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sábado, 1 de mayo de 2021

La estructura nº 1

Fotointerpretación del poblado central (según Luis A. Ruiz).

Mediante la utilización de las herramientas propias de la teledetección, la arqueología está descubriendo poblados y recintos monumentales bajo el manto impenetrable de las frondosas selvas de Centroamérica. Lo mismo ocurre con el Valle de los Caídos. A través de la investigación archivística y de la fotointerpretación, nuestro compañero Luis Antonio ha ido identificando las diferentes estructuras que conforman la primera zona de trabajo de nuestro proyecto: el campamento de la empresa Román, en donde hoy en día se dispone el poblado de los trabajadores de Patrimonio Nacional. Con esta información previa llegamos al Valle. El primer día llevamos a cabo una prospección extensiva de toda la zona para identificar en campo chabolas, basureros y áreas de actividad. Esta inspección visual nos permitió seleccionar una serie de estructuras de carácter habitacional, presumiblemente ocupadas en su día por los obreros y presos y sus familiares. Al mismo tiempo, peinamos con el detector de metales todo el entorno. Comenzaba nuestro viaje en el tiempo, una exploración que nos metía de lleno en la década de 1940.

La estructura 1 antes de su excavación. Vista hacia el N.

Parte del equipo arqueológico llegamos directamente de Galicia, en donde estuvimos excavando una casa campesina ocupada por la guerrilla antifranquista entre 1947 y 1949. Nuestra compañera Cristina está estudiando esta arquitectura doméstica rural y los cambios que conllevó la llegada de la Modernidad. Lo que nos muestra la arqueología es que este proceso no es lineal, sino que presenta rupturas y continuidades. En 1939 España había retrocedido décadas, si tenemos en cuenta los indicadores de desarrollo económico. En la inmediata posguerra, la construcción del Valle o de los primeros embalses se hicieron con técnicas premodernas, ante la escasez de materia prima, de bienes de equipo, de gasolina y de suministros. Pero se hicieron -con un gran coste humano. 

Proceso de excavación de la estructura 1. (Foto de Álvaro Minguito).

Por eso nos impresionan las estructuras rupestres del Valle, como la estructura nº 1 que hemos excavado esta semana. Es una construcción rectangular asentada directamente en el sustrato granítico y que aprovecha el roquedo como pared natural para protegerse del viento gélido del norte. Desde un punto de vista formal nos recuerda a una cabaña de la Edad del Hierro o a un eremitorio altomedieval. Pero no, estamos hablando de los años 40. En realidad, es muy parecida a otras construcciones que hemos exhumado en otros contextos similares, como en el destacamento penal de Bustarviejo en la sierra norte de Madrid. Allí también los familiares construyeron chabolas para estar cerca de sus seres queridos.

Dispersión de materiales en la cota superior del depósito.

De la estructura 1 se conserva apenas una hilada del paramento, levantado con grandes bloques de granito local. El interior estaba cubierto de maleza y de raíces secas. Una vez retirada la capa vegetal documentamos un gran depósito de tierra negra, de naturaleza muy orgánica y con evidentes restos de combustión. Esta gran mancha ocupa la mitad meridional de la estancia y continúa siguiendo la línea de la pendiente.

Depósito UE1001 definido en planta. Vista hacia el S.

Se dispone en algunas zonas directamente sobre la roca y en otras sobre un pavimento de saprolita, es decir, granito meteorizado empleado para elaborar un pavimento. Este tipo de suelos tienen una larga tradición. Los encontramos en yacimientos prehistóricos pero también en contextos rurales de la primera mitad del siglo XX.

Selección de materiales del depósito UE1001.

Este depósito (UE1001) contenía cientos de objetos de la inmediata posguerra. Creemos que esta estructura fue reutilizada como basurero por la familia que habitaba una cabaña ubicada al lado. Este totum revolutum nos recuerda a aquellos sobres-sorpresa que comprábamos de niños a comienzos de los años 80. A pesar de la variedad de objetos y fragmentos, podemos rastrear la presencia de un hombre adulto, que podría ser vigilante del campo: recogimos un cristal de gafas de sol, hebillas de uniforme, un botón con el águila franquista, una funda de puñal, una bala de Mauser y un casquillo no percutido con la pólvora dentro. Esta munición se corresponde con los fusiles rusos Mosin-Nagant capturados al Ejército Popular y que fueron transferidos a la Guardia Civil en la posguerra. La disciplina militar conllevaba prácticas de higiene y de cuidado de la indumentaria, como demuestra la aparición de un frasco de Búfalo empleado para dar lustre a las botas. Asimismo, las labores burocráticas propias del personal del campo se reflejan en la documentación de lápices, portaminas y tinteros.

Botón de uniforme militar y casquillo de Mosin Nagant. (Foto de Álvaro Minguito).

Este señor era el padre de, al menos, una niña. Hemos recuperado una suela de zapato, elaborada en un taller riojano, de la marca Zarina. Desde luego, esta familia compartía la dureza de las condiciones de vida en el Valle, pero tenía acceso a buenos suministros. Nos aparecen restos de medicamentos y evidencias de prácticas de consumo en donde no faltan las gaseosas, las bebidas alcohólicas y las paellas, de las que quedaron cientos de chirlas esparcidas por el depósito. Entre los materiales metálicos cabe destacar la presencia de clavos, vientos y objetos vinculados con la actividad del hogar, todos ellos realizados por procedimientos de herrería tradicional, posiblemente en una forja que existía en el Valle.

Suela de zapato infantil.

Los arqueólogos y las arqueólogas soñamos con la basura, somos así. Un vertedero es un contexto fantástico para nuestra investigación. Muros georreferencia con la estación total la ubicación de cada objeto para elaborar planos de dispersión. Candela, ya en laboratorio, sistematiza y cataloga cada uno de los restos. Cada cosa tiene una historia detrás. La tierra también: por eso recogimos muestras de carbón para llevar a cabo estudios antracológicos, así como muestras edafológicas para análisis geoquímicos.

Georreferenciación de piezas. (Foto de Álvaro Minguito).

La arqueología de campo es un proceso de construcción del conocimiento en el que cada día nos obliga a plantear nuevas hipótesis, a desechar unas y plantear otras. Creíamos estar delante de una chabola y nos encontramos finalmente ante un basurero vinculado al día a día de un vigilante del campo y de su familia. De ahí la importancia de una documentación rigurosa, completa y objetiva. Nuestro trabajo consiste en documentar estos vestigios materiales tal y como los encontramos, para recuperar la huella de todos y todas los que vivieron en el Valle de los Caídos, una huella que en muchos casos no se conserva ni en la memoria oral ni en la documentación existente.

Manilla para dar cuerda a un reloj. Seguimos viajando en el tiempo (Foto de Álvaro Minguito).






 




martes, 31 de marzo de 2020

La casa de papel (y II)


Cuando los arqueólogos del futuro excaven los escondrijos generados por las gentes que vivieron y murieron por la pandemia del Covid-19 quizás tengan la suerte de documentar los cilindros de cartón que sostienen los rollos de papel higiénico. Lógicamente eso dependerá de las condiciones edafológicas y ambientales de los yacimientos. Eso es lo que ha ocurrido con los plafones de cartón del hospital de campaña de Capdella. Tras su abandono, se preservaron de forma milagrosa por la cubierta vegetal que se fue generando desde entonces. La limpieza biótica llevada a cabo hace un par de años, paradójicamente, ha conllevado el deterioro en tiempo récord de la estructura. Queda muy poco tiempo para evitar lo inevitable. Todo un reto para los expertos en Restauración de Bienes Culturales: preservar un edifico único en el mundo, una casa de cartón que nos habla del mundo que fue.


La empresa Christoph and Unmack se adaptó perfectamente a lo que tocaba en cada momento. Durante la Iª Guerra Mundial se forraron con el negocio de las barracas, pabellones transportables y casas prefabricadas. Como señala Sígrid Remacha, cuando llegó la hora de condenar el militarismo germánico, desapareció de la publicidad el concepto de barracón y se sustituyó por el de pabellón. Así mismo se cancelaron los contratos con los militares y la producción se centró en el ámbito civil durante la República de Weimar y los locos años 20. Las exportaciones para las colonias africanas y asiáticas de las potencias europeas tampoco eran moco de pavo. En la época de las vanguardias contrataron trabajos a diseñadores y artistas de renombre como Ernst May, Konrad Wachsmann o Albin Müller. Este trabajo con materiales prefabricados inspiró la labor de arquitectos de la Bauhaus como Gropius con su packaged house system. Y en esto llegaron los nazis...y mandaron parar. Quema de libros, retirada de obras de arte degenerado de los museos y militarización de la vida cotidiana. Como buenos capitalistas, los dueños de la empresa apoyaron de manera entusiasta a Hitler. Desde 1933 la fabricación en masa de casernas volvió a convertirse en el objetivo prioritario. Los campos de concentración para confinar primero a los opositores políticos se convirtieron en una nueva oportunidad de negocio. Y una cosa llevó a otra.

Barracón en el campo de concentración de Auschwitz-Birkenau.

Nunca falta un roto para un descosido. Barracones para la Wehrmacht en su conquista del continente europeo. Barracones para los trabajadores forzados y, finalmente, barracones para los seres asociales y subhumanos en los campos de exterminio. Auschwitz como apoteosis de la arquitectura moderna, eficiente, rápida, barata. Minimización de costes. Maximización de beneficios. Tecnología alemana. La derrota de 1945 acabó con la producción de estos barracones. La desnazificación es lo que tiene. La empresa utilizó mano de obra esclava, judía, para construir los barracones en los que acabarían sus días cientos de miles de judíos. Tremenda cadena de valor, como le gusta decir a los gestores de empresas.
La experiencia de empresas alemanas como ésta influyó seguramente en la práctica profesional de los ingenieros españoles que diseñaron los primeros campos de concentración franquistas en 1937. Nuestro compañero Pedro Fermín Maguire ha estudiado la documentación oficial en la que aparecen los prototipos del denominado Barracón Galicia, que fue el modelo fabricado en masa y empleado por los sublevados prácticamente hasta la inmediata postguerra. Una versión fascista española del barracón nazi por excelencia.


Las ruinas de Capdella son un recurso didáctico de primer orden para hablar de todo eso, pero también del paternalismo empresarial de la burguesía de comienzos de siglo, preocupada por las bajas en la construcción cuando las prisas apremiaban. Las condiciones de trabajo de los obreros en esta zona del Prepirineo en 1911 eran brutales, como se muestra claramente en el centro de interpretación de la central de Capdella. Una visita más que aconsejable.

Referencia
Remacha Acebrón, Sígrid. 2017. L'hospital de cartó de Christoph and Unmack a la colònia de la central de Capdella.  La electrificación y el territorio. Historia y futuro. IV Simposio Internacional sobre Historia de la electrificación (8-9 de mayo de 2017).


lunes, 30 de marzo de 2020

La casa de papel (I)

Ruinas del hospital de cartón de la central de Capdella (1911).

Las calamidades, pandemias y guerras otorgan un protagonismo especial a una arquitectura concreta: la de los hospitales de campaña. La república socialista china intentó superar la nefasta gestión de los dos primeros meses de contagio (con censura incluida) con la construcción en 10 días en Wuhan de toda una escenografía arquitectónica, envidiada por las potencias occidentales. En el Reino de España, la propaganda de Estado no para estos días de recordarnos la eficacia del ejército al levantar todo un hospital de campaña en las instalaciones de IFEMA en Madrid. Un icono ya de la crisis del coronavirus por estos lares.

Hace justo un año el Observatori del Paisatge nos invitó a participar en unas jornadas sobre los significados y los valores de los paisajes hidráulicos. Esos días en Tremp (Lleida), gracias a las organizadoras del seminario, conocimos de primera mano el ingente patrimonio relacionado con la construcción a comienzos del siglo XX de los primeros embalses y centrales que suministraron energía a Barcelona, la ciudad de los prodigios. Gracias a la arquitecta Sígrid Remacha tuvimos acceso a un edificio único en el mundo, un hospital de campaña construido originalmente en... cartón. La investigación llevada a cabo por nuestra colega es una maravillosa historia para la Arqueología del Conflicto, por eso la compartimos hoy con todos vosotros.

Docker-Baracken en Austria durante la Iª Guerra Mundial (1916)

En 1911 la recién creada Empresa Eléctrica de Cataluña inicia la construcción de la Central de Capdella (Vall Fosca, Pallars Jussà, Lleida). Durante 23 meses, tres mil trabajadores acometieron la obra, en una veloz carrera para ser los primeros en suministrar luz y energía a Barcelona. Esta premura hizo que la mayor parte de edificios para dar servicio a esa población flotante contasen con materiales prefabricados. Esta arquitectura efímera encuentra su mejor ejemplo en el hospital de campaña construido por la empresa Christoph & Unmack. Esta casa alemana-danesa (1882) se hizo con la patente de un prototipo conocido como Docker-baracken, diseñado por Johann Gerhard Clemens Docker, ganador del concurso internacional de barracones promovido por la Cruz Roja en 1885. Con el inicio de la Iª Guerra Mundial se abrió un suculento mercado que fue aprovechado por la empresa para iniciar la producción en masa de casernas de madera y de cartón, y que se emplearon tanto en hospitales como en campos de prisioneros.
Aunque se carece de documentación, Sígrid Remacha ha demostrado que el hospital de Capdella ya estaba en uso en 1913. Sobre el cese de su actividad se sabe que en 1940 ya estaba cerrado, siendo usado como almacén por los vecinos.

Modelo de hospital de campaña de cartón, publicitado por Christoph & Unmack (1895). Interior de la sala de curas (en Remacha 2017)

Referencia
Remacha Acebrón, Sígrid. 2017. L'hospital de cartó de Christoph and Unmack a la colònia de la central de Capdella.  La electrificación y el territorio. Historia y futuro. IV Simposio Internacional sobre Historia de la electrificación (8-9 de mayo de 2017).

domingo, 29 de marzo de 2020

La guerra de las aguas ganadas


El Camino de Invierno es una ruta jacobea, con reconocimiento oficial desde 2016, que parte de Ponferrada y, a través del valle del Sil, se adentra en la Galicia interior para llegar hasta Compostela. En el mes de diciembre pasado el que suscribe hizo a pie este recorrido, en plena ciclogénesis explosiva. Bautizar con nombres franceses (Fabien) a huracanes no amedrenta a nadie. Al fin y al cabo era un ensayo de Arqueología experimental para comprobar cómo en muchos de los tramos de la traza era y es imposible circular en invierno. Eso fue lo que me ocurrió a la salida de Rodeiro, en la terra de Deza. El río Arnego era un mar inmenso. Este pormenor me obligó a dar un rodeo notable y perderme un tramo del Camino de Invierno, curiosamente aquel en el que el peregrino puede disfrutar de la escenografía más extraordinaria del trazado: el Mausoleo de las Aguas Ganadas, en la aldea de A Penela (parroquia de Pedroso, ayuntamiento de Lalín, provincia de Pontevedra). Dos meses después, vecinos y vecinas de A Pobra do Brollón hicieron ese tramo del camino. El técnico del Concello, Xosé Gago, me dio a conocer esta obra maestra, que orgullosamente compartimos hoy con vosotros.


La gente de fuera piensa que Galicia es un vergel porque no para de llover y disponemos de agua a discreción. Lo que parece una ventaja, es un problema. Fondos de valle anegados, terrenos sedimentarios encharcados... exigen la ejecución certera de toda una vasta red de irrigación y el desarrollo de tecnologías hidráulicas. Antes de la llegada del electrofascismo en los años 40 y las Confederaciones Hidrográficas, las parroquias gallegas, auténticos regímenes hidráulicos, gestionaban el mantenimiento de todo este entramado de presas, represas y canales. Un derecho consuetudinario no exento de conflictos, como es evidente en una sociedad atlántica minifundista como la nuestra. En nuestro mundo rural tradicional el agua se llevaba, no se traía. La traída es un concepto y una realidad de la Modernidad. As levadas se inspiran en aquellos canales, siempre a cota, que los romanos excavaron para la explotación del oro en el noroeste ibérico. La Ilustración fue la inspiradora en la segunda mitad del siglo XVIII de los primeros grandes proyectos modernos para llevar el agua a las ciudades gallegas. En el rural, hubo que esperar siglo y medio para que los indianos (emigrantes ricos retornados de América) financiasen las nuevas levadas del primer tercio del siglo XX. El tardofranquismo, con planes de colonización incluidos (el Canal del Valle de Lemos, por ejemplo), con la ayuda de las obras sociales de las Cajas de Ahorros, generaron el contexto adecuado para convertir la traída en una nueva panacea del desarrollo del campo.


Una vez sintetizado el contexto, os presentamos el Mausoleo de las Aguas Ganadas, una escenografía que nos remite, ya no al tan manido franquismo sociológico, sino a la memoria franquista modelada por personajes del rural como el ínclito alcalde de Beade o este vecino de A Penela llamado Ismael Calvo. Este evergeta dezano se asemeja a un Dios-Rey sumerio, demiurgo y hacedor, que lleva el agua a su estanque tras litigar con sus vecinos, una gran aficción de los pagani del rural gallego, eso de pleitear por un metro cuadrado, por el paso a una finca o por mis cojones. Ismael, nombre bíblico de por sí, aplica la máxima paisana del ante papeles callan barbas. El documento, en sociedades orales domesticadas por el Estado liberal, se vincula al Poder. Por eso los campesinos gallegos aprovecharon la llegada de los franceses para quemar los archivos de monasterios y encomiendas y echarle la culpa a los impíos galos revolucionarios. Por eso se dejaron la piel para conseguir la redención de los foros en 1926.


La sentencia que supuestamente le  dio la razón sustenta toda este monumento, que podemos calificar de delirante. Pero, oye, también delirante es el Parque do Pasatempo de Betanzos, mandado construir por los hermanos García Naveira a su vuelta de la Argentina. Si Allí hay esculturas de buzos y exploradores aquí tenemos una estatua hecha a rebarbadora a tamaño real del propio Ismael, cual guerrero galaico, quien construyó a finales de los 80 este mausoleo (sic) para preservar su propia memoria y para que todo cristiano pueda admirar el monumento. Una inscripción reza:

Homenaje en vida [que se da a sí mismo] a D. Ismael Calvo Gutiérrez por este monumento de las aguas ganadas por contrato y sentencias por tal motivo se nombra caudillo, segundo de España, franco en la Guerra e Ismael en la guerra de estas aguas.

Y ahí tenemos al Caudillo y al Rey emérito compartiendo espacio con Isma, cual tríada capitolina, en el mausoleo de las aguas ganadas. Como señala el artifex, llevo a Franco en el corazón. El complejo se ubica al pie del Camino de Invierno. ¿Lo catalogará la Xunta de Galicia como patrimonio vinculado a esta ruta jacobea? ¿Catalogarán al menos el cruceiro, las cruces y el pináculo, tan típicos de los hórreos BIC? ¿Hará lo mismo con el Santuario Nacional de Fátima en Chantada, obra del cura Eyré? ¿Vendrán Ortega Smith y Abascal, cual jinetes del Apocalipsis a sacarse una foto en tan patriótico mausoleo? Todo un reto para el nacionalcatolicismo del Partido Popular de Galicia.

Fotografías de Xosé Gago.

domingo, 15 de marzo de 2020

La (que pudo ser) tumba de Franco (y IV)


Fotografía de Pedro Rodríguez Simón (junio de 2017).

El padre Eyré hizo los mismo que los indianos de principios del siglo XX. Muchos de ellos financiaron reformas e iglesias de nueva creación en lo alto de castros, como así ocurrió en Santa Trega (A Guarda) o en Troña (Ponteareas). De hecho, la apertura de carreteras conllevó el descubrimiento de los primeros restos de arquitectura doméstica de la Edad del Hierro en Galicia. En el interior de esta iglesia de Centulle aún se pueden ver molinos barquiformes tirados por el suelo. El cura destruyó un castro pero, según parece, recogía esos restos materiales del pasado, como buen aficcionado a la Arqueología. Personaje carismático que conocía bien como funcionaba la cultura popular, fue el promotor de un proceso de cristianización de un castro en pleno nacionalcatolicismo. Durante décadas se celebró una romería popular el 13 de mayo, el día de la Virgen de Fátima. Como un santón o un eremita, él creó el lugar, y ahí está enterrado, dentro de su proyecto faraónico inconcluso y fracasado.

Al fondo, ruinas del Centro Nacional de Inválidos Civiles, de los años 70.

Pero el padre Eyré no se conformó con levantar el Santuario Nacional de Fátima sobre el antiguo castro de Centulle. Su proyecto contemplaba la construcción de una gran escuela de formación profesional para inválidos civiles. A través de sus contactos con el ejército y el Palacio del Pardo, consiguió el apoyo del régimen franquista, como se aprecia en los textos epigráficos del interior del templo. Incluso el ministro de Educación Ruiz Jiménez (después convertido en opositor) visitó el lugar y dio el visto bueno a la iniciativa del cura chantadino, ya en los años 50. El Centro Nacional de Inválidos Civiles, promovido por la Asociación Nacional de Inválidos, costó unos cien millones de pesetas de los años 70. Equipado para albergar a cuatrocientos internos, la llegada de la democracia impidió su normal desarrollo. En la transición se intentó llevar allí el asilo de Chantada, pero la idea no cuajó. Finalmente, el padre Eyré cedió el recinto a finales de los 80 a la Ciudad de los Muchachos, proyecto dirigido por otro cura, el padre Silva, en este caso, rojo. En 1957 este sacerdote creó un centro de acogida en las afueras de Ourense, en Benposta, por el que llegaron a pasar 50.000 niños huérfanos procedentes de todo el mundo. Para ello se inspiró en el proyecto Boys Town dirigido por el padre Edward Flanagan en Nebraska y que sale en la película Forja de hombres (1938). El circo de la Ciudad de los Muchachos fue la seña de identidad de este proyecto revolucionario, asambleario, que llegó a contar con televisión propia. Por ahí pasaron unos cuantos ecuatoguineanos huyendo de la vesania de Macías, entre ellos Hermes, el que sería guitarrista de Los Suaves. El cura murió en 2011, tras ser amenazado de excomunión por el Vaticano, envuelto en juicios y pleitos por su legado.

Fuente: La Vanguardia.

Hoy en día las ruinas del complejo de Centulle se asemejan más a un posible escenario de peli de serie B tipo Los chicos del maíz. Una pintada en un lateral indica que el colectivo Olimpo realiza entrenos de Airsoft.
En julio de 2018, una organización ultraderechista conocida como Colectivo España Unida, proponía en su Boletín Informativo Nacional, el traslado de los restos de Franco a este Santuario Nacional de Fátima, levantar una cruz de hormigón de 150 m y establecer allí un Centro de Interpretación al (sic) Generalísimo. En gran medida, ya es un gran centro de interpretación del franquismo. Y es más. Debería formar parte de las rutas del Románico de la Ribeira Sacra y entrar por derecho propio en la declaración nacionalcatólica de la Ribeira Sacra como Patrimonio de la Humanidad, promovida por la Xunta de Galicia.

lunes, 9 de marzo de 2020

La (que pudo ser) tumba de Franco (III)


Desde luego, el Padre Eyré pudo haber sido un personaje valleinclanesco, o uno de esos paisanos que circulan por la Xente de aquí e acolá de Cunqueiro o por la Terra Brava de Fole. Si la vanidad es pecaminosa, esta falta no iba con nuestro cura, orgulloso de su devenir, siempre sintiéndose protagonista de la Historia con mayúsculas. Solo así se explica el texto autobiográfico que cubría la lápida funeraria hace un par de años y que ya no está. Todo parece indicar que el texto fue ideado por el párroco bastantes años antes de su fallecimiento en 2002. De hecho, es curioso que solo recoja una parte de su longeva existencia, aquélla más vinculada a su apoyo a la Cruzada:

SEPULTURA RESERVADA PARA LOS RESTOS MORTALES DEL ILUSTRISIMO SEÑOR. DON FRANCISCO EYRE LAMAS PARROCO FUNDADOR DEL SANTUARIO NACIONAL DE N. S. DE FATIMA IGUALMENTE PARROCO FUNDADOR DE LA PARROQUIA DE S. JOSE DE VILLADOMINGO EN BUENOS AIRES. FUNDADOR DE ACCION GALLEGA DE CRUZADOS DE SANTIAGO EN LA MISMA CAPITAL. COFUNDADOR DE LA AGRUPACION MONARQUICA ESPAÑOLA TAMBIEN EN BUENOS AIRES DELEGADO DE AUXILIO SOCIAL DE ESPAÑA. PROFESOR DEL INSTITUTO ESPAÑOL DE LISBOA DURANTE 3 AÑOS DE DONDE VINO PARA FUNDAR ESTE PRIMER SANTUARIO ESPAÑOL DEL INSTITUTO DE FATIMA AÑO DE 1944 MIEMBRO DE LA ASOCIACION HIDALGOS DE FUEGO DE ESPAÑA. TRABAJO PARA EL CONGRESO EUCARISTICO DE BUENOS ARES ESCRIBIENDO TRES LIBROS DE HISTORIA DE LA IGLESIA ARGENTINA Y DEL TRABAJO EN LA EPOCA COLONIAL. LOS PADRES JESUITAS DE LA IGLESIA DE MONSERAT SUS AMIGOS PARA REGRESAR A ESPAÑA EN PLENA GUERRA COMO EL QUERIA LE NOMBRARON PRESIDENTE DE LA PEREGRINACION AL PILAR DE ZARAGOZA CON VIAJE PAGADO Y ALGO MAS ESTA CONDECORADO CON LA CRUZ DE ISABEL LA CATÓLICA. EN BURGOS TANTO EL CAUDILLO COMO SU ESPOSA Y LOS MINISTROS DEL GOBIERNO. LE RECIBIERON OFICIALMENTE MUY AGRADECIDOS. QUERIAN QUE REGRESARA A AMERICA PERO NO QUISO POR LA MUCHA EDAD DE SU PADRE ENFERMO.
MURIO EN SU CASA DE ABRAL-CHANTADA-EL DIA DEL AÑO
DESPUES DE RECIBIR LOS SANTOS SACRAMENTOS D.E.P.


El historiador Luis Velasco Martínez ha estudiado detalladamente la labor llevada a cabo por individuos como éste para reclutar combatientes profranquistas entre la colectividad gallega de Buenos Aires. El órgano de los cruzados de Santiago, llamado Fé Gallega, se encontraba en la vanguardia propagandística de los sublevados en Sudamérica. A menudo empleaban el idioma gallego en poemas y elegías a Franco y a los marisquiños, los soldados gallegos que integraban el ejército sublevado. El Padre Eyré participó de todo el entramado religioso y civil establecido en Buenos Aires para apoyar la sublevación. El arzobispado y la Comisión de Damas de Buenos Aires organizaron en 1937 una colecta de objetos religiosos para enviar a Salamanca, ante la destrucción propiciada por los rojos. Sin embargo, jugó un papel más importante en este sentido, la red de entidades civiles por las que también pululaba nuestro cura: Centro Acción Española, Agrupación Monárquica Española (presidida por la princesa María Pía de Borbón de Padilla), Legionarios Civiles de Franco (dirigida por Soledad Alonso de Drysdale, viuda de un latifundista inglés ganadero) o el Socorro Blanco Argentino para la Reconstrucción de España.


Desde luego, el párroco de Centulle se murió con la satisfacción del trabajo bien hecho y hacía gala de sus servicios prestados en el largo epitafio de su tumba. Pero la historia de Eyré todavía presenta más líneas de fuga. Su proyecto estrella no solo se centraba en la construcción del santuario de Fátima, sino que quiso acompañarlo de unas escuelas, una especie de colegio de formación profesional para Inválidos Civiles. El antiguo castro, coronado por el santuario de Fátima, volvió a sufrir las ansias de este evergeta desaforado, ahora en los años 60. Para ello contó, de nuevo, con el apoyo de Carmen Polo y del Ministerio de Trabajo. Las instalaciones tenían talleres de recuperación, aulas de mantenimiento y maquinaria de última generación. Sin embargo, el proyecto se truncó con la llegada de la democracia. De esto hablaremos más adelante. Ahora toca revisar los nuevos servicios prestados por Eyré en el tardofranquismo. Nuestro cura consiguió fichar por el Ministerio de Asuntos Exteriores como asesor de Relaciones Culturales. Y entre 1959 y 1969, con la aquiesciencia de Fraga, fue el capellán de los trabajadores de la emisora  Radio Liberty, en Pals (Girona), radio anticomunista gestionada por la CIA. El cese de Fraga como ministro de Información y Turismo coincidió con el cese de este capellán. Su contacto estrecho con las altas esferas del régimen, su ideología monárquica y su trato personal con los Borbones exiliados en Estoril eran variables muy tenidas en cuenta por la CIA de cara al futuro de España.




  


domingo, 8 de marzo de 2020

La (que pudo ser) tumba de Franco (II)

Interior del santuario, junio de 2017. (Fot. de Pedro Rodríguez).

Chantada, década de 1940. La salvaje represión desatada por los golpistas acabó con el movimiento asociativo agrario, con las nuevas ideas progresistas traídas de América, con las tentativas laicizantes en el mundo rural. Con todo, la resistencia continuó. La guerrilla antifranquista campaba a sus anchas esos años, con la figura señera de O'Piloto, el último maquis abatido en España, en estas tierras, en 1965. En unos años de hambre y falta total de bienes de equipo, el régimen se lanzó a la construcción de puentes y embalses, empleando mano de obra esclava, esto es, prisioneros de guerra, los derrotados republicanos. Este es el panorama de la inmediata postguerra, la España de la Victoria, en la que juegan sus bazas el falangismo y la Iglesia, en una lucha denodada por controlar los resortes del Poder. En 1942 reaparece el padre Eyré en su tierra natal y encuentra el campo abonado del nacionalcatolicismo para llevar a cabo su sueño. Este cura, de alcurnia hidalga, tiene una perfecta agenda de contactos. Es amigo de don Juan de Borbón y la familia real, a quien visita en Estoril durante su estancia portuguesa. Su familiar Maruja Eyré es la secretaria personal de Pilar Primo de Rivera. Él mismo mantiene contacto estrecho con Carmen Polo y el Palacio del Pardo.

Tumba del padre Eyré dentro del santuario (junio de 2017). (Fot. de Pedro Rodríguez).

Para construir su templo, elige el recinto superior del castro de Centulle, propiedad de su familia. Con el solar a disposición del proyecto, busca consejo en un arquitecto que había sido ayudante de Antonio Palacios y que acabará vinculado al Valle de los Caídos: Pedro Muguruza. Mientras la II Guerra Mundial se dirime en los campos de batalla, en el corazón de Galicia este cura iluminado consigue el apoyo de Franco y en tiempo récord, en dos años, construye el santuario nacional de Fátima, inaugurado el 13 de mayo de 1945, cinco días después de la capitulación de Alemania. Al acto de inauguración acude el infante Luis Alfonso de Baviera y Borbón, sobrino de Alfonso XIII, militar del ejército sublevado que poco antes había combatido en la División Azul.

Tumba del padre Eyré, con cirios encendidos, en junio de 2017. (Fot. de Pedro Rodríguez).

Nombrado Rector del Santuario Nacional de Fátima, durante los años 50 recorre España a la búsqueda de fondos y donativos, para convertir su iglesia en centro de peregrinación. Incluso llega a sondear a la única pastorcilla de Fátima superviviente, sor Lucía, para que se traslade a vivir a Centulle, cual anacoreta del siglo XX. Sor Lucía ya conocía Galicia, en donde residió 21 años, entre Tui, Santiago, Rianxo y en Pontevedra. Su casa en el casco viejo de Pontevedra es el conocido como Santuario de las Apariciones. Como dignos herederos del padre Eyré, cura monárquico, los concejales del Partido Popular de Galicia en el ayuntamiento pontevedrés quieren fomentar el turismo religioso y relanzar este centro de peregrinación, en donde la vidente sor Lucía volvió a ver a la Virgen en 1925 y 1926 (sic).

La tumba del padre Eyré en la actualidad. La lápida ha desaparecido.

El nacionalcatolicismo continuó sin problemas en Galicia tras la transición democrática. Del franquismo al fraguismo, el nacionalcatolicismo apaño nuevos atrezzos, el regionalismo, los xacobeos y un Santiago Apóstol patrón más de Galicia (nai e señora) que de España. Una de las placas conmemorativas instaladas dentro del santuario nacional no deja dudas al respecto: por aquí pasaron personajes ilustres, como el Ministro de Educación Nacional Joaquín Ruiz Jiménez, en representación del Jefe del Estado (años 1950) y el presidente de la Xunta de Galicia Manuel Fraga Iribarne con sus conselleiros (sic).

Placa en recuerdo a los visitantes insignes, entre ellos Fraga y sus conselleiros (Fot. de Pedro Rodríguez).



martes, 3 de marzo de 2020

La (que pudo ser) tumba de Franco (I)

Fotograma de El Final del Camino, en el interior del templo (TVE).

Hace un par de años, nuestra compañera Sonia García Rodríguez trabajó como asesora histórica para la serie de televisión El final del camino, ambientada en la Compostela del siglo XII. Sonia localizó un edificio espectacular en el corazón de Galicia, una iglesia abandonada que sirvió de ambientación perfecta para grabar algunas escenas de la citada serie, con el monarca sentado en su trono. Este templo espectacular se encuentra cerca de la aldea de Centulle, en San Xurxo de Asma (ayuntamiento de Chantada, Lugo). En el verano de 2017 miembros de nuestro equipo hicimos una visita al sitio. Allí coincidimos con una gente que, según todos los indicios, acababa de grabar un vídeo porno en el interior de las instalaciones. La puerta estaba abierta. Ayer volvimos, y ante el expolio sistemático al que ha sido sometida la iglesia, ésta ha sido cerrada a cal y canto con alarma incluida.


El templo-fortaleza fue erigido en el siglo XX, en cantería de granito, y obedece a un estilo historicista kitsch, en el que se entremezclan reminiscencias templarias, cruces gaélicas y formas típicas mozárabes, prerrománicas asturianas, góticas e incluso neoclásicas. Este Frankenstein es el Santuario Nacional de Fátima, el único reconocido así oficialmente por la Iglesia en territorio español. La historia de esta iglesia es un perfecto reflejo del nacionalcatolicismo y de cómo funcionaban los mecanismos del poder durante el régimen franquista.


Emilio Eyré Lamas (1910-2002) fue un cura chantadino. Como muchos jóvenes de esta comarca gallega emigró por aquel entonces a la Argentina, en donde ejerció su labor sacerdotal. Con cierta querencia por la arqueología, llegó a publicar en los años 30 trabajos como La Eucaristía en la Arquitectura colonial y una Guía Histórico-Arqueológica de Buenos Aires. En la línea del conservadurismo nacionalista español también dedicó su tiempo a reflexionar, cual Ramiro de Maeztu, sobre El alma de la raza. Durante su estancia americana mostró un entusiasmo desatado por la aparición de la Virgen en Fátima hasta el punto de querer construir una iglesia en su honor en el Río de la Plata. Según parece, la iniciativa no tuvo mucho su éxito, pero ahí quedó como un proyecto pendiente en la cabeza de Emilio. Durante la guerra civil española apoyó con denuedo la causa franquista, recolectó fondos y entabló un contacto estrecho con Carmen Polo, señora de Franco. A su vuelta en 1942 fue enviado a Lisboa, en donde ejerció como profesor en el Instituto Español. Tenía entonces 32 años. Sus visitas a Fátima (en donde empezaron las obras del templo en 1928 y no se finalizarían hasta treinta años después) no hicieron más que reforzar su iniciativa de construir una iglesia de Fátima en la Nueva España.






viernes, 20 de septiembre de 2019

El pasado es un país extraño

Emil trabajando en la restauración y acondicionamiento del osario.

Emil Jurcan es un arquitecto de los que hay pocos en mi país. Él viene de Istria y desarrolla un interesantísimo proyecto de investigación sobre el uso político e ideológico de las ruinas romanas en la Croacia actual, desde el Imperio Austrohúngaro hasta la actualidad. Ideología, política, patrimonio y arqueología son realidades que van cogidas de la mano, como ya sabéis los que seguís este blog desde hace tiempo. Emil está reparando con cariño el muro de la entrada al osario que acoge los restos de 300 partisanos que murieron luchando contra el fascismo. 

Placa conmemorativa en el interior del osario.

Este cementerio forma parte de un complejo memorialístico generado en la postguerra y que fue culminado en 1981 con los monumentos erigidos en el solar original del hospital número 7. La desaparición de Yugoslavia y el triunfo del nacionalismo ultraconservador croata en 1990-1991 generaron una nueva realidad política en la que el pasado partisano y todo lo que oliera a comunista era borrado del mapa. Este proceso de damnatio memoriae ha sido sistemático y se ha agudizado en los últimos tiempos. La historiadora del arte Sanja Horvatincic lleva años estudiando la biografía y la vida social de estos monumentos que obedecen al proyecto de construcción de una sociedad socialista y no a meros criterios estéticos. Estos días hemos visitado con ella numerosos de estos repositorios materiales de la memoria. Es sorprendente la cantidad de lugares, casas, parajes que acogieron y acogen estos memoriales. Auténticos parques públicos, temáticos, construidos en aldeas alejadas, en medio de esta zona rural que dista apenas quince kilómetros en línea recta de la costa, otro mundo. 

Monumento a héroes partisanos, con la forma del típico gorro croata. Sanja nos muestra el expolio al que ha sido sometido en los dos últimos años.

El desdén de la administración, los ataques fascistas, el robo de las placas y bustos de bronce han acabado con gran parte de este legado. Una materialidad generada en su día por escultores y arquitectos de prestigio. Auténticas obras de arte, como esas esculturas icónicas de partisanos en actitud desafiante, fusil en mano.


Este expolio se ha cebado con los monumentos de Dreznica. El bajorrelieve en bronce que honraba la memoria de los médicos y enfermeras del hospital partisano ha desaparecido. Las placas explicativas del hospital fueron expoliadas y se habrán fundido en algún otro lugar. En este contexto, la comunidad serbia pretende revertir este proceso de abandono y recuperar estos lugares de memoria. 


Placas retiradas del complejo memorial del hospital nº 7.

En este contexto, emociona ver a Emil limpiar con cariño las grietas del muro de la entrada al cementerio, hacer masa para restituir los bloques caídos. Gracias a él, esta arquitectura lucirá como en sus mejores tiempos en el homenaje que mañana se brindará a los héroes y heroínas que yacen aquí, en el bosque que les acogió durante cuatro años de resistencia.

Memorial en la antigua escuela de Dreznica, con los nombres de las 700 víctimas civiles de la vesania fascista.

Durante la prospección en este paisaje rural, durante las entrevistas a la gente mayor nos damos cuenta del alcance del terror fascista, que acabó con la vida de cientos y cientos de mujeres, niños, bebés, ancianos y hombres. La Convención de Ginebra no fue tenida en cuenta por las fuerzas de ocupación y los fascistas croatas, obsesionados con acabar con las redes de ayuda y los hospitales que sostenían la moral y la lucha partisana. Todos estos lugares de memoria, vandalizados, expoliados y olvidados nos remiten a un Estado croata que ve en ese pasado un país extraño. Por el contrario, la comunidad serbia de Dreznica reivindica el legado de la solidaridad entre pueblos. De hecho la guerra de 1991-1995 no afectó a esta zona de Croacia. Toda una lección para el presente y para el futuro.

El cartel de los actos de mañana recoge un diseño del monumento a los servicios médicos partisanos, escultura en bronce que fue robada hace años. La comunidad local pretende reponerlo en breve.




jueves, 19 de septiembre de 2019

La Hojarasca

Base partisana en los montes de Krakar, aprovechando la espesura del bosque y los afloramientos rocosos.


De pronto como si un remolino hubiera echado raíces en el centro del pueblo, llegó la compañía bananera perseguida por la hojarasca. Era una hojarasca revuelta, alborotada, formada por los desperdicios humanos y materiales de los otros pueblos: rastrojos de una guerra civil que cada vez parecía más remota e inverosímil. La hojarasca era implacable. Todo lo contaminaba de su revuelto olor multitudinario, olor de secreción a flor de piel y de recóndita muerte.

Gabriel García Márquez: La Hojarasca (1955).

Voluntad de resistir. Ahí está el origen de muchas de las materialidades que conforman los paisajes  bélicos que estamos estudiando desde la Arqueología del Conflicto en los últimos años. La cueva en la que se escondió el guerrillero Gorete en las estribaciones de los Picos de Europa. Las chabolas republicanas construidas precipitadamente en vaguadas de la Alcarria, habilitadas como hospitales de campaña. Los hospitales en el interior de cuevas en el contexto de la batalla del Ebro. Los chozos de la Cidade da Selva en la zona de Pena Trevinca (Ourense). La cueva etíope de Zeret en donde ancianos, mujeres y niños fueron masacrados con gas mostaza por los fascistas italianos. Alfredo González-Ruibal ha remarcado un aspecto crucial de la guerra civil española. Mientras la tecnología militar de vanguardia se ponía a prueba en los frentes de España, el conflicto suponía en muchos casos la vuelta al pasado. Chabolas que parecen cabañas de la Edad del Hierro. Soldados heridos que son atendidos en cuevas paleolíticas como si fuesen especímenes tipo Homo Antecessor.

En el callejero de Dreznica todavía se conserva el nombre de Dreznica de los Partisanos.

La resistencia partisana en Dreznica contra los ocupantes italianos y alemanes es el paradigma de la lucha de guerrillas. Esta zona de Croacia, habitada por serbios, es conocida por su riqueza forestal. Los aserraderos en la época de preguerra conocieron un incipiente movimiento sindicalista en defensa de los intereses de los trabajadores. Aquí ellos y ellas tienen, desde siempre, madera de héroes y de heroínas. Tras la rendición del ejército regular yugoslavo en 1941, muchos hombres regresaron a casa, sí, pero armados. Durante tres años trágicos se enfrentaron a cuatro ejércitos: los fascistas croatas (ustasha), los monárquicos serbios (chetniks), los italianos y los alemanes. Voluntad de resistir. Las masacres se sucedieron entre la población campesina que apoyó masivamente la causa partisana. Hasta 1991 el topónimo oficial del pueblo fue precisamente ese: Dreznica de los partisanos. Y lo siguen defendiendo con orgullo.

También hacemos excavaciones en los monumentos. En este, situado cerca de Ogulin, se conmemora un enfrentamiento con fuerzas chetniks. Hemos recuperado en el entorno los fragmentos del texto de la primera placa de mármol que se colocó en el lugar hace décadas.

Una de las cosas que estamos haciendo en nuestro proyecto es registrar los monumentos erigidos durante el régimen comunista en conmemoración de los hechos bélicos protagonizados por los partisanos. En los textos conservados en las placas se pasa del genérico terror fascista a indicar en ocasiones el enemigo allí batido: chetniks, ustashas, italianos o alemanes. Proliferan sobre todo en carreteras principales, lugares propicios para emboscadas y golpes de mano. Lógicamente, la guerrilla evita siempre la lucha en campo abierto. Su gran aliado: el bosque. La Arqueología del Paisaje nos permite reconstruir la genealogía de los espacios liberados. En un primer momento, la resistencia se organizó en los pequeños pueblos rurales. Desde el inicio de la insurrección, los encargados de echar a andar todo el entramado partisano fueron veteranos de la guerra de España, pertenecientes en su día a las Brigadas Internacionales (de esto hablaremos en posts venideros). El primer hospital se habilitó en la casa de un notario en la aldea de Sekulic. Duró poco. Los ustasha enviaron una expedición de castigo y liquidaron a 28 civiles, hombres, mujeres y ancianos. Los heridos fueron asesinados y solo unos pocos pudieron escapar a una cueva cercana.

Ruinas del hospital partisano en la aldea de Sekulic, quemado por los ustasha. Así permanece desde entonces.

En esta primera etapa de la resistencia los partisanos contaron con una base en los montes de Krakar. Podemos definirla como una etapa paleolítica. Los afloramientos rocosos típicos de este paisaje kárstico, las dolinas, sirvieron de abrigo natural para los combatientes. La masa boscosa, las cuevas y la piedra maciza eran un buen contrapeso para los ataques de la artillería italiana en esa época. En 1942 se organizó el hospital nº 7 en los montes Javornica en los alrededores de Dreznica, constantemente hostigado por el enemigo. La zona central del sitio fue monumentalizada a comienzos de la década de 1960 a iniciativa, en gran parte, de enfermeras y comisarias políticas que trabajaron allí veinte años antes.

El conjunto monumental que conmemora el hospital nº 7 es obra de Zdenko Kolazio y fue inaugurado en 1981. Cada uno de estos hitos de cemento marca un área de actividad del antiguo campamento. En la imagen, el puesto de ambulancia.

Uno de nuestros objetivos es llevar a cabo una prospección intensiva de este paraje de Gorski Kotar que nos permita ir más allá de las fuentes escritas y reconstruir arqueológicamente todo el sistema defensivo y asistencial partisano. Para ello contamos con la colaboración de la comunidad local. Dragan, joven cazador, se ofreció a llevarnos a una cueva oculta que se utilizó para evacuar a los enfermos durante los episodios de mayor peligro. Como decía el poeta del Caurel Uxío Novoneyra, aquí se siente lo poco que es un hombre. Llueve en el bosque. Nubes de mosquitos al acecho. Arces y abetos monumentales, raíces que descansan como dinosaurios fosilizados. Objetos de higiene y bolsas de comida desparramadas aquí y allá nos remiten al paso reciente de refugiados, de camino hacia el norte. La hojarasca nos recuerda aquella novela menor de Gabriel García Márquez, pero en la que aparece ya reflejado el realismo mágico de Macondo. Dragan avanza decidido sorteando el lapiaz y las dolinas que se suceden en bucle. Llegamos a la entrada, idéntica a la de la cueva de Altamira, por poner un ejemplo, pero sin puerta. Entonces experimentamos aquello que se cuenta del descubrimiento de la tumba de Tutankhamon, cuando Carnarvon le pregunta a Carter: ¿qué ves?, y éste le contesta Cosas maravillosas.

¿Qué ves?... Cosas maravillosas. (Foto de Sanja Horvatincic).

Volvemos al día siguiente pertrechados cual espeleólogos domingueros. Conseguimos bajar al interior. Todavía se conservan los pilotes de madera y las vigas que servían para habilitar plataformas horizontales (probablemente a dos alturas) en donde descansaban los heridos. Esta cueva se ubica  a poca distancia, en línea recta (pero con una gran pendiente) del lugar en donde se emplazaba la botica y la cabaña en donde se atendía a los enfermos de tifus. Podemos imaginarnos las condiciones que tuvieron que soportar los heridos, tanto durante la evacuación como durante su estancia en la cueva.

Acceso a la cueva. Vista desde el interior. (Fotografía de Carlos Otero).

El papel de las mujeres partisanas fue crucial en estas labores de mantenimiento. Muchas de ellas hacían kilómetros y kilómetros con cántaros de agua en la cabeza para hacerla llegar al hospital. Hay que tener en cuenta que el tifus era la enfermedad más temida, debida a la ausencia de agua potable. A su vez, el papel de las enfermeras fue heroico, coordinadas por el famoso médico judío Otto Kraus. Sobrevivir en el hospital nº 7 dependía de la solidaridad, la camaradería, pero también de la cultura material, como veremos a continuación. Entre las dolinas, los arces y la hojarasca, bajo tierra, se forjó la resistencia. Aquí, en el bosque, nació un país nuevo... que ya no existe. El viento de la Historia se llevó (¿para siempre?) sus hojas caducas.
Interior de la cueva. Vista parcial. (Foto de Carlos Otero).