional-católica y represiva no tiene sentido en un país democrático.

martes, 28 de octubre de 2014

¿Una arqueología franquista de la Guerra Civil?

La arqueología de la Guerra Civil española y el Franquismo es menos reciente de lo que creemos. De hecho, ya durante la Guerra Civil y dentro del propio bando franquista se oyeron las primeras voces para dejar algunos escenarios de la contienda como paisajes de guerra monumentalizados que reflejaran la "barbarie marxista". Es el caso de algunos de los lugares en los que hemos intervenido en los últimos años. En la Ciudad Universitaria de Madrid, por ejemplo, tal y como documentaron nuestras compañeras historiadoras, nada más terminar la guerra la Comandancia General de Ingenieros le pedía al caudillo:

Tengo el honor de proponer a V. E. que se declare monumento nacional la Ciudad Universitaria, tal como se encuentra en la actualidad, y para que se conserve indefinidamente se empiecen con toda actividad los trabajos necesarios de consolidación de edificios y trincheras, haciendo los revestimientos necesarios y concediendo al Ejército el honor de su conservación y el de su custodia al glorioso Cuerpo de Mutilados de Guerra”, pues “de los grandes hechos históricos acontecidos en nuestra Nación apenas quedan vestigios”  
Pese a que la respuesta de Franco fue contundente: “No deben conservarse vestigios de esta guerra una vez hecha la debida depuración”, el caso es que durante un tiempo, hasta que la Ciudad Universitaria fue reinaugurada en 1943, hubo visitas guiadas por este espacio de ambigua memoria para el bando ganador. Se instaló una cartelería, un discurso museográfico diríamos hoy, en las propias trincheras. Estos carteles elocuentemente rezaban: "Ellos" y "Nosotros":
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Pensemos que este paisaje de guerra simbolizaba el primer encontronazo del imparable avance franquista, allá por noviembre de 1936, y quizás la causa de que la contienda durara tanto tiempo. Allí estuvo el frente de guerra más duradero -858 días-, recordando incesantemente que la toma de la capital no era posible. Finalmente el paisaje bélico fue borrado, tal y como deseaba el dictador. Pero la memoria histórica del bando vencedor no desapareció con esas trincheras, sino que se monumentalizó en la entrada del campus, precisamente por donde las tropas franquistas entraron en Madrid en abril de 1939. El arco de la victoria, el ministerio del aire de estilo neoherreriano, el panteón dedicado a los caídos del bando "nacional", el águila fascista... se concentran en el entorno de la plaza de Moncloa, reproduciendo y naturalizando a día de hoy la memoria histórica del franquismo, sin que por el momento, casi 40 años después de la muerte del dictador, hayamos realizado ninguna relectura democrática.
De igual modo, en multitud de calles y plazas de España se mantiene el nomenclátor de la dictadura, que, evidentemente, sólo recuerda a aquel "Nosotros" de los carteles de la Ciudad Universitaria de Madrid. Un nosotros con nombres y apellidos, como podemos leer en los listados de los "caídos por Dios y por España" que se sitúan a modo de epígrafes monumentales en los muros externos de muchas iglesias. El conjunto iconográfico se suele completar con una gran cruz cristiana, presidida por el nombre del fundador y el símbolo del partido fascista Falange.
En el caso de Belchite (Zaragoza), en donde acabamos de terminar nuestro último proyecto de arqueología de la Guerra Civil y el franquismo, volvemos a encontrar otro intento de "parque arqueológico" franquista. El pueblo sufrió dos asedios y consiguientes tomas. Una en agosto-septiembre de 1937, protagonizada por el bando republicano y con un importante rol de las Brigadas Internacionales, y otra por el bando sublevado en marzo del año siguiente. El propio Franco visitó las ruinas del pueblo viejo de Belchite en 1938, en donde dio un discurso prometiendo que junto a "estas ruinas de Belchite se construirá una nueva ciudad, hermosa y amplia en homenaje a su heroísmo único". Lo cierto es que los técnicos de la Dirección General de Regiones Devastadas sobredimensionaron la destrucción del pueblo ya que tan sólo un tercio de los inmuebles quedó en ruinas. Un número pequeño si se compara con la casi total destrucción de pueblos cercanos como Rodén. La reconstrucción del pueblo era perfectamente factible, sin embargo, ya se había decidido que estas ruinas iban a tener un importante simbolismo en la "Nueva España". En 1938 el ministro de interior del primer gobierno franquista, Ramón Serrano Suñer, diría: "Se respetarán las ruinas, pero al lado de ellas se levantará una gran ciudad". No es casual que la revista Reconstrucción, publicación de la mencionada Dirección General de Regiones Devastadas, abriera su primer número en 1940 con un fotomontaje de Franco con las ruinas de Belchite al fondo.


El párroco de Belchite, fiel seguidor del nuevo régimen, escribió en la prensa de la época:

Las ruinas de Belchite, escuela de patriotismo y virtudes cívicas. Si la destrucción de Belchite no hubiera sido tan honestamente trágica, diríamos que las ruinas de este pueblo se prestan a ser un lugar objetivo para el turismo. Los españoles, con el tiempo, llegarán a la antigua villa de Belchite como los verdaderos patriotas van a visitar las ruinas de Numancia. [...] Cuando la guerra haya terminado se impondrá una excursión obligatoria a las escuelas nacionales y sus maestros darán una conferencia sobre el simbolismo de estas ruinas sagradas y preciosas. ¿Qué lección puede ser mejor? No importa si la nueva ciudad no se erigió sobre las ruinas porque éstas, correctamente rodeadas por un muro, durarán para la posteridad, un monumento vivo de la raza.       
Las razones políticas para no reconstruir el pueblo viejo de Belchite eran claras. Franco quería mantener estas ruinas como testimonio del heroísmo de los ganadores y de la crueldad de la batalla que tuvo lugar. Pero más allá de eso, el contraste entre las ruinas del pueblo viejo y el Nuevo Belchite, construido con mano de obra esclava -unos 1500 presos políticos que "redimían sus pecados" mediante el trabajo y la fe católica-, tenía la intención de marcar de forma material y duradera un contraste dramático y sensacionalista entre el afán destructivo del Marxismo y la capacidad creativa de la España de Franco. En el primer número de la mencionada revista Reconstrucción puede leerse: 

Junto a las piedras heroicas de viejo Belchite el diseño cálido y acogedor de Nueva Belchite va a ser erigido. Escombros y reconstrucción, montones de ruinas repartidas por el marxismo como una huella de su fugacidad y el monumento de la paz construido por Franco. Símbolos de dos épocas y dos sistemas, ambos Belchites hablan, con el lenguaje silencioso de su escombros y sus piedras blancas, sobre la brutalidad y la cultura, la miseria y el Imperio, la materia y el espíritu, la "Anti-España" subyugada y la España victoriosa y eterna. [...] Regiones Devastadas se puso manos a la obra. Cientos de prisioneros, redimiendo sus pecados anteriores mediante el trabajo, ya la están levantando. Y cuando, muy pronto, bajo el sonido de sus campanas, Belchite se convierta en un pueblo tranquilo y sólido, amable y trabajador, pacífico y cristiano, ofrecerá a las personas el magnífico símbolo de sus dos pueblos, tan diferentes y opuestos como los sistemas que fueron la causa de la guerra en nuestro país: el Belchite devastado por el marxismo y el reconstruido por la España de Franco.
El simbolismo de estas ruinas fue tan grande que en plena guerra se consideró la posibilidad de hacer rutas turísticas que conectaran Belchite con las ruinas de otros pueblos y ciudades aragonesas destruidos por los combates, como Teruel, Sierra de Alcubierre y Huesca. Estas ruinas así entendidas supusieron para los miles de prisioneros que estaban construyendo el nuevo Belchite la violencia directa por parte del Estado, mediante la humillación, la explotación y la re-educación política / ideológica. Lo que estos prisioneros vivieron de forma amplificada, es lo que el resto de vecinos de Belchite, y en general toda la sociedad española, vivió bajo el franquismo.
Esta gestión franquista de la materialidad de la Guerra Civil no se circunscribió exclusivamente a las ruinas y a los paisajes de guerra, o a la erección de monumentos. Los muertos del bando sublevado, los "caídos por Dios y por España", no fueron sólo honrados y homenajeados en las fachadas de las iglesias y en monumentos como el panteón de Moncloa, sino que un año después de terminada la guerra, con la Orden del 6 de mayo de 1940, la inmensa mayoría de las personas ejecutadas en territorio republicano fueron localizadas, exhumadas, identificadas, re-enterradas y homenajeadas por las autoridades franquistas en sus lugares de origen, al tiempo que sus familiares recibieron todo tipo de ayudas.
Evidentemente en ese momento aquellas exhumaciones no siguieron ningún protocolo arqueológico o forense. Las musealizaciones de paisajes de guerra y ruinas o las exhumaciones fueron prácticas para-arqueológicas del franquismo que en ningún caso pudieron ser asimiladas en la tradición arqueológica de la Academia hispana. Se trataba de una Arqueología que por aquel entonces era fundamentalmente prehistórica. Restaba aún mucho tiempo para que se atendiera a los periodos históricos desde esta disciplina. Pero ¿qué ocurrió con la Arqueología, como disciplina académica, mientras se desarrollaban todas estas prácticas para-arqueológicas? Básicamente que la Arqueología se disciplinó, en el doble sentido de institucionalizarse aún más como disciplina, pero sobre todo en el de integrarse en los principios del nuevo orden jerárquico, racista y machista de la dictadura. La Arqueología sufrió una reorganización general. Las principales figuras se exiliaron o fueron sustituidas -como Pere Bosch Gimpera, Hugo Obermaier o J.M. Barandiarán- e institucionalmente la Arqueología estuvo marcada por un fuerte centralismo desde Madrid. Se prohibieron instituciones científica previas, como el Institut d´Estudis Catalans o el Seminario de Estudios Galegos. La Arqueología pasó a formar parte de un régimen jerárquico que se controlaba desde Madrid y que estaba en manos de muy pocos hombres fieles al régimen, como J. Martínez Santa-Olalla, Joaquín Mª de Navascués, Blas Taracena Aguirre o Martín Almagro Basch. La mejor metáfora visual del momento es la entrada de este último en marzo de 1939, vestido de falangista y pistola en mano, en el Museo de Arqueología de Cataluña (Barcelona), del cual acababa de ser nombrado director.
La influencia del nuevo orden político fue palpable, dentro del campo arqueológico, en la profunda reforma institucional llevada a cabo, con la creación en 1939 del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), que centralizó y organizó jerárquicamente la investigación científica. Y en concreto para la Arqueología en la inauguración de la Comisaría General de Excavaciones Arqueológicas, que sustituyó a la Sección de Excavaciones de la Junta Superior del Tesoro Artístico (1933-39), y que pasó a estar dirigida por Julio Martínez Santa-Olalla, militar de alto rango y falangista progermánico. 
Ello nos lleva a otra característica del momento: la potenciación de las carreras de determinados profesionales afines al régimen, quienes, desde sus posiciones de poder, hicieron lo posible para moldear la disciplina al servicio del franquismo. Uno de los casos más relevantes fue  el panceltismo de los mencionados Almagro Basch y Martínez Santa-Olalla, como prueba de la primitiva unidad del pueblo español y base racial de la hispanidad, al modo de los arios para la Alemania nazi. Las ruinas de Numancia, que estuvieron habitadas por el pueblo "celta" por excelencia de la península, los Celtíberos, fueron un referente racial y heroico de la hispanidad, que, como hemos visto más arriba, se equipararon con las de Belchite, dentro de una perspectiva esencialista y antihistórica, pero que fue amparada y promocionada desde el monopolio disciplinar que cultivaron estos arqueólogos del régimen.
Si bien estos arqueólogos no participaron directamente de la gestión franquista de la materialidad de la Guerra Civil, ya que en aquel momento estos restos no tenían cabida en la disciplina arqueológica, sí que corroboraron con su trabajo y desde el omnipresente paradigma histórico-cultural los principios raciales y esencialistas de la "Nueva España". Formaron parte del engranaje institucional e ideológico que convirtió estos lugares en lieux dominants, es decir, en lugares al servicio del poder, absorbidos dentro de un aparato monumental ideado para mantener un discurso ideológico.
Las fuerzas reaccionarias nos llevan 75 años de adelanto en la gestión de toda esta materialidad de la Guerra Civil y en la erección de monumentos para consolidar el relato de los vencedores. Mientras exhumaban a sus muertos asesinaban impunemente a decenas de miles de personas que acabaron en fosas comunes. Los principios ideológicos anclados a aquellos monumentos y ruinas se basaron en la exclusión, humillación y memoricidio de aquella anti-España a la que se estaba asesinando, esclavizando y adoctrinando en el nacional-catolicismo. Discursos y prácticas franquistas que se siguen reproduciendo continuamente, a día de hoy, y además de forma naturalizada. La violencia simbólica fijada a estos lugares sigue teniendo la misma fuerza que antaño. El miedo con el que nos seguimos enfrentando a estos restos, el miedo a no revolver en el pasado para no herir sensibilidades, es buena prueba de ello. El franquismo hizo bien su trabajo.
Otra Arqueología, centrada también en los restos de este conflicto contemporáneo, lleva al menos desde el año 2000 trabajando para revertir esta situación. Pero vista la gestión de la materialidad de la guerra y dela dictadura que hizo el propio franquismo ¿no será que lo que llevamos haciendo estas dos últimas décadas no es tanto una Arqueología como una contra-Arqueología de la Guerra Civil y el franquismo?


lunes, 27 de octubre de 2014

Belchite en Teknópolis


Gracias al gabinete de prensa de la Universidad del País Vasco, nuestro trabajo arqueológico en Belchite suscitó el interés de los medios de comunicación de Euskadi. Buena prueba de ello es el equipo que la ETB desplazó allí para grabar un reportaje sobre nuestras investigaciones sobre Arqueología de la Guerra Civil Española, con vistas a emitirlo en el programa Teknópolis. Este programa de divulgación científica es de los de más solera en Europa y ha sido premiado en varias ocasiones. El reportaje fue emitido este fin de semana tanto en euskera como en castellano. Podéis verlo aquí.

domingo, 26 de octubre de 2014

El Abisinio

Camioneta FIAT conocida como El Abisinio.

La denominada Arqueología postprocesual hizo hincapié en la rocambolesca vida social de los objetos, en la reutilización fncional y simbólica de la cultura material del pasado en nuevos contextos históricos. Este fenómeno es fácilmente reconocible en proyectos de Arqueología del Conflicto. En el caso de la Guerra Civil Española los ejemplos son numerosos: munición mejicana y estadounidense empleada por los aliados en la Iª Guerra Mundial, que  de América llega al Ejército zarista, de aquí al Ejército soviético tras la revolución y acaba en la España republicana en 1936 por orden de Stalin.   El armamento de origen checoslovaco que gracias a gestiones del nacionalista vasco Irujo es introducido en Bizkaia y juega un papel primordial en el frenazo a principios de otoño de 1936 de la ofensiva franquista tras la toma de Gipuzkoa...

En contextos bélicos, las necesidades apremian. Estos meses atrás, los rebeldes prorrusos del Este de Ucrania han llegado a tunear tanques soviéticos de la IIª Guerra Mundial expuestos en museos de la Gran Guerra Patria. En la Guerra Civil Española se dieron casos parecidos. El gobierno autónomo de Euskadi empleó en labores de evacuación un caza tipo Curtiss conocido como el Negus, sin armamento y acomodado para viajes rápidos. Este avión fue utilizado por el emperador etíope Haile Selassie en la guerra contra los italianos. De África llegó a Euskadi, previo pago de 5.000 libras. El avión lucía en su carlinga los escudos de los países en los que había servido, entre ellos los de varios estados americanos, el León de Judá (símbolo de la realeza abisinia) y finalmente el escudo de Euskadi. Un avión abisinio por los cielos vascos. Acabó sus días en un desguace en Francia.

Sarria es una localidad del centro-sur de la provincia de Lugo. Allí reside el octogenario Manuel Olmo. De jovencito acompañaba a su tío Pepe (dueño de la fábrica local de gaseosas José Rodríguez Castro) en el reparto a bordo de una camioneta. En 1968, Manuel compró el vehículo para restaurarlo. La camioneta FIAT se construyó en Italia en 1936 y fue enviada a la guerra de Abisinia. De allí llegó a España formando parte de la ayuda que Mussolini prestó a Franco al inicio del golpe de Estado. Tras la guerra civil fue subastada y rematriculada en Madrid en 1940. El tío Pepe la compró y llegó a Sarria con la carrocería totalmente agujereada por impactos de bala. Como señala la periodista Ana Casanova, del diario lucense El Progreso: la casualidad quiso que, en una de las ferias de antigüedades, un vecino de As Nogais que se encontraba de visita la reconociese como el vehículo que él mismo había conducido durante la guerra.


The Heritage Machine (sensu Pablo Alonso)

El vehículo es conocido en Sarria como El Abisinio.  La ocupación italiana de Etiopía dejó una honda huella en el rural, debido al seguimiento que del conflicto se hizo en la prensa nacional. Incluso Abisinio es utilizado como insulto en algunas zonas de Galicia, como la propia Terra de Lemos. Antológica fue una viñeta del humorista gráfico Bagaría en la que mostraba a dos etíopes en pleno bombardeo italiano, mirando al cielo y exclamando: ¡Ah, ya llega el Progreso!


Con el permiso del ayuntamiento sarriano, Manuel, a los mandos de su FIAT, ha encabezado esta tarde un peculiar desfile por las calles del pueblo. Detrás del todoterreno de la Policía local, pudimos ver un carro de bueyes (hecho por el propio Manuel), aderezado con elementos etnográficos, así como varios coches de época. Un vehículo clásico, muy esperado, no llegó a la cita porque su propietario tuvo que lidiar con un pequeño nogal que crecía en los asientos traseros. Un señor que se recuperaba de la siesta vespertina en un banco, exclamó al paso de la comitiva: ¡En esto se ha quedado Sarria: una aldea, un carro de bueyes y muy poca gente!

Sarria antitaurina.