lunes, 25 de mayo de 2015

Si me quieres escribir...


Mi abuelo paterno, Antonio Ayán, fue obligado por los sublevados a incorporarse a filas. Pasó toda la guerra en el frente de Córdoba. De su experiencia bélica apenas conservamos restos materiales. Durante el conflicto, una hermana suya, Aurora, le hacía llegar por correo alguna ayuda a las trincheras. Mi abuelo, agradecido, le envió una carta con una fotografía que se sacó en un estudio sevillano un fin de semana de permiso. En el reverso: Ejército del Sur, 1938.

Hebilla de equipamiento militar Corniago encontrada en un sondeo 
de la zanja perimetral del campo de concentración de Castuera, Badajoz  (2012).

La pieza en laboratorio: trincha con restos de cuero 
y detalle de la inscripción: TALLERES DE VESTUARIO. 
EQUIPO DEL EJÉRCITO DEL SUR.

En nuestros trabajos arqueológicos por tierras extremeñas hemos podido comprobar lo que tantas veces me contó mi abuelo; que en su caso, nunca en la vida había comido mejor y había estado mejor vestido. Las enormes latas de carne procedentes del matadero de Mérida, que aparecen en los basureros de las posiciones franquistas, son un buen ejemplo de ello. El soldado Ayán también me hablaba de los soldados que tenía enfrente, al otro lado de las trincheras en esta zona del frente andaluz. Para conocer mejor cómo vivían sus enemigos tenemos la suerte de contar con un libro que acaba de salir publicado: Voces de la trinchera, de James Matthews. En él, este joven historiador hispano-británico recopila cartas interceptadas a soldados del Ejército de Andalucía por la censura militar republicana y que se conservan en el archivo militar de Ávila. 


Leyendo estos extractos de las misivas nos acordamos de tantas y tantas cosas que vemos reflejadas en el registro arqueológico. Los soldados republicanos se quejan de la falta de calzado, del hambre, de las infames condiciones de vida en trincheras y refugios, de la falta de armamento y de vestimenta adecuada, del aburrimiento endémico en un frente estático. La cultura material aparece una y otra vez mencionada en estas páginas, por soldados que, como mi abuelo, fueron movilizados y sólo quieren que acabe ya la guerra y volver a sus casas, sanos y salvos. La escritura es una tabla de salvación para estos combatientes. Las unidades republicanas ayudaban al campesinado en las labores agrícolas (en las cartas se habla de la siega, por ejemplo) y también contaban con campañas de alfabetización en las trincheras. En nuestras excavaciones por el Estado español adelante siempre nos ha llamado la atención la mayor presencia de tinteros en las trincheras republicanas en comparación con las franquistas.
No sabemos qué pasó con los soldados que firman esos egodocumentos, recopilados por James Matthews. Unos perecerían bajo los bombardeos, muchos otros acabarían en campos de concentración, fusilados o paseados por la benemérita justicia de los vencedores. Lo que sí sabemos es lo que le pasó a Charli, el soldado republicano abatido en La Fatarella cuando cubría la retirada de lo que quedaba del Ejército del Ebro. Bajo sus costillas todavía pudimos recuperar lo que quedaba de su macuto.



Las buenas condiciones edafológicas permitieron que se conservasen fragmentos de papel. Uno de ellos podría corresponderse con pasquines que reproducían consignas referidas a cuestiones de seguridad e higiene, como diríamos hoy en día. El otro era una cuartilla de papel engurruñada. El laborioso trabajo de laboratorio llevado a cabo por la restauradora Yolanda Porto Tenreiro consiguió extender la cuartilla. Teníamos muchas esperanzas en encontrar fuentes escritas en el registro arqueológico. Los rayos X no triunfaron. El papel no contenía ni una letra, ni un garabato. Seguro que Charli, un veterano del que desconocemos su nombre, durante la guerra escribió cartas y cartas a casa. Quizás conservaba esta cuartilla para enviar sus últimas señas a sus seres queridos. Seguramente éstos no saben aún su paradero: Ejército del Ebro, primera línea de fuego.

Fot. de Yolanda Porto.

Fot. de Yolanda Porto.

DIDPATRI, Universitat de Barcelona.

















viernes, 22 de mayo de 2015

El Pacificador


George Clooney y Nicole Kidman (la de antes) protagonizaron en 1997 una película llamada en nuestro país El Pacificador. Un asunto complejo de ojivas nucleares, Rangers que entran en Rusia, exfrancotiradores exyugoslavos, un proyecto de atentado contra la sede de la ONU en New York... trepidante. En España hemos tenido nuestros propios George Clooney, nuestros militares pacificadores. Así nos va.
Mientras en Madrid se retiró la estatua ecuestre de Franco, todavía perviven otras que han corrido más suerte. Hay pasados cómodos e incómodos. En el parque madrileño del Retiro podemos contemplar la estatuta ecuestre de Espartero con la siguiente leyenda grabada en su pedestal: A Espartero, el pacificador, 1839, la nación agradecida. Cabe destacar la representación de la batalla del puente Bolueta y el abrazo de Vergara, así como los voluminosos cojones del caballo, toda una metáfora material de la voluntad de poder de los militares en España: gobernar por sus santos cojones.


Este hombre combatió contra los franceses, contra los insurrectos peruanos y contra los carlistas, haciendo gala de una mano dura proverbial. Muy aficcionado a los juicios sumarísimos, su vena sanguinaria se cebó incluso con los suyos. Príncipe de Vergara y Duque de la Victoria, fue Regente de España y manejó a su antojo el Estado isabelino, como también hicieron otros militares como Narváez, O'Donnell, Prim. Unas veces con la reina, otras conspirando y las más en el exilio. Son las cosas de los caudillos muy liberales.
En el interior de la catedral de Logroño se puede ver el mausoleo de Espartero, El Pacificador.


Con la revolución de 1868 y la tecera guerra carlista lo de Pacificador sonaba a risa. En enero de 1875 Alfonso XII entra en territorio español vestido de... capitán general. Comienza aquí la construcción ideológica del rey soldado que acaudilla sus tropas contra los carlistas en el Norte. Se busca así legitimar la reinstauración monárquica. A la vuelta de esta primera campaña vascongada, Alfonso de Borbón hace una parada en Logroño para visitar y pedir consejo a un anciano Espartero, quien recuerda: habéis sido el primero de nuestros Monarcas que en España, desde Felipe V, se ha presentado al Ejército español en función de guerra. Por mucho liberalismo de boquilla, aquí se sanciona la idea medieval del señor feudal al frente de sus mesnadas y se reivindica, evidentemente, el intervencionismo militar en la vida política de la Nación, que para algo Pavía entró a caballo en el Parlamento. Finalmente, la entrada en Pamplona en febrero de 1876 consuma la derrota carlista y Alfonso, rey de todos los españoles, recibe, nuevamente, el título de Pacificador, por haber acabado con la guerra civil peninsular y las insurrecciones ultramarinas.
Nuevamente, en el Parque del Retiro se erige otro monumento, éste un poco más logrado, en homenaje a la Patria española y a Su Majestad, El Pacificador. Mientras en Sudamérica los caudillos militares gustaban más de ser llamados Libertadores, en España cundió más la idea del Pacificador.
Ya van dos, pero vendrían más.


El desembarco de Alhucemas acabó con la rebelión rifeña de Abd el-Krim. Esta victoria militar hispano-francesa coronó al dictador Primo de Rivera no sólo como el garante de los intereses de los militares africanistas,  sino como el Salvador de España y total Pacificador de Marruecos. Al más puro estilo de Hollywood tenemos aquí una secuela: el Pacificador Total.
Francisco Franco, en sus Papeles de Marruecos, ya lo tenía bastante claro por aquel entonces: No hay como desear la guerra, para que la paz se acerque. [...] Si hasta el presente se han generado muchos intereses al calor de la guerra, ya es hora de que los creemos al amparo de la paz. 
De aquellos polvos vinieron estos lodos. El nuevo caudillo militar surgido del enésimo golpe de Estado rechazaba de plano el liberalismo, pero bebía directamente de esta tradición que venimos reseñando. Lo de Pacificador sonaba mucho a Espartero y Alfonso XII. Sin embargo, a medida que avanza el régimen franquista, el Caudillo caería en la tentación, con la conmemoración de los XXV Años de Paz. Al frente de esta maniobra, Manuel Fraga Iribarne. En 2005, este hombre, en una entrevista concedida al Corriere della Sera se oponía al derribo de las estatuas de Franco y definía al dictador como un... PACIFICADOR.





martes, 19 de mayo de 2015

Arqueología nazi o el número Sprockhoff


La Römisch-Germanische Kommission (RGK) de Franckfurt es una institución mítica de la Arqueología centroeuropea. Dependiente del Instituto Arqueológico alemán, cuenta con la mejor biblioteca de Arqueología de nuestro continente. Aquí pudimos disfrutar de una cena e incluso visionar un partido de la Eurocopa de fútbol de 2012. El edificio fue destruido por los bombardeos aliados durante la IIª Guerra Mundial., todo, menos una cosa: la biblioteca, salvaguardada volumen por volumen a tiempo. En la entrada, concretamente en el pasillo que conduce a la estancia principal de la biblioteca se conservan muebles de la primera época de la institución, así como la colección de retratos de los directores. Ya véis, todos hombres, desde el mítico Dragendorff que da nombre a unas cuantas sigillatas (cerámica de lujo romana).


En este precioso documento gráfico enseguida uno se da cuenta de un pequeño detalle: entre 1934 y 1945, durante el nazismo, el director fue el hombre de la izquierda, Ernst Sprockhoff (1892-1967). Con la derrota de 1945 es sustituido, curiosamente por su predecesor en el cargo. 
Ernst Sprockhoff es conocido por su inventario de más de 900 túmulos megalíticos en Alemania; de hecho cada tumba lleva un número, el llamado número Sprockhoff. Todo muy en la línea conservadora y jerárquica de la Arqueología histórico-cultural alemana. Los alemanes enseguida se ponen a ordenar, clasificar, poner números... Este científico tan inocente fue miembro destacado de la Stahlhem, grupo paramilitar ultraderechista surgido tras el armisticio de 1918 y que no se dedicaba a dar conferencias precisamente. Camisa vieja de las SA, asociado a la Liga de Profesores Nacionalsocialistas y miembro del NSDAP. Por supuesto, el proceso de desnazificación poco o nada significó para él. Fue profesor de Prehistoria e Historia Antigua en la Universidad de Kiel desde 1947 hasta su muerte en 1967. Bendita R.F.A..

Este nazi echó de la institución a Gerhard Bersu, el director hasta 1934, quien había conseguido convertir a la entidad en una referencia internacional. Con la llegada de los nazis, se exilió con su mujer en Gran Bretaña, en donde dirigió excavaciones en 1938 y 1939 en Little Woodbury. Cuando se desata la guerra es internado como alemán en la Isla de Man, en donde desarrolla a su vez excavaciones arqueológicas con otros presos. Cuando acaba la guerra, tras su paso por la Royal Irish Academy, Gerhard Bersu retorna a Alemania y es repuesto en el cargo que ocupaba antes de la llegada de Hitler al poder.
Al fascismo siempre le gustó desmochar las Universidades y los centros de investigación. En el caso español, la purga a partir de 1939 fue implacable. Los arqueólogos falangistas Martínez-Santaolalla y Alonso del Real, además de quemar libros darwinistas frente a la fachada del Museo Etnológico de Madrid, se encargaron de hundir la prometedora carrera de Julián Marías, por poner sólo un ejemplo entre muchos. Con la llegada de la democracia en 1978 aquí tampoco pasó nada. Incluso se ve como de mal gusto investigar sobre la injusticia de unas depuraciones que jamás fueron reparadas.
El Wall Street Journal acaba de dar a conocer el caso de Ingebor Rapoport, una anciana  a la que en 1938 la Universidad de Hamburgo rechazó su tesis de Medicina, centrada en el estudio de la difteria, aplicando las leyes raciales nazis. Con 102 años, será investida doctora el 9 de junio próximo.

Fotografía de Walter Ebeling, alumno de Krüger: 
espacio doméstico en la aldea de Vilamaior (Guntín, Lugo).

En aquellos años dirigía el Seminario de Lenguas y Culturas Románicas de la Universidad de Hamburgo el Dr. Fritz Krüger (1889-1974), director de la revista Volkstum und Kultur der Romanen (1925-1944). Como buen nazi, ahí estuvo como un campeón ocupando cargos directivos, hasta que llegó la derrota. Se libró del proceso de desnazificación y huyó a Argentina en donde mantuvo su prestigio académico como profesor en la Universidad de Mendoza. El 31 de julio de 1956 pronunciaba una conferencia en la Universidad de Buenos Aires, durante el primer Congreso de la Emigración Gallega: Allí, en tierras gallegas, se han mantenido testimonios vivientes numerosos rasgos arcaicos que antes formaban patrimonio común de la cultura peninsular y europea. Este etnolingüista nazi, cómplice de las injusticias cometidas contra gente como Ingebor Rapoport, colaboró con la Etnografía galleguista de preguerra, enviando a alumnos suyos a hacer trabajo de campo a Sanabria, a Limia, Fisterra, Ancares... A la búsqueda de los verdaderos campesinos europeos.

Fotografía de Walter Ebeling. El buen salvaje. Aldea de Vilaspasantes, Cervantes. 
Familia posando delante de su palloza.

P.S. El archivo de Walter Ebeling fue el único que sobrevivió a los bombardeos aliados. Hace unos años fue comprado por la Deputación Provincial de Lugo.

Ros Fontana, I. 2003. Walter Ebeling en el este de la provincia de Lugo (1928-1933): imágenes de una investigación de la Escuela de Hamburgo en Galicia. En A terra e os homes. Fotografías de Walter Ebeling (1928-1933): 13-41. Lugo: Deputación de Lugo.


lunes, 18 de mayo de 2015

La fiesta de los maniquíes


La primavera en Bizkaia viene acompañada de toda una serie de actos conmemorativos que recuerdan lo que aquí pasó en la primavera de 1937. En los últimos años ha tenido lugar un interesante proceso memorialístico incentivado por la sociedad civil y apoyado sin fisuras por el Gobierno vasco y las administraciones locales. Este fin de semana pasado, la localidad de Amorebieta-Etxano recordaba a las víctimas del bombardeo fascista de la localidad. En torno a un roble en la plaza de Zelaieta, este acto cívico contó con la asistencia de unas 150 personas, con la actuación de una coral de gente mayor y otra de gente menuda, con las palabras del veterano historiador local, con una ofrenda floral a todas las víctimas de la guerra civil, con el alcalde homenajeando a los vecinos y vecinas que murieron bajo las bombas, que sufrieron la injusticia y la humillación impuesta por los vencedores. Esto no es una coña. Yo acabo de venir del homenaje a los presos del fuerte de San Cristóbal (monte Ezkaba, Iruña) y ahí no se presenta un político aunque les den una mordida.


Como complemento didáctico de estos actos, en el Centro Cultural anexo la ciudadanía puede ver una exposición de objetos de la guerra civil pertenecientes en su mayoría a la colección particular de Alberto Sampedro. Él mismo actuó de cicerone explicando los pormenores de insignias, armas, vestimentas y municiones. Alberto colabora con instituciones científicas como la Sociedad de Ciencias Aranzadi y acaba de coeditar Diario de un gudari en el frente de Euskadi, de Jaime Urkijo (combatiente del batallón Rosa Luxemburgo). Alberto forma parte de un amplio grupo de gente que se ha bregado en las trincheras de la divulgación y la didáctica de la guerra civil.


Librería-papelería en Gudari Kalea, Amorebieta-Etxano.

A los arqueólogos nos queda aprender de esta gente, pero no sólo eso. También debemos dar a conocer lo que aporta la Arqueología del Conflicto. Las microhistorias que se esconden detrás de esos objetos cuando éstos son recuperados en contextos arqueológicos. Como las granadas polacas de la exposición, que nos dicen muchas cosas si aparecen formando parte del equipo de un combatiente republicano en una trinchera del Ebro (excavaciones arqueológicas en La Fatarella); o el casco Adrian de un maniquí, que nos aporta mucha información en una posición franquista de Guadalajara (excavaciones en Abánades), o la hebilla de un cinturón de infantería, si ésta aparece en una fosa común del cementerio de Castuera y la excavación arqueológica nos demuestra que esos hombres fusilados procedían del campo de concentración cercano, o un mortero Valero cuando éste aparece sobre el suelo de ocupación de un búnker en la línea defensiva del Alto Tajuña...




Incluso los objetos más humildes aportan una gran información. Aficcionados y detectoristas, así como arqueólogos en prospección se han hartado de recoger escudillas en los frentes de batalla. Centros de interpretación y Museos muestran vitrinas llenas de estos objetos vinculados a la cotidiano, a la vida diaria del soldado. Sin embargo, en ocasiones, una escudilla se convierte en un fósil director, en un soporte material que deviene fuente escrita. Aquí tenéis la escudilla graffiteada de un miliciano del batallón de la UGT en el frente de Euskadi, aportada a la exposición por otro aficcionado.


Desde luego, para mí, ésta es la pieza de la exposición, más allá de granadas, fusiles, emblemas y morteros. Los datos que aporta per se son enormes. Pero no puedo dejar de pensar en la información que podría aportar una excavación arqueológica del lugar en donde haya aparecido esta pieza, un objeto que todos podemos disfrutar gracias al buen hacer de un coleccionista que pone a disposición de la sociedad su tiempo, su aficción y su dinero. Queda mucho camino por recorrer en este proceso de patrimonialización de los restos de la guerra civil española. Desde la Academia y la profesión existen opiniones encontradas, como pudimos apreciar en el congreso Gasteiz at war (para eso lo hicimos). Seguro que cada uno de los y las que seguís este blog tenéis la vuestra. 
En esta cadena técnico-operativa de la memoria, los arqueólogos somos un convidado más, unos expertos más en un engranaje que no cuenta con un claro marco legal. En este contexto, no somos los únicos que generamos conocimiento, somos coprotagonistas en la arena de la memoria histórica. En este mundo, los arqueólogos y las arqueólogas podemos aportar nuestro grano de arena en el ámbito de la concienciación patrimonial. Eso, o nos quedaremos tiesos como maniquíes, en una fiesta a la que nadie nos ha invitado. 








lunes, 11 de mayo de 2015

Aurora


Se llamaba Aurora. Era elegante, estilosa y educada. Cuando aparecía cada mañana con su parasol nos recordaba a una enfermera británica de las que salen en las películas clásicas de la IIª Guerra Mundial. Era maestra, como su madre. De Castuera (Badajoz) se marchó a Catalunya para intentar mejorar la salud de su hijo, que padecía de asma, sino recuerdo mal. En agosto de 2012, todos los días, hacía una parada de rigor en su caminata matutina y se interesaba por la exhumación que estábamos llevando a cabo en el cementerio municipal de Castuera. Las conversaciones que mantenía con nosotros las guardamos como oro en paño en la memoria. Todo un monumento a la dignidad humana. Como si estuviésemos en su aula, Aurora hablaba con voz pausada, escuchaba con el corazón. y miraba con unos ojos repletos de tristeza. Ella estaba buscando a su madre, la maestra. Tras la caída de Castuera en manos de las tropas franquistas en julio de 1938, partidas de falangistas sembraron el terror. Una noche liquidaron en el cementerio a varias personas, entre ellas la madre de Aurora. Su cadáver acabó en una fosa común, dentro del recinto funerario.
Aurora nos recitaba de memoria el auto judicial en el que se recogía la detención y las acusaciones contra su madre. Le hervía la sangre al recordar las faltas de ortografía que se deslizaban por todo el documento. Aparte de fascistas y criminales, eran analfabetos, nos decía. La maestra era el enemigo público número uno para estos integristas. La lengua de las mariposas.
Aurora llegó a pedirle de rodillas a un vecino que le dijese dónde estaba la fosa de su madre antes de morir. El vecino había sido testigo directo de los hechos, pero evitaba a Aurora como si viese al diablo. Aún así, se hicieron unas zanjas valorativas en la entrada del cementerio, pero no apareció nada. Aurora, sin embargo, no perdía la esperanza.
Cuando encontramos una fosa con once individuos, la maestra que buscaba a su madre seguía con detenimiento el avance de los trabajos. Cada objeto, cada detalle podía ser una pista. Si nos aparecía un lápiz entre los huesos, Aurora nos hablaba del compañero de martirio de su madre, un artesano aficcionado al dibujo que siempre llevaba en el bolsillo cuartilla y lápices. Si encontrábamos unos gemelos de camisa, Aurora nos hablaba de la tradición local por la cual las novias regalaban al novio el día de la boda unos gemelos... La vida social de los objetos.

Fotografía de Rui Gomes.

Aurora sabía que su madre no estaba allí. Pero daba igual. Para ella todos los asesinados que dormían el sueño de los justos en las fosas eran su madre. Y nos daba las gracias en nombre de su familia por el trabajo que hacíamos. Aurora no se perdió ni una de las charlas que impartimos en la Universidad Popular. Cada intervención que hacía en los debates era antológica. No había rencor en sus palabras, incluso estaba dispuesta a perdonar. Lo que no podía hacer era olvidar. 
La exhumación acabó con un homenaje republicano a las víctimas en el cementerio de Castuera. Las palabras que nos dedicó Aurora en su despedida nos hacen seguir creyendo en la humanidad. 
Aurora tuvo la buena suerte de nacer en la República y la trágica suerte de morir en el Reino de España. Aurora acaba de fallecer en Castuera, sin haber encontrado a su madre. Mientras, los voluntarios de la memoria histórica, a los que tanto admiraba, recibían en Nueva York el premio ALBA-Puffin de derechos humanos.
Que la tierra de Castuera te sea leve, Aurora.


sábado, 11 de abril de 2015

Pequeños objetos, grandes historias

Los objetos arqueológicos que cuentan las historias más interesantes no son, necesariamente, los más espectaculares. Esto es particularmente cierto en el caso de la Guerra Civil Española. Algunas cosas humildes esconden grandes historias - grandes porque están ligadas a hechos fundamentales de la historia del siglo XX o grandes por lo que tienen de misteriosas e intrigantes. Veamos tres ejemplos:
He aquí una pieza anodina donde las haya: un enganche metálico. Pero no es un enganche cualquiera, sino el de una máscara antigás alemana M-1930, con su pintura Feldgrau original. Apareció en un corral reutilizado como base temporal por un pelotón de soldados franquistas, concretamente parte de las tropas que pararon la gran ofensiva republicana en el Alto Tajuña, en abril de 1938. Las máscaras antigás formaban parte, por lo que se ve, de su equipamiento, pese a que no se llegaron a utilizar - ni aquí ni en ningún otro frente. Al menos para defenderse de ataques con gases tóxicos. No es el único elemento de máscara que localizamos en la zona. De hecho, encontramos con cierta frecuencia filtros, gafas y otras piezas. 

Contenedores de máscaras antigás alemanas: en la cinta de tela va el enganche metálico que encontramos.

Después de la Primera Guerra Mundial, el bombardeo químico se convirtió en una fantasía colectiva equivalente al de la bomba atómica después de la Segunda. Escritores de ciencia ficción, políticos y ciudadanos imaginaban grandes metrópolis arrasadas por gases tóxicos y los ejercicios de protección civil se centraban sobre todo en el manejo de máscaras. La catástrofe no llegó a materializarse, como no lo hizo el holocausto nuclear (por ahora). Pero millones de soldados cargaron con un equipo inútil en varias guerras ante la eventualidad de un ataque. No quiere decir eso que el combatiente de a pie tuviera necesariamente miedo de un ataque químico. Hace ya unos cuantos años compré una máscara M-1930 a un veterano de la Guerra Civil Española. Quitándole importancia al artefacto, me dijo: "cuando salíamos corriendo, esto es lo primero que tirábamos".

 
La siguiente pieza es humilde para nosotros, pero seguramente no para el soldado que la perdió durante los combates de la Enebrá Socarrá, también en el Alto Tajuña en abril de 1938. Es lo que queda de un reloj. El uso de relojes todavía no era habitual en la España de los años 30, al menos en el mundo rural del que provenían una gran parte de los combatientes. Tenemos que hacer un esfuerzo para ponernos en el lugar de esos soldados que no sabían leer o escribir (o apenas), para quienes el espacio se reducía a su pueblo o su comarca y para quienes el tiempo no se medía necesariamente por horas, minutos y segundos. 

Para ellos tuvo que ser un shock la guerra moderna, que es inseparable de la cronometría: recordemos el mítico "sincronicemos nuestros relojes" de las películas bélicas, el Día D, Hora H, o las espoletas de tiempos de algunos explosivos (que no dejan de ser relojes mortíferos). La cronometría de la guerra, además, es solo una parte de la obsesión por sincronizar el mundo que caracteriza el desarrollo del capitalismo en el siglo XIX: sin una cronometría exacta no hay ni globalización ni producción en serie. 

Los relojes personales se fueron popularizando durante el primer tercio del siglo XX y se convirtieron en una posesión preciada. Tan ligados están a la identidad de una persona que cuando hoy los recuperamos en las fosas comunes llaman nuestra atención tanto o más que los huesos humanos. Se cuenta de algunas personas que tuvieron que comprar el reloj de su familiar a la persona que lo había asesinado - como si compraran un miembro de su cuerpo. Y quizá, en cierta manera, estuvieran comprando una parte de su ser querido.

La última historia no es una gran historia en sentido estricto. Pero es sí es una historia intrigante. Se trata de una estrella metálica de seis puntas. Este tipo de estrella iba prendida en la galleta de pecho que llevaban los alféreces del ejército sublevado. No tendría nada de peculiar si no fuera por el lugar en el que apareció: el fortín de la paridera del Saso, a las afueras de Belchite. Sabemos que esta posición estaba comandada por el alférez Jesús Moreno Corella. Durante los días caóticos de la batalla de Belchite en agosto de 1937 las informaciones sobre el Saso son contradictorias. 



Alférez con parche de pecho en el que se puede observar la estrella de seis puntas.

El historiador militar Martínez Bande afirma que la paridera se rindió sin resistencia porque Jesús Moreno fue traicionado por un cabo que lo asesinó y entregó la fortificación al enemigo. En otros testimonios, sin embargo, parece colegirse que sí hubo algún tipo de enfrentamiento. En nuestras excavaciones localizamos numerosos testimonios de combate en forma de casquillos, balas, metralla, espoletas de artillería, granadas de mortero, espoletas de granada de mano, bolas de metrallero y otros elementos bélicos.

Arqueológicamente no podemos decir qué pasó exactamente con Jesús Moreno, pero algo pasó. La estrella aparece al lado de lo que debieron de ser unos pantalones (se conservan las hebillas y un botón) y una cantimplora. Todo está mezclado con casquillos percutidos y espoletas de granada. Es posible que al alférez Moreno lo mataran a la entrada del fortín, donde quizá estuviera dirigiendo la defensa contra el ataque republicano. Quizá lo mató uno de los suyos, como indica el testimonio, o quizá simplemente cayó en la refriega. Por desgracia, la arqueología no es una ciencia exacta. Pero es más que posible que la estrella de seis puntas perteneciera a Jesús Moreno. Y esa estrella es la que hoy hace posible volver a contar su historia. 

martes, 7 de abril de 2015

Las Edades de Franco, ese Hombre

Fachada de la catedral de Logroño (abril de 2015).

No sé si toca o no toca tratar este tema hoy, pero como estamos en 2015, habrá que tocarlo, aunque sea de pasada. ¡Viva la muerte y muera la inteligencia! Esta es la máxima manejada por los fanáticos asesinos en todo tiempo y lugar, por esos ejércitos de liberación y de salvación que tan bien conocemos. En España, la última Cruzada fue la herramienta empleada para desmantelar todo un Estado democrático, para desmochar la Universidad, para quemar libros, para asesinar maestros, todo ello con la bendición de la jerarquía de la Iglesia Católica. En estos tiempos en los que impera el revisionismo, tenemos la suerte de contar con la materialidad generada por la construcción de la memoria de los vencedores, unos restos que se mantienen incólumes a pesar de la legislación vigente, pero que sirven de prueba para probar la complicidad de la Iglesia española con el régimen del Caudillo. Un paseo por la entonces conocida como Castilla la Vieja nos permite  abordar esta Arqueología de la memoria. Para algo hemos estudiado en la carrera Arqueología, Epigrafía y Numismática (sigue habiendo catedráticos de esta materia). En plena Semana Santa, la catedral de Logroño luce esplendorosa esta inscripción:

ESPAÑA VENCEDORA DEL COMUNISMO EN LA CRUZADA QUE LEVANTO ESTE DÍA BUSCA LA LUZ DEL IMPERIO POR LA UNIDAD POR LA GRANDEZA POR LA LIBERTAD (sic) EN EL SIGNO DE FRANCO CAVDILLO ARRIBA ESPAÑA XVII-XVIII-XIX JULIO MCMXXXVI

Algún desalmado de Podemos seguro que ha sido el responsable de este ataque con pintura a este bien patrimonial. No sé cuantos obispos (obispas creo que ninguna) se han sucedido en esta sede desde 1936, pero parece que siguen estando de acuerdo con la Santa Cruzada. Por algo la Iglesia católica no ha condenado nunca su colaboración con los sublevados. Por eso la Legión sigue escoltando pasos de Semana Santa. Vayamos ahora a Salamanca, en donde Unamuno fue vilipendiado por Millán Astray. El rutilante Palacio Episcopal recuerda al visitante lo siguiente, gracias en su día a la Excelentísima Diputación Provincial:

AQVÍ VIVIÓ Y DIRIGIÓ NVESTRA CRVZADA NACIONAL EL CAVDILLO FRANCO.

Para llegar hasta aquí uno puede contemplar estatuas de Juan Pablo II, placas inauguradas por los Reyes de España en democracia, con citas del Quijote sobre la libertad, en la calle que lleva el nombre del integrista Pla y Deniel, el cardenal que en su pastoral Las dos ciudades acuñó precisamente el concepto de Santa Cruzada. Todo encaja.

Fachada del palacio episcopal de Salamanca (marzo de 2015).


Y ya que estamos con los fastos de la mística Santa Teresa de Jesús, también nos podemos dar una vuelta por Ávila intramurallas, por esa ciudad modelada por la gente de orden, por esos tradicionalistas católicos tan bien representados en Adolfo Suárez. Nuevamente nos topamos con una inscripción que complementa otras que decoran la catedral (caídos, yugo y flechas) y que demuestran la abulia (falta de voluntad) del obispo abulense:

EN ESTA CIUDAD CUNA DE SANTA TERESA DE JESÚS Y CAPITAL DE LA PROVINCIA QUE VIO NACER A LA GRAN REINA ISABEL LA CATÓLICA NO SE TOLERARÁN OFENSAS A LA MORAL DE CRISTO BAJO NINGÚN PRETEXTO. 
ÁVILA ES LEAL, NO TRAICIONARÁ A LOS CAÍDOS DURANTE LA CRUZADA GLORIOSA POR DIOS Y POR ESPAÑA. 
ÁVILA, MAYO DE 1941. 
¡ARRIBA ESPAÑA! ¡VIVA CRISTO REY!


Plaza del Rastro Ávila (agosto de 2011).

En este año teresiano llegarán manadas de turistas a Ávila, llamados por el misticismo gastronómico. Espero que el ayuntamiento tenga a bien incluir estos recursos didácticos en las visitas, para mostrar la última fase de las Edades de Franco, ese Hombre. Y para finalizar por hoy nuestro recorrido castellano, recalaremos en la Universidad Laboral de Zamora, otro ejemplo del estilo neoherreriano al servicio del nacionalcatolicismo y del nacional sindicalismo. Ya se sabe, por el Imperio hacia Dios. En una de las entradas principales, vemos fosilizado de manera pionera el peculiar espíritu de reconciliación que inspiraría posteriormente los XXV años de paz:

PARA QUE LA SANGRE NO VUELVA A SER EL PRECIO DE LA JUSTICIA PARA QUE EL TRABAJADOR CONQUISTE SU FUTURO CON LAS NOBLES ARMAS DE LA CULTURA PARA QUE LA PAZ SEA LA BENDICIÓN DE DIOS SOBRE LAS ALMAS SE FUNDO ESTA INSTITUCIÓN SIENDO FRANCISCO FRANCO CAUDILLO DE ESPAÑA AÑO MCMLIII.


Universidad Laboral de Zamora (mayo de 2014).

Burgos y Valladolid vamos a dejarlos para otro día, mejor. En todo caso, debemos felicitar al gobierno de la Junta de Castilla y León y a la Iglesia el celo que han puesto para conservar la memoria de los vencedores. Sin duda lo han hecho porque todavía se consideran parte de ellos, de los vencedores de la guerra civil española, claro. Para algo se hizo la Santa Cruzada contra las hordas rojas, los herejes y los malos españoles. No les vamos a pedir que ricen el aceite de ricino y se pongan a cumplir la Ley y dejen de ofender a ciudadanos y fieles que forman parte de los vencidos.
Lo dicho, estamos en 2015. Los obispos españoles necesitan un curso CEAC de Concilio Vaticano II, para ir tirando.