martes, 24 de septiembre de 2019

Vera

Diario de Istria en el que se recoge la entrevista a Vera, realizada en la conmemoración del sábado pasado: Fue muy difícil, pero teníamos la moral alta por la camaradería.

La familia de Vera era judía. Era, porque nadie sobrevivió al Holocausto ni a la 2ª Guerra Mundial. Solo ella. Desde Zagreb, con sus gafas de siete dioptrías, huyó a la zona liberada para luchar con los partisanos. Ella fue una de las mujeres que atendió a enfermos y heridos en el hospital nº 7, hasta que no pudo más. Cada día fallecían, entre sus brazos, compañeros, guerrilleros y refugiados. Incluso niños. La epidemia de tifus de 1943 se cebó con la resistencia.

Vera, 98 años, delante del osario de los partisanos fallecidos en el hospital nº 7.

En la postguerra mujeres como Vera, enfermeras, médicas, comisarias políticas, fueron un pilar fundamental a la hora de mantener viva la llama de la memoria, de preservar el recuerdo de los caídos. En esta fotografía de 1956 la podemos ver delante del osario y del monumento (hoy desaparecido) que recoge la labor asistencial de estas partisanas.

1956. Vera es la primera mujer de la izquierda.

Vera tiene una memoria prodigiosa. En la ofrenda floral en homenaje a la población civil asesinada por los fascistas, no pudo contener las lágrimas, mientras Pipo, partisano de 97 años, iba relatando las atrocidades cometidas y el surgimiento del movimiento guerrillero en la zona de Dreznica. El testimonio de Pipo y Vera, protagonistas heroicos de esta historia, es fundamental para que las nuevas generaciones sepan lo que aquí ocurrió. Dentro de poco solo nos quedará la Arqueología como fuente de conocimiento de los paisajes de la resistencia.

Sanja, codirectora del proyecto arqueológico, Vera y Pipo en la ofrenda floral en el monumento de la antigua escuela de Dreznica. (Foto de Ivona Grgurinovic).

Vera formó parte de todo un auténtico ejército del bosque, en donde ya sabemos habitan en muchas culturas los seres maravillosos, encantados, mágicos. A pesar de su delicado estado de salud, Vera quiso volver a su bosque, con el paso decidido de quien no olvida. Al solar del hospital en donde salvó vidas y asistió en los momentos finales a otros compañeros. Allí un coro de la vecina región de Istria interpretó canciones partisanas que Vera tarareaba con orgullo. También se cantaron himnos de la guerra de España, como el 5º Regimiento o Los campesinos.

Y Vera volvió a su hospital.

Desde su llegada al hospital Vera escribía un diario en el que detallaba la evolución de los enfermos, las altas, las bajas, las incidencias... En un ataque alemán tuvieron que huir y atravesar un río. Ella se despojó de su abrigo y se lo pasó a otro compañero que quedaba atrás abriendo fuego al enemigo. Ese partisano cayó en combate y con él, el diario. Vera, con una gran miopía, perdió sus gafas, y pasó el resto de la campaña en esas condiciones. Como dice ella, la solidaridad y la camaradería la ayudaron a salir adelante. Tras tres años en el bosque, al acabar la guerra, volvió al oculista y éste certificó que le habían bajado las dioptrías a la mitad. Milagros cromáticos del bosque.

Pipo lee su discurso, escrito a mano por él, bajo la atenta mirada de Vera.

Pueden tirar abajo con dinamita monumentos de hormigón armado. Pueden destruir memoriales, robar placas y recristianizar cementerios partisanos. Pero nada podrán con el tesón y el testimonio de mujeres como Vera. Se entregó a los demás para combatir el terror. Con personas como Vera, uno aún mantiene un mínimo de esperanza en la Humanidad. El amor en los tiempos del cólera.

Proyecto Heritage from below. Traces and memories. Dreznica 1941-1945.







domingo, 22 de septiembre de 2019

Hermanos de sangre

Dependencia principal del hospital nº 7 en el monte Jabornica en 1943. 

El coronel Djordje Dragic publicó una serie de monografías en la postguerra sobre la organización de los servicios médicos en los campamentos guerrilleros yugoslavos. En ellas recoge la experiencia partisana como posible ejemplo a seguir en una guerra de guerrillas.Todo un manual de supervivencia. Cómo atender a los heridos en contextos marcados por la superioridad técnica del enemigo, por el peligro constante de asedio, por la necesidad de moverse constantemente por el territorio, por la ineludible obligación de mantener la moral de lucha en los hospitales, por la nula accesibilidad a servicios y recursos básicos, como puede ser el agua potable. A diferencia de los ejércitos regulares, que tienden a la concentración de enfermos y heridos para maximizar los recursos de intendencia, la guerrilla se ve obligada a dispersarlos. Así mismo, la llegada de suministros es muy limitada, debido a la política de tierra quemada del enemigo, que destruye los apoyos de la guerrilla del Llano (pueblos enteros quemados, masacres, quema de almacenes y campos de cultivo).

Interior de la cueva en el entorno del hospital nº 7. Restos de la estructura de madera sobre la que se asentarían los camastros de los enfermos y heridos. (Foto de Carlos Otero).

Hacia finales de 1942 los hospitales en Croacia estaban organizados de tal manera que cada comando regional partisano tuviese un hospital propio en su zona. En este contexto debemos ubicar el hospital nº 7 que estamos estudiando, un auténtico modelo de esos hospitales secretos ubicados en zonas boscosas dentro de territorio liberado. Cuando se desataba una ofensiva enemiga, normalmente en primavera-verano, la táctica empleada por los responsables de estos hospitales era evacuar a los heridos más graves a refugios subterráneos ubicados a una distancia de no más de 10 minutos a pie. Los refugios podían ser construidos o podían consistir en cuevas naturales, muy abundantes en este paisaje kárstico. Un ejemplo bien conocido es el hospital de Pavla en Eslovenia o la evacuación de 95 heridos graves de los hospitales de Lika a la cueva de Bajnovac, durante la séptima ofensiva enemiga. Se habilitaron siete plataformas de madera y allí estuvieron los heridos durante una semana, atendidos por quince enfermeras. La cueva, de 50 m de largo, contaba con una letrina e incluso un área de enterramiento al fondo.

Piezas pertenecientes a un equipo de oxígeno de campaña, documentadas en el interior de la cueva (Foto de Carlos Otero).

Djordje Dragic analiza en su manual los problemas de abastecimiento de medicinas y equipamientos, que se solventaban de dos maneras: o echando mano de recursos locales o mediante la organización de misiones destinadas a capturar en las posiciones enemigas ese tipo de material. Así por ejemplo, para abastecer al hospital del monte Borija, sobre la localidad de Teslic (en uso entre 1941 y 1942), se organizó un golpe de mano para acceder al interior del hospital de Kotor Varos. Este tipo de ataques sorpresa también tuvieron lugar en Krasic en septiembre de 1942 y en el psiquiátrico de Popovaca al comienzo de 1944, por poner algunos ejemplos (Dragic, 1965: 81-82). Así mismo, ante ofensivas partisanas a mayor escala, los encargados de la sección farmacéutica organizaban la evacuación a los hospitales de retaguardia de todo el material, para evitar su deterioro en el traslado a las montañas. Así se hizo en la toma de Bihac (1942) y Banja Luka (1944). Ante la escasez, lo más apremiante era hacerse con vendas, instrumentos quirúrgicos, termómetros, vacunas (antitetánica, sobre todo), jeringuillas, narcóticos y desinfectantes.

Frasco documentado in situ, con el líquido todavía en su interior (Foto de Carlos Otero).

La ayuda aliada que llegaba por el aire fue también muy importante, sobre todo en todo lo que se refiere a alimentos envasados. Las fuentes escritas de que disponemos se centran sobre todo en la descripción de los bunkers subterráneos que fueron construidos por las unidades partisanas, con espectaculares entibados y estructuras de madera. Sin embargo, no conocemos tan bien cómo funcionaban esos hospitales improvisados dentro de cuevas naturales. Por eso es tan importante el contexto cerrado, fosilizado, que nos aporta la cueva en el entorno del hospital nº 7.

Latas de conserva y frascos de vidrio correspondientes a medicamentos. Localización in situ dentro de la cueva (Foto de Carlos Otero).

La sima se ubica a menos de 15 minutos andando desde la zona donde se emplazaban la farmacia y el habitáculo ocupado por los enfermos de tifus. Nos podemos imaginar las terribles condiciones de vida de los pacientes dentro de la gruta. La necesidad de evitar la humedad y las filtraciones de agua explican el esfuerzo a la hora de habilitar superficies de madera para ubicar los camastros, así como el uso de lonas de tiendas de campañas. La ventilación se solventaba con pequeñas salidas para el aire, como los dos agujeros que se abrieron a la derecha de la entrada, en un abrigo rocoso. Lámparas de petróleo (petroleikas) aportaban un mínimo de iluminación.

Lámpara petroleika. Localización in situ dentro de la cueva (Foto de Carlos Otero).

En el interior de la cueva no encontramos en superficie restos de munición ni de armas, pero sí numerosos objetos que remiten a usos médicos, quirúrgicos y asistenciales: elementos asociados a una bombona de oxígeno (con un manómetro probablemente fabricado en Milán), varias botellas de medicamento del Ejército italiano, un envase minúsculo que aún conserva el líquido en su interior (¿morfina?) e incluso otro con las iniciales D.R.G.M. (Deutsches Reichsgebrauchsmuster) que podríamos traducir como diseño registrado en el Imperio alemán. Esta marca se usó desde antes de la 1ª Guerra Mundial y perduró hasta el fin de la 2ª.

Frascos de medicinas documentados en el interior de la cueva, la mayoría procedente del Ejército italiano.


El angosto acceso a la cueva da buena cuenta de la dificultad para introducirse en ella. En la roca se esculpieron dos semicírculos con el espacio justo para que se adentre una persona de pie sin lesionarse en la cabeza. Después, unos cuatro metros de pared, posiblemente salvados con una escalera de madera. Estremece pensar en el sufrimiento de los enfermos y heridos aquí evacuados. El papel de las enfermeras era crucial. En muchos casos fueron las personas que asistieron a los partisanos en el momento de su muerte. Una de ellas se llama Vera. De ella escribiremos mañana.

 Soporte metálico para instrumental quirúrgico (Foto de Carlos Otero).

Referencia:

Dragic, Dj. 1965. Partisan Hospitals in Yugoslavia. Belgrado: Vojnoizdavacki Zavod.

Proyecto Heritage from below. Traces and memories. Dreznica 1941-1945.

viernes, 20 de septiembre de 2019

El pasado es un país extraño

Emil trabajando en la restauración y acondicionamiento del osario.

Emil Jurcan es un arquitecto de los que hay pocos en mi país. Él viene de Istria y desarrolla un interesantísimo proyecto de investigación sobre el uso político e ideológico de las ruinas romanas en la Croacia actual, desde el Imperio Austrohúngaro hasta la actualidad. Ideología, política, patrimonio y arqueología son realidades que van cogidas de la mano, como ya sabéis los que seguís este blog desde hace tiempo. Emil está reparando con cariño el muro de la entrada al osario que acoge los restos de 300 partisanos que murieron luchando contra el fascismo. 

Placa conmemorativa en el interior del osario.

Este cementerio forma parte de un complejo memorialístico generado en la postguerra y que fue culminado en 1981 con los monumentos erigidos en el solar original del hospital número 7. La desaparición de Yugoslavia y el triunfo del nacionalismo ultraconservador croata en 1990-1991 generaron una nueva realidad política en la que el pasado partisano y todo lo que oliera a comunista era borrado del mapa. Este proceso de damnatio memoriae ha sido sistemático y se ha agudizado en los últimos tiempos. La historiadora del arte Sanja Horvatincic lleva años estudiando la biografía y la vida social de estos monumentos que obedecen al proyecto de construcción de una sociedad socialista y no a meros criterios estéticos. Estos días hemos visitado con ella numerosos de estos repositorios materiales de la memoria. Es sorprendente la cantidad de lugares, casas, parajes que acogieron y acogen estos memoriales. Auténticos parques públicos, temáticos, construidos en aldeas alejadas, en medio de esta zona rural que dista apenas quince kilómetros en línea recta de la costa, otro mundo. 

Monumento a héroes partisanos, con la forma del típico gorro croata. Sanja nos muestra el expolio al que ha sido sometido en los dos últimos años.

El desdén de la administración, los ataques fascistas, el robo de las placas y bustos de bronce han acabado con gran parte de este legado. Una materialidad generada en su día por escultores y arquitectos de prestigio. Auténticas obras de arte, como esas esculturas icónicas de partisanos en actitud desafiante, fusil en mano.


Este expolio se ha cebado con los monumentos de Dreznica. El bajorrelieve en bronce que honraba la memoria de los médicos y enfermeras del hospital partisano ha desaparecido. Las placas explicativas del hospital fueron expoliadas y se habrán fundido en algún otro lugar. En este contexto, la comunidad serbia pretende revertir este proceso de abandono y recuperar estos lugares de memoria. 


Placas retiradas del complejo memorial del hospital nº 7.

En este contexto, emociona ver a Emil limpiar con cariño las grietas del muro de la entrada al cementerio, hacer masa para restituir los bloques caídos. Gracias a él, esta arquitectura lucirá como en sus mejores tiempos en el homenaje que mañana se brindará a los héroes y heroínas que yacen aquí, en el bosque que les acogió durante cuatro años de resistencia.

Memorial en la antigua escuela de Dreznica, con los nombres de las 700 víctimas civiles de la vesania fascista.

Durante la prospección en este paisaje rural, durante las entrevistas a la gente mayor nos damos cuenta del alcance del terror fascista, que acabó con la vida de cientos y cientos de mujeres, niños, bebés, ancianos y hombres. La Convención de Ginebra no fue tenida en cuenta por las fuerzas de ocupación y los fascistas croatas, obsesionados con acabar con las redes de ayuda y los hospitales que sostenían la moral y la lucha partisana. Todos estos lugares de memoria, vandalizados, expoliados y olvidados nos remiten a un Estado croata que ve en ese pasado un país extraño. Por el contrario, la comunidad serbia de Dreznica reivindica el legado de la solidaridad entre pueblos. De hecho la guerra de 1991-1995 no afectó a esta zona de Croacia. Toda una lección para el presente y para el futuro.

El cartel de los actos de mañana recoge un diseño del monumento a los servicios médicos partisanos, escultura en bronce que fue robada hace años. La comunidad local pretende reponerlo en breve.




jueves, 19 de septiembre de 2019

La Hojarasca

Base partisana en los montes de Krakar, aprovechando la espesura del bosque y los afloramientos rocosos.


De pronto como si un remolino hubiera echado raíces en el centro del pueblo, llegó la compañía bananera perseguida por la hojarasca. Era una hojarasca revuelta, alborotada, formada por los desperdicios humanos y materiales de los otros pueblos: rastrojos de una guerra civil que cada vez parecía más remota e inverosímil. La hojarasca era implacable. Todo lo contaminaba de su revuelto olor multitudinario, olor de secreción a flor de piel y de recóndita muerte.

Gabriel García Márquez: La Hojarasca (1955).

Voluntad de resistir. Ahí está el origen de muchas de las materialidades que conforman los paisajes  bélicos que estamos estudiando desde la Arqueología del Conflicto en los últimos años. La cueva en la que se escondió el guerrillero Gorete en las estribaciones de los Picos de Europa. Las chabolas republicanas construidas precipitadamente en vaguadas de la Alcarria, habilitadas como hospitales de campaña. Los hospitales en el interior de cuevas en el contexto de la batalla del Ebro. Los chozos de la Cidade da Selva en la zona de Pena Trevinca (Ourense). La cueva etíope de Zeret en donde ancianos, mujeres y niños fueron masacrados con gas mostaza por los fascistas italianos. Alfredo González-Ruibal ha remarcado un aspecto crucial de la guerra civil española. Mientras la tecnología militar de vanguardia se ponía a prueba en los frentes de España, el conflicto suponía en muchos casos la vuelta al pasado. Chabolas que parecen cabañas de la Edad del Hierro. Soldados heridos que son atendidos en cuevas paleolíticas como si fuesen especímenes tipo Homo Antecessor.

En el callejero de Dreznica todavía se conserva el nombre de Dreznica de los Partisanos.

La resistencia partisana en Dreznica contra los ocupantes italianos y alemanes es el paradigma de la lucha de guerrillas. Esta zona de Croacia, habitada por serbios, es conocida por su riqueza forestal. Los aserraderos en la época de preguerra conocieron un incipiente movimiento sindicalista en defensa de los intereses de los trabajadores. Aquí ellos y ellas tienen, desde siempre, madera de héroes y de heroínas. Tras la rendición del ejército regular yugoslavo en 1941, muchos hombres regresaron a casa, sí, pero armados. Durante tres años trágicos se enfrentaron a cuatro ejércitos: los fascistas croatas (ustasha), los monárquicos serbios (chetniks), los italianos y los alemanes. Voluntad de resistir. Las masacres se sucedieron entre la población campesina que apoyó masivamente la causa partisana. Hasta 1991 el topónimo oficial del pueblo fue precisamente ese: Dreznica de los partisanos. Y lo siguen defendiendo con orgullo.

También hacemos excavaciones en los monumentos. En este, situado cerca de Ogulin, se conmemora un enfrentamiento con fuerzas chetniks. Hemos recuperado en el entorno los fragmentos del texto de la primera placa de mármol que se colocó en el lugar hace décadas.

Una de las cosas que estamos haciendo en nuestro proyecto es registrar los monumentos erigidos durante el régimen comunista en conmemoración de los hechos bélicos protagonizados por los partisanos. En los textos conservados en las placas se pasa del genérico terror fascista a indicar en ocasiones el enemigo allí batido: chetniks, ustashas, italianos o alemanes. Proliferan sobre todo en carreteras principales, lugares propicios para emboscadas y golpes de mano. Lógicamente, la guerrilla evita siempre la lucha en campo abierto. Su gran aliado: el bosque. La Arqueología del Paisaje nos permite reconstruir la genealogía de los espacios liberados. En un primer momento, la resistencia se organizó en los pequeños pueblos rurales. Desde el inicio de la insurrección, los encargados de echar a andar todo el entramado partisano fueron veteranos de la guerra de España, pertenecientes en su día a las Brigadas Internacionales (de esto hablaremos en posts venideros). El primer hospital se habilitó en la casa de un notario en la aldea de Sekulic. Duró poco. Los ustasha enviaron una expedición de castigo y liquidaron a 28 civiles, hombres, mujeres y ancianos. Los heridos fueron asesinados y solo unos pocos pudieron escapar a una cueva cercana.

Ruinas del hospital partisano en la aldea de Sekulic, quemado por los ustasha. Así permanece desde entonces.

En esta primera etapa de la resistencia los partisanos contaron con una base en los montes de Krakar. Podemos definirla como una etapa paleolítica. Los afloramientos rocosos típicos de este paisaje kárstico, las dolinas, sirvieron de abrigo natural para los combatientes. La masa boscosa, las cuevas y la piedra maciza eran un buen contrapeso para los ataques de la artillería italiana en esa época. En 1942 se organizó el hospital nº 7 en los montes Javornica en los alrededores de Dreznica, constantemente hostigado por el enemigo. La zona central del sitio fue monumentalizada a comienzos de la década de 1960 a iniciativa, en gran parte, de enfermeras y comisarias políticas que trabajaron allí veinte años antes.

El conjunto monumental que conmemora el hospital nº 7 es obra de Zdenko Kolazio y fue inaugurado en 1981. Cada uno de estos hitos de cemento marca un área de actividad del antiguo campamento. En la imagen, el puesto de ambulancia.

Uno de nuestros objetivos es llevar a cabo una prospección intensiva de este paraje de Gorski Kotar que nos permita ir más allá de las fuentes escritas y reconstruir arqueológicamente todo el sistema defensivo y asistencial partisano. Para ello contamos con la colaboración de la comunidad local. Dragan, joven cazador, se ofreció a llevarnos a una cueva oculta que se utilizó para evacuar a los enfermos durante los episodios de mayor peligro. Como decía el poeta del Caurel Uxío Novoneyra, aquí se siente lo poco que es un hombre. Llueve en el bosque. Nubes de mosquitos al acecho. Arces y abetos monumentales, raíces que descansan como dinosaurios fosilizados. Objetos de higiene y bolsas de comida desparramadas aquí y allá nos remiten al paso reciente de refugiados, de camino hacia el norte. La hojarasca nos recuerda aquella novela menor de Gabriel García Márquez, pero en la que aparece ya reflejado el realismo mágico de Macondo. Dragan avanza decidido sorteando el lapiaz y las dolinas que se suceden en bucle. Llegamos a la entrada, idéntica a la de la cueva de Altamira, por poner un ejemplo, pero sin puerta. Entonces experimentamos aquello que se cuenta del descubrimiento de la tumba de Tutankhamon, cuando Carnarvon le pregunta a Carter: ¿qué ves?, y éste le contesta Cosas maravillosas.

¿Qué ves?... Cosas maravillosas. (Foto de Sanja Horvatincic).

Volvemos al día siguiente pertrechados cual espeleólogos domingueros. Conseguimos bajar al interior. Todavía se conservan los pilotes de madera y las vigas que servían para habilitar plataformas horizontales (probablemente a dos alturas) en donde descansaban los heridos. Esta cueva se ubica  a poca distancia, en línea recta (pero con una gran pendiente) del lugar en donde se emplazaba la botica y la cabaña en donde se atendía a los enfermos de tifus. Podemos imaginarnos las condiciones que tuvieron que soportar los heridos, tanto durante la evacuación como durante su estancia en la cueva.

Acceso a la cueva. Vista desde el interior. (Fotografía de Carlos Otero).

El papel de las mujeres partisanas fue crucial en estas labores de mantenimiento. Muchas de ellas hacían kilómetros y kilómetros con cántaros de agua en la cabeza para hacerla llegar al hospital. Hay que tener en cuenta que el tifus era la enfermedad más temida, debida a la ausencia de agua potable. A su vez, el papel de las enfermeras fue heroico, coordinadas por el famoso médico judío Otto Kraus. Sobrevivir en el hospital nº 7 dependía de la solidaridad, la camaradería, pero también de la cultura material, como veremos a continuación. Entre las dolinas, los arces y la hojarasca, bajo tierra, se forjó la resistencia. Aquí, en el bosque, nació un país nuevo... que ya no existe. El viento de la Historia se llevó (¿para siempre?) sus hojas caducas.
Interior de la cueva. Vista parcial. (Foto de Carlos Otero).









lunes, 16 de septiembre de 2019

Hospital Central

Cartografía antigua de la zona de Drežnica, Croacia. Preparando la salida a campo.

Acabamos de llegar a Croacia para iniciar un nuevo proyecto de Arqueología del Conflicto. Nuestro objetivo: los campamentos partisanos y el hospital que existió en los alrededores de Drežnica entre 1942 y 1943. Esta zona se ubica en la cara noreste del monte Javornica en el distrito de Ogulin. El hospital se creó a principios de 1942 y permaneció en el lugar durante dos años. Ante la presión del ejército alemán fue trasladado a Mrkopalj en el duro invierno de 1944. Empezó contando con 12 camas para acabar atendiendo a 200 heridos. El mantenimiento del hospital fue posible gracias a la colaboración de los vecinos de las regiones de Gorski Kotar y Primorje, del propio pueblo de Drežnica y de la comuna de Brinje. Los principales pilares del hospital fueron las organizaciones antifascistas de mujeres y jóvenes así como los Comités de Liberación Nacional. Estas entidades fueron las encargadas de suministrar material, comida, vendas, medicinas y ropas así como de evacuar heridos durante las contraofensivas italianas y alemanas.

El hospital fue evacuado por primera vez en otoño de 1942, cuando los fascistas italianos quemaron el pueblo de Drežnica, cuarenta aldeas más y el hospital construido en Javornica. Ese invierno el hospital se improvisó en Vukelic para en primavera pasar a Javornica. Ante los ataques italianos fue evacuado de nuevo en marzo, si bien fue defendido a sangre y fuego por los partisanos. En 1943 se desató una terrible epidemia de tifus. Tras la rendición de Italia el establecimiento contó con nuevos cuadros de enfermeras, médicos y abundante material sanitario. En noviembre de 1943 los alemanes desataron una violencia ofensiva con la intención de tomar la carretera de Ogulin a Novi Vinodolski. Muchos miembros de la División nº 13 del ejército de Tito fallecieron defendiendo el hospital. El 1 de febrero de 1944 el hospital fue evacuado a Mrkopalj, una población de Gorski Kotar.

Arqueología del pasado reciente pionera en Europa. Años 60. Croquis del campamento-hospital. Se hicieron en aquel entonces excavaciones arqueológicas y se levantó en el sitio un memorial marcando con monumentos las diferentes dependencias (en Jancic-Starc 1971: 68).

El hospital es un referente en el imaginario colectivo de la comarca. En 1956 fue construido un memorial cerca del solar donde se levantaba el hospital número 7 (en 1943). Así mismo se levantó un cementerio para acoger los restos de los partisanos enterrados en diversas partes del monte Javornica. El monumento fue de la autoría del famoso escultor yugoslavo Kosta Angeli-Radovani. En 1971 la comisaria política Jela Jancic-Starc publicó en Zagreb un libro en el que recoge la historia del hospital de Drežnica. En la página 75 dejó algo escrito que resultó premonitorio, visto lo visto lo que ocurrió décadas después:

"La gente de Gorski Kotar, Primorje e Istria pertenecen a diferentes naciones. Su hermandad y unidad se forjaron en la lucha contra el invasor. El hospital de Javornica es una de las confirmaciones materiales de esa hermandad y unidad".


Inauguración del monumento en 1956. De izquierda a derecha: Lako Maravic, Vera Svabenic-Zoricic, Marica Frlan-Zoric, Micika Golac, Marija Vukelic-Maravic y Jela Jancic-Starc.


En Drežnica podemos abordar tres fenómenos asociados a la lucha partisana a partir de las memorias de la comunidad y de la materialidad:

1. El papel crucial jugado por las mujeres en la lucha. El empoderamiento femenino es un hito en la resistencia contra el invasor en Yugoslavia durante la II Guerra Mundial.
2. El carácter pionero de la Arqueología del Pasado Reciente fomentada por la administración en los años 60, con un proyecto museístico integral para preservar y socializar el legado material de la lucha antifascita.
3. El conflicto generado por un patrimonio traumático  en un contexto dominado hoy en día por la ideología del Estado croata (nacionalista) en el que la memoria antifascista queda marginada de facto.


Referencias.
Jancic-Starc, J. 1971. Vojno-Partizanska Bolnica u Drežnici 1942-1944. Zagreb: Regionali Zavod za zastitu spomenika kulture u zagrebu.
Dragic, D. 1965. Partisan hospitals in Yugoslavia. Beograd: Vojnoizdavacki Zavod. 

Proyecto Heritage from below. Traces and memories. Dreznica 1941-1945.




viernes, 28 de junio de 2019

Por teu livre pensamento

Placas de homenaje en la entrada a la cárcel de Peniche.

En el Reino de España, el franquismo (que no es sociológico, sino estructural) impide que un gobierno democrático retire los restos del dictador del mayor monumento fascista que persiste en Europa, esto es, el Valle de los Caídos. El poder de la familia Franco es enorme. Un ferrolano, militar de carrera en 1936, acabaría sus días con una buena pensión, con reclutas reconvertidos en su servicio doméstico y con privilegios de todo tipo para sus familiares. Y ahí se acabaría todo. Pero no. Este Salvador de la Patria, tras cuarenta años tratando al país como su cortijo, legó a sus descendientes y arrimados un legado multimillonario en bienes y capitales. Pero la familia Franco no solo vive en la abundancia, sino que es tratada de manera indulgente por tribunales y medios de comunicación (y no hablo únicamente de la prensa del corazón). Y es más, marca la agenda política e impone sus condiciones. Todo esto ocurre gracias a esa Transición modélica y campechana que nos vendían gentes como Victoria Prego en la década de 1990, sin ir más lejos.

Obras de rehabilitación en el interior de la fortaleza-cárcel de Peniche.

Uno que se ha criado en esta realidad no deja de quedarse perplejo con la gestión de la memoria del pasado reciente que realiza nuestro país vecino (para algunos nuestro país), heredero de la otra dictadura ibérica. El 27 de abril de 2017 se reunió el Consejo de Ministros en la fortaleza costera de Peniche, cárcel política salazarista en su día, en conmemoración de la liberación de los presos tras la Revolución de los Claveles del 25 de abril de 1974. ¿Alguien se imagina algo parecido en el Reino de España?


En aquel acto solemne en Peniche se acordó convertir la prisión en Museu Nacional Resistência e Liberdade. Se cumplía así con las reivindicaciones, entre otros, de la União dos Resistentes Antifascistas Portugueses y del movimiento Não apaguem a Memória. Se evitaba así su conversión en hotel de lujo, que es como acaban estas cosas en la España del ladrillazo y la especulación. Estos días en Madrid, cientos de investigadores e investigadoras sobre la Memoria asistieron a un mega congreso en el que pudieron disfrutar de una visita guiada al espacio que ocupaba la cárcel de Carabanchel. A pesar de la lucha de la sociedad civil, de la protesta de científicos sociales e incluso académicos, el rodillo de la desmemoria se llevó por delante la prisión en 2008. La demolición, el Derribo de la Vergüenza le llamó Jesús Rodríguez, fue un paso más en la humillación pública a la que se ven sometidas las víctimas de la represión franquista.

Memorial con los nombres de 2.510 presos políticos que pasaron por Peniche.

El 25 de abril de este año se inauguró en la fortaleza de Peniche un memorial a los presos políticos. Allí están grabados los nombres y apellidos de 2.510 víctimas del Estado Novo. El acto estuvo presidido por el Primer Ministro António Costa y la Ministra de Cultura Graça Fonseca. En el Reino de España esto es imposible. Estas cosas hay que hacerlas fuera de nuestras fronteras. Lo único que ha hecho el Presidente español es ir a Francia, como cuando los jóvenes del tardofranquismo iban a ver películas eróticas. Así, como de estranjis, Pedro Sánchez homenajea a Antonio Machado, manchando su tumba republicana con la bandera rojigualda.


Ese mismo 25 de abril, se inauguró también en Peniche una exposición temporal titulada Por teu livre pensamento. El primer mes la visitaron un total de 16.215 personas. El gobierno de Portugal invertirá un total de 3,5 millones de euros en la rehabilitación y musealización de la fortaleza.
En el Reino de España un proyecto así ni se plantea, porque aquí no hubo ni fascismo ni antifascismo, porque este es un tema que divide a los españoles, porque es reabrir heridas, porque hay que mirar al futuro, porque ese dinero hay que invertirlo en cosas útiles como la lucha contra el cáncer. El cáncer de la desmemoria devora una sociedad. Y ahí están los resultados. Ya tenemos 24 diputados fascistas en las Cortes.

Liberación de los presos, 27 de abril de 1974.


martes, 25 de junio de 2019

Imperios que desvalijan



Os fantasmas do passado estão bem vivos no presente – porque não são fantasmas.
A. Franco Nogueira.

Atmósfera bochornosa en Lisboa. Es media tarde. Ha dejado de llover. Trepo a zancadas adoquinadas por las rampas repentinas y sinuosas que conducen al Beco dos Contrabandistas. Buen sitio para hacer negocios en su día a las puertas de la ciudad. Una Raia Seca cosmopolita. Entro en el Real Palácio das Necessidades, en donde se alojó Wellington para dar inicio a la campaña peninsular contra Napoléon. Este edificio dieciochesco es la sede desde 1950 del Ministério dos Negócios Estrangeiros. El idioma portugués va directo al meollo: negocios, diplomacia, necesidades. Una vedel muy amable me guía por el interior del palacio. Escalinatas imperiales, alfombras rojas, tapices, puertas enmarcadas en maderas nobles. Llego a la Biblioteca da Rainha. De rigurosa etiqueta. allí se concentra un enjambre de hombres de negocios, embajadores y cónsules, con su raya diplomática y su trabajada habilidad para mantener posada una mano en el hombro del interlocutor durante minutos interminables. Las paredes de la sala están forradas con cientos de estanterías de madera en las que se guardan las valijas diplomáticas de los consulados portugueses repartidos por el mundo, algunas de ellas de la segunda mitad del siglo XIX. Ciudades importantes como Barcelona, Madrid, Frankfurt, Londres o Berlín comparten destino con balijas procedentes de destinos más modestos y cercanos, pero quizás más importantes, como Badajoz o Ayamonte. Que se lo digan a los contrabandistas, que de diplomacia iban sobrados.


Estoy aquí para asistir a la presentación del diario que escribió en 1946 el delegado del Gobierno Portugués ante las Potencias Aliadas de Ocupación de Japón, el señor Alberto Franco Nogueira (1918-1993). En Tóquio, Diário, 1946 (Editorial Tinta China, Lisboa, 2019) este joven diplomático describe en un estilo muy cinematográfico el amasijo de escombros en que se acababa de convertir la capital de un Imperio depredador y desvalijador, condenado a la destrucción. Antonius Robben, antropólogo de la Universidad de Utrecht, ha analizado muy bien (para el caso del Rotterdam bombardeado por los nazis en mayo de 1940) el poder de las ruinas a la hora de modelar la percepción de los supervivientes, sus actitudes y sus sentimientos. Del mismo modo, Franco Nogueira hace hincapié en la atmósfera creada por esta nueva materialidad producida por la destrucción, por la guerra. Como señala nuestro Alfredo González-Ruibal (2019: 184): Manifesting atmosphere requires a specific way of telling and another sensibility. It requires paying attention to sensorial experiences, to faint traces and to anything that is apparently irrelevant. Yet irrelevant details can make all the difference. Y aquel delegado luso de 25 años tenía esa sensibilidad arqueológica, por lo que se ve.


Porque Franco Nogueira también fue arqueología viva del Estado Novo. Entró en la carrera diplomática en 1941 tras defender un trabajo académico sobre Portugal y la Conferencia de Berlín, sí, aquel encuentro entre caballeros cristianos en el que se repartieron continentes enteros, para desvalijarlos después. ¡Ay si las valijas procedentes de la Alemania de Bismarck hablasen! Con el paso de los años, Franco Nogueira se convirtió en uno de los hombres fuertes del salazarismo, firme defensor del Imperio ante la OTAN y la ONU. Entre 1961 y 1969 fue Ministro de Asuntos Exteriores y el principal apoyo del dictador a la hora de reivindicar la misión ultramarina lusa. Como dejó escrito en sus memorias, la pérdida de las provincias ultramarinas harían de Portugal un país débil, que podría ser absorbido por España. Tras abandonar el gobierno, como es habitual en estos casos, pasó a formar parte de Consejos de Administración, como el del Banco do Espírito Santo. Detenido tras la revolución de 1974, se exilia en Londres en donde desarrolla un ambicioso proyecto editorial: la biografía panegírica de Salazar, en 6 volúmenes. Retorna a su país a comienzos de los 80 y acaba como director del Departamento de História de la Universidade Lusíada de Lisboa. Quizás influido por Terminator 2: El Juicio Final (1991) dejó escritas unas memorias con ese nombre, Juízo Final (1992), en las que se recoge, quizás, el alegato hispanófobo más violento publicado nunca en portugués (en Sardica 2017). No le falta razón cuando afirma ahí: por detrás de cada espanhol paira um conde-duque de Olivares.


La presentación de Tókio. Diário, 1946 acabó con una semblanza del personaje por parte de Jaime Nogueira Pinto (1946), empresario-politólogo, emblema de la derecha radical lusa. Su mensaje no me cogió de sorpresa, ya que en el Reino de España estamos habituados a este revisionismo. Punto por punto, llegaba a mis oídos la versión portuguesa de lo nuestro: que el salazarismo no es fascismo, sino un régimen autoritario apoyado por monárquicos y católicos, que Franco Nogueira, de salazarista nada, sino que era un pragmático que hacía realpolitik, que la derechita cobarde no es óbice para reivindicar una derecha auténtica, radical, que la izquierda ha monopolizado y tergiversado el relato de la historia reciente, que eso del antifascismo es un cuento y que hay que ser patriotas, como esos jóvenes patriotas conservadores de los años 70 (como él) que por miedo o pudor se echaron a un lado. ¡Ah! y que perder el Imperio fue un error. Dejó escrito en 1995: Na África defendíamos, acima de tudo, as próprias fronteiras da Nação. No sabemos si Jaime Nogueira quedó trastornado por la lectura de A luta por Oriente de Franco Nogueira, pero lo que es cierto es que se fue a combatir a Angola unos meses, después del 25 de abril y de ahí se refugió en Sudáfrica. Entró de nuevo en Portugal de la mano de contrabandistas por Ayamonte. ¡Ay si esas valijas hablasen!

Último encuentro entre Franco y Salazar, en el Parador de Turismo de Mérida (mayo de 1963).

Después de este viaje al pasado, salgo del Palacio das Necessidades todavía más convencido de la imperiosa necesidad de llevar a cabo una arqueología del Estado Novo. Todavía es el momento, cuando aún podemos captar en toda su esencia atmósferas como las vividas en la Biblioteca da Rainha. Pienso en todo esto mientras camino de vuelta por el largo de José Antonio Ribeiro dos Santos, combatente antifascista, según reza la placa puesta por el ayuntamiento. Este joven fue asesinado en la calle por la policía política en 1972. En el Estado Novo, unos hacían diplomacia y otros aplicaban el plomo. Realpolitik. José pertenecía a una asociación de estudiantes de Derecho llamada Ousar Lutar, Ousar Vencer.

El Ministro de visita a un hospital infantil en la província de Moçambique.

Ayer, en la cadena SER, el analista catalán Josep Ramoneda describía certeramente la derrota electoral de Erdogan en Estambul: el inicio de la caída de un régimen autoritario se da cuando éste comienza a perder totalmente el sentido de la realidad. Mientras los jóvenes portugueses huían por la frontera de Irún para evitar el servicio militar, mientras la metrópolis se desangraba para preservar el imperio, mientras todo el orbe se descolonizaba, gente poderosa como Franco Nogueira o nostálgicos como Jaime Nogueira apelaban y apelan al anticomunismo, el lusotropicalismo, a la mística imperial de los lusíadas de la segunda mitad del siglo XX. Deus, Pátria, Trabalho e Justiça. 
Esas valijas diplomáticas que nos interpelan desde las estanterías son el repositorio de la memoria de un Imperio anacrónico y depredador que se resistía a dejar de ser. Portugal Império
Poco aprendió en Tokio el bueno de Franco Nogueira sobre la destrucción provocada por el imperialismo nipón.


P.S.
Diccionario de la Real Academia Española
Desvalijar:
1. Quitar a una persona todo el dinero que lleva encima o todo lo que tiene, utilizando la violencia, el engaño o el juego.
2. Robar todas las cosas de valor de un lugar.


Referencias

A. Franco Nogueira. 2019. Tóquio. Diário, 1946. Lisboa: Tinta da China.

A. González Ruibal. 2019. An Archaeology of the Contemporary Era. New York: Routledge.

J. Nogueira Pinto. 1995. O Fim do Estado Novo e as Origens do 25 de Abril. Linda-a Velha: Difel.

T. Rego Ramalho. 2015.  O Império e Jaime Nogueira Pinto: As Direitas e a Descolonização em África. Revista Ultramares, 8(1): 196-213.

J. Sardica. A. 2017. Fronteira inexpugnável: a hispanofobia de Franco Nogueira entre o estado novo e a democracia. Revista de História das Ideias, 35. 2ª Série: 111-137.